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Marca personal, cuando el producto eres tú

Ahora se habla de influencers como nueva palabra de moda. Cuando yo estudiaba Periodismo y no existía internet, les llamábamos líderes de opinión, aquellas personas capaces de vehicular un mensaje y tener un mayor alcance por su posición relevante frente a otras personas. Estos nuevos líderes lo saben y se afanan por alicatar “su marca personal”. Sea como fuere, con un nombre u otro, parece claro que las redes sociales son el nuevo entorno de la opinión pública y por ello su importancia para la política o el consumo son cruciales. Son muchas las señales que apuntan en esa dirección. No es casual que los medios de comunicación (tanto norteamericanos como españoles) hayan perdido más de un tercio de ingresos en la crisis mientras que otros medios no “tradicionalmente informativos” como es Facebook hayan captado gran parte de la inversión publicitaria online, superando éste incluso a Google en 2013.

Y si parece claro que las redes sociales son los nuevos zocos de la atención global, ¿dónde quedan los blogs? ¿están muertos como parece querer responder Google?

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Ciertamente pasó su momento de fascinación, pero eso no significa que no tengan un lugar en todo este ecosistema mediático de twitters, youtubers e instagramers.

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Habrán pasado muchos años desde entonces, pero no se me ocurre mejor medio para la creación de una marca personal que un blog como elemento vertebrador, hogar y coordenada de la identidad digital distribuida por tantos escaparates del yo. Un lugar donde crear contenido reposado para ser vendido (elegantemente decimos “compartido”) en otros mercados digitales.

Lo que sí ha ocurrido es que se han hecho mayores de edad y, con ello, dejado la inocencia atrás. Esto se hace bastante evidente en los resultados de mi investigación sobre blogs de periodistas, a quienes he estado analizando desde hace diez años. La tendencia natural ha sido mantener el blog y darle un carácter más “profesional”, con menos posts personales como en sus comienzos y más uso de archivo o CV dando cuenta de trabajos profesionales. A esto se añade el hecho de que muchos de ellos hayan comprado dominios con su nombre/marca para redirigir ahí su blog o que incorporen una foto de presentación en su bio. Por el contrario, esa naturalidad originaria, ese carácter espontáneo de los blogs, se ha visto trasladada al nuevo miembro del ecosistema, Twitter, donde los mensajes son más instantáneos, y donde se cumple la función dialógica que tuvieron los blogs en sus inicios.

No hay más que ver cómo los comentarios han abandonado los blogs, a pesar de que se llegaron a definir en su día como “conversación” (hubo hasta libros y congresos con ese título). Lo que el tiempo se llevó no fueron solo los comentarios, ni la frecuencia de posteo, también la sacrosanta independencia que se invocaba hace diez años (el 20% de los blogs que analicé están hoy integrados en medios de comunicación), así como la presencia de un blogroll como elemento indispensable (todos han tendido a eliminarlo), o el mandamiento de la transparencia (hoy nadie ofrece estadísticas públicas de visitas, por ejemplo).

En definitiva, un periodo de madurez natural, en el que el blog del periodista ha migrado parte de sus funciones a nuevos espacios mientras mantiene como imprescindible su valor en este proceso de creación de identidad digital profesional y marca personal.

De todo esto hablé en febrero en el Social Weekend de Santander con la ponencia “Marca personal, cuando el producto eres tú” como refleja El Diario Montañés, organizador del encuentro, en esta reseña al día siguiente:
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Huellas del devenir digital en 140 caracteres

Cerca de 7 años representados en una imagen que me ayuda a ser consciente de mi propia actividad en Twitter. Ha sido gracias a la función “Solicita tu Archivo” que Twitter ofrece a cada cuenta desde el panel de Configuración. Lo pulsé en varias ocasiones, pero ayer por fin me llegó el enlace para descargar el contenido. Y ahí estaban los picos, las curvas, la diversidad de intensidades a lo largo de estos años.

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Mi archivo de Twitter desde 2007

Así como me ocurre con el blog, cuando vuelvo sobre posts que no recordaba haber escrito, me sorprende descubrirme de nuevo en la fugacidad de esos más de 12.000 mensajes en soplos de 140 caracteres. Me he visto a mí misma otra vez en aquellas tardes de junio de 2007 cuando codificaba datos los blogs de periodistas para mi tesis doctoral y cuando un tuit etéreo me servía para darme ánimos. Qué tierno y qué inquietante siempre el efecto de volver sobre las huellas del devenir digital.

La soledad digital en tiempos de twitter

¿Qué pasaría si un día dejáramos de escribir en Twitter? ¿Cuánto tardarían nuestros seguidores en darse cuenta? Difícil de cuantificar en un espacio tan barroco, deudor del horror vacui, donde no hay silencios y donde todo es un flujo constante. Como experimento, el otro día tuve el impulso de preguntarme/lo en Twitter y unas cuantas personas respondieron al llamado. La mayor parte fueron de afecto y compañía, para que no me sintiera sola u olvidada, que no sé qué es peor. Pero hubo quien me ofrecía escoger entre la verdad o la mentira piadosa 🙂

Me recordó a aquel post cinco años antes sobre la soledad del blog sin comentarios. Hoy ya no sufro por su ausencia aquí. He asumido que el salón ya no está en el blog, sino que la conversación se derrama por otros recovecos digitales, en twitter, en facebook, en google+… (digo que no sufro, pero reconozco que los añoro y por eso he instalado el plugin de Twitter Mentions as Comments para intentar coserlos con hilo de pescar).

El otro día una de las divas de la pantalla, y no hablamos precisamente de Lady Gaga sino de Sherry Turkle, abocaba por la desconexión tecnológica como forma de reconexión social.  En el mismo periódico otro reportaje nos hablaba de “los insumisos de las redes sociales”, personas que de forma voluntaria deciden “no existir” en esos espacios para así controlar su identidad digital. Por su parte, David Silver lleva varios cursos practicando con sus alumnos el “Logg off before you log on”, experiencias colectivas en contacto con la naturaleza que se experimentan unplugged para ser después documentadas online.

¿De verdad nos sentimos más solos cuanto más conectados? ¿Nos conectamos para paliar la soledad? ¿No sabemos disfrutar de la soledad por estar conectados? ¿De qué soledad estamos hablando? ¿De la impuesta o la deseada? Ayer moría una de las personas que mejor ha dibujado la que es sinónimo de tristeza existencial en un libro tan tierno como es Un hombre solo.

Son viejas preguntas que van ocupando nuevos entornos tecnológicos. Si bien todos los excesos son problemáticos, sigo considerando que la capacidad de interacción social que Internet nos ofrece es una enorme oportunidad para desarrollarnos como personas. También que la sociabilidad analógica intensifica la digital y viceversa. Que cuanto más afecto generamos en lo virtual más necesidad tenemos de complementarlo en lo físico. Que conexión y desconexión no son términos opuestos, sino opciones a tomar según el momento. Que se puede tener más confianza con quien no has visto nunca que con tu vecino de planta. Que uno puede tener mil identidades digitales y el otro estar cómodo en el correo electrónico. Que se puede cruzar un saludo en un chat y seguir doce años después despertando a su lado.

Porque lo más interesante de todo esto es que al otro lado de la pantalla, o en la pantalla misma, están las personas. Y esas personas somos nosotros.

Twitter y sus funciones comunicativas

COMPETENCIA DIGITAL, NUEVOS MEDIOS, NUEVOS LENGUAJES, NUEVOS HABLANTES. Twitter y sus funciones comunicativas

Tíscar Lara

Escribí este artículo en la primavera del año pasado para la Revista Lenguajes y Textos  (núm. 34, diciembre 2011) que publica la Sociedad Española de Didáctica de la Lengua y la Literatura SEDLL. Está orientado fundamentalmente a servir de introducción y guía al profesorado interesado en explorar Twitter como medio de comunicación y expresión lingüística.

Introducción

Dentro de los currículos europeos, la competencia digital y la competencia lingüística están consideradas como dos de las ocho competencias básicas que todo ciudadano debe tener para crecer y desarrollarse en la Sociedad de la Información.

En cierta medida, estas competencias están siendo ejercitadas de manera informal fuera de los ámbitos de la Escuela, puesto que buscar información, conversar en sus grupos de interés y producir sus propios mensajes multimedia son las prácticas habituales de los más jóvenes. Por tanto, nuestros alumnos escriben y leen más que nunca, pero lo hacen en otros soportes que no son el libro físico y mediante otros lenguajes que son más propios de la digitalidad.

Los adolescentes se comunican a partir de sus producciones y recreaciones multimedia que son publicadas y compartidas en las redes sociales de pertenencia (Facebook, Tuenti, Twitter, blogs, etc.). Estudios periódicos del Pew Internet & American Life Project o en España informes como el de Generaciones Interactivas[1] (2009) confirman esta tendencia:

El 70% de los menores afirma utilizar las redes sociales y casi el 40% de los menores internautas poseen página web propia o han generado alguna vez contenidos en la Red. Este perfil creativo aumenta con la edad, y a partir de los 16 años el 50% de los jóvenes construyen o administran sus propios blogs o páginas web. Los contenidos más visitados –música, deportes y juegos- son también la temática más frecuente de sus propias páginas web y blogs.

La tecnología que más crecimiento está teniendo entre este segmento de población es la móvil, hasta el punto de que en 2010 en España una media del 70% de niños entre 10 y 15 años disponían de este dispositivo[2]. El teléfono móvil representa la herramienta de uso más importante porque reúne el carácter emotivo de apropiación personal con su naturaleza de conectividad ubicua y un gran potencial de consumo y producción multimedia. Y todo en la palma de la mano, expandiendo el aula fuera de los tiempos y espacios escolares de aprendizaje formal.

De entre todas las redes sociales y plataformas de publicación en Internet, en este artículo destacaremos el potencial que tiene una de ellas, Twitter, por su proximidad con la cultura móvil y por sus oportunidades para desarrollar prácticas creativas en el uso de la Lengua y la Literatura.

¿Qué es Twitter y cómo funciona? ¿Qué lo hace tan interesante a diferencia de otros medios?

Twitter se suele definir como un servicio de microblogging, lo que indica su similitud a los blogs en cuanto a que es un sistema de publicación personal pero de carácter más reducido, ya que los “posts” aquí llamados “twits” están limitados a una extensión de 140 caracteres. Este tamaño está muy relacionado con el espacio propio de los mensajes SMS en los teléfonos móviles, lo cual le da una impronta personal de mensajería instantánea.

Twitter es un servicio gratuito donde cualquier persona puede leer los mensajes de otros usuarios siempre que estos tengan un perfil público, lo cual sucede en la inmensa mayoría de registros. Por tanto, no es necesario que se haga una cuenta propia para poder leer los “twits” de otros, basta con ir a su perfil en Twitter y acceder al histórico de mensajes[3]. Sin embargo, si quiere además tener un perfil propio, organizar mejor las lecturas y poder escribir mensajes personales, es necesario abrirse una cuenta propia.

Podríamos decir que Twitter es un nuevo medio de comunicación, por cuanto ha generado un propio código comunicativo y unas pautas de interacción también específicas. Parte de ciertas similitudes con otros medios digitales como son los blogs (microposts, suscripción RSS, enlaces permanentes, etc.), las redes sociales tipo Facebook o Tuenti (perfil personal, concepto de “compartir” mensajes de otros, etc.) y el correo electrónico (mensajería privada). Estas semejanzas facilitan la conceptualización de Twitter debido al ejercicio previo de esas prácticas que ya han sido aprendidas e incorporadas por el usuario medio de Internet.

Sin embargo, Twitter también aporta nuevos avances con respecto a otros medios de comunicación nativos de Internet. Por un lado, abandona la reciprocidad obligatoria de otras redes sociales como Facebook o Tuenti. En Twitter no es necesario ser amigo de nadie para interactuar con él. Al ser fundamentalmente un espacio público, los mensajes de los usuarios se pueden consultar libremente. La diferencia estriba en que para facilitar una lectura más ágil y organizada a aquellas personas que resulten relevantes, conviene “seguirlas” en el sentido de suscribirse a sus mensajes de modo que Twitter se convierte en un panel de lecturas personalizado por cada usuario en función de sus intereses.

De igual forma, aquellas personas que estén interesadas en lo que podamos ir publicando en nuestro Twitter, también tienen la opción de “seguirnos”, esto es, de suscribirse a nuestro flujo informativo. En cualquier caso, la relación no tiene por qué ser simétrica. Al contrario, sucede con mucha frecuencia que no nos siguen aquellos que a quienes nosotros seguimos y viceversa. Cuando coincide que “seguimos” a una persona que también “nos sigue” a nosotros, entonces podemos enviarnos mensajes privados.

Una buena forma de adentrarse en Twitter es abrirse una cuenta y empezar a seguir a aquellas personas que podamos identificar en relación a nuestros intereses. El primer valor que se aprecia de Twitter normalmente es el informativo (estar actualizado al instante en los temas de interés) para pasar después de cierto tiempo a convertirnos en “emisor” y adquirir el hábito de publicar mensajes, compartir enlaces y entrar en formas conversacionales.

Una de las características más interesantes de Twitter desde un punto de vista discursivo y comunicativo, es su sentido de la inmediatez y de la fluidez. Es un medio que se percibe como un flujo constante de información, de pensamientos efímeros, de ideas al aire y de lazos de cotidianidad. Ambos aspectos son muy interesantes por cuanto tienen que ver con los pactos de lectura que se van creando entre sus usuarios. Por un lado, sorprende reconocer que Twitter no es un medio sincrónico. A pesar de la sensación de presencia constante de la persona, técnicamente nada indica que esté online al modo en que lo hacen los servicios de mensajería instantánea o chat (tipo Messenger, Google Talk o Skype), asemejándose por ello mucho más al correo electrónico donde el usuario tiene mayor autonomía sobre sus tiempos para responder cuando así lo decide. Por otro, el carácter de flujo efímero que parece destilar el gran discurrir de los mensajes en Twitter está compensado con el carácter permanente de cada uno de sus mensajes que son publicados y permanecen en la Red como enlaces fijos individuales.

Los mensajes de Twitter, al contrario de lo que vulgarmente se aprecia desde el desconocimiento de la mirada desinformada, son grandes contenedores de información relevante. La mayor parte de los “twits” son ejercicios papirofléxicos en el sentido de la teoría del plegado de Antonio Rodríguez de las Heras[4], pues combinan en 140 caracteres una breve descripción con un enlace a otra página de Internet que amplía el mensaje y apunta a nuevas lecturas.

Esta ampliación de sentido se ve a su vez reforzada por el carácter de sorpresa que acompaña a cada uno de esos enlaces, pues en su forma de escritura esconden el contenido que anuncian invitando sutilmente a ser consultados. Esto se debe a un nuevo fenómeno de composición digital, muy relacionado con Twitter, que es el de los enlaces recortados, que no son más que traducciones de enlaces de Internet en otras fórmulas más cortas que permiten su inserción en mensajes cortos y producen nomenclaturas indescifrables.

Anatomía de un twit (tuit o tweet)

Para aprender a utilizar Twitter de una forma creativa y disfrutar con la complejidad de este nuevo medio, es necesario partir del conocimiento de los componentes básicos que conforman su propio abecedario y su correspondiente gramática:

Hay tres elementos de escritura fundamentales a la hora de decodificar y codificar un mensaje en Twitter (también llamado twit, tuit o tweet)

Autor // @ 

Se identifica con el símbolo de arroba unido al nombre de usuario de la persona en Twitter. Así, en un mensaje donde se quiera referenciar o apelar a alguien que tenga identidad en Twitter, se le añadirá la @ a su nombre de usuario. Esto hace que se genere automáticamente un enlace al perfil de esa persona para que nuestros lectores puedan acudir a ella y conocerla mejor, al mismo tiempo que genera una alerta en el panel de “Menciones” de ese usuario en su cuenta de Twitter. De esta forma, no es necesario avisar por otras vías a esa persona de que la hemos mencionado, pues lo podrá consultar fácilmente desde su perfil.

Tema = #

Cuando queremos destacar una palabra dentro del mensaje y convertirla en una categoría global en Twitter, escribimos la almohadilla # delante de ese término. De esta forma, se genera automáticamente un enlace y esa palabra pasa a ser un nexo temático en Twitter que unirá nuestro mensaje con todo el flujo de mensajes que cualquier otro usuario de Twitter haya escrito utilizando la misma palabra junto a la almohadilla #.

Cita = RT

La forma de dar mayor valor a un mensaje que se considera relevante en Twitter es citarlo y republicarlo. Así, se amplifica su efecto alcanzando un mayor número de lecturas pues de una forma viral se va propagando entre los seguidores de todos aquellos usuarios que lo redifundan. Esta práctica se llama “retuitear” y se ha formalizado en Twitter por parte de los usuarios escribiendo RT delante del mensaje a redifundir y manteniendo su integridad y fuente. La práctica se ha extendido tanto que el propio servicio incluyó hace unos meses un botón específico para hacerlo en su rediseño gráfico.

La escritura y la lectura como acto de responsabilidad pública

El carácter espontáneo de la publicación en Twitter y el ambiente que crea de cierta ilusión de intimidad hace que parezca que estamos en un entorno muy privado cuando en realidad es un espacio público. Esto implica que tengamos que aprender a gestionar nuestra responsabilidad como emisores y autores, tanto a la hora de escribir nuestros propios mensajes, qué decimos y cómo, como también a la hora de redifundir mensajes de otros sin haber contrastado previamente su fiabilidad. Al retuitear un mensaje de otra persona en realidad estamos asumiendo sus palabras y las arropamos desde nuestra propia autoridad. En este sentido, suele suceder que en los casos de mensajes que contienen enlaces, por la propia ansiedad innata de querer compartir rápidamente ese twit, el usuario incurra en la irresponsabilidad de dar amplitud a un mensaje no verificado y del que no sabe a qué contenido apunta.

Funciones comunicativas de Twitter en el uso del lenguaje

Función de reconocimiento: El efecto de retuitear mensajes de otros tiene una función primordial de reconocer su autoridad y darle atribución sobre lo compartido. Al incorporar su @usuario estamos dando la oportunidad a nuestros lectores de visitar a esa persona, conocerla más de cerca y contrastar nuestra propia acción de mención. Sigue leyendo Twitter y sus funciones comunicativas

Ciberdemocracia, elecciones generales y redes sociales 2011

Hace cuatro años un grupo de profesores universitarios iniciamos un proyecto de investigación sobre ciberdemocracia con el objetivo de observar la vida digital de las elecciones generales de 2008 y analizar hasta qué punto la Red canaliza o no nuevas formas de participación política y social. De aquel primer estudio se ha publicado finalmente el libro CIBERCAMPAÑA. Cauces y diques para la participación. Las Elecciones Generales de 2008 y su proyección tecnopolítica, así como la metodología, las bases de datos, los informes y los manuales de codificación que se utilizaron para la investigación y que están disponibles en la web http://www.ciberdemocracia.net/

Ahora es tiempo de elecciones y el equipo se vuelve a unir de nuevo bajo la dirección de Víctor Sampedro, Catedrático en la URJC, para analizar la campaña de las elecciones generales 2011. En esta ocasión se mantiene la metodología básica de 2008 (encuestas, grupos de discusión y análisis de contenido web) con el objetivo de  facilitar comparaciones y ver su evolución, pero se hace imprescindible introducir nuevos medios y variables por el propio desarrollo de internet y la cibercultura.

Si en aquel momento eran los blogs el medio nativo natural que complementaba la oficialidad de las webs de partidos o movimientos sociales, hoy nadie se podría plantear una campaña electoral sin el peso de las redes sociales y medios como Twitter o Facebook. Así quedó también demostrado en el Cuaderno Evoca sobre Comunicación política (PDF), que se presentó en EOI en febrero de este año y cuyo vídeo se puede ver en la nueva Mediateca de la Escuela y descargar en flv: