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Redes sociales para la formación continua #easpMOOC13

Formación de profesionales, redes sociales para el aprendizaje informal, identidad digital y trabajo colaborativo son los temas principales sobre los que hablamos en una mesa redonda virtual de #easpMOOC13. A través de un hangout vespertino, compartí debate con Esteban Romero (@polisea) y Manuel Bayona (@manbayona), moderados por Mariano Hernán (@marianoh).

 

 

Todo el conocimiento generado sobre la sesión “Las Redes Sociales en la formación” se encuentra compilado en este storify, que integra además la conversación que se fue generando en twitter en directo.

Redes sociales: entre lo privado y lo público, lo personal y lo profesional

Redes sociales

Esta Tribuna se ha publicado recientemente en el Diario de Lanzarote y viene a complementar un debate que abrimos la semana pasada sobre la intimidad conectada y las redes sociales. En este caso, abro la reflexión hacia las fronteras y cruces de caminos entre lo que entendemos por personal, profesional, público y privado en el ámbito de la Red.

Redes sociales: entre lo privado y lo público, lo personal y lo profesional

En el ámbito de las redes sociales, las principales dicotomías surgen entre lo privado como opuesto a lo público y lo personal como contrario de lo profesional. Sin embargo, con los dispositivos móviles y el hábito cada vez más desarrollado de exhibir parte de nuestra vida diaria en las redes, estos conceptos se interrelacionan y a menudo tienden a confundirse entre sí.

Lo privado es distinto de lo personal. Pueden coincidir, pero no son sinónimos. Privado debería ser todo aquello que queremos dejar en el ámbito más íntimo. Privado no es compartir en Facebook con un grupo muy próximo ni publicar una foto en Instagram para nuestros seguidores. Privado debe ser aquello que nunca debe salir de nuestro entorno más cercano, aquello que no llega a una red social, que no es publicado ni compartido por ningún canal por mucho halo de intimidad que ofrezca, como pueda ser una foto distribuida por WhatsApp.

Por tanto, dejemos como privado en nuestros discos duros o dispositivos aquello que nunca quisiéramos ver fuera de ellos a ojos de terceros. Solo de esta forma podremos evitar situaciones demasiado cotidianas en las que una foto privada en un grupo de amigos, acaba llegando de forma imprudente a otras personas y con ello violando nuestra intimidad.

¿Quiere decir esto que no podemos o debemos compartir cuestiones personales? Por supuesto que podemos, pero siempre que no sean privadas. Todo lo personal no es privado por naturaleza y viceversa. Publicar fotos personales de una manera consciente, sabiendo que un uso descontrolado de las mismas no puede suponer un riesgo, ni para nosotros ni para terceros, no solo no significa necesariamente una autotransgresión de la privacidad (pues ya acordamos que lo privado nunca debería circular en primera instancia) sino que puede contribuir a una sociabilidad acorde con los patrones de conducta propios de las redes sociales: la sublimación de lo personal.

Lo personal es hoy el principal pegamento social o, en palabras del sociólogo Vicente Verdú, el “personismo” como nueva revolución social del siglo XXI. La tecnología en su conjunto, los dispositivos móviles, las plataformas para publicar contenidos y las redes sociales para gestionar las relaciones con otras personas son herramientas puestas al servicio de esta necesidad de transcendencia humana de mostrar y mostrarse, de compartir y compartirse con otros.

Si antes escribíamos una postal desde la ciudad de vacaciones con el simple objeto simbólico de demostrar que estábamos allí en aquel momento, hoy hacemos check-in en Foursquare o publicamos un selfie en Facebook para que inmediatamente ese mismo significado del “aquí y ahora” llegue a los más cercanos.

Por otro lado, lo personal se viste de profesional y viceversa. Vivimos inmersos en el boom de lo amateur, del “do it yourself” o “hazlo tú mismo”, huyendo del acabado profesional que nos recuerda a una época prefabricada, taylorizada y de manufactura industrial. En cambio, lo artesano, lo manual y lo personal se presenta como real y auténtico. Tanto que se ha convertido incluso en una forma cultural de consumo. La llamada “sharing economy” o economía del compartir está detrás del auge de iniciativas para compartir el coche o intercambiar la casa en vacaciones. Estas prácticas, facilitadas por las redes sociales, no solo significan una revisión del concepto de “amigo” y de “confianza”, sino del mismo sentido de la propiedad, dando más importancia a usar frente a poseer y a compartir frente a mercantilizar.

Las grandes empresas son conscientes de este fenómeno y por eso se esfuerzan en disfrazar de personal lo industrial. Desde el éxito del marketing viral con el “Amo a Laura”, las marcas persiguen a bloggers y youtubers de “andar por casa” como mejor vehículo para que “particulares” que parecen nuestros vecinos nos presenten sus productos en forma de reseña o consejo desinteresado. Todo bajo una máxima… que no se note que es un simulacro de la cultura amateur, que detrás hay una agencia, una multinacional, un equipo de maquillaje y una cuidada puesta en escena para que parezca espontáneo, auténtico y “natural”.

Al mismo tiempo, se da la paradoja contraria: lo personal es cada vez más un medio de proyección profesional. Internet es el terreno natural del emprendedor y el arma del freelance. El amateur encuentra en la red la forma de crearse una imagen profesional, no en vano también llamada “marca personal”: hacer de la persona una marca de sí misma sin necesidad de cabeceras si es un periodista o de bufete si es un abogado. Un ordenador, un dominio, un blog y contenidos periódicos de calidad sirven para construir una reputación profesional desde cero.

Una reputación que, curiosamente, para ganar valor debe nutrirse también de lo personal. Hasta el perfil más serio o “profesional” mejora si de vez en cuando se salpica con notas personales que sirven para humanizar, conferir autenticidad y ponerle emoción a su imagen pública en las redes sociales.

La posibilidad de crearnos una marca personal para desarrollar un negocio es tan habitual como observar a las empresas utilizando códigos amateur para construir una estrategia de comunicación corporativa. Plantearse poner una foto de nuestros hijos en Facebook es seguramente más privado que personal, mientras que publicar una imagen de un restaurante en vacaciones puede entrar en la esfera de lo personal sin atacar a lo privado. Para aprender a navegar en este entorno tan complejo y dinámico, es fundamental conocer las fronteras e intersecciones entre los caminos de lo privado y lo público, lo personal y lo profesional. Solo de este modo podremos hacer un uso consciente, estratégico y responsable de las redes sociales.

  • Más información: Enlaces relacionados en la lista de #Privacy (algunos de ellos localizados gracias a Carlos, un gran pensador de estos temas).

Recorrer la complejidad como un paisaje

Si mañana hubiera un apagón digital, si se desconectaran los servidores web, si perdiéramos nuestras cuentas sociales, yo tengo muy claro cuál sería la coordenada digital, mi verdadero hogar en la Red, que me dolería especialmente perder: este blog. La primera red social virtual que conozco.

Tejido digital
Fuente: @bekathwia en Flickr

De esto hablamos ayer en una nueva sesión de la Escuela de Educación Disruptiva dedicada a las Redes Sociales, un marco en el que recorrí los últimos diez años desde que empecé con el blog y cómo he ido utilizando los blogs, los wikis, los marcadores sociales, los vídeos y todas las tecnologías a mi alcance para Aprender, Investigar, Enseñar y Comunicar en el campo profesional, pero también en el personal.

Una década en la que hemos asistido a los avances para el campo de la educación que han supuesto las tecnologías de lecto-escritura colaborativa,  el conocimiento en abierto y el mobile learning, los movimientos inspiradores como fue el edupunk, las comunidades de profesores inprendedores que simboliza Aulablog, las prácticas de amateurs que desafían a la autoridad académica al estilo del MasterDIWO o los formatos que multiplican aquello que llamábamos conectivismo y que ahora se manifiesta en MOOCs.

Todo esto envuelto en un taller cooperativo de César Poyatos y precedido por una historia envolvente de Antonio Rodríguez de las Heras que nos situó en la inmensidad de las redes sociales entendidas como plazas donde se recupera la oralidad, donde los corrillos hacen posible el poder de lo pequeño y donde el efecto especular acerca la comunicación digital creando nuevas dimensiones entre el aquí-allí con el “ahí” y entre el ahora-después con el “presente dilatado”.

“La complejidad en la que vivimos es inabarcable, querer fragmentarla y trocearla para asirla es imposible. La única forma de abordarla es recorrerla como se recorre un paisaje”

Inspirado por el concepto de rizoma, Antonio aludió a la idea de la cultura escrita hegemónica basada en el “fragmento”, que fractura y solo sirve para la recomposición, frente a la maleabilidad de la “pieza” como propiedad del conocimiento en la cultura digital que permite la recombinación múltiple.

Como dijo Antonio en el cierre de su intervención, “el problema de la educación es que no funciona con piezas, sino con fragmentos (como es el modelo transmisivo de los apuntes p. ej.) que recomponen pero no recombinan”.

Hoy Facebook cumple 10 años

Hoy Facebook 10 años y lo hemos celebrado en ABC.es

facebook2014

 

Pasé la primavera de 2003 en Harvard invitada por la Escuela de Educación como Visiting Scholar. Leyendo el ABC en su versión «online»conocí que dos calles más allá de mi despacho se iniciaba un proyecto liderado por la Universidad que ofrecía blogs a toda la comunidad universitaria.

Como periodista, profesora e investigadora, desde el primer momentome fascinó el potencial de los blogs como medio personal y ágil para la publicación «online». No sospechaba que a unos metros de distancia estaba a punto de dar sus primeros pasos otro proyecto experimental, pero esta vez desarrollado por un alumno de la Universidad, desde su propio dormitorio y con sus propias herramientas: un ordenador y una conexión a internet. Nacía, ya en medio de una polémica sobre privacidad, Facemash, el prototipo que después se convertiría en Facebook. El resto de la historia la conocemos bien, pues todos en alguna medida hemos sido parte de ella, cotiza en Bolsa y hasta nos la han narrado en la gran pantalla.

En plena pubertad, Facebook cumple ya diez años y podría ser el tercer país más poblado del planeta en número de miembros. En qué se convertirá Facebook en los próximos años, hasta cuándo podrá mantener esa tasa de crecimiento o qué nueva aplicación sustituirá parte de sus usos como ha ocurrido con Twitter o Whatsapp más recientemente, y como hizo el propio Facebook en sus inicios con los blogs, es toda una incógnita. Lo que sí está claro es que compartir fotografías con los amigos, contar las últimas noticias a la familia o publicar comentarios en un muro nunca serán igual a la vida «a. F.», antes de Facebook.

Identidad digital en RNE

Identidad digital Autor de la imagen: César Poyatos (Flickr CC)

La reputación es una suma de percepciones, es la imagen que los demás conforman de nosotros mismos. Y hay mucho que podemos hacer por ella en el proceso de construcción de nuestra identidad digital. Por estropearla o por mejorarla. ¿Quién no ha buscado el nombre de alguien en Google? ¿Ha probado a buscar el suyo propio? Podría llevarse sorpresas en los resultados.

Sin duda, es importante ser conscientes de ello y aplicar siempre el sentido común, pero a menudo se nos olvida ante la seducción que la velocidad de la tecnología nos propone. De esto, del papel de las redes sociales, del lugar central que sigue ocupando el blog, de la narrativa online como portafolio profesional y de otros temas hablamos en la radio poco antes de Navidad en el programa de Las mañanas en RNE (a partir del minuto 43:36).

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