¿Nuestros datos? ¿Para qué los necesitamos?

Hoy he participado en la Jornada Mis datos, tus datos, nuestros datos,  que organizaba Iniciativa Open Data en Medialab-Prado. Su objetivo era sumar distintos puntos de vista en torno a la importancia de la información accesible y reutilizable tanto desde las administraciones públicas como proveedoras y reguladoras, como en los ámbitos de su explotación económica, académica o ciudadana.

Mi contribución ha versado sobre el papel de la ciudadanía en este ámbito, fijándome concretamente en los aspectos que justifican su rol activo: contribuir a desarrollar una cultura democrática en una sociedad más crítica e informada, ejercer una presión como vigilante del poder y generar conocimiento libre produciendo ciencia ciudadana. Para ello, parece evidente que se necesitan apoyos en tres direcciones fundamentales: disponer de un marco de actuación que promueva estos usos tanto legal como social y económico, adquirir conocimientos y metodologías de trabajo hasta ahora vinculadas al saber experto (técnicas de periodismo de datos p.ej.) y finalmente datos accesibles para ejercer estos derechos.

Son muchas las ideas que se han compartido (aquí han publicado la crónica, el decálogo y los vídeos). Algunas que me han parecido interesantes y que resumo a modo de titulares:

  • Lo primero es negar la mayor del propio título de la jornada. Los datos no son de nadie. Sí cómo nos afectan. Esto lo ha desarrollado mejor Borja Adsuara en su artículo de hoy de Retina.
  • Lo contrario a la transparencia no es la opacidad, sino la falsa apariencia. Es más perjudicial ofrecer datos confusos, desestructurados, sin metadatos imprecisos, desactualizados, etc. que el hecho de no ofrecerlos. Intoxicación por saturación.
  • Debemos distinguir claramente entre Transparencia, como deber de ofrecer información pública para la rendición de cuentas, y la provisión de Open Data para la reutilización pública.
  • Los proveedores de información pública, fundamentalmente los portales de Open Data de las Administraciones, dedican mucho esfuerzo y recursos a la publicación de datasets pero se ven desconectados del mundo de los reutilizadores. Estos, en cambio, no perciben que haya suficiente información de valor para su explotación económica y social porque los datos que consideran que les pueden generar mayor valor no se publican, y esto puede ser por múltiples motivos: por falta de voluntad, conocimiento de su utilidad o celo de protección.
  • La anonimización de los datos puede ser una estrategia válida para ofrecer grandes volúmenes de información privada y hacerla pública (ej. Datos sanitarios, datos bancarios, etc.) con el fin de dar datos de valor y proteger al mismo tiempo la privacidad de las personas.

El objetivo de los organizadores es seguir el debate y continuar generando este tipo de espacios de encuentro sobre el tema, así que seguiremos atentos a su evolución. Gracias por empujar esta iniciativa.

Jugar a periodistas

En los inicios de este siglo, con las tecnologías de lectoescritura, blogs y wikis, y más tarde las redes sociales, se proclamó en grandes titulares la muerte del periodista como intermediario. Si podíamos hablar directamente con la política, con las empresas, con los líderes de opinión,… aquello del 2.0 ¿recordáis? Entonces, ¿para qué necesitar al mensajero?

No nos habían contado que a mayor libertad, mayor responsabilidad

Ya no es suficiente con avezados periodistas. Por supuesto no solo no se certificó su muerte como necesarios sino que han revalidado su papel como imprescindibles en este escenario. Hoy al borde de la extenuación para ser capaces de hacer fact-checking en tiempo real (cada nuevo proceso electoral es un nuevo desafío a la contrainformación, las fake-news, los fotomontajes, las granjas de bots, el fenómeno de la postverdad,..) se actualiza aquella máxima de Goebbels del miente que algo queda. Parece como si las piernas de las mentiras no fueran tan cortas y sí muy rápidas. No vale con señalarlas y mucho menos con parodiarlas. Cuando las denuncias, ya se han replicado por miles de favoritos o retuits. Y con ello, convertido en verdad para quienes las consumen.

Los contenidos circulan a la velocidad del rayo y no sabemos quién es su autor ni en qué contexto han sido creados. En su soporte online ya es difícil pero si lo trasladamos a espacios privados como son las imágenes con capturas en WhatsApp la dificultad es aún mayor. Una imagen, un vídeo fuera de contexto, sin URL, sin metadato, sin trazabilidad, es poderosa y dañina como una bala perdida.

“Jugar a periodistas”, un juego muy serio

¿Qué podemos hacer como ciudadanos? Un buen punto de partida es aprender herramientas, prácticas y habilidades que le son propias al trabajo periodístico para buscar, contrastar y verificar la información que circula a nuestro alrededor. Se trata de una aproximación clásica a los estudios de Educación mediática o Media literacy que llevan décadas trabajando en este campo, pero que actualmente se hacen más urgentes y críticos que nunca por el entorno hipermediático y globalizado en el que vivimos.

En esta línea trabaja The News Literacy project que se centra precisamente en las noticias como objeto de estudio y ha desarrollado un currículo formativo para ser utilizado en ámbitos escolares. Discurre en inglés y según esta noticia, es utilizado por 3.300 profesores en Estados Unidos y por otros 69 países.

En Europa la Comisión Europea también tiene una comisión trabajando en ello y en España, la mayor parte de las iniciativas educativas son desarrolladas por colectivos en el ámbito informal sin que haya una apuesta clara por dedicar tiempo de aula a desarrollar estas habilidades por mucho que se consideren implícitas en las 8 competencias básicas del marco europeo. Es por ello que tendríamos que hacer la reflexión conjunta de cuán urgentes nos resultan como sociedad y si merece la pena incorporarlas en el currículo aunque eso suponga dedicarle menos tiempo a otras materias. Mi respuesta como madre, periodista, profesora, investigadora y ciudadana es que sí. ¿Cuál es la vuestra?

MÁS INFORMACIÓN. En estos otros proyectos hay muchos materiales educativos para entrenar el pensamiento crítico en relación a las noticias:

Recursos educativos del New York Times (más aquí)
EAVI  (@_eavi)
Comisión Europea, Media Literacy (@EU_MediaLit)
AML
Media Literacy Project
Revista Comunicar
Media and Information Literacy UNESCO
Transmedia Literacy
Aire Comunicación
En este blog, Alfabetización Digital

Mobile learning = aprender a vivir conectados

Estoy preparando una ponencia sobre mobile learning para un encuentro de profesores en Zaragoza el mes que viene y esto me lleva a pensar sobre qué ha cambiado en estos diez años en los que venimos trabajando con el concepto.

Foto de Stanley Kubrick de una serie que hizo en el metro de Nueva York en 1946. Una paralelismo entre las imágenes de

Sin duda el entorno no es el mismo, la penetración de los dispositivos móviles a nivel doméstico ha arrasado en el mundo. Ya no es diferencial estar conectado y el BYOD o bring your own device ya no es una solución creativa a la falta de dotación institucional sino más bien lo esperado por cotidiano. La pregunta clave es si aquella propuesta de mobile learning, su esencia sobre lo que implica de aprendizaje autónomo, abierto, digital, colaborativo y creativo, se ha consolidado de algún modo en este tiempo. Bien es cierto que los avances nunca son lineales y se escriben con renglones torcidos. También lo es que tengo la mirada sesgada por la nostalgia de quien lo ha vivido y defendido con pasión. En cualquier caso, son muchos los fenómenos que han tenido lugar en esta última década y que condicionan el mundo hiperconectado en el que vivimos, que es el mismo mundo hiperconectado en el que aprendemos.

Por un lado, al acceso a la conectividad móvil por medio de dispositivos personales se ha sumado el gran crecimiento de usuarios y usos de las redes sociales, así como de la tecnología de comunicación que soporta el intercambio de contenidos. Todo ello es lo que subyace detrás de formatos impensables hace diez años como son los MOOC o de la naturalidad con la que hacemos una videoconferencia de WhatsApp desde la calle.

¿Dónde estamos ahora cuando miramos hacia el aula? ¿Qué hay del mobile learning?

Por un lado, su invisibilidad puede ser una buena noticia pues en cierta forma denota que se ha incorporado como natural usar esta tecnología tan cotidiana para el uso educativo. Pero por otro, tengo la sensación de que hemos pasado del desconocimiento al miedo, del no uso al abuso, y lo que es peor, sin que haya intermediado un uso crítico y creativo de esta tecnología. Sobre todo cuando vemos las últimas noticias que nos llegan sobre esta cuestión como es el instituto de Lleida donde prohiben el uso del móvil en el patio o de la propia Francia que quiere prohibir por ley el uso de los móviles en todos los centros.

Se esgrimen como causas la adicción que generan estos dispositivos, la distracción y el riesgo de aislamiento que producen. Todos esos riesgos son ciertos. Sin embargo, ignorar el problema o intentar que no entre por las puertas del colegio para así autoconvencernos de que no existe tampoco es la solución. Sin duda, necesitamos una Escuela valiente que tome como urgentes este tipo de problemáticas y las aborde dentro de sus muros.

Aprender a conectar y hacerlo de una forma productiva es tan importante como aprender a desconectar (una competencia digital implícita que cada vez se pone más de manifiesto como habilidad a entrenar). Hace precisamente diez años que David Silver presentó en el congreso que compartimos en Copenhague su proyecto “Log off before you blog off” en el que trabajaba con sus estudiantes universitarios la desconexión a través de una convivencia en el campo que servía de punto de inspiración para bloguear posteriormente las reflexiones de esa experiencia unplugged y fantasear con lo que suponía la desaparición digital. Entonces apenas usábamos Facebook o Twitter. El blog ya nos parecía la súper conectividad y parecía merecer de una dieta detox de vez en cuando. Qué ingenuos.

Es el momento de la calma

Entre tanto like y tanta notificación, es momento de la calma, de calmar las emociones y atemperar los gestos, de calmar la educación como promueven los amigos de la Asociación de Educación Abierta y de apoyar la tecnología que nos ayude a perseguir esa calma (las Calm Technologies de las que habla Amber Case en la Revista Telos). Como indica Case en esa entrevista:

“Podemos mirar el movimiento Time Well Spent para recibir consejo sobre cómo desarrollar relaciones más fructíferas con nuestra tecnología. Podemos instalar complementos para el navegador Chrome como Inbox When Ready y poner nuestros teléfonos en modo avión para poder elegir cuándo interactuar con ellos. Yo recomendaría por lo menos desconectar las notificaciones de tu teléfono. ¡Realmente ayuda!”

¿Tecnología en el aula o tecnología para la vida?

Vivimos en el gran mantra de “la integración de la tecnología en el aula” como si eso fuera de por sí la solución a todos los problemas de nuestra realidad educativa. Sobredotar de tecnología el aula sin más no solo no es la respuesta sino que puede acrecentar las dificultades. Pero paremos un momento, ¿qué tecnología? ¿por qué y para qué?

Y así, mientras la Escuela se pierde aún en cómo “introducirla” , los alumnos ya disponen de tecnología de consumo a su alrededor mientras se da la paradoja de que no es bienvenida en el aula.

Una cosa está clara: la tecnología es parte de nuestras vidas, las ensanchan y al mismo tiempo generan sus propias complejidades. Educar para la vida es la misión de la Escuela y la que tenemos, nos guste más o menos, es una vida con tecnología con sus luces y sombras. Ignorarla no es una opción, pero adoptarla sin espíritu crítico tampoco.

Cristóbal Cobo
Cristóbal Cobo en un encuentro de Educación Abierta

El martes me invitaron a un encuentro de la Asociación Abierta en la que pude reencontrarme con un viejo amigo, Cristóbal Cobo, y conocer más de cerca su perspectiva sobre la Innovación Pendiente (título de su libro, de libre descarga). Según le escuchaba, me invadía cierta melancolía sobre lo pendiente que acarreamos en esta última década. A menudo percibo debates que resuenan a lugares comunes, a viejas retóricas. La tecnología por aquí, la tecnología por allá. ¿Y si fuera el momento de empezar a desplazarla del discurso para que no acaparen todos los focos y nublen el fondo de la cuestión?

Es el momento de centrarnos en lo que verdaderamente importa: para qué educar, qué queremos que vivan, sientan y desarrollen las personas en la sociedad contemporánea (una sociedad altamente mediada por la tecnología, sin duda). Qué quieren ellas, qué necesitan para vivir plenamente, con libertad y responsabilidad en la sociedad actual. Qué habilidades, qué forma de pensamiento se requieren para transformar la sociedad, para dirigir nuestro futuro… Por supuesto, con tecnología, la que debemos cuestionar, crear y adaptar para esos fines, pero con mucho más: autonomía, pensamiento crítico, capacidad creativa, espíritu innovador, sensibilidad, etc. Me temo que hablamos poco sobre esto último.

¿Por dónde empezar?

Si nos fijamos en cuáles son los usos más frecuentes de las tecnologías de información y comunicación por parte de los menores, nos encontraremos que coinciden en tres: buscar información, comunicarse con otras personas e intercambiar contenidos. Esos tres usos requieren destrezas y habilidades que tengan en cuenta las capacidades de empoderamiento que ofrecen pero sin perder de vista los riesgos que llevan aparejados en cuanto a temas como son la veracidad de la información que se obtiene, la protección de la privacidad y el respeto creador al copyright.

Entrenar en estos tres ámbitos resulta urgente, especialmente los dos primeros por los daños que pueden acarrear, más aún en una tendencia creciente de la infoxicación (términos como el de postverdad se consolidan al ritmo de las noticias falsas en la red) y en la proliferación de la exposición íntima en las redes sociales (con los abusos de acoso que se ven a menores).

¿Qué puede hacer la Escuela con todo esto? Abordar la tecnología y todas sus implicaciones como un objeto de estudio, para incorporar prácticas SOBRE la tecnología y CON tecnología enfocadas con sentido crítico: discutiendo sus consecuencias y explorando sus oportunidades. El currículo no acaba de adaptarse a estas necesidades educativas y los profesores se enfrentan al reto de incorporar estos aprendizajes desde el sentido común y la colaboración estrecha con sus alumnos. Hay un gran número de modelos sobre competencia digital y mediática que ayudan a ordenar estas prácticas. Hay poco espacio de aula para acogerlas. Sin duda, una educación pendiente.

 

20 años de internet en formato cóctel

Dones en Xarxa es una iniciativa de mujeres interesadas por tejes redes en torno a la cultura digital. Nació en Barcelona y desde hace un tiempo también tiene presencia en Madrid a través de Cóctels&Net, un encuentro informal donde hablar sobre estos temas y tomarse un cóctel. En la última edición me invitaron a compartir mi experiencia con ellas y fue un placer reencontrarme con viejas amigas de internet como es Lourdes Muñoz Santamaría o Rosa Matías, otras más recientes como Reyes Montiel o Ana Aldea, y conocer a muchas otras.

El contenido no podía ser más sencillo ni más pretencioso al mismo tiempo: hablar de mí misma, de mi recorrido por la red en los últimos años, que es lo mismo que hablar de mi vida profesional en estos 20 años pues yo soy de la última generación que estudió en la universidad sin internet.

Un recorrido por lo digital

Así rememoré viejos tiempos cuando en el año 2000 daba formación TIC a profesores explicando por qué las máquinas de fotos ya no llevaban carrete o cuando conocí a una de las personas más importantes de mi vida en un chat de Terra, cuando me enamoré del formato blog o cuando más recientemente tuve que reducir mi presencia en foros profesionales por el tiempo que consumía mi estrenada maternidad.

Y así, repasando cómo lo digital me ha ayudado a crecer como persona y como profesional, llego a la conclusión de que me he dedicado a tres cosas que me encantan: aprender, enseñar y gestionar en lo relativo a la comunicación digital.

Si queréis conocer más a fondo, de lo que hablamos podéis verlo en la crónica que Dones en Xarxa ha hecho del encuentro y que incluye píldoras de vídeo.

Página personal de Tíscar Lara

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