Nominada como Directiva a LasTOP100 de 2018

Tuve el honor de ser elegida como una de las 100 mujeres líderes de LasTOP100 en su primera y segunda edición (2011 y 2012) y años después vuelvo a estar nominada en la categoría de Directivas. Esta vez me hace especial ilusión y ahora entenderéis por qué.

En este tiempo he sido madre, una experiencia maravillosa y sumamente intensa. Intensa en emociones e intensa en dedicación personal. Como nuestro tiempo no es suma cero, algo tenía que verse aparcado y la interacción profesional saltó por la ventana. Confieso mi ingenuidad, mi idealización de esas escasas 16 semanas de baja. Para alguien que no ha dejado de estar activa en el mundo laboral con anterioridad, pensar en ese paréntesis era sinónimo de muuuucho tiempo para pasear con un carrito silencioso y tomar un café con un libro en una terraza. Quien ha pasado por ello, sabe que no es así. Y a pesar de ser tan universal, de que “todo el mundo lo conoce”, hay como un código secreto hacia las primerizas de no estropearles la fiesta y no decirles lo que supone un bebé 24 horas (bendito bebé, pero un bebé). Así aterricé en la inmensidad de la crianza, en la necesidad de la jornada reducida, en el parque de la tarde. Una experiencia maravillosa, sin duda. Pero una experiencia agotadora también.

Y entonces mi capacidad intelectual para leer, pensar, escribir, publicar y compartir en mi tiempo libre se vio mermada. Porque sencillamente desapareció el tiempo libre. El blog se vio resentido, mis redes sociales también, los encuentros con colegas profesionales aparcados…   ¿Una presentación de libro a las 19h? Imposible, lo siento. ¿Una conferencia en otra ciudad? No puedo si exige hacer noche. ¿Un artículo de fondo para el fin de semana? Inviable, más adelante quizás… Continuar desarrollando mi trabajo a mismo nivel ha sido fundamental para mí en esta etapa, pero todo debía enmarcarse a una jornada comprimida sin contar con esos extras a los que estaba acostumbrada y que tanto enriquecen. Solo me di cuenta cuando los perdí.

Una nueva fase

Mi hija Nora tiene 3 años y medio, empieza a ser más autónoma y su madre a disfrutar también de esa nueva etapa. Así que aquí me hallo, buscando esos resquicios de enriquecimiento personal/profesional y aprovechando sus siestas de verano para retomar una tesis doctoral que me apetece mucho terminar. Todo vuelve a su ser, es cierto, pero requiere esfuerzo extra.

Fue precisamente este verano cuando Nora me identificó en el póster de LasTOP100 de 2012 que su abuela tiene en el salón (estos reconocimientos los viven especialmente las madres, esto es así) y empezó a preguntar quiénes eran las otras mujeres.

No es nuevo que sea otra vez candidata a LasTOP100. Veo en la ficha de perfil de su web que también lo he sido en estos años de hibernación, pero ni siquiera fui consciente de ello. Ahora sí, y aunque sobre todo es una buena forma de darle impulso a la iniciativa porque lo importante es identificar otras mujeres y darles paso (y no repetir las que ya pasamos por ello), me hace especial ilusión acompañar ahora a estas 600 candidatas 🙂 Ahora sabes por qué 🙂

Las votaciones estarán abiertas del 10 al 24 de septiembre. Más información en LasTOP100.

Educación Abierta, un recorrido personal

¿Podemos hablar de Educación más Abierta en los últimos años? Hubo un día en el que incluso escribimos un manifiesto con 10 ideas para lograrlo, pero ¿cuál ha sido la deriva del discurso Open en este terreno? Esto es lo que me pregunté cuando me invitaron a compartir un encuentro con los miembros de la Asociación de Educación Abierta. ¿Cuánto de abierta y hasta cuándo?

2000-2010 WEB SOCIAL FEDERADA

2001 no es solo el título de una película mítica, ni el inicio de un nuevo orden mundial con el 11S. Es también el año en que nace Wikipedia. Y el año en que se empiezan a popularizar los blogs, los weblogs que se llamaban entonces. Nace la web de lecto-escritura, el sueño de que cualquier persona tenga voz en internet de forma sencilla y gratuita. Un espíritu que retoma en cierta forma el ambiente libertario de los pioneros de internet.

2001 es también el año en que Lawrence Lessig desde Stanford le da forma a nuevas herramientas legales para hacer posible el libre intercambio de contenidos y creaciones culturales: nacen las licencias Creative Commons.

Y es en esa misma época, cuando la Universidad, concretamente el MIT desde la costa Este lidera el movimiento OpenCourseWare liberando, seguimos con la retórica libertaria, material docente  vía web. Y Moodle como plataforma de aprendizaje online para quien tuviera ganas de aprender a instalarla. Cualquiera podía ser profesor, tener su público, su audiencia, sus alumnos. Y llegó Android y empujó el mundo móvil. Y así cambiamos de década.

 

El espíritu del software libre se trasladó a la cultura, a la academia, a la ciencia, a la educación… a todo lo relativo al conocimiento para que este fuera accesible a cualquier persona del mundo con independencia de su origen o recursos. Conceptos como abrir, copiar, citar, mejorar y compartir empezaron a cobrar un particular sentido que, unido a la idea de lo amateur, inspiró la fiesta de la web 2.0.

2010-ACTUALIDAD: REDES SOCIALES CENTRALIZADAS

Son los usuarios quienes se lanzan a expresarse desde sus dispositivos móviles. Cada persona es un punto, un cuerpo comunicante en un tejido infinito que ya no quiere ser masa sino red social. Todos alrededor de un flujo constante de comunicación. Primaveras árabes, mayos patrios y otoños americanos. Facebook y Twitter son los nuevos líderes de la conversación. Los blogs ya no son el lugar privilegiado, ni el único ni el más sencillo, para que la gente se comunique online de forma pública.

Volvamos a la educación en esta nueva década en la que ya tenemos contenido docente, plataformas de vídeo potentes, tecnología de red social, dispositivos móviles para producir/consumir y usuarios con las prácticas adquiridas. Nacen entonces los MOOC como el gran formato que aglutina todos esos avances (que suponga necesariamente un progreso pedagógico es cuestionable si no ofrecen más que un puñado de tests automáticos con consulta de vídeos, pero eso es otro debate…).

Un formato abierto y masivo como son los mooc genera por su propia naturaleza muchos datos. El big data llegó a la formación y el nuevo hype se convirtió en las “learning analytics”. El hype pasó, ya no encabeza los estudios de prospectiva de la educación, pasamos a la nueva pantalla, estamos ya en la inteligencia artificial sin haber sido capaces de digerir cuánto de learning o de analytics nos quedó.

Conectamos Netflix y Black Mirror nos pone los pelos de punta por su proximidad, porque nos parece menos ciencia-ficción de lo que quisiéramos. Nos obsesionamos con la presencia digital, con la creación de una imagen virtual con la que seducir en las redes sociales. Si antes hablábamos de “identidad digital” ahora directamente pasamos a esforzarnos en nuestra “marca personal” sin sonrojo.

Pero no pasa nada, somos todos muy sagaces y sabemos distinguir la impostura de la postura, del postureo. ¿Seguro? Para eso está internet, a más multiplicidad de fuentes, de voces, de medios… más capacidad para informarnos, seleccionar y contrastar lo que nos llega. ¿Seguro? ¿Y quién decide lo que nos llega? Entran en juego los mayordomos silenciosos, los algoritmos que vienen a reducir complejidad para hacernos la vida más fácil.

El fenómeno fake-news ha hecho más alarmante la necesidad de entrenar el pensamiento crítico, de cuestionar, dudar y verificar como una forma de estar y sobrevivir en este mundo. ¿Lo hacemos?No hablamos de desconfiar de las críticas en un portal hotelero o de distinguir un anuncio de publicidad de un reportaje “informativo”. Hablamos de cambiar presidentes de gobierno, hablamos de cambiar una cotización en bolsa, hablamos de vidas humanas, hablamos de cosas muy serias.

Pero volvamos a la educación en esta década que vamos cerrando. ¿Es más abierta por ser más tecnológica? Todo apunta a que superamos la etapa de tecnificación de la Escuela, aquel mantra de “introducir la tecnología en el aula”, pero no fue suficiente para expandirla. Y ahora qué está dentro, ¿qué? ¿la prohibimos como quiere hacer Francia por ley con los dispositivos móviles?

Lo que parece claro es que los procesos de apertura no son lineales ni naturales de por sí. Todo cambio genera renuncias y pérdidas a las que hay que prestar atención, análisis, reflexión y acción. Como comentó Carlos Magro en la sesión AEA en la que debatimos sobre esta, lo siento, mirada un tanto desilusionada, “La tecnología era esa caja negra que estaba dentro del aula, que mirábamos sin comprender. Ahora el aula es la caja negra y dentro estamos nosotros junto a la tecnología. Vivimos en la caja negra”.

¿Qué fue del procomún?

Hace unos meses tuve la visita de Ana, una chica holandesa que estuvo realizando una estancia académica en Medialab-Prado para investigar sobre la cultura del procomún. Me hizo preguntas que me obligaron a hacer balance de los últimos años en cuestiones como el software libre, el procomún y la cultura digital, y que hoy he encontrado el hueco para compartir con vosotros.

La conversación arrancó con una pregunta sencilla para romper el hielo: ¿Cómo llegó el procomún a mi vida? Y supongo que fue una evolución natural desde mi interés por la pedagogía crítica de la comunicación sumada a la irrupción de internet, los blogs y mi dedicación como investigadora universitaria en aquel momento. Hablamos necesariamente de la figura de Antonio Lafuente, que ha sido indiscutiblemente mi, y para muchos nuestro, maestro en este tema. Una persona con el talento para traducir conceptos abstractos y academicistas en objetos concretos y simbólicos para un público más amplio. Alguien con algo tan diferencial como es la capacidad para conectar con otras disciplinas y para hacer poesía a partir de lo científico.

Laboratorio del Procomún en Medialab-Prado

Fruto de su ilusión y trabajo compartido con Medialab-Prado surgió hace años el Laboratorio del Procomún, que pronto nos sedujo a unos cuantos. Un lugar de inspiración donde cada uno desde su perspectiva y disciplina buscó la forma de hacerlo propio. Así nace en mi caso, a raíz de mi formación e intereses, la idea de la hemeroteca audiovisual que llegué incluso a presentar en Nueva York en la Open Video Conference en 2010. Un proyecto precioso por cuanto tiene de reclamo sobre la estructura de poder mediática (licencias, concesiones,…), de reivindicación del espacio público y del imaginario colectivo (de quién son las noticias sin hablan de nosotros), de preservación como parte del patrimonio cultural de una ciudadanía (si tenemos hemerotecas nacionales públicas de lo impreso, por qué no de lo audiovisual), de pedagógico (el ciudadano puede contrastar, verificar por sí mismo si tiene acceso a las fuentes), de creativo (por qué no usar esos materiales como fuente de creación, mezcla y remezcla), de concreto (construyendo una estación de captura audiovisual que sirva para rescatar formatos obsoletos), de crítica a la tecnología (por la vorágine de los ciclos de obsolescencia), de poético (por lo sugerente de “abrir las memorias”), de emocional (por resucitar viejos recuerdos), de lo experimental (por proponer dejar copia para el procomún colectivo), etc.

¿Qué ha pasado con la cultura digital?

Me da la sensación de que hemos vivido en cierta forma un retroceso en la última década. Se han desarrollado nuevas plataformas tecnológicas y con ello nuevas maneras de “relacionarnos, conversar y colaborar”. No estoy segura de que sean mejores. Teníamos los blogs pero apareció Facebook, teníamos bloggers y llegaron los influencers. Teníamos un sistema federado de zocos particulares y pasamos a arremolinarnos en centros comerciales de terceros bajo sus reglas. En cierta manera, es como si el movimiento del software libre en su traducción cultural se lo hubiera comido el del social media. Y lo que es más crítico, parece que apenas importa. Cada vez se habla menos de cultura libre y, presiento que no precisamente porque esté asimilada, sino porque está neutralizada. En este sentido, me gusta que Wikipedia siga dando la batalla, que Mozilla continúe con su advocacy y me encanta descubrir que queda algún oasis que sigue apostando por su desarrollo y visibilización. Uno de ellos es el Disrupting Media Learning Lab de la Universidad de Coventry que este otoño celebra el encuentro Learning on/with the Open Web Conference.

Aunque también me planteo, en un esfuerzo optimista, que es posible que estemos en un ciclo del hacer más que del pensar. Cómo hacer huertos urbanos o patios escolares y demás guías pedagógicas van en esa línea, y es muy interesante como estrategia en sí misma.

Lo inteligente será que seamos capaces de conectar ambos mundos, del hacer y el pensar, que desde lo concreto se pueda hacer abstracción y buscar analogías hacia un grado intelectual superior. Y viceversa.

 

Centennials, Big Data e Inteligencia Artificial

Este artículo fue publicado por El Periódico el 1 de mayo de 2018 (aquí en pdf)

Aquellas preguntas tediosas de cuando éramos niños: “¿A quién quieres más, a tu padre o tu madre?” o “¿Qué quieres ser de mayor?”, ya no valen para los centennials, esa generación de nacidos con el cambio de siglo. No solo porque los modelos de familia han cambiado radicalmente, sino porque según apuntan los últimos estudios sobre el futuro del trabajo, cerca de la mitad de los empleos actuales no existirán cuando ingresen al mercado laboral.

Big Data by Nick Youngson CC BY-SA 3.0 Alpha Stock Images

 

Lo que parece incuestionable es que será esa misma generación la que tendrá que afrontar el reto de construir la sociedad que queremos y diseñar la tecnología para que trabaje en esa dirección. La robótica y la inteligencia artificial amenazan con destruir, los más optimistas dicen transformar, los puestos de trabajo que suponen una gran carga de tareas rutinarias. Una lectura positiva del proceso nos dice que esa liberación de fuerza productiva dará lugar a una mayor innovación al facilitar la dedicación de la inteligencia humana a otros proyectos de mayor impacto para el desarrollo de la sociedad. La pregunta que urge hacerse hoy es si estamos formando a estos gestores del futuro con las competencias que requiere dar respuesta a esos desafíos del presente.

La primera generación que nació con Internet

La primera hornada de esa generación, que ahora comienza a llegar a la universidad, está llamada a lidiar con este contexto tan incierto. Son jóvenes cuya vida está mediatizada de forma natural por la tecnología digital. Nacieron entre ceros y unos, llevan alta tecnología de bolsillo y no conciben el mundo sin la hiperconexión: tan solo en España uno de cada cuatro niños de 10 años dispone de un teléfono móvil y esta cifra asciende a prácticamente todos los que tienen 15 años (94 %), según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Son personas que consideran internet como si fuera un grifo más en el hogar, mientras viven la falta de sincronía entre el ritmo del uso de la tecnología a nivel doméstico y el de su incorporación en el ámbito educativo.

Porque sucede que una vez que parecía superada la vieja petición de dotar con mayor tecnología el aula, ahora que su presencia y acceso no parece ser el principal problema, se da la paradoja de que se empieza a querer evitar por temor a su naturaleza disruptiva. Así ocurre con el teléfono móvil, prohibido en algunos centros escolares españoles y a la espera de ser de obligado cumplimiento en países como Francia, que prepara una ley en ese sentido.

El papel de la Escuela

Ignorar el problema no parece ser nunca una buena solución. ¿Es esta la mejor manera de educar a la generación que necesitará ser más inteligente que la propia tecnología que desarrolla para liderar el progreso hacia una sociedad más sostenible?

Si echamos un vistazo a cualquier aula nos encontraremos una disposición física, curricular y temporal muy similar a la de siglos anteriores. Y no parece que esto vaya a cambiar a corto o medio plazo, con lo cual la brecha cada vez será mayor si unos ciclos se aceleran mientras los otros se tienden a frenar. Mientras, profesorado y familias se ven sin herramientas, sin conocimientos, sin estrategias o sin marco normativo para recoger el guante con ideas innovadoras y creativas que pongan el foco en el tipo de alumnos que están en el aula y en el tipo de ciudadanos que como sociedad quieren ser.

¿Es la organización por materias, por edades, por jornadas horarias, por currículo y por grados de disciplinas el mejor método para enfrentarse a este reto? ¿Estamos en condiciones de plantearnos prototipar una Escuela más creativa y empoderadora para cuestionar e incorporar la complejidad inherente al siglo XXI?

Sucede que el desarrollo de la tecnología es parte del problema, pero insuficiente para garantizar una solución. Si bien conocer y dominar el lenguaje tecnológico debe ser un código de uso común para estas generaciones, aprender a vivir en una sociedad hiperconectada requiere de otras habilidades imprescindibles que permitan desarrollar nuevas ideas, entre ellas, una actitud fuertemente entrenada hacia la innovación, la creatividad, el aprendizaje permanente, la colaboración y el pensamiento crítico.
Así, en un mundo en el que la inteligencia artificial y los algoritmos programados para aprender por sí mismos ofrecen simulaciones perfectas de vídeos donde es muy difícil distinguir al presidente del país de lo que es una falsificación con una sofisticada app, la explosión de contenidos interesados y manipulados es tan ingente que no queda otra opción que armarse con las mejores estrategias posibles para verificar, filtrar y componer una opinión libre e independiente.

Necesitamos, por tanto, una Escuela valiente que identifique estos retos y forme a los centennials en la complejidad del big data, la inteligencia artificial y la tecnología digital con voluntad de liderazgo y con capacidad de utilizar estas palancas para la transformación social.

Página personal de Tíscar Lara

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