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Jugar a periodistas

En los inicios de este siglo, con las tecnologías de lectoescritura, blogs y wikis, y más tarde las redes sociales, se proclamó en grandes titulares la muerte del periodista como intermediario. Si podíamos hablar directamente con la política, con las empresas, con los líderes de opinión,… aquello del 2.0 ¿recordáis? Entonces, ¿para qué necesitar al mensajero?

No nos habían contado que a mayor libertad, mayor responsabilidad

Ya no es suficiente con avezados periodistas. Por supuesto no solo no se certificó su muerte como necesarios sino que han revalidado su papel como imprescindibles en este escenario. Hoy al borde de la extenuación para ser capaces de hacer fact-checking en tiempo real (cada nuevo proceso electoral es un nuevo desafío a la contrainformación, las fake-news, los fotomontajes, las granjas de bots, el fenómeno de la postverdad,..) se actualiza aquella máxima de Goebbels del miente que algo queda. Parece como si las piernas de las mentiras no fueran tan cortas y sí muy rápidas. No vale con señalarlas y mucho menos con parodiarlas. Cuando las denuncias, ya se han replicado por miles de favoritos o retuits. Y con ello, convertido en verdad para quienes las consumen.

Los contenidos circulan a la velocidad del rayo y no sabemos quién es su autor ni en qué contexto han sido creados. En su soporte online ya es difícil pero si lo trasladamos a espacios privados como son las imágenes con capturas en WhatsApp la dificultad es aún mayor. Una imagen, un vídeo fuera de contexto, sin URL, sin metadato, sin trazabilidad, es poderosa y dañina como una bala perdida.

“Jugar a periodistas”, un juego muy serio

¿Qué podemos hacer como ciudadanos? Un buen punto de partida es aprender herramientas, prácticas y habilidades que le son propias al trabajo periodístico para buscar, contrastar y verificar la información que circula a nuestro alrededor. Se trata de una aproximación clásica a los estudios de Educación mediática o Media literacy que llevan décadas trabajando en este campo, pero que actualmente se hacen más urgentes y críticos que nunca por el entorno hipermediático y globalizado en el que vivimos.

En esta línea trabaja The News Literacy project que se centra precisamente en las noticias como objeto de estudio y ha desarrollado un currículo formativo para ser utilizado en ámbitos escolares. Discurre en inglés y según esta noticia, es utilizado por 3.300 profesores en Estados Unidos y por otros 69 países.

En Europa la Comisión Europea también tiene una comisión trabajando en ello y en España, la mayor parte de las iniciativas educativas son desarrolladas por colectivos en el ámbito informal sin que haya una apuesta clara por dedicar tiempo de aula a desarrollar estas habilidades por mucho que se consideren implícitas en las 8 competencias básicas del marco europeo. Es por ello que tendríamos que hacer la reflexión conjunta de cuán urgentes nos resultan como sociedad y si merece la pena incorporarlas en el currículo aunque eso suponga dedicarle menos tiempo a otras materias. Mi respuesta como madre, periodista, profesora, investigadora y ciudadana es que sí. ¿Cuál es la vuestra?

MÁS INFORMACIÓN. En estos otros proyectos hay muchos materiales educativos para entrenar el pensamiento crítico en relación a las noticias:

Recursos educativos del New York Times (más aquí)
EAVI  (@_eavi)
Comisión Europea, Media Literacy (@EU_MediaLit)
AML
Media Literacy Project
Revista Comunicar
Media and Information Literacy UNESCO
Transmedia Literacy
Aire Comunicación
En este blog, Alfabetización Digital

¿Tecnología en el aula o tecnología para la vida?

Vivimos en el gran mantra de “la integración de la tecnología en el aula” como si eso fuera de por sí la solución a todos los problemas de nuestra realidad educativa. Sobredotar de tecnología el aula sin más no solo no es la respuesta sino que puede acrecentar las dificultades. Pero paremos un momento, ¿qué tecnología? ¿por qué y para qué?

Y así, mientras la Escuela se pierde aún en cómo “introducirla” , los alumnos ya disponen de tecnología de consumo a su alrededor mientras se da la paradoja de que no es bienvenida en el aula.

Una cosa está clara: la tecnología es parte de nuestras vidas, las ensanchan y al mismo tiempo generan sus propias complejidades. Educar para la vida es la misión de la Escuela y la que tenemos, nos guste más o menos, es una vida con tecnología con sus luces y sombras. Ignorarla no es una opción, pero adoptarla sin espíritu crítico tampoco.

Cristóbal Cobo
Cristóbal Cobo en un encuentro de Educación Abierta

El martes me invitaron a un encuentro de la Asociación Abierta en la que pude reencontrarme con un viejo amigo, Cristóbal Cobo, y conocer más de cerca su perspectiva sobre la Innovación Pendiente (título de su libro, de libre descarga). Según le escuchaba, me invadía cierta melancolía sobre lo pendiente que acarreamos en esta última década. A menudo percibo debates que resuenan a lugares comunes, a viejas retóricas. La tecnología por aquí, la tecnología por allá. ¿Y si fuera el momento de empezar a desplazarla del discurso para que no acaparen todos los focos y nublen el fondo de la cuestión?

Es el momento de centrarnos en lo que verdaderamente importa: para qué educar, qué queremos que vivan, sientan y desarrollen las personas en la sociedad contemporánea (una sociedad altamente mediada por la tecnología, sin duda). Qué quieren ellas, qué necesitan para vivir plenamente, con libertad y responsabilidad en la sociedad actual. Qué habilidades, qué forma de pensamiento se requieren para transformar la sociedad, para dirigir nuestro futuro… Por supuesto, con tecnología, la que debemos cuestionar, crear y adaptar para esos fines, pero con mucho más: autonomía, pensamiento crítico, capacidad creativa, espíritu innovador, sensibilidad, etc. Me temo que hablamos poco sobre esto último.

¿Por dónde empezar?

Si nos fijamos en cuáles son los usos más frecuentes de las tecnologías de información y comunicación por parte de los menores, nos encontraremos que coinciden en tres: buscar información, comunicarse con otras personas e intercambiar contenidos. Esos tres usos requieren destrezas y habilidades que tengan en cuenta las capacidades de empoderamiento que ofrecen pero sin perder de vista los riesgos que llevan aparejados en cuanto a temas como son la veracidad de la información que se obtiene, la protección de la privacidad y el respeto creador al copyright.

Entrenar en estos tres ámbitos resulta urgente, especialmente los dos primeros por los daños que pueden acarrear, más aún en una tendencia creciente de la infoxicación (términos como el de postverdad se consolidan al ritmo de las noticias falsas en la red) y en la proliferación de la exposición íntima en las redes sociales (con los abusos de acoso que se ven a menores).

¿Qué puede hacer la Escuela con todo esto? Abordar la tecnología y todas sus implicaciones como un objeto de estudio, para incorporar prácticas SOBRE la tecnología y CON tecnología enfocadas con sentido crítico: discutiendo sus consecuencias y explorando sus oportunidades. El currículo no acaba de adaptarse a estas necesidades educativas y los profesores se enfrentan al reto de incorporar estos aprendizajes desde el sentido común y la colaboración estrecha con sus alumnos. Hay un gran número de modelos sobre competencia digital y mediática que ayudan a ordenar estas prácticas. Hay poco espacio de aula para acogerlas. Sin duda, una educación pendiente.

 

20 años de internet en formato cóctel

Dones en Xarxa es una iniciativa de mujeres interesadas por tejes redes en torno a la cultura digital. Nació en Barcelona y desde hace un tiempo también tiene presencia en Madrid a través de Cóctels&Net, un encuentro informal donde hablar sobre estos temas y tomarse un cóctel. En la última edición me invitaron a compartir mi experiencia con ellas y fue un placer reencontrarme con viejas amigas de internet como es Lourdes Muñoz Santamaría o Rosa Matías, otras más recientes como Reyes Montiel o Ana Aldea, y conocer a muchas otras.

El contenido no podía ser más sencillo ni más pretencioso al mismo tiempo: hablar de mí misma, de mi recorrido por la red en los últimos años, que es lo mismo que hablar de mi vida profesional en estos 20 años pues yo soy de la última generación que estudió en la universidad sin internet.

Un recorrido por lo digital

Así rememoré viejos tiempos cuando en el año 2000 daba formación TIC a profesores explicando por qué las máquinas de fotos ya no llevaban carrete o cuando conocí a una de las personas más importantes de mi vida en un chat de Terra, cuando me enamoré del formato blog o cuando más recientemente tuve que reducir mi presencia en foros profesionales por el tiempo que consumía mi estrenada maternidad.

Y así, repasando cómo lo digital me ha ayudado a crecer como persona y como profesional, llego a la conclusión de que me he dedicado a tres cosas que me encantan: aprender, enseñar y gestionar en lo relativo a la comunicación digital.

Si queréis conocer más a fondo, de lo que hablamos podéis verlo en la crónica que Dones en Xarxa ha hecho del encuentro y que incluye píldoras de vídeo.

Qué entender por alfabetización digital #ELNcov

Hoy es el Día de la Alfabetización según la UNESCO y prácticamente acabo de volver de participar en el seminario “Assessing Digital Literacy Skills in a Digital World” (en twitter #ELNcov) que se ha celebrado esta semana en el Disruptive Media Learning Lab de la Universidad de Coventry, en el Reino Unido. Tres días de debates, exposiciones e intercambios de experiencias con investigadores de universidades de países como Grecia, Canadá, Reino Unido, Portugal o Rumanía.

digital-literacies-coventryEntre las conclusiones que traigo en la maleta está constatar el múltiple abanico de terminologías que existen en este campo y el hecho de que no haya a corto plazo vías de síntesis en ello. Tenemos versiones, y académicos defendiéndolas, de todos los tipos: en plural, en singular, con prefijos, con sinónimos, con apellidos, etc. Y así nos encontramos “multimedia/polymedia/transmedia/informational/media…” para el adjetivo y “literacy(ies)/capabilities/skills/competences…” para lo sustantivo, con la paradoja de que cuando nos ponemos a hablar de qué significa cada cosa para cada uno de nosotros resulta que hablamos prácticamente de lo mismo con el coste que supone el esfuerzo constante por resemantizar nuestra elección.

No parece que los organismos internacionales vayan a hacer mucho más por converger opciones. Miramos hacia ellos buscando la solución, pero hasta el momento no hay una voz con capacidad para marcar un camino de vocablos comunes. Y lo más paradójico es que probablemente eso sea lo mejor, huir de dogmatismos, aunque resulte tan confuso como agotador. La Unión Europea avanza en sus “digital competences” con el DIGCOMP 2.0 y su reciente evolución al DIGCOMP 2.1, un marco que pretende dar respuesta a las necesidades funcionales del día a día de cualquier ciudadano, mientras que la UNESCO se esfuerza por separar lo “multimedia” de lo “informacional” mientras que el JISC (organismo para la Educación Superior en UK) dibuja sus propias cosmovisiones de lo que entiende que debe tener alguien “letrado” en lo digital hoy.

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Modelo JISC

Tomando como base todos estos modelos hemos querido señalar la importancia de reforzar la alfabetización mediática como uno de los pilares indispensables de la alfabetización digital por el auge de la infoxicación, la institucionalización de las fakes news, la postverdad y la viralidad que ejercen las redes sociales en la construcción de una opinión pública que termina votando.

La pregunta es “¿para qué queremos ciudadanos alfabetizados digitalmente?”, ¿para que sepan operar en banca online?, ¿para que sepan protegerse con antivirus?… Citando un libro seminal de los años 50 “The uses of literacy” del que fuera en cierta forma precursor de los Estudios Culturales, Richard Hoggart, el profesor Julian McDougall nos provocaba con la idea de presentar a los simpatizantes del ISIS como altamente competentes digitales por cómo se comunican a través de mensajes multimedia. Muchos de ellos pasarían un test de competencia digital de alguno de estos modelos que priman lo operativo e ignoran el pensamiento crítico y la justicia social. ¿Es esa la alfabetización digital que queremos?

Parece pues crítico recuperar la tradición de la investigación aportada por esos estudios culturales que situaban la dimensión política y crítica de los medios de comunicación. Traducido a nuestras necesidades de hoy, estaríamos hablando de entrenar el pensamiento crítico (consumidores con estrategias y herramientas para construir un criterio propio), potenciar la producción creativa (pasar de consumidores pasivos a creadores de cultura con discursos y narrativas propias) e intervenir en la sociedad en base a valores de participación democrática.

Sintetizado en la secuencia Acceso, Interacción y Participación propuesta por Nico Carpentier, la doctoranda belga Lara Burton nos presentó un modelo que incluye además la acción de “Ratificar” (Denouël, 2012) como un paso intermedio entre consumir y producir, para referirse a lo que hacemos en medios sociales al retuitear o compartir una información: no es solo consumo ni es estrictamente producción propia, pero sí hay cierta creación, responsabilidad y autoría en el apoyo que se da a la idea, comentario o contenido de un tercero.

Por último, después de un amplio debate sobre qué es lo digital y hasta dónde llega su alcance, el seminario ha tenido un fuerte foco en la evaluación, en cómo medir, observar y tener un mayor acercamiento a lo que definamos como persona competente digital. De igual manera trabajamos, comparamos y analizamos de forma crítica estos diferentes marcos para llegar a la conclusión de que no hay una única fórmula correcta y de que como docentes o investigadores debemos construir nuestros propios instrumentos en función de los grupos, el contexto, los objetivos, etc. con los que trabajemos. En esta línea presenté el modelo mobile learning que hace más de ocho años pusimos en marcha en EOI y del que he hablado en varias ocasiones en este blog.

Crea Cultura: aprender a crear para aprender a respetar

Crea Cultura es una iniciativa de Atresmedia que busca fomentar la creación cultural en un marco de respeto al derecho de la propiedad intelectual. Con este objetivo desarrolla eventos y diferentes actividades que invitan al debate sobre esta materia. Como parte de su proyecto se encuentra el Blog de Crea Cultura donde diferentes autores aportan su punto de vista sobre el tema.

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Fuente: Amador Loureiro en Unsplash.

En esta ocasión me han invitado a abordarlo desde el mundo de la educación con el siguiente post donde recojo parte de mi experiencia en la formación en TIC desde una perspectiva de educación mediática:

Los nativos digitales no nacen sabiendo. ¿Debemos educar sobre cómo crear cultura?

Marta es profesora de universidad y va a dar una ponencia en unas jornadas académicas. Busca una imagen para ilustrarla y coge la que más le gusta de la lista de resultados. No sabe de quién es, pero tampoco le preocupa especialmente. Como la gran mayoría de personas, está convencida de que si está en internet, será que no es de nadie.

Alejandro tiene quince años y quiere ser youtuber. Crea una parodia de un videoclip mezclando imágenes grabadas con el móvil con la música de su cantante favorito, pero se sorprende de que YouTube le bloquee el canal porque detecta que vulnera derechos de terceros. ¿Cómo puede ser? Si algo está publicado, significa que es “público”, piensa.

¿Son ambos unos piratas? Muy probablemente son simplemente usuarios con falta de conocimientos sobre qué contenidos pueden o no pueden reutilizar. Y como ellos, cientos, miles de personas a diario.

Aprender a ser consumidor y productor de cultura en la era digital de una forma libre y responsable es una de las competencias fundamentales del siglo XXI. Una buena forma de entrenar estas habilidades es precisamente fomentar la creación de nuevos autores. Y crear significa publicar. Porque no hay mejor forma de ejercitar la empatía que ponerse en el lado del otro. Así, cuando creemos una obra propia nos importará quién la usa y de qué manera, si la modifican o no sin nuestro permiso, si nos citan o no como autores… De esa forma, cuando actuemos en el rol de consumidores seremos, necesariamente, más sensibles con respecto a los contenidos de los demás.

Si además, lo hacemos desde la perspectiva de la educación mediática conseguiremos un doble objetivo: desarrollar el espíritu creativo y fomentar la actitud crítica al mismo tiempo, algo imprescindible en esta época de postverdad y sobreabundancia informativa.

Seguir leyendo el post completo en Crea Cultura.