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Anuario de Cultura Digital

Anuario AC/E de Cultura Digital 2014
Anuario AC/E de Cultura Digital 2014

El próximo 3 de abril se presentará en los Teatros del Canal el Anuario AC/E de Cultura Digital 2014, una publicación dirigida por Javier Celaya.

La publicación (ver índice) cuenta con un estudio de casos de referencia nacional e internacional, así como con una serie de artículos de opinión entre los que se encuentra un texto mío sobre Crowdsourcing: cultura compartida (precisamente de Crowdsourcing/Crowdfunding me entrevistaron ayer en la radio de OndaInversión).

El anuario, que pretende convertirse en una referencia en el campo de la cultura digital, dedica su primera edición al campo de las artes escénicas (producción, promoción, escenificación, distribución, etc.).

El anuario estará disponible el 3 de abril con licencia Creative Commons en la web de Acción Cultural Española.

Agenda del acto de presentación

09.30-10.00 Recepción y recogida de acreditaciones

10.00-10.15 Bienvenida y presentación del Encuentro y Anuario AC/E (Elvira Marco, Directora de AC/E) 

10.15-10.45 Principales conclusiones del Anuario AC/E (Javier Celaya, Director del Anuario AC/E de Cultura Digital)

10.45-11.30 Tendencias digitales que transformarán el sector cultural

Modera: Rosa Jiménez Cano, periodista especializa en tecnología de El PAIS

11.30-12.00 Café

12.00-12.45 Mesa redonda sobre el impacto de Internet en las artes escénicas

  • Elías Aguirre y Álvaro Esteban, Entomo danza
  • Miguel Ángel Recio, Director del INAEM
  • Jorge Culla, Teatros del Canal

Modera: Daniel Galindo, es periodista especializado en cine y teatro en RNE

12.45-13.00 Clausura (Teresa Lizaranzu, Presidenta de AC/E)

Nota: Aforo limitado, se puede reservar plaza enviando un correo a ana.azcona@accioncultural.es.

Marco Común de Competencia Digital Docente

Dentro del Plan de Cultura Digital en la Escuela, el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado ha elaborado un borrador de Marco Común de Competencia Digital Docente donde se proponen descriptores y niveles de consecución de una formación digital básica por parte de los profesores.

Este borrador toma como punto de partida un trabajo previo del Proyecto DIGCOMP del IPTS Instituto de Estudios de Prospectiva de Tecnologías de la Comisión Europea donde se organiza y desarrolla la Competencia Digital en 5 áreas principales:

1. Información. Identificar, localizar, recuperar, almacenar, organizar y analizar la información digital, evaluando su finalidad y relevancia.

2. Comunicación. Comunicar en entornos digitales, compartir recursos a través de herramientas en línea, conectar y colaborar con otros a través de herramientas digitales, interactuar y participar en comunidades y redes; conciencia intercultural.

3. Creación de contenido. Crear y editar contenidos nuevos (textos, imágenes, vídeos), integrar y reelaborar y conocimientos y contenidos previos, realizar producciones artísticas, contenidos multimedia y programación informática, saber aplicar los derechos de propiedad intelectual y las licencias de uso.

4. Seguridad. Protección personal, protección de datos, protección de identidad digital, uso de seguridad, uso seguro y sostenible.

5. Resolución de problemas. Identificar necesidades y recursos digitales, tomar decisiones a la hora de elegir la herramienta digital apropiada, acorde a la necesidad a resolver problemas conceptuales a través de medios digitales, resolver problemas técnicos, uso creativo de la tecnología, actualizar la competencia propia y la de otros.

El borrador del Marco fue presentado en una jornada de trabajo en la que participé junto a otros expertos y en la que tuvimos la oportunidad de proponer ideas que puedan contribuir a su posterior desarrollo. El texto está publicado y abierto a sugerencias de mejora en el blog de Educalab.

Recorrer la complejidad como un paisaje

Si mañana hubiera un apagón digital, si se desconectaran los servidores web, si perdiéramos nuestras cuentas sociales, yo tengo muy claro cuál sería la coordenada digital, mi verdadero hogar en la Red, que me dolería especialmente perder: este blog. La primera red social virtual que conozco.

Tejido digital
Fuente: @bekathwia en Flickr

De esto hablamos ayer en una nueva sesión de la Escuela de Educación Disruptiva dedicada a las Redes Sociales, un marco en el que recorrí los últimos diez años desde que empecé con el blog y cómo he ido utilizando los blogs, los wikis, los marcadores sociales, los vídeos y todas las tecnologías a mi alcance para Aprender, Investigar, Enseñar y Comunicar en el campo profesional, pero también en el personal.

Una década en la que hemos asistido a los avances para el campo de la educación que han supuesto las tecnologías de lecto-escritura colaborativa,  el conocimiento en abierto y el mobile learning, los movimientos inspiradores como fue el edupunk, las comunidades de profesores inprendedores que simboliza Aulablog, las prácticas de amateurs que desafían a la autoridad académica al estilo del MasterDIWO o los formatos que multiplican aquello que llamábamos conectivismo y que ahora se manifiesta en MOOCs.

Todo esto envuelto en un taller cooperativo de César Poyatos y precedido por una historia envolvente de Antonio Rodríguez de las Heras que nos situó en la inmensidad de las redes sociales entendidas como plazas donde se recupera la oralidad, donde los corrillos hacen posible el poder de lo pequeño y donde el efecto especular acerca la comunicación digital creando nuevas dimensiones entre el aquí-allí con el “ahí” y entre el ahora-después con el “presente dilatado”.

“La complejidad en la que vivimos es inabarcable, querer fragmentarla y trocearla para asirla es imposible. La única forma de abordarla es recorrerla como se recorre un paisaje”

Inspirado por el concepto de rizoma, Antonio aludió a la idea de la cultura escrita hegemónica basada en el “fragmento”, que fractura y solo sirve para la recomposición, frente a la maleabilidad de la “pieza” como propiedad del conocimiento en la cultura digital que permite la recombinación múltiple.

Como dijo Antonio en el cierre de su intervención, “el problema de la educación es que no funciona con piezas, sino con fragmentos (como es el modelo transmisivo de los apuntes p. ej.) que recomponen pero no recombinan”.

Desafíos de la cultura participativa

“Los desafíos de la cultura participativa: una educación para el siglo XXI” es el título de la conferencia que di en Galicia en septiembre por invitación del INTEF, Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación de Profesorado del MECD, para clausurar dos cursos de profesores que organizaba con la UIMP en Coruña: Educación conectada y Alfabetizaciones Múltiples.

Cursos de verano MECD-UIMP 2013

Durante mi intervención hice un repaso sobre las macrotendencias de la cultura digital hoy (remix, diy, red viral) y su conexión con los usos frecuentes de la red por parte de menores y adultos (buscar información, comunicarse entre sí y producir/compartir materiales), para pasar a discutir la dicotomía nativos/inmigrantes digitales y la necesidad de poner el foco formativo sobre tres aspectos clave: forjar criterio (entrenar el pensamiento crítico), cuidar la privacidad (sensibilizar sobre la identidad) y respetar los contenidos de terceros (utilizando licencias libres y compartiendo prácticas). La sesión se grabó en vídeo pero aún no está online, pero sí el documento de presentación:

 

Si algo han generado estos cursos es una gran actividad documental de sus participantes, poblando la red mucho antes de la fase presencial. Alfabetizaciones múltiples: un nuevo ecosistema de aprendizaje desarrolló un blog específico para su seguimiento, incluyendo un atractivo Symbaloo de Laura Borrás, mientras que Educación conectada: la escuela en tiempos de redes arrancó con un gran movimiento en Twitter (lista y #REDucación), un texto colectivo de partida, un grupo de enlaces en Diigo que sigue creciendo y un manifiesto colaborativo de razones, un recopilatorio de materiales utilizados, cerrando con un epílogo visual de lo más inspirador:

#ParadigmaTIC@s participación ciudadana y sociedad digital

Este artículo forma parte del libro colectivo ParadigmaTIC@s que ha promovido la Coordinadora de ONGD España y que se puede descargar en PDF y ePub.

Contenidos de libro

  • ¿Cuál es el nuevo paradigma de la comunicación en el que nos movemos las ONG de Desarrollo? #Xosé Ramil
  • ¿Qué caracteriza a la participación ciudadana en la sociedad digital? #Tiscar Lara
  • ¿Qué cambios ha experimentado la solidaridad en la cultura digital? #Arancha Cejudo
  • ¿Cómo lograr la implicación de la sociedad en las ONG en la nueva cultura digital, o viceversa? #Pablo Navajo (Desde este enlace en PDF puedes descargar una recopilación de ejemplos y experiencias relacionados con este capítulo)
  • ¿Qué caracteriza a los nuevos espacios en los que se deberán mover las ONG para seguir incidiendo en sus mensajes? #Juanlu Sánchez
  • ¿Cómo generar conversaciones y promover la participación desde las ONGD?#Jaume Albaigès
  • ¿Cómo nos puede ayudar la comunicación 2.0 a re-visualizar el Sur? #Lucila Rodríguez-Alarcón
  • ¿Qué podemos aprender las ONG de movimientos como la primavera árabe o el 15-M? #Leila Nachawati
  • ¿Qué herramientas necesitamos las ONG para incorporar un nuevo modelo de comunicación basado en la participación? #Tanya Notley
  • ¿Cuáles son o deberían ser los nuevos indicadores de la comunicación 2.0 en las ONGD? #Daniel González
  • ¿Qué estrategia podemos adoptar las ONGD en los entornos digitales? El caso de ONGAWA #Valentín Villarroel
  • Introducción: Aprendiendo a ser anfibios #Víctor Marí

 

¿Qué caracteriza a la participación ciudadana en la sociedad digital?

Tíscar Lara

Cuando pensamos en sociedad digital y participación ciudadana, probablemente la primera palabra que nos viene a la mente sea “web 2.0”. Aunque en su composición alude a la tecnología y la informática, se trata fundamentalmente de un nuevo paradigma de comunicación global: un medio, un canal, un lenguaje, unas herramientas y toda una serie de prácticas culturales que posibilitan la participación social.

El paso de la web 1.0 (comunicación para las masas anónimas) a la web 2.0 (comunicación de los colectivos identitarios) ha dejado por el camino una profunda crisis del papel de los intermediarios de la información. Llevamos años escuchando sobre la revolución de los lectores, los alumnos, los votantes, los pacientes, los clientes… Si cualquier persona puede acceder directamente a las fuentes de información y aplicar su propio filtro y criterio, es lógico que se cuestione cuál es el rol de profesiones como el periodismo, la docencia, la política, la medicina, la empresa, etc. No en vano, en paralelo hemos hablado de periodismo 2.0, educación 2.0, política 2.0, medicina 2.0, empresa 2.0… y en todas parecíamos querer decir…un periodismo, una educación, una política, una medicina y una empresa… más participativas.

Las formas comunicativas que se han generado a partir de estos medios digitales se ven atravesadas por una serie de prácticas culturales que están modificando la manera de producir información, por un lado, y de comunicarla en un ámbito global, por otro. Estas dinámicas tienen que ver con la autoría, cada vez más colectiva y amateur (procesos del hazlo tú mismo o DIY), con la indagación como método (interés por intervenir en los engranajes o Hacking), con la mezcla de datos diversos como fórmula de composición editorial (también llamado Remix) y con la difusión viral como método de propagación a partir de canales sociales de prescripción personal (Viral networking).

Con la fusión de nuevos lienzos ciudadanos (web social) y nuevas plumas de bolsillo (tecnología móvil), la sociedad digital cuenta con unos medios antes inimaginables para tener voz, ser visible, influir y decidir a una velocidad inusitada. La cultura digital se construye con la incorporación de la lógica de red y valores como son la transparencia, la horizontabilidad, la confianza, la sostenibilidad, la colaboración y la identidad. Esto se traduce en prácticas de comunicación digital donde la persona, a través de sus múltiples identidades digitales, va dejando huellas que sirven para trazar la nueva sociabilidad desintermediada. Son las fronteras diluidas entre lo amateur y lo profesional, entre lo individual y lo colectivo, entre lo original y lo remezclado, entre lo personal y lo corporativo, entre lo privado y lo público, entre el ser y estar… las que van tejiendo nuevas formas de leer y escribir el mundo.

La Red es la plaza: nuevas formas de ser y estar juntos

En un proceso de largo recorrido, iniciado con los blogs, perfeccionado con las redes sociales y catalizado con la llamada tecnología de bolsillo o móvil, los ciudadanos han encontrado en la Red el espacio público para la creación de comunidades, el reconocimiento mutuo y la auto-organización que veían limitados fuera de Internet.

No es casualidad que el comienzo de siglo se sitúe en 2001 como también el nacimiento de los blogs y la Wikipedia, referentes indiscutibles de la web social. Como tampoco es casualidad que cerremos esta década en un año caracterizado por los movimientos ciudadanos que han tomado las plazas públicas de las ciudades para hacerse visibles, saltando de la Red y volviendo a ella intermitentemente para ensanchar sus posibilidades de movilización y reinventar nuevas formas de ser y estar juntos.

Los nuevos medios digitales son fundamentalmente medios que recuperan una forma antigua, ciudadana y participativa de discusión de lo público: la oralidad. A pesar de que su manifestación más bien parezca de lecto-escritura, y ciertamente los mensajes circulen en forma de letras o imágenes, la percepción que toda esta explosión comunicativa ha generado es de oralidad, de conversación, de decir y de escuchar, de compartir tiempo y espacio, tiempos y espacios digitales. Esto es así por la propia naturaleza de la tecnología, que nos permite estar siempre conectados, presentes en la plaza pública, abiertos a la interacción, con capacidad para decir y también para escuchar, para reaccionar desde cualquier lugar y en todo instante al mínimo movimiento que estalle en ese gran ágora que es la Red.

Ninguna de estas ocupaciones de tiempo y espacio públicos habría tenido el alcance suscitado de no ser por un medio digital, extremadamente simple y sofisticado a la vez, heredero del potencial social de los blogs como medios personales y públicos, que se ha unido a la capacidad de interacción inmediata y ubicua de la tecnología móvil. Ese medio es Twitter, la gran hemeroteca social construida a base de cotidianidad. Twitter es la manifestación de esta nueva oralidad con ecos globales, que hace de las voces particulares e hiperconectadas la nueva historia de lo social. Los movimientos de los últimos años, espontáneos y ciudadanos, auto-organizados de forma reticular sin líderes aparentes pero con modulación constante e identificación mutua como colectivo, hablan sobre el poder ciudadano cuando usa estratégicamente la comunicación digital.

El éxito de Twitter demuestra que “lo personal es político” ya que, en cierta forma, con nuestros fragmentos y huellas digitales, estamos dejando los relatos con los que se construirá nuestra historia social en un futuro. No olvidemos que el propio mensaje de este medio nació apelando al usuario a mostrar su entorno más íntimo con un “Qué estás haciendo” y, a causa del los usos sociales que estaba generando en diversos movimientos internacionales, cambió a mediados de 2009 para recoger el entorno más social en un “Qué está pasando”. Este cambio de lema, del mostrar al contar, del yo al nosotros, supone un cambio estratégico de los propietarios de Twitter, sorprendidos y conscientes del valor que había logrado como medio de comunicación global, al trascender de lo privado y convertir la banalidad de lo personal en una narrativa de lo social.

Prueba de la oralidad de Twitter es el propio diseño de la tecnología, pensada como flujo del instante, en una celebración constante del presente. Tanto es así, que no resulta fácil congelar ese momento, en esa necesidad humana de guardar y archivar, por lo que surgen multitud de aplicaciones accesorias que pretenden dar respuesta a este interés. Ahora bien, ¿qué hay más relevante que las personas manifestando sus intereses, sus motivaciones, sus deseos, sus lecturas, sus miradas, etc. en tiempo real? Nada hay más profundo que lo superficial, especialmente cuando se produce en forma de masas ingentes de información. Los grandes mercados de la sensibilidad humana no han sido ajenos a este fenómeno. Por ello, Google, un jugador a tener siempre en cuenta, llegó a ofrecer millones de dólares a Twitter por indexar su contenido, algo inimaginable cuando toda web lucha por ser “descubierta” por el gran buscador. Finalmente este acuerdo no llegó a prosperar y Google ha iniciado un nuevo intento, después del fracaso de Buzz y otras aplicaciones, por crear su propia plaza pública y gestionar la conversación global: Google +.

¿De quiénes son los datos? ¿Quién controla la voz ciudadana?

Hay quienes ven en estos usos ciudadanos de Twitter una liberación y al mismo tiempo un peligro, el de la centralización de poder y falta de autonomía, por otro lado una constante en toda la retórica 2.0. Así como los blogs nacieron como tecnología federada, de conversación interoperable y con la posibilidad de autogestión de cada usuario en su propio servidor, las redes actuales tienden a la centralización en espacios controlados por empresas corporativas (p. ej. Facebook) que nos invitan a jugar en sus plazas, a habitarlas y crecer en ellas, con la amenaza de controlar nuestros datos personales y con el riesgo de tirar del tapete en cualquier momento. Este miedo no es infundado y, de cara al fortalecimiento de una ciudadanía digital crítica y activa, conviene tener presente la importancia de la autogestión en el diseño y control de la tecnología de comunicación. En el momento en el que nos encontramos disponemos de tecnologías de código abierto que suplen estas necesidades, como es Identi.ca para un microblogging alternativo a Twitter y otras muchas para la creación de redes propias. Sin embargo, cabe también plantearse si no sumaríamos al problema de una plaza pública con un patrocinador el crear multitud de plazas propias, con el riesgo de aislamiento y fragmentación que eso supone. El reto es aprender a manejar la incertidumbre, convivir en los distintos espacios y comprender de forma crítica la naturaleza de las tecnologías para hacer un uso activo de las mismas.

Nuevas formas de protesta y acción, nueva cultura participativa

Pero no todo es estar físicamente en las plazas. Además de la denuncia en tiempo real de miles de testigos presenciales, como ha sucedido en las recientes manifestaciones árabes, en Twitter hemos aprendido de la capacidad del “voto” de sofá en protestas puntuales que alcanzan un nivel de visibilidad crítico en la Red (p.ej. la retirada de publicidad en un programa de televisión, la retransmisión de un evento deportivo no contemplado, la paralización de un proyecto de ley, etc.). Son fórmulas que aprovechan la velocidad explosiva de la comunicación digital y que tienen consecuencias directas antes inimaginables por los cauces tradicionales de la opinión pública.

Desde los primeros usos de los blogs, la voz ciudadana en el espacio público se ha caracterizado por la reivindicación de medios para contar su propia historia y al mismo tiempo por tener las herramientas para controlar y demandar transparencia en la apertura de la información. Legiones de ciudadanos han visto en el espacio digital un lugar desde donde documentar, ensanchar y trazar el recorrido del poder político y económico, con el objetivo de leer y comprender la complejidad del mundo desde nuevas variables. En este sentido, los movimientos de Open Data y las técnicas de visualización están sirviendo a colectivos interesados por destacar  y representar las inconsistencias de los silos de información, cuya dificultad hoy no es tanto de escasez sino de sobreabundancia, al encontrarse ocultos bajo la luz y perdidos en la saturación.

Hay también un cierto resurgir de la creatividad como instrumento de crítica en forma de parodia. Son fórmulas que utilizan los códigos narrativos de la publicidad viral y los transgreden como elemento de resistencia y denuncia contracultural. Nos referimos a fenómenos como los memes, que desde la sátira consiguen movilizar y cuestionar ciertas prácticas corporativas o políticas con acciones tanto en la Red como fuera de ella.

Hasta aquí todo son mensajes posibilitadores, de empoderamiento del ciudadano frente a los medios tradicionales de comunicación. Pero toda libertad tiene su precio en forma de responsabilidad. Pasar de un modelo lineal de comunicación de masas, altamente centralizado y reservado a los poderes fácticos (política, empresa, etc.) donde la voz ciudadana era siempre mediada, asimétrica y normalmente anónima, a un modelo mucho más circular, directo y auto-organizativo como es la Red, supone una mayor responsabilidad individual y colectiva al producir, procesar y difundir información en un entorno de comunicación pública.

Responsabilidad no solo en lo que se dice y en cómo se dice, teniendo en cuenta que actuamos en la potente pero también resbaladiza arena del espacio público, sino también en lo que escuchamos y en cómo lo interpretamos. A mayor cantidad y diversidad de información, mayor necesidad de filtrar y valorar la credibilidad del contenido y de la fuente. Esta tarea recae cada vez más en el ciudadano, pero afortunadamente no está solo en este empeño. Para ello cuenta con sus propias estrategias de selección y filtrado social a partir de los anillos de confianza que va construyendo constantemente en sus círculos de influencia a través de las redes sociales.

Todas las intervenciones, en su muy distinta forma de participación, colaboran en la creación de este criterio social. Desde quien graba y cuelga un vídeo, hasta quien lo difunde entre sus contactos o quien solo lo ve sin dejar comentarios. Todos somos necesarios y todos somos útiles en el ecosistema de la comunicación digital. Ampliar el espacio público y favorecer una cultura de la participación (transparente, abierta, solidaria, etc.) requiere también de un alto grado de formación en los valores que requiere una ciudadanía digital.

No hablamos solo de una opinión pública ensanchada y con capacidad de movilización a mayor escala (conectividad) y en tiempos más cortos de reacción (tiempos de red), sino de un mayor interés por participar en un sentido amplio de la palabra: influir en el discurso social, ser parte activa y co-responsable de la incertidumbre, tener voluntad para aplicar la inteligencia colectiva a pensar y poner en marcha soluciones globales. Ser digital implica involucrarse en los problemas, participar de las esferas de decisión, compartir descubrimientos y organizar soluciones para diseñar un mundo más sostenible, justo y solidario.