La receta como copia y el patchwork como remix

En la sesión de Laboratorios de Internet de Medialab-Prado de hace unos días, el equipo de traducciones p2p colaborativas que lidera Floren Cabello presentó su trabajo bajo el imaginario de la cocina (pinches, recetas, cocinados, ingredientes, etc.). Fue entonces cuando Adolfo Estalella llamó nuestra atención al iluminar este escenario de los fogones, más doméstico y por ello también abierto, frente al de los laboratorios que tanto nos seduce, pero de acceso exclusivo a profesionales y expertos (vídeo).

La metáfora del mundo de la cocina como espacio de relación y aprendizaje es, sin duda, sumamente estimulante. En concreto, la receta como patrón o código fuente, producido, difundido y expandido para su mayor uso, es también un buen ejemplo de forma popular de transmisión de conocimiento basado en la copia.

Recipe for six mince pies of 'an indifferent bigness'
Una receta de un pastel escrita por una secretaria en un papel oficial de la Corona. Un interesante forma de subvertir lo institucional desde lo popular e incluso naive). Fuente: Flickr, The National Archives UK, 1624.

La copia y el remix van necesariamente de la mano. Si la cocina tiene la receta, la moda tiene el patrón. Si la cocina admite variedades y dignifica la “ropa vieja”, el vestido legitima el patchwork haciendo de la necesidad virtud.  Ahora han proliferado cursos, revistas y comunidades alrededor del patchwork hasta convertirlo en una “moda” en sí mismo, pero en algún momento fue una necesidad de “confeccionar” retales dispersos, de componer con los márgenes y de darle cuerpo a los fragmentos. Fue incluso parte del movimiento “Reform style” de mitad del XIX, entre lo puritano y lo feminista, que abogaba por que las mujeres vistieran de una manera saludable, económica, femenina… como reacción a los corsés y los pantalones.

Jurk in reformstijl / Dress in reform style

Ladies’ fashion, dress in so-called reform style: a reaction against the unhealthy lacing up of the female body with a corset. 1911. Fuente: Flickr, Nationaal Archief, 1911

Como decíamos al reflexionar sobre las no tan nuevas formas de aprender, “gracias a la gran plaza pública que es Internet, aquello que durante mucho tiempo fue propio de lo marginal (la copia, la comunidad, el prototipo y el amateur) se hace visible con la dignidad que confiere lo auténtico”.

Twitter y sus funciones comunicativas

COMPETENCIA DIGITAL, NUEVOS MEDIOS, NUEVOS LENGUAJES, NUEVOS HABLANTES. Twitter y sus funciones comunicativas

Tíscar Lara

Escribí este artículo en la primavera del año pasado para la Revista Lenguajes y Textos  (núm. 34, diciembre 2011) que publica la Sociedad Española de Didáctica de la Lengua y la Literatura SEDLL. Está orientado fundamentalmente a servir de introducción y guía al profesorado interesado en explorar Twitter como medio de comunicación y expresión lingüística.

Introducción

Dentro de los currículos europeos, la competencia digital y la competencia lingüística están consideradas como dos de las ocho competencias básicas que todo ciudadano debe tener para crecer y desarrollarse en la Sociedad de la Información.

En cierta medida, estas competencias están siendo ejercitadas de manera informal fuera de los ámbitos de la Escuela, puesto que buscar información, conversar en sus grupos de interés y producir sus propios mensajes multimedia son las prácticas habituales de los más jóvenes. Por tanto, nuestros alumnos escriben y leen más que nunca, pero lo hacen en otros soportes que no son el libro físico y mediante otros lenguajes que son más propios de la digitalidad.

Los adolescentes se comunican a partir de sus producciones y recreaciones multimedia que son publicadas y compartidas en las redes sociales de pertenencia (Facebook, Tuenti, Twitter, blogs, etc.). Estudios periódicos del Pew Internet & American Life Project o en España informes como el de Generaciones Interactivas[1] (2009) confirman esta tendencia:

El 70% de los menores afirma utilizar las redes sociales y casi el 40% de los menores internautas poseen página web propia o han generado alguna vez contenidos en la Red. Este perfil creativo aumenta con la edad, y a partir de los 16 años el 50% de los jóvenes construyen o administran sus propios blogs o páginas web. Los contenidos más visitados –música, deportes y juegos- son también la temática más frecuente de sus propias páginas web y blogs.

La tecnología que más crecimiento está teniendo entre este segmento de población es la móvil, hasta el punto de que en 2010 en España una media del 70% de niños entre 10 y 15 años disponían de este dispositivo[2]. El teléfono móvil representa la herramienta de uso más importante porque reúne el carácter emotivo de apropiación personal con su naturaleza de conectividad ubicua y un gran potencial de consumo y producción multimedia. Y todo en la palma de la mano, expandiendo el aula fuera de los tiempos y espacios escolares de aprendizaje formal.

De entre todas las redes sociales y plataformas de publicación en Internet, en este artículo destacaremos el potencial que tiene una de ellas, Twitter, por su proximidad con la cultura móvil y por sus oportunidades para desarrollar prácticas creativas en el uso de la Lengua y la Literatura.

¿Qué es Twitter y cómo funciona? ¿Qué lo hace tan interesante a diferencia de otros medios?

Twitter se suele definir como un servicio de microblogging, lo que indica su similitud a los blogs en cuanto a que es un sistema de publicación personal pero de carácter más reducido, ya que los “posts” aquí llamados “twits” están limitados a una extensión de 140 caracteres. Este tamaño está muy relacionado con el espacio propio de los mensajes SMS en los teléfonos móviles, lo cual le da una impronta personal de mensajería instantánea.

Twitter es un servicio gratuito donde cualquier persona puede leer los mensajes de otros usuarios siempre que estos tengan un perfil público, lo cual sucede en la inmensa mayoría de registros. Por tanto, no es necesario que se haga una cuenta propia para poder leer los “twits” de otros, basta con ir a su perfil en Twitter y acceder al histórico de mensajes[3]. Sin embargo, si quiere además tener un perfil propio, organizar mejor las lecturas y poder escribir mensajes personales, es necesario abrirse una cuenta propia.

Podríamos decir que Twitter es un nuevo medio de comunicación, por cuanto ha generado un propio código comunicativo y unas pautas de interacción también específicas. Parte de ciertas similitudes con otros medios digitales como son los blogs (microposts, suscripción RSS, enlaces permanentes, etc.), las redes sociales tipo Facebook o Tuenti (perfil personal, concepto de “compartir” mensajes de otros, etc.) y el correo electrónico (mensajería privada). Estas semejanzas facilitan la conceptualización de Twitter debido al ejercicio previo de esas prácticas que ya han sido aprendidas e incorporadas por el usuario medio de Internet.

Sin embargo, Twitter también aporta nuevos avances con respecto a otros medios de comunicación nativos de Internet. Por un lado, abandona la reciprocidad obligatoria de otras redes sociales como Facebook o Tuenti. En Twitter no es necesario ser amigo de nadie para interactuar con él. Al ser fundamentalmente un espacio público, los mensajes de los usuarios se pueden consultar libremente. La diferencia estriba en que para facilitar una lectura más ágil y organizada a aquellas personas que resulten relevantes, conviene “seguirlas” en el sentido de suscribirse a sus mensajes de modo que Twitter se convierte en un panel de lecturas personalizado por cada usuario en función de sus intereses.

De igual forma, aquellas personas que estén interesadas en lo que podamos ir publicando en nuestro Twitter, también tienen la opción de “seguirnos”, esto es, de suscribirse a nuestro flujo informativo. En cualquier caso, la relación no tiene por qué ser simétrica. Al contrario, sucede con mucha frecuencia que no nos siguen aquellos que a quienes nosotros seguimos y viceversa. Cuando coincide que “seguimos” a una persona que también “nos sigue” a nosotros, entonces podemos enviarnos mensajes privados.

Una buena forma de adentrarse en Twitter es abrirse una cuenta y empezar a seguir a aquellas personas que podamos identificar en relación a nuestros intereses. El primer valor que se aprecia de Twitter normalmente es el informativo (estar actualizado al instante en los temas de interés) para pasar después de cierto tiempo a convertirnos en “emisor” y adquirir el hábito de publicar mensajes, compartir enlaces y entrar en formas conversacionales.

Una de las características más interesantes de Twitter desde un punto de vista discursivo y comunicativo, es su sentido de la inmediatez y de la fluidez. Es un medio que se percibe como un flujo constante de información, de pensamientos efímeros, de ideas al aire y de lazos de cotidianidad. Ambos aspectos son muy interesantes por cuanto tienen que ver con los pactos de lectura que se van creando entre sus usuarios. Por un lado, sorprende reconocer que Twitter no es un medio sincrónico. A pesar de la sensación de presencia constante de la persona, técnicamente nada indica que esté online al modo en que lo hacen los servicios de mensajería instantánea o chat (tipo Messenger, Google Talk o Skype), asemejándose por ello mucho más al correo electrónico donde el usuario tiene mayor autonomía sobre sus tiempos para responder cuando así lo decide. Por otro, el carácter de flujo efímero que parece destilar el gran discurrir de los mensajes en Twitter está compensado con el carácter permanente de cada uno de sus mensajes que son publicados y permanecen en la Red como enlaces fijos individuales.

Los mensajes de Twitter, al contrario de lo que vulgarmente se aprecia desde el desconocimiento de la mirada desinformada, son grandes contenedores de información relevante. La mayor parte de los “twits” son ejercicios papirofléxicos en el sentido de la teoría del plegado de Antonio Rodríguez de las Heras[4], pues combinan en 140 caracteres una breve descripción con un enlace a otra página de Internet que amplía el mensaje y apunta a nuevas lecturas.

Esta ampliación de sentido se ve a su vez reforzada por el carácter de sorpresa que acompaña a cada uno de esos enlaces, pues en su forma de escritura esconden el contenido que anuncian invitando sutilmente a ser consultados. Esto se debe a un nuevo fenómeno de composición digital, muy relacionado con Twitter, que es el de los enlaces recortados, que no son más que traducciones de enlaces de Internet en otras fórmulas más cortas que permiten su inserción en mensajes cortos y producen nomenclaturas indescifrables.

Anatomía de un twit (tuit o tweet)

Para aprender a utilizar Twitter de una forma creativa y disfrutar con la complejidad de este nuevo medio, es necesario partir del conocimiento de los componentes básicos que conforman su propio abecedario y su correspondiente gramática:

Hay tres elementos de escritura fundamentales a la hora de decodificar y codificar un mensaje en Twitter (también llamado twit, tuit o tweet)

Autor // @ 

Se identifica con el símbolo de arroba unido al nombre de usuario de la persona en Twitter. Así, en un mensaje donde se quiera referenciar o apelar a alguien que tenga identidad en Twitter, se le añadirá la @ a su nombre de usuario. Esto hace que se genere automáticamente un enlace al perfil de esa persona para que nuestros lectores puedan acudir a ella y conocerla mejor, al mismo tiempo que genera una alerta en el panel de “Menciones” de ese usuario en su cuenta de Twitter. De esta forma, no es necesario avisar por otras vías a esa persona de que la hemos mencionado, pues lo podrá consultar fácilmente desde su perfil.

Tema = #

Cuando queremos destacar una palabra dentro del mensaje y convertirla en una categoría global en Twitter, escribimos la almohadilla # delante de ese término. De esta forma, se genera automáticamente un enlace y esa palabra pasa a ser un nexo temático en Twitter que unirá nuestro mensaje con todo el flujo de mensajes que cualquier otro usuario de Twitter haya escrito utilizando la misma palabra junto a la almohadilla #.

Cita = RT

La forma de dar mayor valor a un mensaje que se considera relevante en Twitter es citarlo y republicarlo. Así, se amplifica su efecto alcanzando un mayor número de lecturas pues de una forma viral se va propagando entre los seguidores de todos aquellos usuarios que lo redifundan. Esta práctica se llama “retuitear” y se ha formalizado en Twitter por parte de los usuarios escribiendo RT delante del mensaje a redifundir y manteniendo su integridad y fuente. La práctica se ha extendido tanto que el propio servicio incluyó hace unos meses un botón específico para hacerlo en su rediseño gráfico.

La escritura y la lectura como acto de responsabilidad pública

El carácter espontáneo de la publicación en Twitter y el ambiente que crea de cierta ilusión de intimidad hace que parezca que estamos en un entorno muy privado cuando en realidad es un espacio público. Esto implica que tengamos que aprender a gestionar nuestra responsabilidad como emisores y autores, tanto a la hora de escribir nuestros propios mensajes, qué decimos y cómo, como también a la hora de redifundir mensajes de otros sin haber contrastado previamente su fiabilidad. Al retuitear un mensaje de otra persona en realidad estamos asumiendo sus palabras y las arropamos desde nuestra propia autoridad. En este sentido, suele suceder que en los casos de mensajes que contienen enlaces, por la propia ansiedad innata de querer compartir rápidamente ese twit, el usuario incurra en la irresponsabilidad de dar amplitud a un mensaje no verificado y del que no sabe a qué contenido apunta.

Funciones comunicativas de Twitter en el uso del lenguaje

Función de reconocimiento: El efecto de retuitear mensajes de otros tiene una función primordial de reconocer su autoridad y darle atribución sobre lo compartido. Al incorporar su @usuario estamos dando la oportunidad a nuestros lectores de visitar a esa persona, conocerla más de cerca y contrastar nuestra propia acción de mención. Seguir leyendo Twitter y sus funciones comunicativas

Tuitéame, hay confianza

 

http://www.chemamadoz.com/gallery6.htm

 

Este artículo forma parte de las Actas de las Jornadas Leer y escribir en español en la red de la Fundación Comillas celebrado en diciembre de 2011 y amplía un post que escribí hace un tiempo para su mesa redonda.

RESUMEN: La cultura digital se construye con la incorporación de la lógica de red y valores como son la transparencia, la horizontalidad, la confianza, la sostenibilidad, la colaboración y la identidad. Esto se traduce en prácticas de comunicación digital donde la persona, a través de sus múltiples identidades digitales, va dejando huellas que sirven para trazar la nueva sociabilidad desintermediada. Son las fronteras diluidas entre lo amateur y lo profesional, entre lo individual y lo colectivo, entre lo original y lo remezclado, entre lo personal y lo corporativo, entre lo privado y lo público, entre el ser y estar… las que van tejiendo nuevas formas de leer y escribir el mundo.

¿Qué cambia al leer y escribir en línea? es el título de la mesa redonda de las Jornadas de la Fundación Comillas (diciembre 2011) al que intentaremos dar respuesta a lo largo de estas páginas. Para comenzar, conviene que nos detengamos en comprender qué estamos intentando decir por “en línea”: ¿lo que sucede cuando estamos conectados? ¿lo que se comunica a través de Internet? En este artículo partiremos, sin embargo, de la idea de que “en línea” significa algo más que “online”, algo más que conectados, algo más que ubicuos.

Si seguimos adelante con la pregunta, ¿qué cambia al leer y escribir en línea?, en un primer momento nos sería fácil concluir que cambian infinidad de cosas. Cambian todos los elementos propios del acto comunicativo, de lo que implica leer y escribir, puesto que cambia el público, el contexto, el género, la autoría, el soporte y la tecnología de escritura y lectura. Pero por otro lado, tampoco sería descabellado afirmar lo contrario: nada cambia, pues se mantiene la necesidad humana de comunicar y comunicarse, de informar e informarse, de sentirse comprendido, acompañado, reconocido, etc.

Así enunciado parecería que todo cambia y nada cambia, lo cual nos impide avanzar en el análisis. Sin embargo, preferimos fijarnos en dos categorías universales: tiempo y espacio. En el ámbito de la lectura y de la escritura analógica, la secuenciación, el turno y el tempo condicionan las formas de leer y de escribir mucho más de lo que lo puede hacer la escucha y el habla. De igual forma lo hace el espacio, tanto el de lectura como el de escritura, puesto que no tienen por qué coincidir y, de hecho, raramente coinciden. Estas dos proyecciones, y en cierto modo distancias, favorecen formas propias de reflexión, de introspección, de modulación y de conceptualización.

Leer y escribir en línea, siempre conectados, significa sincronía, encuentro e interacción en tiempo real, pero también en espacio real: el espacio digital. Hablar de “en línea” es cada vez más hablar de “oralidad”, aunque los bytes tomen formas de letras, sonidos o imágenes, fijas o en movimiento. Porque aunque sean decodificadas y por tanto leídas en lugar de escuchadas, no deja de ser una interacción más oral que escrita.

En este punto, cabe reconocer que hay medios digitales no sincrónicos en un sentido estricto (blogs, webs, etc.) pero la evolución de la red avanza hacia los medios más ubicuos: las redes sociales, esto es, comunicación al instante en cualquier momento y en cualquier lugar. Así, en su propia evolución observamos una mayor tendencia a la oralidad, una oralidad que escribe la nueva narrativa social a partir de las huellas digitales que vamos impregnando en nuestra interacción online. Una oralidad que se da en diversas manifestaciones:

En línea / En directo: Hay una sensación constante de “estar en el aire” en todo el sentido de la expresión. Por un lado, de estar en el aire en su apreciación más radiofónica o “en directo”, pero por otro, también de estar en un estado etéreo, imprevisible, difícil de consolidar, efímero incluso. Así, este mismo texto que ahora yo escribo y otras personas están leyendo en otro “ahora”, en otro tiempo, será muy distinto en su forma y fondo si decido escribirlo en un procesador de textos, en el borrador del blog o en ideas intermitentes en Twitter. Son simples ejemplos de contexto de escritura que nos llevan a visualizar desde lo más íntimo y privado, a lo más expuesto y público, pero siempre como enunciados de conversaciones latentes en términos bajtinianos. Escribir en público, decir a un público, algo tan parecido al hablar, es una forma de pensar en voz alta: una forma arriesgada, nerviosa, febril, intensa….

Dibujar constantemente las fronteras: Así como ocurre con el tiempo de la oralidad, leer y escribir en línea, o lo que es prácticamente lo mismo escuchar y hablar en línea, supone modular la comunicación en función de los espacios, de la alcoba, al patio o la plaza: entrando y saliendo constantemente de ellos, redibujando sus fronteras, mezclando lo personal y lo profesional, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, etc.

Metadatos, metainformación: el mensaje que se activa en la lectura “en línea”, ubicua e hiperconectada, está enriquecido por una gran cantidad de información envolvente que condiciona el contexto. Esto es así en toda forma comunicativa, pero en el caso de la lectura “en línea” esta información muta constantemente y no tiene por qué ser la original, ni en signos paralingüísticos ni en criterios editoriales. Así, por poner un ejemplo, leer en Flipboard o en Google Currents genera una mezcla auto-organizada de contenido fuera de contexto que se mezcla en un nuevo escenario incontrolado de disposiciones gráficas o de múltiples voces de autores.

Narrativa constante y fragmentada: El acto de escritura y lectura “en línea” es un proceso constante de construcción de identidad como sujeto. Se trata de un proceso intermitente, donde se interactúa con distintos interlocutores, en distintos entornos y con distintas tecnologías. En esa traza de huella comunicativa, los actos de leer o escribir son autoafirmaciones de presencia. Por eso, en el actual escenario de las redes sociales no importa tanto el mensaje que se intercambia, que acaba siendo más bien un fluido simbólico, como el propio acto de invitación a la conversación, a la sociabilidad y a la manifestación de la propia existencia. En cierto sentido podríamos decir que son tecnologías del yo en recuerdo a Foucault, puesto que leer es en sí mismo “decir” que hemos leído y nos preocupamos por que queden huellas de ese recorrido íntimo, que ya no privado.

Leer es decir que hemos leído, lo cual se convierte automáticamente en un acto de escritura hablada. Es mostrar las notas al margen, las codas y los remarcados del paratexto que hacemos mientras leemos. Es ese diálogo con nosotros mismos, donde queremos fijar una traza de lo que nos pareció más interesante, lo que conviene recordar en un futuro, lo que merece una relectura. Con la diferencia de que ahora remarcamos, anotamos y subrayamos en vivo y en directo, en público y en abierto, para nosotros y para los demás, para nuestros pares, para nuestros grupos de interés, para nuestros seguidores y para nuestros alumnos. Y lo hacemos con estrategia, con etiquetas, con hashtags, con migas de pan en el camino que nos ayuden a darle esqueleto y músculo al cuerpo digital.

Estas prácticas se están instalando en nuestra forma de atender, escuchar, leer y pensar de modo que nos sentimos incapacitados en ocasiones en las que nos llama la atención un contenido, una idea y no encontramos el botón para compartirlo inmediatamente. Está dentro de los usos sociales que vamos adquiriendo y ejercitando en nuestra propia evolución digital. No en vano existe algo muy humano y trascendente en esa necesidad de decir en público y en abierto “estoy aquí, estoy experimentando esto y quiero compartirlo contigo”. Es una invitación al diálogo en su más pura esencia.

Velocidad emocional del sentir con los dedos: en este recorrido que estamos haciendo sobre las peculiaridades que afectan y condicionan la lectura y escritura “en línea”, terminaremos por llamar la atención sobre la  intermediación que generan las tecnologías de lectura y escritura más recientes, y más concretamente los dispositivos móviles. Además de la ubicuidad que permiten por su portabilidad y su penetración tanto en el ámbito personal como el profesional, es interesante observar cómo la oralidad de la lecto-escritura en línea se manifiesta en la caricia con el deslizamiento de las yemas de los dedos. Resulta sugerente ver cómo un movimiento tan superficial e íntimo a la vez conecta nuestro cuerpo con las prótesis en que se han convertido, o mejor dicho, hemos convertido, los dispositivos móviles. Esta unión tan epidérmica contribuye con ello a la innata velocidad que proporcionan estos dispositivos y las redes que conectan: una ligera caricia es lo que nos separa del pensar, del sentir, del comunicar inmediatamente al leer y escribir en línea.

Nuevas formas de leer y escribir el mundo: Twitter como prototipo social

De todas las herramientas de la web 2.0, Twitter resulta de especial interés por su carácter híbrido de lecto-escritura (a medio camino entre un blog, una red social y un lector RSS) y por cómo contribuye a crear una narrativa social a partir de las narrativas personales. Actualmente nadie cuestiona su rol globalizador en los movimientos sociales más recientes en todo el planeta. El éxito de Twitter confirma que “lo personal es político” ya que, en cierta forma, con nuestros fragmentos y huellas digitales, estamos fijando los relatos con los que se construirá nuestra historia social en un futuro. La propia definición de este sistema y su evolución en el tiempo dan una idea de su apropiación por parte de los usuarios, por cómo se han generado usos insospechados y espontáneos del mismo. Prueba de ello es el propio mensaje de la herramienta que nació apelando al usuario a contar su cotidianidad con un “Qué estás haciendo” y tornó a mediados de 2009 en un “Qué está pasando”. Este cambio de lema demuestra el propio cambio estratégico de los propietarios de Twitter, conscientes del valor que había logrado como medio de comunicación global, al trascender de lo privado y convertir la banalidad de lo personal en una narrativa de lo social.

Twitter como espacio y tiempo, como medio y canal, es un buen exponente de lo que en este texto hemos abordado como elementos que reconfiguran y afectan a la oralidad de la escritura y lectura “en línea”: donde leer es escribir, es decir que hemos leído, puesto que consumimos información a partir de su marcado y redifusión RT; donde lo privado y lo público se funden en esa ilusión de intimidad, de decir a todos y a unos pocos; donde la conversación del timeline es pública, instantánea y efímera como el rumor de cualquier plaza; y donde la superficialidad es la bisagra y el pegamento de la sociabilidad y de la socialización.

CONCLUSIÓN

Todo esto conlleva necesariamente una serie de determinantes y consecuencias que configuran la competencia necesaria para “leer y escribir” en línea, y como hemos intentando avanzar en este artículo, también de la competencia para “escuchar y hablar” en esta nueva “oralidad” hiperconectada. Esto implica incorporar ciertos elementos importantes del proceso comunicativo como es la inmediatez de la respuesta, la replicabilidad del objeto digital, la transparencia del proceso, la viralidad en la difusión, la producción amateur, la remezcla de los cotenidos, el beta constante como obra abierta, etc.

Conocer estos mecanismos, reconocerlos en la práctica y ser conscientes de sus diversas manifestaciones, nos permitirá hacer un uso estratégico del binomio libertad-responsabilidad que conlleva toda lectura y escritura en línea, y que como venimos diciendo, es mucho más que lectura y escritura tradicional en soportes digitales. Es lectura y escritura digital en soportes protésicos.

Como investigadores y docentes, la pregunta que debemos hacernos es si estamos realmente preparados y preparando para esta lectura y escritura en línea, para esta oralidad que deja huella digital.

 

Aprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanos

Les in schoenen poetsen en handen wassen / Lesson in washing hands and polishing shoes

Aprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanos

Imaginemos que alguien quiere aprender a cocinar, a coser, a comprender a Kant, a dibujar un plano en tres dimensiones, a distinguir unas plantas de otras, a identificar las estrellas, a provocar una reacción química, a producir un documental, a conocer el porqué de las distintas formas de las nubes, a indagar en la etimología de una palabra, a elaborar un argumento de defensa penal, etc. ¿Qué hará? ¿Un curso en sus muy distintas modalidades formales o no formales? ¿Intentar aprender por su cuenta buscando el libro oportuno en una tienda o biblioteca? ¿O buscar en su entorno más próximo a otras personas que puedan enseñarle?

Ciertamente todos los saberes no son iguales, unos se prestan más a la consulta de información y otros requieren de cierta práctica para adquirir el conocimiento necesario. En cualquier caso, las opciones suelen estar limitadas a formatos rígidos y estructurados (educación formal), a contenidos consolidados (libros fundamentalmente) y a contactos personales (círculos próximos).

En el otro extremo se encuentra Internet, donde tanto la información como las personas y sus deseos de interacción circulan libremente. Donde en principio no hay plazos prefijados para comenzar un itinerario formativo, ni numerus clausus que impidan acceder al conocimiento, ni fronteras espacio-temporales que niegue el contacto a talentos diversos. Internet es el paraíso del autodidacta, del amateur que no ve límites a sus intereses de aprendizaje y del practicante que logra encontrar una comunidad especializada. Internet es la fusión de espacio y tiempo donde qué aprender, con quién, de quién, cuándo, cómo y dónde no está organizado en fórmulas rígidas y semiestructuradas, sino abierto a la negociación de sus participantes.

Por eso, cuando hoy alguien quiere aprender sobre algo, al menos a este lado del mundo, probablemente su primera opción sea acudir a Internet, navegar y bucear, curiosear e indagar, conectar y compartir. Pero Internet es mucho más que una manera de potenciar los cauces educativos que conocemos, es el  territorio donde se están construyendo nuevos saberes y donde se está experimentando una nueva cultura: la digital. Una cultura que emana de valores como la horizontalidad, la transparencia, la colaboración y la sostenibilidad. Internet tiene la magia del aprendizaje informal entre pares y la riqueza de la mejor biblioteca universal. Internet no nos educa pero sí nos hace aprender.

Existe, sin embargo, una profunda y terrible brecha manifiesta entre los procedimientos, canales y cauces de la educación tradicional, aquella que nos rodea en el mundo físico más próximo, y el universo que hemos aprendido a aprehender en Internet. Cómo trazar puentes y cómo incorporar las lecciones aprendidas en ambos entornos es el reto. Necesitamos por tanto satélites de la cultura digital en los barrios, espacios ciudadanos donde se pueda aprender con la lógica de red, donde se pueda practicar con esas nuevas formas de pensar y hacer juntos, donde colaborar y compartir sean las reglas básicas de toda construcción de conocimiento.

Estos espacios son las filiales naturales de la Red, que traen la cultura digital a la calle, traducen los bytes en átomos y extienden sus valores a la práctica cotidiana. Estos espacios ciudadanos no están tanto diseñados para educar como sí para producir, pensamiento y acción, ideas y prototipos. El aprendizaje no tiene por qué ser el objetivo pero sí es el resultado que se extrae de todo el proceso.

Aquí la acepción de la palabra “enseñar” tiene más que ver con mostrar que con educar: no habla tanto de la intención transmisiva como sí de la exploradora, de suscitar y motivar, de provocar el interés por el descubrimiento, de movilizar la deconstrucción, de indagar en las costuras para inventar nuevos patrones, de exhibir en público los vericuetos de esos caminos, de exponer en abierto los resultados de esos procesos y de pavimentar ese recorrido con evidencias documentadas.

Esos espacios ciudadanos no tienen forma de academia, ni de universidad, ni de ateneo. Están, por el contrario, más cerca del laboratorio en cuanto al ritual de lo experimental y al taller como escenario de lo artesanal. Esa mezcla virtuosa transciende los laboratorios de alta ciencia y los hace ciudadanos, a pie de calle accesibles, asumibles, asibles, posibles…

Esos espacios ciudadanos logran trazar viaductos entre el plano de las ideas y la mesa de corte y confección, hacer teoría desde la práctica y al revés: pensando con las manos y haciendo con la mentes. Siempre en gerundio y siempre en comunidad.

Apuntes para un laboratorio ciudadano digital

Son muchas las prácticas que se producen y se demandan en estos espacios ciudadanos o laboratorios digitales. Todas son necesarias y todas imprescindibles para garantizar ese puente digital. Avanzamos algunas de ellas:

La cultura del don: dar sin expectativa de recibir directamente por ello, porque solo dando se puede recibir. Dar significa aprender a donar. Dar significa agradecer y reconocer.

La cultura del tutorial: documentar los avances propios para allanar el camino a los interesados que quieran sumarse al proceso.

La cultura del prototipado: celebrar el error como método de aprendizaje, lo imperfecto, compartido y discutido como solución de mejora, lo replicable como garantía de sostenibilidad.

La cultura de la mediación: ofrecer conectores, traductores que expliquen e inviten a la participación, con la habilidad de incorporar la cultura ciudadana de la praxis y conectarla con la intelectual.

La cultura de la hospitalidad: invitar y acoger al neófito, atraer al afectado, integrar al discordante y celebrar la controversia creando un contexto que haga sentir a todo el mundo en casa, en familia, integrado y parte sustancial de la comunidad.

La cultura exploradora: aprender en la frontera de saberes aún no definidos detectando tendencias en nuevos campos de exploración, en temas emergentes que aún no estén cubiertos por otros espacios formativos.

La cultura de lo colectivo: no se puede aprender si no es en sociedad. El aprendizaje es social por naturaleza y la composición del grupo bajo las claves p2p es básico para favorecer su desarrollo.

La cultura del acompañamiento: diluir la figura de profesor y favorecer el intercambio mutuo con el apoyo de facilitadores o tutores.

La cultura del proyecto: pasar de la motivación a la implicación, incorporando la duda y la pregunta como método de mejora continua. Del querer hacer al hacer. Del proyecto personal al proyecto colectivo.

La cultura de la exposición: la transparencia de los procesos y la comunicación en público como método de evaluación social. Porque para aprender hay que enseñar y no hay más premio que el reconocimiento entre iguales.

La cultura de la diversidad: la riqueza emana de la mezcla, del talento dispar, de la controversia y del enriquecimiento mutuo.

Es, sin ninguna duda, en estos laboratorios ciudadanos en donde se está experimentando con las metodologías del aprender haciendo y del aprender a lo largo de la vida que necesitamos para una cultura digital en red, abierta, transparente y colaborativa. La buena noticia es que estos espacios ciudadanos existen, emergen en las ciudades y construyen puentes para la cultura digital a pie de calle. A veces bajo el impulso de las instituciones públicas, a veces bajo legitimidades públicas de nuevas instituciones.

Este texto es un borrador para las sesiones de los Laboratorios de Internet que comenzamos esta tarde en Medialab-Prado Madrid.