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Los algoritmos, esos mayordomos silenciosos

Hace más de dos décadas Nicholas Negroponte vaticinaba el Daily Me como la gran innovación informativa: un periódico diario con las noticias que nos interesaran sin que otros decidieran por nosotros qué era lo más importante del día. A ellos ayudaba la eterna justificación de la escasez de espacio en el periódico o de tiempo en la radio y televisión. Pero llegó internet a ensanchar el mundo. ¿O no tanto?

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Fuente: Stock Tookapic

En esta sociedad postindustrial nos parece una bendición la libertad de elección, decidir con el mando a distancia si vemos una serie en HBO, un vídeo de YouTube o un álbum de Google Fotos sin tener que estar sujetos a la tiranía del primetime. Así, las charlas de café del día siguiente no van de “viste anoche cuando…” sino “estoy viendo una serie que va sobre tal…” y hasta podríamos decir que es sumamente enriquecedor porque nos aporta nuevas visiones.

Huir de ese framing de los medios tradicionales parece que solo puede traer ventajas. La mala noticia es que también supone pérdidas y estas son más difíciles de evidenciar. Por un lado, en cierta medida flaquea una esfera pública compartida como repertorio de discusión común, pero por otro no nos damos cuenta de que esos viejos “censores mediáticos” se ven reemplazados por “otros” más discretos, los cada vez más cuestionados algoritmos. Y es que probablemente la propia serie de HBO, el vídeo de YouTube o la selección de nuestras fotos en la nube, no fue tanto una elección personal como sí una recomendación predictiva bajo esa nueva sofisticada tecnología que es la inteligencia artificial aplicada al consumo.

El algoritmo, ese silencioso mayordomo que nos facilita la vida, que nos dice qué nos gusta y qué no, que nos hace ser más eficientes sin perder tiempo buscando, ese algoritmo que nos limpia el muro de Facebook de aquello que considera menos relevante o que jerarquiza unos mensajes sobre otros en Instagram. Ese mayordomo desconocido que viene a facilitarnos la vida y del que nada sabemos. Ese intermediario que nos ordena el mundo, nos lo “personaliza” para liberarnos de la ardua tarea de pensar qué queremos consumir y nos pone el menú en la mesa. Ese invisible algoritmo que nos construye un mundo, un mundo a nuestra altura, pero a una altura que corre el riesgo de hacerse más pequeña, menos diversa, más pobre.

Así nos encontramos con grandes sesgos y tomas de decisiones que las máquinas hacen por nosotros como inferir que si hay una persona en una foto en un entorno doméstico será un mujer o confundir gorilas con personas negras en un buscador de imágenes. Sucede que en su aparentemente inocente “efecto espejo” vienen a reforzar nuestros peores comportamientos como humanos, pero lo importante sería que aprendiéramos a programarlos para que nos ayuden a ser mejores personas y con ello corregir nuestros defectos como sociedad (machismo, racismo, xenofobia, etc.).

¿Y qué sabemos de esos algoritmos? Prácticamente nada y lo peor es que probablemente ni quien los crea tenga todas las respuestas pues la criatura aprende a tomar sus propias decisiones, como decía Borja Adsuara hace unos días en el debate de #Nuestrosdatos, y como en cierta manera empiezan a apuntar las reservas de Google, Apple o Facebook cuando llaman la atención sobre esta deriva. Es lo que tiene el machine learning, y su base en inteligencia artificial, que aprende y aplica su propia inteligencia… artificial.

En el Seminario sobre Competencias Digitales en el que participé en septiembre en la Universidad de Coventry ya apuntábamos este fenómeno y la necesidad de empezar a introducir la alfabetización algorítmica como una competencia fundamental para entender el mundo en el que nos movemos. Quizás no seamos capaces de deconstruir el algoritmo y saber qué nos cuenta y qué nos oculta, pero al menos conviene señalar su poder y la burbuja informativa en la que vivimos en gran parte por su acción silenciosa e invisible. Ser conscientes como ciudadanos de que solo vemos una parte de la realidad, que quizás ni siquiera es tan real, es ya un poderoso avance.

En este sentido me resultó interesante cómo la propia María Sefiradi, vicepresidenta de Wikimedia Foundation destacaba hace unos días que Wikipedia no opere bajo algoritmos de recomendación, que no nos confine en burbujas y que se mantenga neutral en las búsquedas para que sean los usuarios y usuarias quienes exploren libremente lo que quieran consultar. Un comentario que parece inocente pero que hoy cobra mucho sentido. Sonaba a web libre de aditivos y me pregunto si no tendremos que empezar a destacarlos como en las etiquetas de las comidas procesadas.

Jugar a periodistas

En los inicios de este siglo, con las tecnologías de lectoescritura, blogs y wikis, y más tarde las redes sociales, se proclamó en grandes titulares la muerte del periodista como intermediario. Si podíamos hablar directamente con la política, con las empresas, con los líderes de opinión,… aquello del 2.0 ¿recordáis? Entonces, ¿para qué necesitar al mensajero?

No nos habían contado que a mayor libertad, mayor responsabilidad

Ya no es suficiente con avezados periodistas. Por supuesto no solo no se certificó su muerte como necesarios sino que han revalidado su papel como imprescindibles en este escenario. Hoy al borde de la extenuación para ser capaces de hacer fact-checking en tiempo real (cada nuevo proceso electoral es un nuevo desafío a la contrainformación, las fake-news, los fotomontajes, las granjas de bots, el fenómeno de la postverdad,..) se actualiza aquella máxima de Goebbels del miente que algo queda. Parece como si las piernas de las mentiras no fueran tan cortas y sí muy rápidas. No vale con señalarlas y mucho menos con parodiarlas. Cuando las denuncias, ya se han replicado por miles de favoritos o retuits. Y con ello, convertido en verdad para quienes las consumen.

Los contenidos circulan a la velocidad del rayo y no sabemos quién es su autor ni en qué contexto han sido creados. En su soporte online ya es difícil pero si lo trasladamos a espacios privados como son las imágenes con capturas en WhatsApp la dificultad es aún mayor. Una imagen, un vídeo fuera de contexto, sin URL, sin metadato, sin trazabilidad, es poderosa y dañina como una bala perdida.

“Jugar a periodistas”, un juego muy serio

¿Qué podemos hacer como ciudadanos? Un buen punto de partida es aprender herramientas, prácticas y habilidades que le son propias al trabajo periodístico para buscar, contrastar y verificar la información que circula a nuestro alrededor. Se trata de una aproximación clásica a los estudios de Educación mediática o Media literacy que llevan décadas trabajando en este campo, pero que actualmente se hacen más urgentes y críticos que nunca por el entorno hipermediático y globalizado en el que vivimos.

En esta línea trabaja The News Literacy project que se centra precisamente en las noticias como objeto de estudio y ha desarrollado un currículo formativo para ser utilizado en ámbitos escolares. Discurre en inglés y según esta noticia, es utilizado por 3.300 profesores en Estados Unidos y por otros 69 países.

En Europa la Comisión Europea también tiene una comisión trabajando en ello y en España, la mayor parte de las iniciativas educativas son desarrolladas por colectivos en el ámbito informal sin que haya una apuesta clara por dedicar tiempo de aula a desarrollar estas habilidades por mucho que se consideren implícitas en las 8 competencias básicas del marco europeo. Es por ello que tendríamos que hacer la reflexión conjunta de cuán urgentes nos resultan como sociedad y si merece la pena incorporarlas en el currículo aunque eso suponga dedicarle menos tiempo a otras materias. Mi respuesta como madre, periodista, profesora, investigadora y ciudadana es que sí. ¿Cuál es la vuestra?

MÁS INFORMACIÓN. En estos otros proyectos hay muchos materiales educativos para entrenar el pensamiento crítico en relación a las noticias:

Recursos educativos del New York Times (más aquí)
EAVI  (@_eavi)
Comisión Europea, Media Literacy (@EU_MediaLit)
AML
Media Literacy Project
Revista Comunicar
Media and Information Literacy UNESCO
Transmedia Literacy
Aire Comunicación
En este blog, Alfabetización Digital

Aprendizaje colaborativo en entornos virtuales

revista_comunicar_2014

La Revista Comunicar ha dedicado su último número al aprendizaje colaborativo en los entornos virtuales. Más de 20 artículos académicos que recogen investigaciones de España, pero también de países como Finlandia y China.

 

La construcción colaborativa de proyectos como metodología para adquirir las competencias digitales
Collaborative Construction of a Project as a Methodology to Acquire Digital Competences
María Pérez Mateo, Marc Romero Carbonell & Teresa Romeu Fontanillas. Barcelona (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-01

La planificación del aprendizaje colaborativo en entornos virtuales
Planning Collaborative Learning in Virtual Environments
Nuria Hernández Sellés, Mercedes González Sanmamed & Pablo César Muñoz Carril. Madrid, A Coruña & Santiago de Compostela (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-02

Entornos y redes personales de aprendizaje (PLEPLN) para el aprendizaje colaborativo
Construction of the Foundations of the PLE and PLN for Collaborative Learning
Victoria Marín Juarros, Francisca Negre Bennasar & Adolfina Pérez Garcias. Palma de Mallorca (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-03

Audioblogs y Tvblogs, herramientas para el aprendizaje colaborativo en Periodismo
Audioblogs and Tvblogs, Tools for the Collaborative Learning in Journalism
Nereida López Vidales & Patricia González Aldea. Valladolid & Madrid (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-04

Colaboración y redes sociales en la enseñanza universitaria
Collaboration and Social Networking in Higher Education
Adriana Gewerc Barujel, Lourdes Montero Mesa & Manuel Lama Penín. Santiago de Compostela (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-05

Las TIC en el aprendizaje colaborativo en el aula de Primaria y Secundaria
ICT in collaborative learning in the classroom of elementary and secondary education
Ana García-Valcárcel Muñoz-Repiso, Verónica Basilotta Gómez-Pablos & Camino López García. Salamanca (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-06

Procesos de significación mediados por una plataforma de aprendizaje colaborativo desde los protagonistas
Meaning Processes mediated through a Protagonists’ Collaborative Learning Platform
Marcelo Arancibia Herrera, Iván Oliva Figueroa & Francisco Paiva Cornejo. Valdivia (Chile).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-07

Explorando la percepción de estudiantes y profesor sobre el libro de texto electrónico en educación primaria
Exploring Student and Teacher’s Perception of E-textbooks in a Primary School
Janaina Minelli de Oliveira, Mar Camacho i Martí & Mercè Gisbert Cervera. Tarragona (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-08

Comunidades de práctica: un modelo de intervención desde el aprendizaje colaborativo en entornos virtuales
A Community of Practice: An Intervention Model based on Computer Supported Collaborative Learning
María Rosa Fernández Sánchez & Jesús Valverde Berrocoso. Cáceres (España).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-09

Pensamiento de diseño y aprendizaje colaborativo
Design Thinking and Collaborative Learning
Teemu Leinonen & Eva Durall Gazulla. Helsinki (Finlandia).
http://dx.doi.org/10.3916/C42-2014-10

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Alfabetizar en la cultura digital

Este artículo es el preprint original que escribí en 2008 y fue publicado en 2009 en el libro colectivo La competencia digital en el área de Lengua, Editorial Octaedro, Madrid 2009 donde también participaron otros autores como Felipe Zayas, Néstor Alonso Arrukero y Eduardo Larequi.

A continuación se ofrece el texto completo del artículo en formato HTML (también disponible en PDF y en Slideshare).

 

ALFABETIZAR EN LA CULTURA DIGITAL

Tíscar Lara

Introducción

1. La alfabetización digital. Hacia el enfoque comunicativo

2. Contexto tecnosocial. Tecnologías digitales y prácticas discursivas

3. Los jóvenes en la Red: información, comunicación y produccion multimedia

4. La competencia digital en la escuela. Alfabetizar a los nativos digitales

5. Conclusiones. Aprender haciendo

 

El tratamiento de la información y la competencia digital implican ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las distintas herramientas tecnológicas; también tener una actitud crítica y reflexiva en la valoración de la información disponible, contrastándola cuando es necesario, y respetar las normas de conducta acordadas socialmente para regular el uso de la información y sus fuentes en los distintos soportes” (Decreto sobre Enseñanzas mínimas, BOE 5 de enero de 2006)

 

Introducción

Las tecnologías de la información y la comunicación se han instalado en nuestros usos cotidianos y afectan a las relaciones de los diversos ámbitos de nuestra vida: en el espacio laboral, en el plano social y personal, en el entretenimiento, y también en la educación. Las TIC son en parte responsables y protagonistas de la transformación de la Sociedad de la Información en que nos hallamos insertos, de tal manera que toda nuestra actividad social y cultural está mediatizada por este tipo de tecnologías.

Cada nueva tecnología de la información y la comunicación desarrollada por el hombre acaba por modificar la forma en que estructura y procesa su pensamiento. Los productos que resultan de esas tecnologías reflejan a su vez esas formas de pensar y de mirar al mundo. El libro por ejemplo es el artefacto cultural que mejor representa la forma de pensamiento secuencial en que hemos sido socializados y educados en la sociedad industrial. La Sociedad de la Información, por su parte, está generando también sus propios artefactos tecnológicos para el procesamiento de la memoria y la construcción colectiva de conocimiento.

La irrupción de la tecnología digital, asociada a la conexión de dispositivos móviles multimedia y el desarrollo de las redes telemáticas han generado nuevas formas de acceder, construir y comunicar el conocimiento. El lenguaje digital, con sus propiedades de hipertextualidad, interactividad y multimedialidad, combinadas con la conectividad y movildiad, permiten la construcción de narrativas antes inimaginables a través de la fragmentación de los contenidos, la actualización constante de información y la interacción entre múltiples actores del proceso comunicativo.

Autores de relevancia dentro del mundo digital como Nicholas Carr1 se han mostrado pesimistas ante las competencias que, a su juicio, se están perdiendo por la utilización de las TIC. En concreto, Carr se refiere a la capacidad de leer con profundidad y concentración textos de una considerable extensión. Su observación coincide con el estudio realizado por la consultora Nielsen en 2008 donde se indica que los usuarios apenas continúan leyendo un texto en pantalla más allá de las primeras 200 palabras2. Efectivamente, ambas interpretaciones confirman que se ha modificado la forma de leer y en consecuencia también de escribir –probablemente más diversificada y superficial- pero eso no quiere decir que se lea o se escriba menos que antes de la irrupción de las TIC.

En realidad sucede lo contrario: se lee y se escribe más que nunca, pero en distintos soportes, en distintos contextos y en distintos lenguajes puesto que la lecto-escritura es cada vez más multimedia. Las competencias comunicativas que requieren estos nuevos entornos requieren de la adaptación de competencias tradicionales como es el análisis crítico de la información, pero también su combinación con el ejercicio de nuevas destrezas que se están desarrollando en el uso de las TIC en red, entre ellas por ejemplo el trabajo en equipo y las destrezas de multitarea.

Nuestros jóvenes están experimentando de forma natural lo que supone relacionarse en Red a través del uso intensivo de dispositivos digitales y de las aplicaciones web: telefonía móvil, redes sociales, mensajería instantánea, fotologs, vídeos online, etc. Sin embargo, ese aprendizaje informal no es garantía de una alfabetización suficiente para desenvolverse como ciudadanos, consumidores y productores de conocimiento en la Sociedad de la Información. Numerosos estudios demuestran su facilidad para manejar tecnologías y dispositivos, pero al mismo tiempo reflejan cierta dificultad para gestionar información de diversa naturaleza, así como para tener experiencias más satisfactorias en torno a sus prácticas digitales en conceptos como la evaluación de credibilidad, la construcción de identidad y la gestión de privacidad. Ahí es donde, de una manera específica y sistemática, la educación formal puede colaborar introduciendo habilidades de competencia digital que ayuden a los jóvenes a desenvolverse y generar sentido del entorno tecnosocial en el que viven.

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