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Recursos educativos abiertos hoy

Cartel OPEN en un árbol
Foto de James Lee en Unsplash

2001 es más que una Odisea del Espacio o unos atentados en el corazón de Estados Unidos. Es un año clave en la historia de la cultura digital. Nace la Wikipedia, ese símbolo de la web de lecto-escritura que permite la edición colaborativa, pública y anónima. Se forjan las licencias Creative Commons, el marco legal que vino a ensanchar el universo pacato del Copyright. Y, además, es también en 2001 cuando el MIT anunció el acceso público y gratuito a los materiales online de cursos oficiales bajo la iniciativa OpenCourseWare que luego imitaron tantas universidades en otros países.

Dejando el siglo XX atrás, el mundo se encaminaba hacia un nuevo orden geopolítico mientras internet tejía su propio hilo de Ariadna 2.0 inspirado bajo las premisas libertarias del software libre: apertura, reproducción, prototipado, etc.  

Además de los blogs y wikis, como grandes contenedores de texto, llegó el furor de las plataformas especializadas en contenidos, el llamado UGC o User Generated Content, como fue Slideshare para presentaciones, Flickr para imágenes o YouTube para vídeos. Con ello surgieron miles de blogs y wikis de maestros y maestras que usaban estas herramientas para la elaboración propia de materiales en su práctica docente, la comunicación con familias, el aprendizaje autónomo, la actualización profesional, la conexión con otros colegas, etc. Fue entonces cuando nacieron redes educativas como Aulablog o Espiral, de abajo a arriba, de profesionales para profesionales. Una energía ciertamente arrolladora.

La segunda década del nuevo siglo estuvo protagonizada por las instituciones y su posterior empuje a los MOOC. Además del impulso del MIT en la Educación Superior, desde otros organismos como la UNESCO a nivel internacional, pero también desde los Ministerios de Educación e incluso de las Consejerías se lanzaron repositorios propios en este nuevo fenómeno que se acuñó como “Recursos Educativos Abiertos (REA)” o “Open Educational Resources (OER)” en su versión en inglés. Ejemplos de ellos son el Procomún y las Guías LADA del MECD, o la web de EducaMadrid

Ahora que vamos a entrar en la tercera década, cuando el movimiento open source ha perdido fuelle y los encuentros autoorganizados de maestros se han convertido en grandes platós del Ibex-35, cabe pararnos a reflexionar sobre la utilidad de esos REA, sobre si han funcionado en los objetivos que se marcaron, si han servido para que el colectivo docente haya mejorado su práctica de aula, si han facilitado el aprendizaje, si se han usado como semilla para que hayan creado nuevos contenidos, si han sustituido a los materiales editoriales… cómo y en qué medida.

En otras palabras, cabe hacernos preguntas como las siguientes: ¿Necesitamos esos REA? ¿Son la solución a nuestros males? ¿Hay pocos, hay muchos? ¿Hemos llegado a la saturación, a la parálisis por inundación? 

Pero, quizás más importante… ¿Qué requieren para funcionar mejor? ¿Mediación? ¿Asistencia?. Y aún más crítico: ¿Qué necesita la Escuela? ¿Hemos hablado con ella? ¿Se ha partido de sus necesidades? ¿Sabemos qué es lo urgente y prioritario a pie de aula para orientar los esfuerzos de inversión?

RECURSOS EDUCATIVOS EN ABIERTO: OTRA MIRADA

Confieso que si este texto se hubiera escrito hace un año, se podría terminar en este punto. Pero la vida hoy es muy distinta y este sintagma nominal “Recursos educativos en abierto” en tiempos de pandemia significa mucho más que OER o REA. 

Recursos Educativos en Abierto son las personas, pero también las infraestructuras, las prácticas, los horarios, los currículos… La propia esencia de una Escuela Abierta.

Son los huesos, los músculos, los órganos, la sangre, los sentidos y hasta el alma de ese cuerpo que representa la Escuela y que, en una situación de emergencia sanitaria, económica y social como la actual, se han puesto más de manifiesto que nunca en su necesidad de respirar aire. 

Recursos educativos abiertos es disponer de una política pública con la suficiente voluntad para hacer del barrio un ecosistema donde germina una comunidad de aprendizaje, para sacar las clases a espacios abiertos, para tejer alianzas con edificios vecinos, para inventar aulas híbridas donde se respire aire digital, para incorporar la riqueza intergeneracional, para construir vínculos de apoyo entre afectados y cómplices, para dar un respiro al yugo del currículo, para centrar la experiencia en competencias vitales como el pensamiento crítico y creativo, para poner patas arriba los horarios y diseñar nuevas configuraciones y, en definitiva, para hacer de la necesidad virtud y convertir lo excepcional del mal llamado “año perdido” en un rico laboratorio experimental.

¿Qué aprendimos y supimos aplicar de todo ese aprendizaje de la energía 2.0 cuando nos vimos privados del aire presencial en el confinamiento? Poco más que una estrategia de reemplazo que ahondó en la brecha social y digital: imitar horarios, currículo, apuntes y metodologías que no se prestaban al nuevo entorno online.

¿Qué se ha hecho con la vuelta al cole en septiembre, después de varios meses de trauma justificados por la emergencia? Forzar un simulacro de normalidad donde nada es normal. Sin voluntad, compromiso, creatividad e innovación por ensayar nuevas fórmulas, nuevos “recursos educativos abiertos”. Una gran oportunidad perdida en una situación que era, al mismo tiempo, un grito de reclamo y de permiso.

¿Qué más tiene que pasar para que seamos conscientes de la otra emergencia, la escolar, la que ya estaba ahí y la que seguirá siendo aún más grave?

Texto escrito para el Encuentro Darnos Aire de Medialab-Prado.

Antonio Rodríguez de las Heras, un maestro

Pienso en Antonio Rodríguez de las Heras y brotan tantas sensaciones y buenos recuerdos que me cuesta ordenarlos de una forma medianamente coherente.

Imagen de Antonio Rodríguez de las Heras en Wikipedia.

Hace muchos años que tuve la suerte de conocerle y desde entonces aprender de él. Cruzamos caminos en el Comité Científico de la Revista Telos y como autores en algunos números, en los pasillos de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la UC3M, en varias ediciones de la Semanas de Cultura Digital de su querido Máster, en actividades de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Salamanca, en ciclos de la Fundación Telefónica, en los laboratorios de Medialab-Prado y en diversas publicaciones.

Tuve incluso el enorme placer de contar con su magisterio en mi Tribunal de Tesis el 28 de octubre del año pasado. Y, con ello, la suerte de que le conociera mi familia, porque considero que es un regalo poder conocer a una persona tan buena, tan sabia y tan generosa.

Mi última foto con él en la lectura de mi tesis, la última conversación, la última comida 🙁

Son muchas sus virtudes y enorme su legado. Afortunadamente hay todo un acervo digital disponible en la red para quien quiera profundizar en su obra: artículos, vídeos, entrevistas, libros, etc. Y, desde el viernes pasado, una página en Wikipedia donde amigos y discípulos le rendimos un merecido homenaje con la magia del hipertexto que él supo definir tan bien en sus inicios.

A mí, personalmente, lo que más me gustaba era escucharle. Coincido con Enrique Villalba en que era un comunicador superdotado. Me fascinaba entregarme a sus ponencias como quien se escurre en una butaca de un cine de verano cuando se apagan las luces. Entraba entonces en escena el gran contador que era, el poeta capaz de conectar la cultura antigua con bits y pixeles. Maestro de la metáfora, nos llevaba por senderos mágicos con su voz cálida y su capacidad para apasionarse y apasionar en las oportunidades de la fusión entre tecnología y cultura. Comenzaba su relato y nos envolvía con sus teorías de la palabra, la escrita y la oral, del aquí y del allá, de la arena y de la piedra, de lo especular y lo virtual, de lo natural y lo protésico… Un intelectual de tal nivel que no necesitaba trufarse de autores para reivindicar su sabiduría. Un humanista alejado del discurso apocalíptico. Un entusiasmado de la evolución cultural. Un maestro. Gracias eternas. D.E.P.

¿Cambiar para que nada cambie?

Texto aportado al Colaboratorio de #DesafíosComunes

Nora confinada
Mi hija Nora en su confinamiento.

Tan solo unas horas antes del cierre de los colegios en Madrid, una serie de personas nos encontrábamos en la primera sesión del seminario Experimenta Educación en Medialab-Prado Madrid, abriendo un proceso para repensar una escuela que nos diera aire, tiempo y espacio para aprender a vivir y convivir.

En esas estábamos cuando de repente el meteorito de la crisis sanitaria nos dejó el paisaje abrupto y desolado en el que nos encontramos. Desde entonces, son varios los elementos que se han sucedido de manera atropellada a partir de un obligado homeschooling que ha estresado al sistema sin garantías para asegurar un aprendizaje de calidad:

Teletrabajo de las familias. Padres, madres y tutores/as no solo se han visto abocados a un  teletrabajo forzoso con su correspondiente coste psicosocial, sino que también han tenido que sumar en paralelo un nuevo rol para el que no se sentían preparados, ni por capacidad ni por disponibilidad: hacer el seguimiento de las clases de los menores, organizar su agenda, explicar las materias, acompañar las prácticas…

Brecha tecnológica. El confinamiento masivo ha convertido en zanjas dos brechas que son fuente de desigualdad y que afectan tanto al profesorado como a las familias: la brecha de disposición tecnológica y la brecha de competencias de uso. A esto se suma la preocupación creciente por el uso abusivo de pantallas como una forma de entretener a niños y niñas en soledad (televisión, videojuegos, tablets, etc.).

Presión por el temario y la evaluación. Se ha puesto de manifiesto la tensión que genera un sistema educativo basado en un temario que a menudo se cuestiona como demasiado extenso y poco enfocado, así como por la de una evaluación puramente normativa sobre los resultados de su adquisición.

Espacios informales de socialización. El cierre de los colegios ha dejado a los menores sin aquellos espacios informales de socialización que eran claves para dar aire a lo disciplinar: comedores, patios, actividades extraescolares, etc.

Desigualdad social. Además de las brechas tecnológicas (acceso y competencia), el cierre de los colegios, el confinamiento y el parón económico asociado al mismo, han sacado a la luz las desigualdades sociales que existen en las familias más desfavorecidas cuya prioridad en estos días ha sido poder cubrir las necesidades básicas.

Desaparición de los menores del espacio público. Durante más de seis semanas de estado de alarma, los menores han sido invisibles en el espacio público. Esta ausencia nos ha dejado un escenario siniestro sobre el que reflexionar y sobe el que observar las posibles consecuencias en la salud tanto física como emocional.

Un mes y medio después de nuestro encuentro en Medialab-Prado, hoy vemos cómo el fenómeno covid ha resaltado aún más las debilidades del sistema educativo y nos ha situado frente la urgencia de pensar cómo será la vida a partir de ahora, qué sociedad queremos construir y cuál debe ser el papel de la educación en ello.

Cabe preguntarse si será realmente una oportunidad para aprender de los errores y sentar nuevas bases o si, por el contrario, la inercia nos llevará a reproducir los mismos patrones ignorando las señales de su inoperancia. En cualquier caso, habrá que estar vigilantes para que no se materialice, una vez más, aquel viejo principio gatopardiano del “cambiar para que nada cambie”.

Experimenta educación

Experimenta Educación / Medialab-Prado

Experimenta Educación es un laboratorio ciudadano que saca la cultura libre a la calle para desarrollar colectivamente proyectos donde los aprendizajes sean los protagonistas.

Esta edición se suma a iniciativas previas de Experimenta que desde 2016 han incorporado la cultura de la proximidad y han llevado los laboratorios a los barrios, a las bibliotecas, a los centros de salud e incluso a los taxis. Y en esta ocasión, expresamente a la escuela. Para que se piense y experimente más allá de los límites institucionalizados y más allá de los márgenes.

Son varias las claves que se inspiran en la cultura libre de lo digital: el valor de la horizontalidad (todo es de todos y de nadie en concreto, la autoría es colectiva), de la remezcla (reutilizar y emsamblar como filosofía circular), del p2p (el aprendizaje ente pares, donde no hay profesores ni saber experto), de la ciencia abierta (con un trabajo inductivo de búsqueda del conocimiento con voluntad de mostrar y replicar para otros), del prototipo (ensayo y error de un proceso que persigue una solución posible e imperfecta), etc.

Pero hay un aspecto fundamental en estas experiencias y es, como apunta Marta Malo en el texto que servirá de detonante para el encuentro que este martes abre el ciclo Darnos Aire, la transmutación de ciertos roles. En concreto, el del papel de la institución pública, como es el caso de Medialab-Prado, que huye de la tarea de ofrecer soluciones cerradas y se centra, por el contrario, en generar contextos abiertos. Una institución pública que no dirige cómo tienen que ser los resultados, sino que provee de un marco para que puedan germinar los procesos. Facilita y acoge, es la anfitriona que cuida los detalles para que sus invitados estén a gusto y construyan la experiencia de forma conjunta. Se ocupa de la intendencia y de ventilar una atmósfera para que sea posible respirar juntos.

Por su parte, los participantes pasan de ciudadanos, que se limitan a demandar a y delegar en lo público, para hacerse cargo de sus deseos y construirlos de forma colectiva. Se responsabilizan y también se empoderan. Se convierten en vecinos y en cómplices.

¿Y cómo es ese aprendizaje que se genera? Pues una amalgama que conecta con lo mejor de las teorías educativas que conocemos: aprendizaje inductivo, autoorganizado, p2p, basado en problemas, situado, de servicio, significativo, informal, intergeneracional, emocional y lúdico.

Entonces, ¿por qué si estos laboratorios no están diseñados específicamente para educar, generan tanto aprendizaje y de calidad? ¿Qué puede tomar la escuela prestado de esta experiencia? ¿Qué puede construir a partir de ella? En cierta forma, esto es también Experimenta Educación, un laboratorio específico para buscar respuestas y hacer más preguntas.

Próxima parada: el martes 10 de marzo a las 18h en Medialab-Prado.

Aportaciones al futuro de Medialab Prado

Medialab Prado reflexiona, de nuevo porque repensarse es una constante en su dinámica, sobre sus estrategias de futuro. Su director, Marcos García, ha puesto en abierto el proyecto con el que pretende consolidar y mejorar las actuaciones desarrolladas en los últimos años.

Medialab Prado
Medialab Prado


Siempre sensible con lo que considera “la comunidad de Medialab Prado” y de la que me siento emocionalmente parte, está recopilando todo tipo de impresiones, críticas y contribuciones que ayuden a configurar este proyecto de forma colectiva.

Aunque el documento está en una web abierta a comentarios al texto, escribo aquí mi humilde aportación porque algo ha fallado al ponerla en su web y no logro anidarla allí. Espero que pueda ayudar en algo:

Creo interesante desarrollar un poco más la idea de perseguir la sostenibilidad económica fuera del presupuesto público, no depender exclusivamente de una fuente de financiación (aunque esta se pueda diversificar dentro de la Administración). En este sentido, considero que MLP tiene mucho campo por recorrer en la colaboración público-privada con el mundo de la empresa. No solo porque es interesante de explorar desde el punto de vista de la sostenibilidad económica, sino porque puede encajar dentro de su misión. No es un objetivo menor plantearse cómo MLP puede ayudar a trasladar su know-how al tejido económico productivo como vehículo para transformar la sociedad. Más allá de la necesaria vinculación con el desarrollo de las industrias creativas, habría mucho por hacer en el terreno de la economía social, cooperativa y colaborativa, pero también veo una relación directa con la necesidad de generar innovación abierta en las empresas, su apuesta creciente por crear laboratorios de cocreación, design thinking, intraemprendizaje, etc.

Desarrollar una línea efectiva de transferencia de conocimiento y metodologías en MLP con el foco puesto en aplicar la cultura digital en el desarrollo económico y social no solo es posible, sino incluso deseable. Esto abarca tanto la colaboración con empresas de mayor tamaño y consolidación, como con el impulso al emprendimiento aplicando metodologías ágiles como lean-startup. En los talleres de producción (visualizar, interactivos, etc.) se generan muchos prototipos que pueden acabar muertos una vez terminada la actividad sin que se haya considerado su viabilidad como invención susceptible de generar valor en el mercado. Explorar esa vía de sostenibilidad de los proyectos y acompañar a la comunidad en esa fase puede ser un buen objetivo a desarrollar a través de alianzas con entidades que tengan expertise en ello.

En el documento se habla mucho de aumentar las relaciones y alianzas con la Universidad, con el sistema educativo, etc. pero se mira poco hacia la empresa. Una de las vías de canalización de esta relación es experimentar formas de colaboración con Escuelas de Negocio, por su especial posición muy cercana al tejido empresarial pero también al mundo educativo, y por su orientación eminentemente práctica y no tanto académica. En este sentido MLP ha ensayado fórmulas interesantes en los últimos años, como puede ser la colaboración con la Escuela de Organización Industrial, Escuela de Negocios de carácter público vinculada al Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Fruto de esta relación se han generado proyectos de investigación aplicada como fueron los talleres de Log-in Madrid, de mapeo del tejido productivo local de economía directa, un libro sobre la Economía del Dato o un curso de Comunicación de datos.