mujeres liderando tecnología y comunicación

Solo 2 de cada 10 empleados en el sector de las tecnologías de la información son mujeres, de acuerdo con un estudio de ONTSI y el Instituto de la Mujer. Y por cada dos artículos científicos firmados por un hombre, tan solo hay uno firmado por una mujer, según un estudio de la Revista Nature. En Europa, las mujeres representan solo en torno al 25% de quienes se escuchan, leen o se ven en las noticias, y rara vez se las representa como expertas en su campo.

Así arrancaba la declaración de intenciones de Margarita Bly, un conjunto de profesionales del ámbito de la tecnología y la comunicación que nos unimos hace unos meses para darle un vuelco a los datos y potenciar el papel de la mujer en estos campos.

Y precisamente de estos temas hablaremos mañana en el evento WomenLiderTIC que ha organizado Dones en Xarxa en Barcelona.

Abrir la caja negra de la tecnología

La semana pasada participé en en la mesa redonda Tendencias en Comunicación. Retos para la investigación y la innovación del Congreso Internacional de Investigación en Comunicación e Información que organizó la Universidad de Zaragoza. Entre otros temas, hablé de la necesidad que tenemos los periodistas, profesores e investigadores de abordar la tecnología como objeto de estudio y como herramienta de trabajo. Me refiero en concreto a remangarnos para aprender con mayor profundidad sobre inteligencia artificial, blockchain, algoritmos, etc.

Caja negra de la tecnología

Solo de esa forma podremos abrir en lo posible esa caja negra que se nos presenta como insondable con el objetivo de conocerla, decodificarla, aplicarla y cuestionarla con mayor criterio que el de tocar de oído. Una aproximación que está en línea con la propia metodología que propugna la educación mediática o “media literacy” que plantea deconstruir los sistemas para poder analizarlos y aprovechar sus lenguajes en toda su capacidad.

Mucho me temo que aún estamos lejos de ello, más allá de materiales que intentan iluminar el campo periodístico como esta Guía de IA o estos ejemplos de Blockchain. Resulta más acuciante aún en el ámbito de la investigación, especialmente en el terreno de las ciencias sociales y más concretamente en los estudios de la comunicación. Es habitual que en los departamentos universitarios se sigan reclutando “codificadores” para hacer un trabajo manual que resulta muy limitado frente a las posibilidades que tenemos hoy en día de aplicar técnicas de computación que ya se están utilizando en otros campos científicos. Dejemos el trabajo cuantitativo del big data para esas herramientas que facilitan la detección de grandes patrones de comportamiento y centremos las energías humanas en el procesamiento de mayor valor: la dirección y el análisis cualitativo.

Sobre desinformación en informe semanal

Tíscar Lara Informe Semanal TVE

La desinformación masiva y viral que estamos viviendo en estos tiempos es uno de los problemas más graves que amenazan a la democracia como institución de convivencia y respeto de a los derechos humanos. El programa legendario de TVE Informe Semanal ha dedicado recientemente un reportaje para explicar las claves de este fenómeno.

Partiendo de consecuencias tan tangibles como fue el asalto al Capitolio en EE. UU. en enero, el reportaje incluye el análisis de profesionales de la comunicación, la psicología, la política o la informática, entre los que he tenido el gran honor de participar. Podéis encontrarme en el minuto 12:53 y en el 14:20.

Recursos educativos abiertos hoy

Cartel OPEN en un árbol
Foto de James Lee en Unsplash

2001 es más que una Odisea del Espacio o unos atentados en el corazón de Estados Unidos. Es un año clave en la historia de la cultura digital. Nace la Wikipedia, ese símbolo de la web de lecto-escritura que permite la edición colaborativa, pública y anónima. Se forjan las licencias Creative Commons, el marco legal que vino a ensanchar el universo pacato del Copyright. Y, además, es también en 2001 cuando el MIT anunció el acceso público y gratuito a los materiales online de cursos oficiales bajo la iniciativa OpenCourseWare que luego imitaron tantas universidades en otros países.

Dejando el siglo XX atrás, el mundo se encaminaba hacia un nuevo orden geopolítico mientras internet tejía su propio hilo de Ariadna 2.0 inspirado bajo las premisas libertarias del software libre: apertura, reproducción, prototipado, etc.  

Además de los blogs y wikis, como grandes contenedores de texto, llegó el furor de las plataformas especializadas en contenidos, el llamado UGC o User Generated Content, como fue Slideshare para presentaciones, Flickr para imágenes o YouTube para vídeos. Con ello surgieron miles de blogs y wikis de maestros y maestras que usaban estas herramientas para la elaboración propia de materiales en su práctica docente, la comunicación con familias, el aprendizaje autónomo, la actualización profesional, la conexión con otros colegas, etc. Fue entonces cuando nacieron redes educativas como Aulablog o Espiral, de abajo a arriba, de profesionales para profesionales. Una energía ciertamente arrolladora.

La segunda década del nuevo siglo estuvo protagonizada por las instituciones y su posterior empuje a los MOOC. Además del impulso del MIT en la Educación Superior, desde otros organismos como la UNESCO a nivel internacional, pero también desde los Ministerios de Educación e incluso de las Consejerías se lanzaron repositorios propios en este nuevo fenómeno que se acuñó como “Recursos Educativos Abiertos (REA)” o “Open Educational Resources (OER)” en su versión en inglés. Ejemplos de ellos son el Procomún y las Guías LADA del MECD, o la web de EducaMadrid

Ahora que vamos a entrar en la tercera década, cuando el movimiento open source ha perdido fuelle y los encuentros autoorganizados de maestros se han convertido en grandes platós del Ibex-35, cabe pararnos a reflexionar sobre la utilidad de esos REA, sobre si han funcionado en los objetivos que se marcaron, si han servido para que el colectivo docente haya mejorado su práctica de aula, si han facilitado el aprendizaje, si se han usado como semilla para que hayan creado nuevos contenidos, si han sustituido a los materiales editoriales… cómo y en qué medida.

En otras palabras, cabe hacernos preguntas como las siguientes: ¿Necesitamos esos REA? ¿Son la solución a nuestros males? ¿Hay pocos, hay muchos? ¿Hemos llegado a la saturación, a la parálisis por inundación? 

Pero, quizás más importante… ¿Qué requieren para funcionar mejor? ¿Mediación? ¿Asistencia?. Y aún más crítico: ¿Qué necesita la Escuela? ¿Hemos hablado con ella? ¿Se ha partido de sus necesidades? ¿Sabemos qué es lo urgente y prioritario a pie de aula para orientar los esfuerzos de inversión?

RECURSOS EDUCATIVOS EN ABIERTO: OTRA MIRADA

Confieso que si este texto se hubiera escrito hace un año, se podría terminar en este punto. Pero la vida hoy es muy distinta y este sintagma nominal “Recursos educativos en abierto” en tiempos de pandemia significa mucho más que OER o REA. 

Recursos Educativos en Abierto son las personas, pero también las infraestructuras, las prácticas, los horarios, los currículos… La propia esencia de una Escuela Abierta.

Son los huesos, los músculos, los órganos, la sangre, los sentidos y hasta el alma de ese cuerpo que representa la Escuela y que, en una situación de emergencia sanitaria, económica y social como la actual, se han puesto más de manifiesto que nunca en su necesidad de respirar aire. 

Recursos educativos abiertos es disponer de una política pública con la suficiente voluntad para hacer del barrio un ecosistema donde germina una comunidad de aprendizaje, para sacar las clases a espacios abiertos, para tejer alianzas con edificios vecinos, para inventar aulas híbridas donde se respire aire digital, para incorporar la riqueza intergeneracional, para construir vínculos de apoyo entre afectados y cómplices, para dar un respiro al yugo del currículo, para centrar la experiencia en competencias vitales como el pensamiento crítico y creativo, para poner patas arriba los horarios y diseñar nuevas configuraciones y, en definitiva, para hacer de la necesidad virtud y convertir lo excepcional del mal llamado “año perdido” en un rico laboratorio experimental.

¿Qué aprendimos y supimos aplicar de todo ese aprendizaje de la energía 2.0 cuando nos vimos privados del aire presencial en el confinamiento? Poco más que una estrategia de reemplazo que ahondó en la brecha social y digital: imitar horarios, currículo, apuntes y metodologías que no se prestaban al nuevo entorno online.

¿Qué se ha hecho con la vuelta al cole en septiembre, después de varios meses de trauma justificados por la emergencia? Forzar un simulacro de normalidad donde nada es normal. Sin voluntad, compromiso, creatividad e innovación por ensayar nuevas fórmulas, nuevos “recursos educativos abiertos”. Una gran oportunidad perdida en una situación que era, al mismo tiempo, un grito de reclamo y de permiso.

¿Qué más tiene que pasar para que seamos conscientes de la otra emergencia, la escolar, la que ya estaba ahí y la que seguirá siendo aún más grave?

Texto escrito para el Encuentro Darnos Aire de Medialab-Prado.

Página personal de Tíscar Lara

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