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3::5::2012Formar a los que forman: alfabetizar a los que alfabetizan
Formar a los que forman. Cómo alfabetizar a los que alfabetizan en un mundo digitalInmigrantes digitales bajo el complejo de Prensky Mucho ha llovido desde que Mark Prensky acuñara la dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales. En aquel momento, los profesores encontraron un lugar en el territorio digital y se situaron al otro lado de la frontera, en la cola de los viajeros que querían pasar a la tierra prometida y ser capaces de dominar el lenguaje de los nativos, aborígenes de una nueva raza milagrosa que parecían dominar aquellas tierras ricas en ceros y unos, en cables y en pantallas, dotados de nuevas habilidades y prótesis.
Fue entonces cuando los profesores se autoconcibieron como ciudadanos virtuales de segunda, como inmigrantes analógicos que querían llegar algún día a tener un pasaporte digital que les permitiera disimular su acento, sus ropas y sus gestos venidos de otras tierras. Unos empezaron a mirar a los nativos con admiración, otros con resignación y otros con complejo de inferioridad. Para muchos de ellos, los nativos eran seres mágicos que con solo entrar en contacto con la tecnología adquirían unas propiedades sobrenaturales que les llevaban a producir fascinantes imágenes, textos y comunicaciones de una manera casi mística. Ellos por el contrario se esforzaban por superar las barreras idiomáticas, por aprenderse los manuales de todos aquellos sistemas desconocidos, por estudiar de noche para intentar disimular de día frente a sus nativos coetáneos, por pelear frente a antivirus que saltaban con mensajes amenazantes, ratones que se rebelaban al movimiento de sus muñecas y archivos que desaparecían misteriosamente de sus carpetas. Este binomio nativos-inmigrantes para definir las tensiones entre los hablantes socializados de una lengua y los aprendices de la misma ha sido muy útil durante un tiempo para abordar el problema suscitado de la alfabetización digital, especialmente para el cuerpo de profesores que vieron en esta oposición de naturaleza territorial y cronológica (nacer es un acto involuntario y natural, mientras que ser inmigrante es un acto voluntario y artificial) una explicación a su incompetencia frente a sus alumnos. Sin embargo, si bien esta forma de nombrar el mundo ha sido muy práctica, y prueba de ello es su amplia extensión, también es muy delicada por cuanto como metáfora arroja luz y sombra, mitificación y complejo, sobre nativos e inmigrantes respectivamente. Este estigma ha hecho mella en algunos profesores hasta el punto de autoconcebirse como “analfabetos digitales”, una imagen personal que daña la autoestima y la motivación y que, además, resulta completamente falsa al comprender tan solo la habilidad tecnológica e ignorar las dimensiones comunicativas y sociales de las competencias digitales que sí pueden aportar los profesores. Por tanto, ni los alumnos son nativos competentes digitales por gracia de su fecha de nacimiento ni los profesores son inmigrantes analfabetos por el mismo motivo. Es cierto que hay ciertas habilidades que le son más fáciles a los más jóvenes, como puede ser la aproximación intuitiva a la tecnología, pero también es cierto que hay otras cuestiones que no son innatas y requieren de un cierto esfuerzo para su aprendizaje, como es la capacidad de tener un criterio propio para evaluar la credibilidad de la información, la sensibilidad por proteger la privacidad y la preocupación por utilizar convenientemente los contenidos digitales. Estos tres aprendizajes requieren de una madurez cognitiva que conviene ejercitar en el aula expresamente a través de la experiencia profesional de los profesores. Peregrinos digitales, emprendedores del aprendizaje Si continuamos con el juego de Internet como territorio y el atrevimiento de las metáforas, en lugar de pensar en los profesores como inmigrantes y los alumnos como nativos, podríamos más bien visualizarles como peregrinos digitales, en un estado siempre dinámico, motivado y en marcha. Peregrinos porque emprenden el camino por propia voluntad, desde su propio punto de inicio, en cualquier momento y en cualquier lugar de su vida, una o varias veces, sin prisa pero sin pausa, con una motivación clara sobre el porqué del camino aunque no conozcan perfectamente la ruta, pero con la convicción de que lo importante es el aprendizaje sobre uno mismo y sobre el entorno, como una vía de crecimiento personal, en la que nadie puede hacer el viaje por nosotros porque cada uno debe hacer el suyo, pero tambien con la confianza de no estar solo, de encontrar a otros peregrinos por el camino con quienes compartir la experiencia e intercambiar conocimientos. Este camino no se transita única y exclusivamente en los cursos de formación de profesorado que proveen las instituciones educativas. Se despliegan en otros albergues virtuales, que son las redes sociales y las comunidades de práctica profesionales. Internet está repleto de oportunidades para aprender de manera informal contenidos y prácticas de alto valor. Para adentrarse en este viaje digital es fundamental ser proactivos en su emprendimiento, ser generosos en compartir conocimiento y traer de la mano a otros profesores para integrarles en la comunidad de aprendices. Estos profesores ya existen, son peregrinos digitales en constante camino, que no solo avanzan para hacer muescas en el sendero, sino que vuelven sobre sus pasos, documentan sus mapas y recogen a los nuevos peregrinos que inician su aventura. Son también llamados “INprendedores”, profesores que no dejan de aprender y emprender, que destinan su tiempo de ocio a disfrutar probando nuevas técnicas y herramientas digitales para después compartirlo con sus alumnos, sus colegas y la Red en general. Entonces, ¿cómo formar a los que forman? Lo que no parece discutible a estas alturas, por su presencia social pero también por su traslación normativa, es la importancia y necesidad de incorporar este conocimiento, uso y aplicación de manera transversal en todos los currículos educativos. Sin embargo, también parece obvio que durante este tiempo la aproximación de los profesores al trabajo con las TIC ha sido desigual, con mayor o menos intensidad según los casos. En términos generales, podríamos decir que el enfoque predominante en todos los planes de formación de profesorado ha sido el de enseñar las TIC como un fin en sí mismas desde un enfoque fundamentalmente tecnológico, determinista y conductista, y no tanto como un medio de comunicación, colaboración y participación social. Esto se ha puesto de manifiesto en el propio título de los cursos, que solían nombrarse como tal o cual aplicación, y en la rígida didáctica de los mismos: un manual, un recorrido por el menú, una misma práctica y un mismo resultado. Todo de una manera muy atomizada y desestructurada. Pero también y en gran medida, desconectadas del currículo, sin capacidad de aplicabilidad directa y en algunos casos, incluso inaccesibles por ser programas bajo licencia propietaria que no tienen cabida en el presupuesto de un colegio medio (como es el caso de “Photoshop” por ejemplo). Afortunadamente en los últimos años el desarrollo de las aplicaciones de código abierto provenientes del software libre y las aplicaciones en la nube propias de la web 2.0, sencillas y gratuitas (blogs, wikis, google apps, etc.), han permitido bajar el nivel de complejidad de las “herramientas” que protagonizaban esta clase de cursos y adaptarlas a la realidad del aula. A esto se añade el hecho de que cada vez tenga más peso la propia dotación tecnológica que entra en el aula a través de los bolsillos de los alumnos. Así como hace unos años la dificultad era principalmente de acceso a los dispositivos (“tener un ordenador personal”), hoy la dificultad está en su uso eficaz y aplicado. Si bien esto genera cierta tensión en el profesorado que se ve incapaz de controlar este influjo, conviene que, más que censores, se conviertan en árbitros con especial capacidad para gestionar estos nuevos ecosistemas de producción multimedia en beneficio de la colaboración y el aprendizaje curricular. Algunas claves para la formación del profesorado Mapas digitalesOrganizar un mapa de aplicaciones en función de su uso y función comunicativa. En demasiadas ocasiones se organizan cursos de manera fragmentada sin que sea fácil para el profesor identificar cuál es la relación de esos contenidos con otros que haya podido asimilar anteriormente, así como conceptualizar cómo puede continuar su itinenario formativo en un futuro próximo. Esto le facilitará ubicar aquellas nuevas técnicas o herramientas que vaya experimentando dentro de una visión global sobre el universo de Internet y de la tecnología digital. Aplicaciones accesibles y aplicadasUtilizar aplicaciones y tecnologías que sean accesibles para el profesorado, esto es, que estén disponibles dentro de su ámbito de trabajo, bien porque sean de código abierto (en casos de instalación convendrá que haya soporte TIC en su centro) o porque sean aplicaciones gratuitas de la web 2.0 que no precisen de servidores propios. Por otro lado, también es importante que las herramientas sean de fácil y rápida aplicabilidad en su tarea como docente en el aula, de modo que se puedan trasladar al aula al día siguiente del curso. Trabajo por proyectos colaborativosDiseñar las actividades formativas de tal forma que los profesores puedan aprender el uso de la tecnología de una forma transversal a lo largo del desarrollo de proyectos concretos y en lo posible, en grupo, de modo que también se adquieran habilidades de trabajo colaborativo e interdisciplinar. En este sentido, se trata de evitar aquellas actividades que se planteen como una mera repetición de pautas guiadas en un manual. Este tipo de tareas, centradas puramente en la ejercitación de unas destrezas, resultan repetitivas y desmotivadoras. Por el contrario, proponer a los profesores la posibilidad de configurar sus propios proyectos dentro de sus materias hace que integren las tecnologías como medios y no como fines, favorecen su transferencia al aula y motivan la cooperación entre áreas disciplinares. Prácticas críticas y creativasLa formación en TIC no tiene por qué ser aburrida y desaprovechar el potencial multimedia y comunicativo que contienen este tipo de tecnologías. Al contrario, es perfectamente compatible diseñar actividades en las que los profesores puedan abordar el uso de las TIC al mismo tiempo que desarrollan prácticas creativas y críticas. Este tipo de dinámicas permiten integrar algunas claves de la cultura digital, como es la remezcla de documentos multimedia, la autoproducción de contenidos y la difusión viral de los mismos en las redes sociales. Documentar los procesosUna buena forma de aprender y de volver sobre lo aprendido es practicar el hábito de documentar los procesos de adquisición de conocimientos. Esto facilita la creación de tutoriales, portafolios y guías que ayudan a reflexionar sobre la propia manera de aprender, pero también a quienes pueden encontrar una fuente de información en ello cuando esto se comparte en la Red. Compartir la práctica en la RedCompartir en la Red los procesos y resultados de un proyecto de aprendizaje con tecnologías digitales es una buena práctica para corregir y depurar el propio trabajo destinado a ser publicado, así como para reforzar la autoestima personal a través de la construcción de una identidad digital profesional, pues el reconocimiento de los iguales ayuda a seguir mejorando en esta aventura de ser profesor-aprendiz. Lógica TetrisTomar una actitud frente al aprendizaje TIC al estilo del juego Tetris, de tal manera que se pueda aliviar el estrés habitual que genera el no comprender cada uno de sus elementos, con la paciencia suficiente para seguir adelante y confiar en que en una siguiente etapa se relacionarán unos conceptos y otros rellenando lagunas previas. Cuando aprendemos el uso de una aplicación o el funcionamiento de un dispositivo, hay muchas cosas que no manejamos o entendemos en su totalidad, pero son dudas que conviene dejar reposar y esperar a su momento de solidificación, cuando nuevas ideas se incorporen y aporten coherencia interna. No hay que saberlo todo, ni dominarlo todo para avanzar. Porque es imposible, además, ya que nadie es capaz de definir ese “todo”. Sin embargo, sí podemos ir componiendo nuestro puzzle particular fijando las fichas del entorno personal de aprendizaje que se va construyendo de forma dinámica. Lógica de móvilA lo largo de una misma generación hemos pasado de la lavadora con los mismos botones que funciones a un mundo en el que un mismo botón sirve para multitud de funciones. Es lo que llamamos lógica de móvil, de aproximación a la tecnología a través de sus metáforas de navegación. Los dispositivos móviles, como tabletas o smartphones, nos demuestran cómo un diseño de interfaz y una búsqueda activa de funciones se dan la mano para integrar multitud de accesos y rutas posibles en un mínimo espacio. Interesa, por tanto, hacer el esfuerzo de enfrentarse a la tecnología desde la intuición, descubriendo la lógica de navegación, y no desde el manual de instrucciones. Se hace camino al andar Para la mayoría de los profesores Internet es una NUEVA tecnología pero para la mayor parte de sus alumnos es LA tecnología. Aunque parece que fue ayer, lleva más de quince años con nosotros, cumpliendo esa edad mágica que parece marcar el paso de la adolescencia a la madurez en la mayor parte de culturas. Las TIC, la Red, los dispositivos móviles, las aplicaciones, las nuevas tecnologías, todo en su conjunto, es una realidad ineludible de nuestro tiempo. Ciertamente hay que reconocer el estrés que supone por primera vez en la Historia la responsabilidad de enseñar sobre algo que no se ha aprendido previamente en un contexto formal. Sin embargo, el profesor no debe angustiarse por “aprenderlas” como un fin en sí mismas, sino de “aprehenderlas” y de incorporarlas como un medio de especial potencial para “aprender” en cualquier momento y en cualquier lugar, con otras personas y en otros contextos sociales. Para ello es conveniente partir de una autoconcepción como aprendices, desprenderse de complejos de inmigrantes digitales y aproximarse a la tecnología desde una actitud proactiva, procurando en lo posible aprender como queremos que aprendan nuestros alumnos, motivando las prácticas colaborativas, críticas y creativas. Es importante recordar que todos sabemos algo y nadie lo sabe todo. Si exploramos las formas de poner en común los distintos saberes, alumnos y profesores trazaremos juntos los caminos de nuestro particular y colectivo peregrinaje digital. :: COMENTARIOS :: 4::4::2012Cómo comunicar en soporte digital
Este viaje se estructura en torno a tres ideas, tres conceptos que nos ayudarán a pensar estos cambios: el remix o remezcla, el DIY o amateur y la viralidad o difusión-red. O lo que es lo mismo, en términos de teoría clásica de la comunicación: observar qué está pasando con el mensaje-producto, qué ocurre con el emisor-receptor y qué sucede con los canales-códigos-medios. A estas alturas, después de ver cómo los medios de comunicación tradicionales no solo han perdido el monopolio de la comunicación masiva, sino que han tenido que ceder espacio en sus propios discursos mediáticos a la interacción con otros contenidos de aportación ciudadana, cabe plantearse cómo se están construyendo las nuevas portadas informativas, cuáles son los nuevos criterios de relevancia y qué es lo más importante para la sociedad. Contraponer la portada de un diario digital con la sección de “lo más enviado” o “lo más visto” da una información tan interesante como inquietante, por cuanto nos está diciendo qué ha sido lo importante/relevante para los usuarios. No siempre nos gustará lo que veamos. ¿Hasta qué punto dejarse influir por esos datos en tiempo real o mantenerse al margen apostando por una portada editorial? Pero no todo sucede en el contexto de los medios, hay nuevos actores que también se están convirtiendo en medio y tienen un gran poder para redirigir nuestra mirada sobre lo que consideran más relevante. Uno de ellos, por poner un ejemplo, es google y sus famosos dibujos, esa portada “naive” que no deja de ser la primera noticia del día para muchos navegantes. El llamado periodismo ciudadano ha demostrado cómo se han ensanchado las posibilidades de aportación de información por parte del público. La arrogancia de los medios, la pérdida de credibilidad por su aproximación a los poderes políticos o económicos y la pérdida de calidad profesional, unido a la evolución de Internet ha herido de gravedad al periodismo. La historia de la prensa de los últimos diez años está llena de casos en los que la Red ha desafiado a los medios demostrando su propia ineptitud. Aún se conserva la coletilla de “videoaficionados” en los telediarios para distinguir el material profesional del amateur, pero lo cierto es que este tipo de remezclas o fusiones de piezas informativas van en aumento por su propia accesibilidad. Ya parece superado el viejo dilema de “periodismo profesional” frente a “periodismo ciudadano”, pero durante un tiempo fue recurrente encontrar foros y mesas de debates sobre la polémica de si eran “son los blogs periodismo?”. De igual forma, ahora podríamos seguir con ese estúpido mantra y cuestionarnos aquello de “¿es twitter o facebook periodismo?”. Obviamente la pregunta es errónea en sus términos, por cuanto confunde medio con función comunicativa. Lo que sucede es que desde un punto de vista conceptual de dibujo del modelo comunicativo de masas, hemos pasado del esquema clásico, unidireccional, vertical y simplificado (emisor-medio-mensaje-código-canal-receptor) a uno mucho más complejo, dinámico y circular, donde los roles mutan y se solapan constantemente (emisores-receptores / mensajes-medios-canales-códigos). Pirámide alimenticia: de la diversidad al empacho Esos “daily-me” que soñara Negroponte en los inicios de Internet es una realidad tangible. Es la dieta informativa a medida, seleccionada directamente por el usuario, que se suscribe a lo que decide que son sus fuentes de interés y cuya intensidad ecualiza según le convenga. Es una liberación de las capacidades del “ya no lector, receptor, televidente, radioyente, etc.” sino más bien “producer, prosumer, emerec” que interviene directamente en el diseño de su ecosistema de proximidad. Pero también es, como apuntó una persona en el público, un riesgo de empobrecimiento en la dieta nutritiva. Si volvemos al símil culinario, comer a la carta si siempre tenemos la misma carta, puede producir una infra-alimentación si esto supone cortar las posibilidades de acceso a otras oportunidades, a otros menús, a otras ofertas gastronómicas. Matar al mensajero Con lo 2.0 matamos al mensajero, pero una vez muerto nos damos cuenta de que necesitamos mensajeros, filtros, criterios,… y se inventan, desde abajo, en nuevas relaciones de confianza. El mensajero resucitado puede ser nuestro vecino, físico o virtual, nuestro contacto en FB, nuestra lista en TW. No es tanto una desintermediación sino una renegociación sobre nuevos intermediarios Una forma de evitarlo y que cada vez está cobrando más importancia, es la figura de comisariado de contenidos, una función de producción en sí misma, donde lo relevante no es el producto nuevo o original (qué se comunica de propio y exclusivo) sino de combinación, remezcla y recomendación de aquello que se considera relevante para su comunidad (lo original no está en el producto, sino en el metaproducto nuevo que se genera al descubrir y reinterpretar lo ya producido). Somos lo que citamos. Somos pantalla. En realidad, nada nuevo. Criterio, filtro, prescripción, selección y organización de la información es lo que, entre otras cosas, ha sido tradicionalmente parte de la función del periodismo. No desaparecen por tanto esas funciones, esas necesidades, sino que se suman nuevos actores, medios, canales, técnicas, etc. que no son precisamente “profesionales” ni realizadas por “profesionales” pero marcadas por esas claves de las que venimos hablando: remix, diy, viral. Quién comunica en soporte digital Todos, porque podemos y porque queremos. Porque tenemos tecnología de bolsillo que captura, produce y elabora, y conectividad para publicarla inmediatamente. Si la web 2.0 es algo… es comunicación social en su máxima esencia. Comunicación de masas, para masas o por masas, de uno a muchos, de muchos a uno, más o menos profesional, más o menos personal, etc. según el objetivo, el canal, el medio, el mensaje… La tecnología de comunicación amateur y la conectividad convierten a cualquier persona en un nodo en la red, en un punto de información ubicua, amateur, personal y directa, sin necesidad de que haya filtros o intermediarios. Es la pulsión del hazlo tú mismo, del amateur, del explorador. Si en el mundo analógico la comunicación pública era algo relegado a las empresas o las instituciones, mientras la comunicación personal se recluía en los entornos domésticos y privados, en el mundo digital la comunicación pública sale al escenario abierto y compite en la economía de la atención con múltiples voces, múltiples medios, a un clic de distancia, luchando por hacer oír su voz en un entorno coral, a veces cacofónico. Comunico, luego existo Sentimos una necesidad muy humana y trascendente de decir, de dejar una impronta de quiénes somos, de ser y estar en la red, de dejar huella de nuestro paso por la vida, que es vida digital. La metafoto en el baile de la toma de posesión de Obama simboliza este nuevo paradigma de lo que significa vivir al otro lado de la pantalla, que conviene no confundir con “ver la vida desde el otro lado de la pantalla” porque esta tecnología no es tanto una barrera separadora como una prótesis orgánica de nuestro ser digital. Tomar esta foto no tiene un significado informativo, el valor no está en atesorar el registro de esa imagen en el móvil, el valor está en poder mostrar y demostrar que se está allí viviendo ese momento único y efímero. Frente al Síndrome de Diógenes Digital está el de levedad digital. Cuanto más registramos y archivamos, más conscientes somos de que tenemos que enfrentarnos al hecho de vivir en el flujo, de ser flujo, de renunciar a esos bytes, de ser RAM y no ROM en términos del recordado José Luis Brea . Fluido y flujo. Liquidez que diría Bauman. Necesitamos asirnos a algo y ese algo es esa identidad digital, dinámica, pero constante y en su coherencia, hasta sólida, que vamos construyendo en nuestra vida digital, en esa huella etérea y al mismo tiempo robusta que pasa cuando no pasa nada. Como la vida misma.
Construimos nuestra identidad digital viviendo lo digital, día a día, red a red. Los perfiles en cada una de esas redes dan coherencia y músculo a la ubicuidad de nuestro yo, pero también actúan a modo de marco referencial, de marca o cabecera, de portal de reconocimiento, de medios de comunicación. El nick, su consistencia y repetición, da coherencia a la inmaterialidad digital, nutre de cuerpo, piel y músculo los bytes. Nos ayuda a ser públicos, a no estar diluidos y por ello difusos, a crear una identidad de dominio público. El anonimato no se persigue ni se desea, lo cual no se debe confundir con que sea obligado usar el nombre real. Hasta el nick más imaginario, hasta el hacker más oculto, va a querer crear una narrativa propia, una coherencia como autor a su alrededor. Hace dos años, charlando con Isaac Mao, recuerdo que le pregunté por qué utilizaba su nombre real en todas las redes cuando esto le podía causar algún tipo de problema en su país, China, teniendo en cuenta su marcado posicionamiento en muchas cuestiones de libertades públicas. A priori, nos podría parecer obvio que se sentiría mucho más libre desde un perfil anónimo. Mao me contestó que precisamente su identificación real era su principal apoyo social. Era el reconocimiento en los otros y de los otros lo que le sostenía con más fuerza. Ser real y ser público era lo mejor que podía ser. Y me pareció muy razonable. Nos vestimos con la autoridad de los otros. Qué hacemos, a quiénes citamos, con quiénes nos relacionamos, con qué causas nos identificamos… todo habla de nosotros y envían señales a los demás sobre nuestra predisposición a interactuar en la comunidad. Los perfiles en las redes están diseñados para mostrar esta serie de indicadores o señales de la sociabilidad. Son las insignias, las medallas, los logos, los “open 24/7″ que ofrecen esa ilusión de “cuerpo presente”, ese escaparate del yo en el escenario público. Los medios digitales, las nuevas plataformas de la sociabilidad, las redes sociales, saben de este impulso comunicativa y se diseñan para canalizarla y aprovecharla. Nacen vacías, como puro andamiaje tecnológico, como estructuras que esperan ser habitadas con nuestros contenidos. Nosotros somos los autores, los productores, los consumidores. Un ejemplo que suelo mencionar en este sentido es el giro que dio Twitter hace dos años al cambiar su lema principal, de la pregunta “Qué estás haciendo” al “Qué está pasando”, haciendo más evidente el potencial que había adquirido la herramienta no como medio de comunicación interpersonal, sino como medio de comunicación global. A estas alturas no es necesario subrayar el rol que ha adquirido en el último año en la geopolítica mundial. YouTube también es un buen ejemplo de ello, en cómo fue diseñado desde sus inicios bajo el rótulo “Broadcast yourself” con esa doble lectura tan sugerente, de “proyéctate tú mismo”, “emitéte tú como mensaje” o “emítete a ti mismo”. Numerosos proyectos han nacido y crecido en esas plataformas, consiguiendo una atención mainstream sin partir de los circuitos de producción tradicionales. Estas plataformas siguen creciendo y evolucionando, modificando nuestras prácticas, guiándolas pero también respondiendo a ellas. Cosas ya presentes como el “otras personas que están viendo este vídeo ahora mismo” apuntan hacia una tendencia cada vez más generalizada de aproximarnos en las redes a partir de intereses comunes, de ofrecernos sugerencias de personas, de crear una ilusión de sincronía, de vivir la misma experiencia de vida en tiempo real.
Si puedes contar, tú cuentas. Contar, cuenta
Este alcance es posible gracias a la propiedad viral de las redes que nos impulsan más lejos y a mayor velocidad de lo que nunca los límites de espacio y tiempo modernos pudieron imaginarse. Trasladar la responsabilidad de las competencias comunicativas de manera distribuida a los sujetos de dicha relación supone también una nueva tensión en las reglas de los modelos tradicionales de comunicación. A menudo surgen las dudas sobre cómo conciliar el perfil profesional con el personal, sobre cómo responder o no responder desde una voz individual o una voz institucional. En Internet y en las librerías encontraremos multitud de posts, tutoriales, listados, recetarios guías y libros del nuevo entorno de comunicación digital dispuestos a ayudarnos con esos primeros pasos. Escoger el tono, el canal, el mensaje, el momento, el estilo, etc. requiere de un profundo, por inmersivo, conocimiento de las pautas y fórmulas de convivencia de todas estas redes sociales. Todos los consejos serán útiles, pero no debemos olvidarnos de lo más importante que no nos podrá resolver la más sofisticada tecnología y sí la sensibilidad humana: aprender, escuchar, ajustar, experimentar, aprender, sentir, cuidar y tejer relaciones de confianza.
:: COMENTARIOS :: 3::4::2012#ParadigmaTIC@s participación ciudadana y sociedad digital
¿Qué caracteriza a la participación ciudadana en la sociedad digital?Tíscar Lara Cuando pensamos en sociedad digital y participación ciudadana, probablemente la primera palabra que nos viene a la mente sea “web 2.0”. Aunque en su composición alude a la tecnología y la informática, se trata fundamentalmente de un nuevo paradigma de comunicación global: un medio, un canal, un lenguaje, unas herramientas y toda una serie de prácticas culturales que posibilitan la participación social. El paso de la web 1.0 (comunicación para las masas anónimas) a la web 2.0 (comunicación de los colectivos identitarios) ha dejado por el camino una profunda crisis del papel de los intermediarios de la información. Llevamos años escuchando sobre la revolución de los lectores, los alumnos, los votantes, los pacientes, los clientes… Si cualquier persona puede acceder directamente a las fuentes de información y aplicar su propio filtro y criterio, es lógico que se cuestione cuál es el rol de profesiones como el periodismo, la docencia, la política, la medicina, la empresa, etc. No en vano, en paralelo hemos hablado de periodismo 2.0, educación 2.0, política 2.0, medicina 2.0, empresa 2.0… y en todas parecíamos querer decir…un periodismo, una educación, una política, una medicina y una empresa… más participativas.
Las formas comunicativas que se han generado a partir de estos medios digitales se ven atravesadas por una serie de prácticas culturales que están modificando la manera de producir información, por un lado, y de comunicarla en un ámbito global, por otro. Estas dinámicas tienen que ver con la autoría, cada vez más colectiva y amateur (procesos del hazlo tú mismo o DIY), con la indagación como método (interés por intervenir en los engranajes o Hacking), con la mezcla de datos diversos como fórmula de composición editorial (también llamado Remix) y con la difusión viral como método de propagación a partir de canales sociales de prescripción personal (Viral networking). Con la fusión de nuevos lienzos ciudadanos (web social) y nuevas plumas de bolsillo (tecnología móvil), la sociedad digital cuenta con unos medios antes inimaginables para tener voz, ser visible, influir y decidir a una velocidad inusitada. La cultura digital se construye con la incorporación de la lógica de red y valores como son la transparencia, la horizontabilidad, la confianza, la sostenibilidad, la colaboración y la identidad. Esto se traduce en prácticas de comunicación digital donde la persona, a través de sus múltiples identidades digitales, va dejando huellas que sirven para trazar la nueva sociabilidad desintermediada. Son las fronteras diluidas entre lo amateur y lo profesional, entre lo individual y lo colectivo, entre lo original y lo remezclado, entre lo personal y lo corporativo, entre lo privado y lo público, entre el ser y estar… las que van tejiendo nuevas formas de leer y escribir el mundo. La Red es la plaza: nuevas formas de ser y estar juntos En un proceso de largo recorrido, iniciado con los blogs, perfeccionado con las redes sociales y catalizado con la llamada tecnología de bolsillo o móvil, los ciudadanos han encontrado en la Red el espacio público para la creación de comunidades, el reconocimiento mutuo y la auto-organización que veían limitados fuera de Internet. No es casualidad que el comienzo de siglo se sitúe en 2001 como también el nacimiento de los blogs y la Wikipedia, referentes indiscutibles de la web social. Como tampoco es casualidad que cerremos esta década en un año caracterizado por los movimientos ciudadanos que han tomado las plazas públicas de las ciudades para hacerse visibles, saltando de la Red y volviendo a ella intermitentemente para ensanchar sus posibilidades de movilización y reinventar nuevas formas de ser y estar juntos. Los nuevos medios digitales son fundamentalmente medios que recuperan una forma antigua, ciudadana y participativa de discusión de lo público: la oralidad. A pesar de que su manifestación más bien parezca de lecto-escritura, y ciertamente los mensajes circulen en forma de letras o imágenes, la percepción que toda esta explosión comunicativa ha generado es de oralidad, de conversación, de decir y de escuchar, de compartir tiempo y espacio, tiempos y espacios digitales. Esto es así por la propia naturaleza de la tecnología, que nos permite estar siempre conectados, presentes en la plaza pública, abiertos a la interacción, con capacidad para decir y también para escuchar, para reaccionar desde cualquier lugar y en todo instante al mínimo movimiento que estalle en ese gran ágora que es la Red.
El éxito de Twitter demuestra que “lo personal es político” ya que, en cierta forma, con nuestros fragmentos y huellas digitales, estamos dejando los relatos con los que se construirá nuestra historia social en un futuro. No olvidemos que el propio mensaje de este medio nació apelando al usuario a mostrar su entorno más íntimo con un “Qué estás haciendo” y, a causa del los usos sociales que estaba generando en diversos movimientos internacionales, cambió a mediados de 2009 para recoger el entorno más social en un “Qué está pasando”. Este cambio de lema, del mostrar al contar, del yo al nosotros, supone un cambio estratégico de los propietarios de Twitter, sorprendidos y conscientes del valor que había logrado como medio de comunicación global, al trascender de lo privado y convertir la banalidad de lo personal en una narrativa de lo social. Prueba de la oralidad de Twitter es el propio diseño de la tecnología, pensada como flujo del instante, en una celebración constante del presente. Tanto es así, que no resulta fácil congelar ese momento, en esa necesidad humana de guardar y archivar, por lo que surgen multitud de aplicaciones accesorias que pretenden dar respuesta a este interés. Ahora bien, ¿qué hay más relevante que las personas manifestando sus intereses, sus motivaciones, sus deseos, sus lecturas, sus miradas, etc. en tiempo real? Nada hay más profundo que lo superficial, especialmente cuando se produce en forma de masas ingentes de información. Los grandes mercados de la sensibilidad humana no han sido ajenos a este fenómeno. Por ello, Google, un jugador a tener siempre en cuenta, llegó a ofrecer millones de dólares a Twitter por indexar su contenido, algo inimaginable cuando toda web lucha por ser “descubierta” por el gran buscador. Finalmente este acuerdo no llegó a prosperar y Google ha iniciado un nuevo intento, después del fracaso de Buzz y otras aplicaciones, por crear su propia plaza pública y gestionar la conversación global: Google +. ¿De quiénes son los datos? ¿Quién controla la voz ciudadana? Hay quienes ven en estos usos ciudadanos de Twitter una liberación y al mismo tiempo un peligro, el de la centralización de poder y falta de autonomía, por otro lado una constante en toda la retórica 2.0. Así como los blogs nacieron como tecnología federada, de conversación interoperable y con la posibilidad de autogestión de cada usuario en su propio servidor, las redes actuales tienden a la centralización en espacios controlados por empresas corporativas (p. ej. Facebook) que nos invitan a jugar en sus plazas, a habitarlas y crecer en ellas, con la amenaza de controlar nuestros datos personales y con el riesgo de tirar del tapete en cualquier momento. Este miedo no es infundado y, de cara al fortalecimiento de una ciudadanía digital crítica y activa, conviene tener presente la importancia de la autogestión en el diseño y control de la tecnología de comunicación. En el momento en el que nos encontramos disponemos de tecnologías de código abierto que suplen estas necesidades, como es Identi.ca para un microblogging alternativo a Twitter y otras muchas para la creación de redes propias. Sin embargo, cabe también plantearse si no sumaríamos al problema de una plaza pública con un patrocinador el crear multitud de plazas propias, con el riesgo de aislamiento y fragmentación que eso supone. El reto es aprender a manejar la incertidumbre, convivir en los distintos espacios y comprender de forma crítica la naturaleza de las tecnologías para hacer un uso activo de las mismas. Nuevas formas de protesta y acción, nueva cultura participativa Pero no todo es estar físicamente en las plazas. Además de la denuncia en tiempo real de miles de testigos presenciales, como ha sucedido en las recientes manifestaciones árabes, en Twitter hemos aprendido de la capacidad del “voto” de sofá en protestas puntuales que alcanzan un nivel de visibilidad crítico en la Red (p.ej. la retirada de publicidad en un programa de televisión, la retransmisión de un evento deportivo no contemplado, la paralización de un proyecto de ley, etc.). Son fórmulas que aprovechan la velocidad explosiva de la comunicación digital y que tienen consecuencias directas antes inimaginables por los cauces tradicionales de la opinión pública.
Hay también un cierto resurgir de la creatividad como instrumento de crítica en forma de parodia. Son fórmulas que utilizan los códigos narrativos de la publicidad viral y los transgreden como elemento de resistencia y denuncia contracultural. Nos referimos a fenómenos como los memes, que desde la sátira consiguen movilizar y cuestionar ciertas prácticas corporativas o políticas con acciones tanto en la Red como fuera de ella. Hasta aquí todo son mensajes posibilitadores, de empoderamiento del ciudadano frente a los medios tradicionales de comunicación. Pero toda libertad tiene su precio en forma de responsabilidad. Pasar de un modelo lineal de comunicación de masas, altamente centralizado y reservado a los poderes fácticos (política, empresa, etc.) donde la voz ciudadana era siempre mediada, asimétrica y normalmente anónima, a un modelo mucho más circular, directo y auto-organizativo como es la Red, supone una mayor responsabilidad individual y colectiva al producir, procesar y difundir información en un entorno de comunicación pública. Responsabilidad no solo en lo que se dice y en cómo se dice, teniendo en cuenta que actuamos en la potente pero también resbaladiza arena del espacio público, sino también en lo que escuchamos y en cómo lo interpretamos. A mayor cantidad y diversidad de información, mayor necesidad de filtrar y valorar la credibilidad del contenido y de la fuente. Esta tarea recae cada vez más en el ciudadano, pero afortunadamente no está solo en este empeño. Para ello cuenta con sus propias estrategias de selección y filtrado social a partir de los anillos de confianza que va construyendo constantemente en sus círculos de influencia a través de las redes sociales. Todas las intervenciones, en su muy distinta forma de participación, colaboran en la creación de este criterio social. Desde quien graba y cuelga un vídeo, hasta quien lo difunde entre sus contactos o quien solo lo ve sin dejar comentarios. Todos somos necesarios y todos somos útiles en el ecosistema de la comunicación digital. Ampliar el espacio público y favorecer una cultura de la participación (transparente, abierta, solidaria, etc.) requiere también de un alto grado de formación en los valores que requiere una ciudadanía digital. No hablamos solo de una opinión pública ensanchada y con capacidad de movilización a mayor escala (conectividad) y en tiempos más cortos de reacción (tiempos de red), sino de un mayor interés por participar en un sentido amplio de la palabra: influir en el discurso social, ser parte activa y co-responsable de la incertidumbre, tener voluntad para aplicar la inteligencia colectiva a pensar y poner en marcha soluciones globales. Ser digital implica involucrarse en los problemas, participar de las esferas de decisión, compartir descubrimientos y organizar soluciones para diseñar un mundo más sostenible, justo y solidario.
:: COMENTARIOS :: 11::3::2012La receta como copia y el patchwork como remixEn la sesión de Laboratorios de Internet de Medialab-Prado de hace unos días, el equipo de traducciones p2p colaborativas que lidera Floren Cabello presentó su trabajo bajo el imaginario de la cocina (pinches, recetas, cocinados, ingredientes, etc.). Fue entonces cuando Adolfo Estalella llamó nuestra atención al iluminar este escenario de los fogones, más doméstico y por ello también abierto, frente al de los laboratorios que tanto nos seduce, pero de acceso exclusivo a profesionales y expertos (vídeo). La metáfora del mundo de la cocina como espacio de relación y aprendizaje es, sin duda, sumamente estimulante. En concreto, la receta como patrón o código fuente, producido, difundido y expandido para su mayor uso, es también un buen ejemplo de forma popular de transmisión de conocimiento basado en la copia.
La copia y el remix van necesariamente de la mano. Si la cocina tiene la receta, la moda tiene el patrón. Si la cocina admite variedades y dignifica la “ropa vieja”, el vestido legitima el patchwork haciendo de la necesidad virtud. Ahora han proliferado cursos, revistas y comunidades alrededor del patchwork hasta convertirlo en una “moda” en sí mismo, pero en algún momento fue una necesidad de “confeccionar” retales dispersos, de componer con los márgenes y de darle cuerpo a los fragmentos. Fue incluso parte del movimiento “Reform style” de mitad del XIX, entre lo puritano y lo feminista, que abogaba por que las mujeres vistieran de una manera saludable, económica, femenina… como reacción a los corsés y los pantalones.
Como decíamos al reflexionar sobre las no tan nuevas formas de aprender, “gracias a la gran plaza pública que es Internet, aquello que durante mucho tiempo fue propio de lo marginal (la copia, la comunidad, el prototipo y el amateur) se hace visible con la dignidad que confiere lo auténtico”. :: COMENTARIOS :: 1::3::2012Aprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanosAprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanosImaginemos que alguien quiere aprender a cocinar, a coser, a comprender a Kant, a dibujar un plano en tres dimensiones, a distinguir unas plantas de otras, a identificar las estrellas, a provocar una reacción química, a producir un documental, a conocer el porqué de las distintas formas de las nubes, a indagar en la etimología de una palabra, a elaborar un argumento de defensa penal, etc. ¿Qué hará? ¿Un curso en sus muy distintas modalidades formales o no formales? ¿Intentar aprender por su cuenta buscando el libro oportuno en una tienda o biblioteca? ¿O buscar en su entorno más próximo a otras personas que puedan enseñarle? Ciertamente todos los saberes no son iguales, unos se prestan más a la consulta de información y otros requieren de cierta práctica para adquirir el conocimiento necesario. En cualquier caso, las opciones suelen estar limitadas a formatos rígidos y estructurados (educación formal), a contenidos consolidados (libros fundamentalmente) y a contactos personales (círculos próximos). En el otro extremo se encuentra Internet, donde tanto la información como las personas y sus deseos de interacción circulan libremente. Donde en principio no hay plazos prefijados para comenzar un itinerario formativo, ni numerus clausus que impidan acceder al conocimiento, ni fronteras espacio-temporales que niegue el contacto a talentos diversos. Internet es el paraíso del autodidacta, del amateur que no ve límites a sus intereses de aprendizaje y del practicante que logra encontrar una comunidad especializada. Internet es la fusión de espacio y tiempo donde qué aprender, con quién, de quién, cuándo, cómo y dónde no está organizado en fórmulas rígidas y semiestructuradas, sino abierto a la negociación de sus participantes. Por eso, cuando hoy alguien quiere aprender sobre algo, al menos a este lado del mundo, probablemente su primera opción sea acudir a Internet, navegar y bucear, curiosear e indagar, conectar y compartir. Pero Internet es mucho más que una manera de potenciar los cauces educativos que conocemos, es el territorio donde se están construyendo nuevos saberes y donde se está experimentando una nueva cultura: la digital. Una cultura que emana de valores como la horizontalidad, la transparencia, la colaboración y la sostenibilidad. Internet tiene la magia del aprendizaje informal entre pares y la riqueza de la mejor biblioteca universal. Internet no nos educa pero sí nos hace aprender. Existe, sin embargo, una profunda y terrible brecha manifiesta entre los procedimientos, canales y cauces de la educación tradicional, aquella que nos rodea en el mundo físico más próximo, y el universo que hemos aprendido a aprehender en Internet. Cómo trazar puentes y cómo incorporar las lecciones aprendidas en ambos entornos es el reto. Necesitamos por tanto satélites de la cultura digital en los barrios, espacios ciudadanos donde se pueda aprender con la lógica de red, donde se pueda practicar con esas nuevas formas de pensar y hacer juntos, donde colaborar y compartir sean las reglas básicas de toda construcción de conocimiento. Estos espacios son las filiales naturales de la Red, que traen la cultura digital a la calle, traducen los bytes en átomos y extienden sus valores a la práctica cotidiana. Estos espacios ciudadanos no están tanto diseñados para educar como sí para producir, pensamiento y acción, ideas y prototipos. El aprendizaje no tiene por qué ser el objetivo pero sí es el resultado que se extrae de todo el proceso. Aquí la acepción de la palabra “enseñar” tiene más que ver con mostrar que con educar: no habla tanto de la intención transmisiva como sí de la exploradora, de suscitar y motivar, de provocar el interés por el descubrimiento, de movilizar la deconstrucción, de indagar en las costuras para inventar nuevos patrones, de exhibir en público los vericuetos de esos caminos, de exponer en abierto los resultados de esos procesos y de pavimentar ese recorrido con evidencias documentadas. Esos espacios ciudadanos no tienen forma de academia, ni de universidad, ni de ateneo. Están, por el contrario, más cerca del laboratorio en cuanto al ritual de lo experimental y al taller como escenario de lo artesanal. Esa mezcla virtuosa transciende los laboratorios de alta ciencia y los hace ciudadanos, a pie de calle accesibles, asumibles, asibles, posibles… Esos espacios ciudadanos logran trazar viaductos entre el plano de las ideas y la mesa de corte y confección, hacer teoría desde la práctica y al revés: pensando con las manos y haciendo con la mentes. Siempre en gerundio y siempre en comunidad. Apuntes para un laboratorio ciudadano digital Son muchas las prácticas que se producen y se demandan en estos espacios ciudadanos o laboratorios digitales. Todas son necesarias y todas imprescindibles para garantizar ese puente digital. Avanzamos algunas de ellas: La cultura del don: dar sin expectativa de recibir directamente por ello, porque solo dando se puede recibir. Dar significa aprender a donar. Dar significa agradecer y reconocer. La cultura del tutorial: documentar los avances propios para allanar el camino a los interesados que quieran sumarse al proceso. La cultura del prototipado: celebrar el error como método de aprendizaje, lo imperfecto, compartido y discutido como solución de mejora, lo replicable como garantía de sostenibilidad. La cultura de la mediación: ofrecer conectores, traductores que expliquen e inviten a la participación, con la habilidad de incorporar la cultura ciudadana de la praxis y conectarla con la intelectual. La cultura de la hospitalidad: invitar y acoger al neófito, atraer al afectado, integrar al discordante y celebrar la controversia creando un contexto que haga sentir a todo el mundo en casa, en familia, integrado y parte sustancial de la comunidad. La cultura exploradora: aprender en la frontera de saberes aún no definidos detectando tendencias en nuevos campos de exploración, en temas emergentes que aún no estén cubiertos por otros espacios formativos. La cultura de lo colectivo: no se puede aprender si no es en sociedad. El aprendizaje es social por naturaleza y la composición del grupo bajo las claves p2p es básico para favorecer su desarrollo. La cultura del acompañamiento: diluir la figura de profesor y favorecer el intercambio mutuo con el apoyo de facilitadores o tutores. La cultura del proyecto: pasar de la motivación a la implicación, incorporando la duda y la pregunta como método de mejora continua. Del querer hacer al hacer. Del proyecto personal al proyecto colectivo. La cultura de la exposición: la transparencia de los procesos y la comunicación en público como método de evaluación social. Porque para aprender hay que enseñar y no hay más premio que el reconocimiento entre iguales. La cultura de la diversidad: la riqueza emana de la mezcla, del talento dispar, de la controversia y del enriquecimiento mutuo. Es, sin ninguna duda, en estos laboratorios ciudadanos en donde se está experimentando con las metodologías del aprender haciendo y del aprender a lo largo de la vida que necesitamos para una cultura digital en red, abierta, transparente y colaborativa. La buena noticia es que estos espacios ciudadanos existen, emergen en las ciudades y construyen puentes para la cultura digital a pie de calle. A veces bajo el impulso de las instituciones públicas, a veces bajo legitimidades públicas de nuevas instituciones.
:: COMENTARIOS :: 7::12::2011Aprender en la incertidumbre
Resumen (texto completo en PDF) En el contexto socioeconómico en el que vivimos, preguntas como para qué formarse, qué aprender, cómo hacerlo y quién debe acreditar esa experiencia necesitan de respuestas ágiles, flexibles y abiertas, a la altura de una sociedad tan incierta como dinámica que está asistiendo al desmoronamiento de los pilares sobre los que ha sostenido su modelo de educación formal. Las formas de enseñar, pero lo que es más importante, las formas de aprender y acreditar lo aprendido, requieren de nuevos valores y metodologías para formar a los profesionales en el compromiso de crear riqueza en modelos social y medioambientalmente sostenibles. Las Escuelas de Negocio tienen la responsabilidad y al mismo tiempo el privilegio de liderar este proceso de transformación de la educación superior y construir una sociedad más abierta. Aprender también es un diálogo En la primera década del 2000 hemos podido comprobar cómo se ponía fin al periodo de mayor crecimiento económico en la historia de la humanidad protagonizado por los países occidentales. Un mundo previsible, estable y regulado se soportaba en un sistema formativo que buscaba la homogeneidad, dominado por la oficialidad de las titulaciones y por un marco riguroso de competencias profesionales. Las reglas han cambiado radicalmente en pocos años. En una sociedad y en una economía crecientemente global, incierta y digital, las personas, como ciudadanos o como profesionales, demandan nuevos sistemas de aprendizaje, flexibles, permanentes y eficientes. La única seguridad que puede ofrecer la formación es la competencia que proporciona el dominio de las habilidades que permiten adaptarnos a sucesivos e imprevisibles escenarios de una carrera profesional configurada por la constante sucesión de proyectos personales. Dirigir la crisis sistémica que vivimos hacia una revolución por la libertad y democratización del aprendizaje es una oportunidad que no nos podemos permitir desaprovechar. En esta dirección las Escuelas de Negocio merecen una especial atención, ya que por su propia naturaleza son la punta de lanza de las transformaciones que se están produciendo en la sociedad. En ellas se experimenta y se prototipa con el dinamismo y velocidad propios de tener que atender a la formación de emprendedores y directivos. Ambos agentes sociales son gestores que se miden de manera inmediata y constante a las exigencias de una realidad que es veloz en su cambio e incierta en su dirección. En 1999, a las puertas del cambio de siglo, comenzó a circular por Internet el Manifiesto Cluetrain, una serie de ideas que criticaban la arrogancia de las empresas y su desdén hacia los consumidores, al mismo tiempo que apuntaban a una nueva forma de hacer negocios desde el diálogo, el contacto personal y la horizontalidad como valores propios de la Red. En el Manifiesto, que pronto se convirtió también en libro, los autores partían de una máxima que no por evidente resulta menos importante: los mercados son conversaciones. Doce años después, la web 2.0 con su proliferación de tecnologías y espacios para la interacción social desintermediada, ha provocado que lo que parecían declaraciones de intenciones en el Manifiesto Cluetrain se hayan convertido en evidencias incontestables. Hoy el futuro de las empresas pasa necesariamente por su apertura y participación en las redes sociales. Las estrategias de social media no se plantean como meros escaparates, como ventanas de oportunidad donde captar más clientes, sino como mercados en su sentido más amplio: bazares de encuentro, diálogo y relación bidireccional con los consumidores, también llamados prosumers por su condición de participantes activos. La velocidad con la que se ha producido el cambio en las motivaciones personales para el aprendizaje, en las metodologías utilizadas, en los contenidos propuestos y, sobre todo, en las autoridades que acreditan la experiencia acumulada, se acelera de manera creciente. Será en torno a estas cuatro ideas como podamos construir los elementos característicos de la trasformación que estamos viviendo en el mundo de la formación y de manera especial en ámbito de las Escuelas de Negocio, convertidas en auténticos laboratorios de valores, procedimientos y legitimidades. I. Compartir valores ¿Qué aprendemos? La crisis que explotó en 2008 y que ha colapsado la economía global apunta principalmente a la responsabilidad de las agencias financieras, a las administraciones públicas que no supieron reaccionar a tiempo para corregirla, pero también a las instituciones académicas que han formado a sus principales gestores. Este último vínculo actúa en una doble dirección. Por un lado, por su influencia como espacios de aprendizaje de determinadas técnicas y valores, pues de sus aulas salieron los principales actores de esta suerte de entramados financieros de riesgo; y por otro, por la directa relación personal de reconocidas autoridades académicas con la industria de los negocios. Las señales de decadencia del sistema comenzaron hace diez años, concretamente con la caída de Enron en 2001 como recoge el decano de McGill Henry Mintzberg en su libro «Directivos, no MBAs» (2004). Sin embargo, no ha sido hasta la crisis global de 2008 y el liderazgo de Harvard para abordar el debate desde el plano institucional, cuando se han disparado todas las alarmas y se ha tomado conciencia del tejido de responsabilidades. En paralelo a la reflexión de los decanos, otra de las críticas más significativas llegó desde el corazón de los MBAs y concretamente de un alumno de Harvard, Max Anderson, quien en 2009 hizo suya la necesidad de un compromiso por una gestión responsable y movilizó a toda la comunidad educativa para promover entre sus miembros la adhesión a un juramento hipocrático: el MBA Oath o Responsible Value Creation. Este compromiso, que ha alcanzado hasta la fecha un número de 5000 firmantes que representan a 300 instituciones, no es nuevo en las escuelas de negocio. Antes, otras como Thunderbird ya se regían por juramentos de este estilo, pero la propuesta de Harvard llegó en un momento de profunda reflexión provocando un gran efecto viral entre los alumnos de otras instituciones. Por su parte, las Escuelas también han reaccionado al debate y se están comprometiendo a cumplir con la formación en valores a través de la introducción de la ética en sus currículos y firmando los principios de iniciativas internacionales que apelan a la responsabilidad en la formación, como es el PRME Principles for Responsible Management Education impulsada por la ONU a través de su proyecto Global Compact. La crítica no ha alcanzado sólo a cuestionar el papel de las escuelas de negocio y los valores en los que ha formado a los MBAs como causa directa de la reciente crisis, sino que va más allá, hasta el punto de condenar de forma radical todo el sistema que rodea a la formación superior y minimizar su relevancia en la sociedad actual. La situación de descrédito académica e institucional por un lado y de desconfianza en la rentabilidad de los títulos por otro, ha llevado a algunos círculos empresariales a hablar de «la burbuja de la educación superior» como el próximo mercado por explotar. Uno de sus mayores detractores con cierta influencia en la opinión pública es Peter Thiel, ex fundador de Pay-Pal e inversor en Facebook. A finales de 2010, Thiel decidió financiar el proyecto 20 under 20 para ofrecer a 20 jóvenes estudiantes menores de 20 años la oportunidad de montar su propio negocio como alternativa a embarcarse en estudios universitarios. Thiel, conocido por sus aciertos predictivos de las dos burbujas previas en este siglo –la puntocom y la inmobiliaria–, argumenta su crítica al sistema basándose en el progresivo endeudamiento de los estudiantes bajo la confianza ciega socialmente compartidade la promesa de la formación superior como inversión incuestionable y como única garantía de progreso. En un entorno socioeconómico de crisis como el actual, se da la paradoja de que el mercado laboral no puede garantizar la empleabilidad de los mejores profesionales salidos de la formación superior, como tampoco la devolución de la deuda adquirida con cargo a sus puestos de trabajo. Esto era impensable hace tan solo una década, donde el porcentaje de retorno se liquidaba en los primeros años del desempeño profesional. Ahora esta situación es inviable debido al aumento de las tasas de las matrículas, al progresivo endeudamiento de los estudiantes (en diez años la deuda por cursar estudios superiores en EE.UU. se ha multiplicado por cinco y ronda ya el millón de billones) y a la imposibilidad de abandonar el préstamo una vez contratado. En las últimas décadas hemos visto cómo un mundo crecientemente liberalizado, desregulado y privatizado, en el que el protagonismo del mercado crecía de manera exponencial, demandaba a las empresas de manera urgente nuevos valores y compromisos. Valores de responsabilidad corporativa, intentado proteger los intereses de los propietarios y del capital, no siempre coincidentes con los de los gestores. La desigualdad no es sostenible y eso obliga a que la ética se incorpore como un elemento esencial de la actividad empresarial. La innovación moral se ha convertido en uno de los elementos más dinamizadores de la actividad económica, hasta el punto de que la empresa sin valores, cuando su conducta se hace pública, es duramente sancionada por el mercado. La empresa reclama su reconocimiento como principal agente en la creación de riqueza y empleo, responsable y sostenible. Prueba de ello es la integración cada vez más extendida entre sus prácticas de gestión de la Triple Cuenta de Resultados que contabiliza la rentabilidad no sólo financiera, sino también social y medioambiental. NOTA: El artículo continúa en texto completo en PDF.
:: COMENTARIOS :: 18::9::2011Personismo de portada en la fragmentación del ecosistema mediático
El criterio periodístico ha justificado históricamente la jerarquización necesaria de las noticias en ese escaparate de la actualidad que es la portada de un medio de comunicación. Cuestiones de espacio y de tiempo han sostenido una realidad fragmentada y han generado un código paralinguístico que ha servido para “leer” el mundo en un ejercicio de abstracción que extrae sentido de los vacíos de información. Instrumentos como las secciones y los titulares en la prensa, las cortinillas en el telediario o las ráfagas en la radio, han servido para recomponer el discurso mediático y reducir la complejidad que supone el atrevimiento de simplificar la realidad para decirle a ese lector objetivado qué es lo más importante que debe saber para tener una visión global de la actualidad. El desarrollo tecnológico que ha supuesto el acceso a Internet y a los dispositivos de producción multimedia (desde el ordenador personal hasta el móvil con cámaras y conexión 3G), ha facilitado la ampliación de fuentes, medios y flujos comunicativos. Ahora los lectores no necesitan acceder al discurso fragmentado de los medios de comunicación como únicas fuentes válidas para estar informados, sino que son sus pares, sus redes de confianza y otros agentes sociales quienes también les proporcionan datos de valor para tomar sus propias decisiones. Los medios de comunicación en su versión digital se han sumado a abrir nuevos canales de participación a los usuarios para que aporten información, interpretación y opinión al flujo habitual del trabajo periodístico. Pero además de ser conceptualizados como nuevas fuentes de contenidos, los usuarios también comienzan a jugar un interesante rol como “editores”, ayudando a componer nuevos modelos de portada periodística. Para observar estas tendencias nos detendremos en la comparación entre un medio nativo y un medio tradicional. En Soitu.es, cerrado a finales de 2009 por falta de financiación, se experimentaron nuevos criterios de portada en su propia home, que convivían entre sí de forma complementaria para dar más opciones de lectura al lector. Así se distinguía el flujo autoalimentado de las noticias de agencias de prensa (sin reelaboración periodística de por medio), de la portada de “lo más visto” y de la portada de historias de producción propia. (Continúa……) :: COMENTARIOS :: 11::9::2011Cómo reinventar la Educación Superior desde lo AbiertoEl último número de la Revista Telos, de cuyo Comité Científico tengo el honor de ser miembro, incluye un Dossier dedicado a la Cultura Digital con los siguientes artículos. Uno de ellos es el que he dedicado a la Educación Superior en relación con las estrategias de apertura de contenidos, tecnologías y personas desde lo digital. Más abajo incluyo el texto completo del mismo.
Cómo reinventar la educación superior desde lo abiertoLos procesos de globalización y digitalización están provocando cambios radicales en las formas de aprender y con ello también en las formas de certificar el conocimiento adquirido. En el marco de la Sociedad Red, caracterizada por un entorno de abundancia de información, de numerosas oportunidades para la interacción social y del aumento de dispositivos personales para la producción de conocimiento, se hace cada vez más difícil mantener los mismos sistemas formales de enseñanza estandarizada que fueron diseñados para un contexto sociohistórico más propio de la industrialización. La web de lectoescritura o Web 2.0 ha demostrado que para aprender ciertas habilidades y adquirir determinados conocimientos no es imprescindible desarrollar un programa formal dentro de una institución educativa. Al contrario, Internet permite consultar una valiosa cantidad de contenidos, discutir con quienes tienen más experiencia en la temática y practicar en red con otras comunidades de interés. En este sentido, movimientos como la educación expandida, el Edupunk o proyectos encarnados en organizaciones que nacen bajo nuevas legitimidades, como es la P2PUniversity, reconocen el valor de los aprendizajes no formales que emanan de procesos horizontales en ritmos de aprendizaje autogestionados en lo colectivo. Todas estas dinámicas, no solo posibles sino reales, están cuestionando el rol de las instituciones de educación superior en su papel tradicional como intermediarias privilegiadas de la formación cualificada orientada al campo profesional. Esto se agrava aún más en una situación de crisis como la actual, en la que la distancia entre la formación especializada y las oportunidades de empleo se ha convertido en un verdadero abismo. En cierta forma, este escenario nos podría llevar a concluir que las instituciones de educación superior son una víctima, por su propia irrelevancia, de las prácticas propias de ‘lo digital’. Sin embargo, lejos de colapsarse bajo su amenaza, Internet se les brinda como una oportunidad para reinventar su vínculo de pertenencia social a través de la facilitación de contextos para el libre desarrollo de experiencias de aprendizaje e investigación en red. Para abordar esta transformación es imprescindible diseñar estrategias que incorporen la cultura digital alrededor de ‘lo abierto’ como eje principal, en tres direcciones: en la producción de conocimiento, en la interacción de las personas y en la facilitación de las tecnologías. Los contenidos: abrir procesos de producción y difusión de conocimiento La cultura digital bebe directamente de las comunidades del software libre y da un valor preeminente a la transparencia de los procesos por encima de los resultados. Trasladado al ámbito educativo, esta declaración de principios trata de convertir el aula en un laboratorio abierto a la experimentación y a la innovación, permitiendo la generación de nuevas ideas y proyectos apoyados en herramientas colaborativas de discusión en abierto como son los blogs y las wikis. Las tecnologías son unas aliadas de los procesos de elaboración académica, pero requieren también de políticas activas de open data y open access para que los resultados de sus trabajos sean publicados con formatos y licencias que permitan su libre acceso y la reutilización por terceros. Con el objetivo de dar garantía jurídica a la liberación de ciertos derechos de autor, en los últimos años han surgido instrumentos flexibles como son las licencias Creative Commons, que se han convertido en el estándar más utilizado en el libre intercambio de conocimiento. Una referencia clásica de este tipo de proyectos es el OpenCourseWare iniciado por el MIT hace diez años y replicado internacionalmente en decenas de países a través de sus distintas universidades. Las personas: interacciones sociales y trabajo colaborativo en red El valor más importante de una institución de educación superior es la gestión de la experiencia de aprendizaje de las personas que intervienen en la relación formativa y que son fundamentalmente sus profesores y alumnos. Incorporar la cultura digital desde las identidades digitales de los colectivos que se desarrollan profesionalmente en las instituciones supone trasladar actividad relevante a sus espacios virtuales más naturales, tomando la Red como el nuevo ágora global de encuentro, discusión y participación en abierto. Por tanto, la única forma de comprender la cultura digital y ser agente activo de la misma es incorporar estas dinámicas dentro de los procesos de trabajo de alumnos y profesores. Capacitarles, acompañarles y visibilizarles en el desempeño de sus prácticas digitales debe de ser uno de los objetivos principales de toda escuela del siglo XXI. Esto necesita de un uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), pero sobre todo de un ejercicio colectivo de los valores que componen la cultura digital, como son compartir información en abierto, reconocer los méritos del otro respetando sus contribuciones, aportar nuevas ideas a la inteligencia colectiva, participar en proyectos colaborativos, construir identidades digitales profesionales y ejercer un derecho a la comunicación responsable. Tecnologías digitales: libres y móviles Cuando hablamos de tecnologías dentro de un proyecto de cultura digital en una institución educativa no solo nos referimos a las herramientas digitales entendidas como sistemas de información, software y hardware con los que dotarse, sino que también estamos definiendo como tecnologías aquellos recursos que condicionan de alguna forma el desarrollo de las acciones formativas entre los contenidos como objetos y las personas como sujetos. Hablamos, por tanto, de la importancia de dotarse de tecnologías libres, como son los sistemas de código abierto que permiten la autonomía y la innovación tecnológica, pero también de ampliar la mirada sobre la transformación necesaria en los diseños de los cursos, en su temporalidad, en la rigidez programática o en la arquitectura de las aulas como espacios de creatividad. EOI 2020: un proyecto de integración de cultura digital En la Escuela de Organización Industrial (EOI) nos hemos marcado los principios de la cultura digital como fundamentos del Plan Estratégico EOI 2020, que define su metodología como escuela abierta, digital y colaborativa. Así, desde 2009 se han puesto en marcha varios proyectos transversales tanto en el ámbito de los contenidos (repositorios open access en software libre, publicaciones con licencias Creative Commons, incorporación de blogs de alumnos, diseño curricular por proyectos, clases abiertas por streaming, etc.), como en la participación de sus comunidades (fomento de identidades digitales de visibilidad profesional, tablones digitales para crowdsourcing y conversaciones abiertas en redes sociales con alumni) y en la canalización de su interacción a través de tecnologías libres y móviles que rompen el aula y expanden la experiencia de aprendizaje más allá de sus límites espacio-temporales (mobile learning con tablets Android). Todo este despliegue de proyectos tiene como objetivo formar profesionales digitales que incorporen la cultura de la horizontalidad, la colaboración, la interacción, la innovación y la solidaridad en sus dinámicas de trabajo. Aprender haciendo, aprender del error, aprender durante toda la vida, aprender comunicando y aprender en comunidad son las únicas formas posibles para dar respuesta a los retos del siglo XXI. Solo con personas digitales que piensen y actúen con los valores de la cultura digital podemos construir una economía digital y, por tanto, una sociedad digital más abierta y sostenible. :: COMENTARIOS :: 23::7::2011Vídeos de Joi Ito y versión en castellano de The Power of OpenSi no pudiste venir a la presentación del libro The Power of Open (ya disponible también en castellano) que tuvo lugar el pasado 8 de julio en EOI, ya puedes ver el vídeo del acto que contó con la presencia de de Joi Ito, presidente de Creative Commons y Director del Media Lab de MIT. Versión completa del vídeo en la mediateca de EOI Joi Ito y The Power of Open en TVELa visita de Joi Ito a EOI también dejó huella en la televisión y fue protagonista de uno de los reportajes del programa Cámara Abierta de TVE que podemos ver a continuación:
:: COMENTARIOS :: 6::7::2011#thepowerofopen 10 años de CC con Joi Ito en @EOI MadridEl próximo viernes supone un hito en la historia de EOI dedicada a la construcción de una economía más abierta y sostenible (Plan 2020). Tenemos el honor de invitar a Joi Ito, Director de Media Lab del MIT y presidente de Creative Commons, para presentar la versión en español de The Power of Open, un libro que celebra una década de libre intercambio a través de licencias CC abiertas y recoge más de treinta proyectos de casos de éxito con su uso. A fecha de diciembre de 2010, se contabilizaron más de 400 millones de obras compartidas en internet con licencias Creative Commons, y probablemente haya muchas más que son difíciles de identificar. Esta cifra da la idea de la dimensión de este movimiento entre creadores y usuarios a nivel global.
Hay muchos proyectos en marcha en EOI que muestran nuestro compromiso de abrir el conocimiento, la economía y la sociedad. La apertura se manifiesta en la Misión y Visión de nuestra Escuela, a partir de los temas que enseñan (Master en Desarrollo Sostenible o el Master de la Economía Digital, por ejemplo), a la metodología que utilizamos (el pensamiento de diseño + móvil + aprendizaje + blogs de Google Apps + redes sociales), sino también para las tecnologías en las que nos apoyamos (android, wordpress, moodle, liferay, Fedora, etc) y la forma en que creamos y difundimos contenidos con licencias CC (con repositorios de acceso abierto para los libros y vídeos, muy inspirado en el espíritu del MIT, por supuesto).
Estos son los valores de la economía abierta que queremos ayudar a construir y reforzar a través de nuestra enseñanza y nuestros estudios en la Escuela de Organización Industrial.
VERSIÓN original de este post en INGLÉS en el blog OPEN. :: COMENTARIOS :: |
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