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Alfabetizar en la cultura digital

Este artículo es el preprint original que escribí en 2008 y fue publicado en 2009 en el libro colectivo La competencia digital en el área de Lengua, Editorial Octaedro, Madrid 2009 donde también participaron otros autores como Felipe Zayas, Néstor Alonso Arrukero y Eduardo Larequi.

A continuación se ofrece el texto completo del artículo en formato HTML (también disponible en PDF y en Slideshare).

 

ALFABETIZAR EN LA CULTURA DIGITAL

Tíscar Lara

Introducción

1. La alfabetización digital. Hacia el enfoque comunicativo

2. Contexto tecnosocial. Tecnologías digitales y prácticas discursivas

3. Los jóvenes en la Red: información, comunicación y produccion multimedia

4. La competencia digital en la escuela. Alfabetizar a los nativos digitales

5. Conclusiones. Aprender haciendo

 

El tratamiento de la información y la competencia digital implican ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las distintas herramientas tecnológicas; también tener una actitud crítica y reflexiva en la valoración de la información disponible, contrastándola cuando es necesario, y respetar las normas de conducta acordadas socialmente para regular el uso de la información y sus fuentes en los distintos soportes” (Decreto sobre Enseñanzas mínimas, BOE 5 de enero de 2006)

 

Introducción

Las tecnologías de la información y la comunicación se han instalado en nuestros usos cotidianos y afectan a las relaciones de los diversos ámbitos de nuestra vida: en el espacio laboral, en el plano social y personal, en el entretenimiento, y también en la educación. Las TIC son en parte responsables y protagonistas de la transformación de la Sociedad de la Información en que nos hallamos insertos, de tal manera que toda nuestra actividad social y cultural está mediatizada por este tipo de tecnologías.

Cada nueva tecnología de la información y la comunicación desarrollada por el hombre acaba por modificar la forma en que estructura y procesa su pensamiento. Los productos que resultan de esas tecnologías reflejan a su vez esas formas de pensar y de mirar al mundo. El libro por ejemplo es el artefacto cultural que mejor representa la forma de pensamiento secuencial en que hemos sido socializados y educados en la sociedad industrial. La Sociedad de la Información, por su parte, está generando también sus propios artefactos tecnológicos para el procesamiento de la memoria y la construcción colectiva de conocimiento.

La irrupción de la tecnología digital, asociada a la conexión de dispositivos móviles multimedia y el desarrollo de las redes telemáticas han generado nuevas formas de acceder, construir y comunicar el conocimiento. El lenguaje digital, con sus propiedades de hipertextualidad, interactividad y multimedialidad, combinadas con la conectividad y movildiad, permiten la construcción de narrativas antes inimaginables a través de la fragmentación de los contenidos, la actualización constante de información y la interacción entre múltiples actores del proceso comunicativo.

Autores de relevancia dentro del mundo digital como Nicholas Carr1 se han mostrado pesimistas ante las competencias que, a su juicio, se están perdiendo por la utilización de las TIC. En concreto, Carr se refiere a la capacidad de leer con profundidad y concentración textos de una considerable extensión. Su observación coincide con el estudio realizado por la consultora Nielsen en 2008 donde se indica que los usuarios apenas continúan leyendo un texto en pantalla más allá de las primeras 200 palabras2. Efectivamente, ambas interpretaciones confirman que se ha modificado la forma de leer y en consecuencia también de escribir –probablemente más diversificada y superficial- pero eso no quiere decir que se lea o se escriba menos que antes de la irrupción de las TIC.

En realidad sucede lo contrario: se lee y se escribe más que nunca, pero en distintos soportes, en distintos contextos y en distintos lenguajes puesto que la lecto-escritura es cada vez más multimedia. Las competencias comunicativas que requieren estos nuevos entornos requieren de la adaptación de competencias tradicionales como es el análisis crítico de la información, pero también su combinación con el ejercicio de nuevas destrezas que se están desarrollando en el uso de las TIC en red, entre ellas por ejemplo el trabajo en equipo y las destrezas de multitarea.

Nuestros jóvenes están experimentando de forma natural lo que supone relacionarse en Red a través del uso intensivo de dispositivos digitales y de las aplicaciones web: telefonía móvil, redes sociales, mensajería instantánea, fotologs, vídeos online, etc. Sin embargo, ese aprendizaje informal no es garantía de una alfabetización suficiente para desenvolverse como ciudadanos, consumidores y productores de conocimiento en la Sociedad de la Información. Numerosos estudios demuestran su facilidad para manejar tecnologías y dispositivos, pero al mismo tiempo reflejan cierta dificultad para gestionar información de diversa naturaleza, así como para tener experiencias más satisfactorias en torno a sus prácticas digitales en conceptos como la evaluación de credibilidad, la construcción de identidad y la gestión de privacidad. Ahí es donde, de una manera específica y sistemática, la educación formal puede colaborar introduciendo habilidades de competencia digital que ayuden a los jóvenes a desenvolverse y generar sentido del entorno tecnosocial en el que viven.

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Mi contribución al Libro blanco de la Juventud 2020 en el Senado

En octubre tuve el honor y la responsabilidad de comparecer en el Senado invitada por la Comisión que trabaja en el Libro Blanco de la Juventud 2020. La transcripción de la intervención oral está disponible en las Actas del Senado en su web. De ahí entresaco los últimos párrafos que copio a continuación.

Extracto de la comparecencia en el Senado para el Libro Blanco de la Juventud 2020, 13 de octubre de 2010

Texto completo

En los últimos años se viene hablando de la necesidad de alfabetizar al ciudadano del siglo XXI en las competencias digitales para transformar la sociedad de la información en una sociedad del conocimiento. Las dinámicas de este nuevo entorno tecnosocial con mayor disponibilidad de fuentes de información y recursos educativos, gracias a las TIC, están modificando las formas tradicionales de construir, comunicar y enseñar el conocimiento.

Dentro del terreno de la educación, se habla de un nuevo paradigma donde el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje tiene que ser el estudiante, ese joven del futuro que queremos construir. En esta perspectiva el estudiante no va a estar asociado exclusivamente a un espacio y a un tiempo de aprendizaje, así que cada vez más vamos a necesitar entornos de aprendizaje continuo. Se trata de integrar el aprendizaje no formal, qué se está desarrollando fuera de los entornos educativos, qué se está aprendiendo en los entornos de las redes sociales o en entornos físicos no formales, en espacios en centros culturales y en todas esas redes de aprendizaje que podemos llevar a los sistemas más formales. Este planteamiento provoca también cambios en la forma de concebir quién enseña, cómo y con qué aprender. En este sentido, el modelo de profesor pasa de ser una fuente y un filtro de conocimiento, porque como institución mediadora está en cuestión, para adaptarse a un nuevo rol como facilitador del aprendizaje o tutor del proceso.

La práctica de los alumnos les proporciona una experiencia de gran valor como emisores de contenido y como productores de su propio canal de comunicación, construyendo su propia identidad como autores, reforzando su autoestima y relacionándose en público en un proyecto con intencionalidad comunicativa y social. Tener voz y comunicarla a través de este tipo de medios genera toda una serie de aprendizajes que entrenan y capacitan en las competencias propiamente digitales, puesto que obliga a buscar información, a contrastarla, a evaluarla, a reinterpretarla y a elaborarla junto a otros lenguajes multimedia.

La red y la cultura participativa pueden ser enfocadas como un fértil ecosistema de una extrema riqueza y diversidad, como un lugar donde sembrar Internet, donde cultivar y donde recoger conocimiento, pero también un lugar que tenemos que aprender, como ciudadanos digitales, a proteger y a cuidar para que siga creciendo. Para ofrecer algunos elementos sobre por dónde podríamos reforzar en esta tarea de construir el mejor entorno posible para que se puedan desarrollar como ciudadanos digitales, tendríamos que identificar nuevos perfiles profesionales y adaptar los sistemas educativos a una realidad más dinámica y flexible.

Necesitamos cambios estructurales en todo el recorrido del modelo educativo, desde la enseñanza primaria hasta la universitaria, así como una formación continua profesional que traslade el peso de lo individual a lo colaborativo. No estamos enseñando al ritmo de las metodologías con que están aprendiendo fuera de la escuela, ahí hay un desfase que hemos de corregir porque cada vez será mucho más crítico. Estos cambios requieren de nuevos modelos de relación alumno-profesor, nuevas formas de acceso y uso de los contenidos digitales, nuevos espacios para metodologías del «aprender haciendo» en entornos de laboratorio, nuevas tecnologías para el aprendizaje en movilidad y nuevos formatos curriculares con nuevas formas de evaluación más social.

En este sentido, ayudará observar y aprender de los éxitos en el aprendizaje no formal que se da tanto en ámbitos digitales como físicos: qué y cómo se aprende en las redes sociales on line y qué y cómo se aprende en los centros culturales de creación colectiva tipo medialabs que tenemos en nuestras ciudades. Por otro lado, hay que ensanchar el uso de los derechos de propiedad intelectual buscando fórmulas más abiertas y flexibles que permitan desarrollos de modelos de negocio sostenibles en favor de un bien común. Como dice el profesor de Derecho en Stanford, de alguna manera el padre de las licencias creative commons, Lawrence Lessig, no podemos construir una sociedad sobre la criminalización de nuestros niños como futuros piratas.

También hay que apoyar el desarrollo de tecnologías libres y metodologías colaborativas que fomenten la innovación abierta favoreciendo el crecimiento de nuevos modelos de creación de riqueza. Ser competentes como profesionales y ser competitivos como economía pasa por compartir información, por sumar inteligencia colectiva a problemas complejos, por trabajar en grupo y por trabajar en red.

Por otro lado, hay que ofrecer contenidos abiertos y flexibles que permitan su reutilización, apropiación y uso creativo por parte de los jóvenes para generar nuevos productos. En este sentido, es importante hacer mención a los movimientos en esta línea de la cultura de lo abierto, del open access, para publicaciones académicas, así como los open data y open government para la generación de administraciones transparentes y responsables.
Asimismo, hay que impulsar nuevos modelos productivos y sostenibles en sectores emergentes, como pueden ser la economía verde, la economía social, la economía digital, la empleabilidad de los jóvenes. Esto está muy relacionado con la necesidad de fomentar este espíritu creativo y emprendedor de producción y creación que tienen y que están demostrando en sus prácticas en la red.

Por último, está la idea de ciudadanía digital, y me gustaría cerrar mi intervención como la empecé, con el porqué de la alfabetización digital, que en última instancia pretende conseguir ser un mejor ciudadano digital. Ser digital no es una elección ni un capricho, es el atributo natural de la sociedad contemporánea que debemos favorecer y dinamizar desde las políticas públicas y desde todos los ámbitos, porque la mejor manera de proteger un bien para que siga creciendo es abrirlo y compartirlo. Protejamos la juventud 2020 ofreciéndole los medios técnicos y formativos para acceder a la información, producir y compartir conocimiento de modo que pueda participar activamente en la sociedad y construir un mundo más sostenible y solidario.

Jornadas Bibliotecas FGSR: eBook y otras pantallas

El jueves 27 participo, junto con mi compañero de Decanato EOI Joaquín Rodríguez, en el Panel de Expertos de las Jornadas de Bibliotecas que organiza la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y que este año se dedican al eBook y otras pantallas de lectura. Hace tiempo que participo en el trabajo de la Fundación a través del Centro CITA de Tecnologías Avanzadas en Peñaranda, pero esta vez es una oportunidad para conocer proyectos tan interesantes como If:Book del Institute for the Future of the Book y Territorio eBook.

18 Jornadas

La irrupción en nuestro entorno cultural del dispositivo de lectura electrónica conocido como eBook está generando incertidumbres y opiniones muy diversas. Su paulatina asimilación dentro de los lugares públicos y privados de lectura (bibliotecas, centros educativos y hogares) va a cambiar, como ya lo están haciendo otros soportes electrónicos, desde la forma de entender la lectura a la fisonomía de los espacios que la contienen y divulgan.

El encuentro de este año quiere analizar este fenómeno desde la perspectiva de los actores implicados: educadores, bibliotecarios, lectores, mediadores culturales, etc., a través de sesiones enfocadas a:

  • Analizar el impacto y los cambios en los lectores de estas tecnologías respecto a sus formas de leer y comprender los textos escritos.
  • Debatir sobre las modificaciones que éste y otros dispositivos de la información suponen para los espacios de lectura: adecuación de instalaciones, creación de espacios virtuales y desarrollo de nuevos servicios.
  • Perfilar propuestas que permitan a la escuela y la biblioteca tomar postura ante los desafíos presentes y futuros planteados por este nuevo contexto


PROGRAMA

18ª JORNADAS DE BIBLIOTECAS INFANTILES JUVENILES Y ESCOLARES: El eBook y otras pantallas: nuevas formas, posibilidades y espacios para la lectura

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