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MI ESCUELA

28::3::2013

Hoy cumplo 10 años como blogger

Hoy cumplo 10 años como blogger. La casualidad quiso que fuera el 28 de marzo de 2003, unos días después de la invasión de Irak, unos días después de descubrir que existía esta tecnología de lecto-escritura, unos días después de intuir lo que podía suponer en un futuro para mi campo: el periodismo y la educación. Eran otros tiempos, cuando los blogs eran weblogs, cuando suscribirse era sindicarse y cuando lo 2.0 no era más que un paso intermedio entre versiones.

Un día como hoy de hace una década escribí mi primer post, un “Hello world” tan ingenuo como simple, pero ya consciente de ser un mensaje en una botella en un océano digital.


Mi primer post: 28 de marzo de 2003 en http://blogs.law.harvard.edu/tiscar/

 

Fue un primer post en un blog que ya desapareció, pero que la arena devuelve como todo lo que se lleva la mar. Y aquí sigo, navegando y arribando de vez en cuando a esta isla que es el blog, sujetándome a diez años de palabras y sentimientos, reencontrándome con quienes nadáis hasta esta orilla con la botella bajo el brazo.

Gracias. Este viaje no sería posible sin vuestra brújula y compañía.

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28::11::2012

Periodistas emprendedores

Actualización 6-12-2012: Vídeo del encuentro.

Que el periodismo está en crisis no es nuevo. Llevamos años hablando de ello. Crisis de credibilidad, de calidad, de independencia, de proximidad, etc. Lo que sí es nuevo es la aceleración del impacto de la crisis económica en el oficio: destrucción de empleos, bajada drástica de publicidad, caída en las ventas, etc. De hecho, el periodismo es una de las profesiones más afectadas por la crisis. No hay más que asomarse a portales como los de la FAPE para observar el diario de una crónica negra.

Que llevamos años hablando de cómo reinventar los medios, de cómo integrar el papel del periodismo ciudadano, de si Internet es una amenaza o una oportunidad, etc. tampoco es nuevo. Lo que está claro es que la estructura económica que sostiene al periodismo que hemos conocido no volverá cuando el déficit se recupere o, en otras palabras, ya no será el único modelo o el modelo estándar. Lo que no sabemos es cuáles serán los modelos que hagan el ecosistema mediático profesional más complejo. Al menos estas conclusiones, o no conclusiones, son las que se recogieron de la mesa de trabajo sobre los Retos del Periodismo Ambiental organizado por APIA que tuvo lugar el lunes pasado en CONAMA, el Congreso Nacional de Medio Ambiente (aquí mis notas breves sin editar en evernote).

Aunque siempre existió el periodista freelance, tradicionalmente el “periodista” se ha definido por su socialización profesional, por trabajar en un medio, por SER DE un determinado medio. Un periodista sin cabecera era un periodista homeless, sin hogar donde publicar, sin lugar donde hacer llegar su producto periodístico al público. Acceder a los medios de producción era prácticamente imposible por su coste económico y en algunos casos de licencia. Tener una imprenta, una radio o una televisión no era una opción factible. Pero Internet lo cambió todo. Hablar hoy del periodista como emprendedor adquiere nuevas dimensiones y abre la posibilidad a pensar en nuevas formas de hacer periodismo fuera de los medios tradicionales. El periodismo de datos bajo el patrocinio de una organización non profit, el crowdfunding para un proyecto periodístico o la creación de una web de noticias especializadas con modelos de proximidad con los lectores son son algunos ejemplos. De ello saben bien tanto Marcos García Rey como Patricia Fernández de Lis o Pau Llop, tres periodistas con experiencia en Medios que están emprendiendo proyectos autónomos como alternativa al modelo tradicional. Esta tarde tendremos ocasión de conocer sus propuestas para abrir nuevos campos a la visión del periodista en este nuevo entorno digital. La entrada es gratuita y tendrá lugar en el Pabellón 10 de Feria de Madrid dentro del Espacio GreenJobs de EOI-CONAMA. Habrá streaming para quien no pueda asistir en el canal a.eoi.es/eoilive.

 

Taller de Periodistas Emprendedores: ‘’Reinventando el periodismo ambiental’’ (Green Jobs EOI – CONAMA)

Patricia Fernández de Lis,
Patricia Fernández de Lis cuenta con más de 15 años de experiencia como periodista de economía, ciencia y tecnología.Trabajó durante más de 10 años como redactora de EL PAÍS, en temas relacionados con las nuevas tecnologías e Internet. En 2007, se incorporó al equipo fundador del diario ‘Público’ como redactora jefe de la sección de Ciencias que, con 7 redactores y 3 o 4 páginas diarias, era una de las más extensas de la prensa europea. El diario ‘Público’ recibió el Premio Prisma 2010 Especial del Jurado de la Casa das Ciencias de A Coruña, el galardón más prestigioso en la divulgación de la ciencia en España. Desde el 3 de julio de 2012, dirige la web de noticias MATERIA (http://esmateria.com), que pretende convertirse en la referencia en la información de ciencia, tecnología, salud y medio ambiente en español.
Marcos García Rey,
Periodista de investigación y miembro del International Consortium of Investigative Journalists (ICIJ) de Washington DC.Trabajó en la Agencia EFE desde 2000 hasta 2006, además de haber colaborado regularmente en medios españoles e internacionales. Sus trabajos han sido publicados en medios como La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, El País, Le Monde, The Sunday Times, BBC o The Huffington Post. Es coautor de los libros de ensayo El 11-M en la prensa árabe y de Vidas rotas.
Pau Llop,
Periodista emprendedor. En enero de 2007 cofundó Bottup.com, el primer periódico ciudadano de España. Más tarde, emprendió un nuevo proyecto con Comunicación Horizontal y Nuevos Medios SL (Nxtmdia.com), empresa de consultoría en comunicación y nuevos medios sociales. Desde noviembre de 2009 Pau Llop es uno de los 18 Fellows de Ashoka en España (+2.000 en todo el mundo) como emprendedor social. A lo largo de 2012 desarrolló unaexperiencia de crowdfunding para el proyecto Fixmedia en Goteo. Su objetivo profesional a largo plazo es desarrollar estrategias que aporten valor a la información a través de la interacción social y aportar mi granito de arena al desarrollo de nuevos mercados para los contenidos digitales, el periodismo independiente y la comunicación social non-profit.

 

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23::9::2012

#TEDxMadridSalon sobre educación y tecnología

TEDxSalonMadridEl miércoles moderaré TEDxMadridSalon, un debate TED sobre educación y tecnología en La Casa Encendida, un lugar que me es muy cercano no solo porque vivo al lado y son muchos los artículos que he escrito allí en fin de semana, sino porque fue el primer lugar donde me senté al otro lado de la mesa, concretamente en un evento sobre autoridad y blogs que cambió la vida de muchos de los que participamos.

El formato me parece muy interesante pues, a diferencia de los TED clásicos con ponencias  sin participación del público, el TEDxSalon está pensado precisamente para que los protagonistas sean los asistentes. Se parte de algunos vídeos del extenso archivo de TED para que sirvan a modo de introducción y catalizador de ideas, pero lo importante es dar paso al público y repensar los problemas que se plantean entre todos.

Son muchos los investigadores que apuntan a la Educación como la nueva revolución social. Según ellos, si antes la tecnología y las redes desafiaron las formas de hacer en la música, la economía, el periodismo y la política, ahora es su momento.

El principal denominador común que une a todos ellos, a mi juicio, es la crisis de la intermediación en un entorno de sobreabudancia de información. En el ámbito de la Educación esto se traduce en una revisión del sistema educativo en su conjunto. Si los contenidos son más accesibles (OER abundantes y abiertos, institucionales y amateurs), si la interacción social no se limita al grupo físico (redes digitales, comunidades de práctica, etc.) y si la tecnología permite el everytime everywhere everybody (tablets, MOOCs, etc.), ¿entonces cuál es el papel del profesor, los libros de texto o la certificación escolar? ¿Qué cambiar? ¿Qué mejorar?

Viendo las dos imágenes siguientes, el riesgo que corremos es aquello del cambiar para que nada cambie, por eso lo importante es preguntarse por la esencia, ¿qué educación queremos y cómo ayudarnos de la tecnología para ello?

Escuela

Una escuela holandesa de 1946

Educative Innovéision del profesor Potachov

Estas son solo algunas de las preguntas que nos rondarán el miércoles en el TEDxMadridSalon. Habrá más, tantas como inquieten a los participantes. Os espero por allí a los inscritos y al resto aquí como siempre, en nuestra particular sala de estar (y ser).

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5::6::2012

Ser profesor hoy: emprendedores del aprendizaje digital #iTIC12

Es importante recordar que todos sabemos algo y nadie lo sabe todo. Si exploramos las formas de poner en común los distintos saberes, alumnos y profesores trazaremos juntos los caminos de nuestro particular y colectivo peregrinaje digital.

Así comenzaba mi participación ayer en las Jornadas #iTIC12 de integración de las TIC en la Educación. En realidad es una compilación de ideas que llevo modelando en estos años. Ideas en voz alta sobre los nativos/inmigrantes, sobre los peregrinos digitales, sobre los profesores intraemprendedores, sobre el aprendizaje abierto, sobre la red como ecosistema, sobre todas esas reflexiones de ida y vuelta…

El texto, desgranado en tantos posts de ayer y de hoy en este blog. El vídeo, pronto en la web de las Jornadas. La presentación, aquí compilada:

Y… lo más importante de todo esto: los apuntes a modo de espejo en las notas que una profe, Amparo Toral, iba dibujando en su iPad y tuvo la generosidad de ir tuiteando. Una remezcla en directo que me recordó a aquella del peregrino digital de Isidro o la otra con los superpoderes INprendedores de César. Son todo un regalo. Gracias Amparo, Isidro, César. Me siento muy afortunada.

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6::5::2012

Comunicar la innovación en redes #com_innovacion

Actualización 1-junio-2012: Todos los vídeos de la Jornada están ya disponibles en su canal de YouTube: http://www.youtube.com/comunicaInnovacion

Mañana investigadores, empresas, científicos, emprendedores, administración y periodistas se dan cita en las Jornadas Comunicar la Innovación con el objetivo de explorar el potencial de la ciencia como motor de innovación y competitividad.

En el programa me han encomendado el cierre abordando el nuevo papel de las redes sociales para comunicar la innovación. Como el tiempo será muy reducido, y como prefiero abrir que cerrar, inicio ya el debate con estos breves apuntes sobre el tema:

Comunicar la innovación. El nuevo papel de las redes sociales.

o cómo COMPrender que COMPetitividad tiene que ver más con COMPartir que con COMPetencia/COMpetir

 

 1. Innovación abierta. Apertura de procesos para involucrar a todos los agentes en su diseño y evolución.

 2. Comunicación directa. Difusión de conocimiento en diálogo con la sociedad.

 3. Marketing personalizado. Canales para llegar a públicos específicos de interés: socios, inversores, prensa, sociedad en general.

 4. Testeo constante. Una forma de probar ideas, modificarlas y aprender de su interacción con otras.

 5. Colaboración potencial. Un medio para atraer talento y captar colaboradores potenciales.

 6. Comunidad de valor. Un entorno donde crear y mantener grupos de interés alrededor del proyecto, producto o servicio innovador.

 7. Globalización distribuida. Un mercado universal más allá de fronteras de espacio y tiempo.

 8. Open science. Participar de una cultura de producir ciencia e innovación de una forma abierta abierta y transparente.

El propio evento es un ejemplo de comunicación digital, con diversos canales de participación en redes (twitterfacebookyoutube) tanto para su seguimiento previo, en directo y  posterior dinamización más allá de la jornada presencial (#com_innovacion).

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3::5::2012

Formar a los que forman: alfabetizar a los que alfabetizan

El CEP de Córdoba ha publicado un monográfico dedicado a la formación de profesorado, entre cuyos artículos se encuentra el siguiente texto que escribí para su Revista. El título se inspira en la conferencia en que conocí a José Luis Molinuevo en un congreso hace unos años: “Alfabetizar a los que alfabetizan”.

Formar a los que forman. Cómo alfabetizar a los que alfabetizan en un mundo digital

Inmigrantes digitales bajo el complejo de Prensky

Mucho ha llovido desde que Mark Prensky acuñara la dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales. En aquel momento, los profesores encontraron un lugar en el territorio digital y se situaron al otro lado de la frontera, en la cola de los viajeros que querían pasar a la tierra prometida y ser capaces de dominar el lenguaje de los nativos, aborígenes de una nueva raza milagrosa que parecían dominar aquellas tierras ricas en ceros y unos, en cables y en pantallas, dotados de nuevas habilidades y prótesis.

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Fue entonces cuando los profesores se autoconcibieron como ciudadanos virtuales de segunda, como inmigrantes analógicos que querían llegar algún día a tener un pasaporte digital que les permitiera disimular su acento, sus ropas y sus gestos venidos de otras tierras. Unos empezaron a mirar a los nativos con admiración, otros con resignación y otros con complejo de inferioridad. Para muchos de ellos, los nativos eran seres mágicos que con solo entrar en contacto con la tecnología adquirían unas propiedades sobrenaturales que les llevaban a producir fascinantes imágenes, textos y comunicaciones de una manera casi mística. Ellos por el contrario se esforzaban por superar las barreras idiomáticas, por aprenderse los manuales de todos aquellos sistemas desconocidos, por estudiar de noche para intentar disimular de día frente a sus nativos coetáneos, por pelear frente a antivirus que saltaban con mensajes amenazantes, ratones que se rebelaban al movimiento de sus muñecas y archivos que desaparecían misteriosamente de sus carpetas.

Este binomio nativos-inmigrantes para definir las tensiones entre los hablantes socializados de una lengua y los aprendices de la misma ha sido muy útil durante un tiempo para abordar el problema suscitado de la alfabetización digital, especialmente para el cuerpo de profesores que vieron en esta oposición de naturaleza territorial y cronológica (nacer es un acto involuntario y natural, mientras que ser inmigrante es un acto voluntario y artificial) una explicación a su incompetencia frente a sus alumnos. Sin embargo, si bien esta forma de nombrar el mundo ha sido muy práctica, y prueba de ello es su amplia extensión, también es muy delicada por cuanto como metáfora arroja luz y sombra, mitificación y complejo, sobre nativos e inmigrantes respectivamente. Este estigma ha hecho mella en algunos profesores hasta el punto de autoconcebirse como “analfabetos digitales”, una imagen personal que daña la autoestima y la motivación y que, además, resulta completamente falsa al comprender tan solo la habilidad tecnológica e ignorar las dimensiones comunicativas y sociales de las competencias digitales que sí pueden aportar los profesores.

Por tanto, ni los alumnos son nativos competentes digitales por gracia de su fecha de nacimiento ni los profesores son inmigrantes analfabetos por el mismo motivo. Es cierto que hay ciertas habilidades que le son más fáciles a los más jóvenes, como puede ser la aproximación intuitiva a la tecnología, pero también es cierto que hay otras cuestiones que no son innatas y requieren de un cierto esfuerzo para su aprendizaje, como es la capacidad de tener un criterio propio para evaluar la credibilidad de la información, la sensibilidad por proteger la privacidad y la preocupación por utilizar convenientemente los contenidos digitales. Estos tres aprendizajes requieren de una madurez cognitiva que conviene ejercitar en el aula expresamente a través de la experiencia profesional de los profesores.

Peregrinos digitales, emprendedores del aprendizaje

Si continuamos con el juego de Internet como territorio y el atrevimiento de las metáforas, en lugar de pensar en los profesores como inmigrantes y los alumnos como nativos, podríamos más bien visualizarles como peregrinos digitales, en un estado siempre dinámico, motivado y en marcha. Peregrinos porque emprenden el camino por propia voluntad, desde su propio punto de inicio, en cualquier momento y en cualquier lugar de su vida, una o varias veces, sin prisa pero sin pausa, con una motivación clara sobre el porqué del camino aunque no conozcan perfectamente la ruta, pero con la convicción de que lo importante es el aprendizaje sobre uno mismo y sobre el entorno, como una vía de crecimiento personal, en la que nadie puede hacer el viaje por nosotros porque cada uno debe hacer el suyo, pero tambien con la confianza de no estar solo, de encontrar a otros peregrinos por el camino con quienes compartir la experiencia e intercambiar conocimientos.

Este camino no se transita única y exclusivamente en los cursos de formación de profesorado que proveen las instituciones educativas. Se despliegan en otros albergues virtuales, que son las redes sociales y las comunidades de práctica profesionales. Internet está repleto de oportunidades para aprender de manera informal contenidos y prácticas de alto valor. Para adentrarse en este viaje digital es fundamental ser proactivos en su emprendimiento, ser generosos en compartir conocimiento y traer de la mano a otros profesores para integrarles en la comunidad de aprendices.

Estos profesores ya existen, son peregrinos digitales en constante camino, que no solo avanzan para hacer muescas en el sendero, sino que vuelven sobre sus pasos, documentan sus mapas y recogen a los nuevos peregrinos que inician su aventura.

Son también llamados INprendedores, profesores que no dejan de aprender y emprender, que destinan su tiempo de ocio a disfrutar probando nuevas técnicas y herramientas digitales para después compartirlo con sus alumnos, sus colegas y la Red en general.

Entonces, ¿cómo formar a los que forman?

Lo que no parece discutible a estas alturas, por su presencia social pero también por su traslación normativa, es la importancia y necesidad de incorporar este conocimiento, uso y aplicación de manera transversal en todos los currículos educativos. Sin embargo, también parece obvio que durante este tiempo la aproximación de los profesores al trabajo con las TIC ha sido desigual, con mayor o menos intensidad según los casos.

En términos generales, podríamos decir que el enfoque predominante en todos los planes de formación de profesorado ha sido el de enseñar las TIC como un fin en sí mismas desde un enfoque fundamentalmente tecnológico, determinista y conductista, y no tanto como un medio de comunicación, colaboración y participación social. Esto se ha puesto de manifiesto en el propio título de los cursos, que solían nombrarse como tal o cual aplicación, y en la rígida didáctica de los mismos: un manual, un recorrido por el menú, una misma práctica y un mismo resultado. Todo de una manera muy atomizada y desestructurada. Pero también y en gran medida, desconectadas del currículo, sin capacidad de aplicabilidad directa y en algunos casos, incluso inaccesibles por ser programas bajo licencia propietaria que no tienen cabida en el presupuesto de un colegio medio (como es el caso de “Photoshop” por ejemplo).

Afortunadamente en los últimos años el desarrollo de las aplicaciones de código abierto provenientes del software libre y las aplicaciones en la nube propias de la web 2.0, sencillas y gratuitas (blogs, wikis, google apps, etc.), han permitido bajar el nivel de complejidad de las “herramientas” que protagonizaban esta clase de cursos y adaptarlas a la realidad del aula. A esto se añade el hecho de que cada vez tenga más peso la propia dotación tecnológica que entra en el aula a través de los bolsillos de los alumnos. Así como hace unos años la dificultad era principalmente de acceso a los dispositivos (“tener un ordenador personal”), hoy la dificultad está en su uso eficaz y aplicado.  Si bien esto genera cierta tensión en el profesorado que se ve incapaz de controlar este influjo, conviene que, más que censores, se conviertan en árbitros con especial capacidad para gestionar estos nuevos ecosistemas de producción multimedia en beneficio de la colaboración y el aprendizaje curricular.

Algunas claves para la formación del profesorado

Mapas digitales

Organizar un mapa de aplicaciones en función de su uso y función comunicativa. En demasiadas ocasiones se organizan cursos de manera fragmentada sin que sea fácil para el profesor identificar cuál es la relación de esos contenidos con otros que haya podido asimilar anteriormente, así como conceptualizar cómo puede continuar su itinenario formativo en un futuro próximo. Esto le facilitará ubicar aquellas nuevas técnicas o herramientas que vaya experimentando dentro de una visión global sobre el universo de Internet y de la tecnología digital.

Aplicaciones accesibles y aplicadas

Utilizar aplicaciones y tecnologías que sean accesibles para el profesorado, esto es, que estén disponibles dentro de su ámbito de trabajo, bien porque sean de código abierto (en casos de instalación convendrá que haya soporte TIC en su centro) o porque sean aplicaciones gratuitas de la web 2.0 que no precisen de servidores propios. Por otro lado, también es importante que las herramientas sean de fácil y rápida aplicabilidad en su tarea como docente en el aula, de modo que se puedan trasladar al aula al día siguiente del curso.

Trabajo por proyectos colaborativos

Diseñar las actividades formativas de tal forma que los profesores puedan aprender el uso de la tecnología de una forma transversal a lo largo del desarrollo de proyectos concretos y en lo posible, en grupo, de modo que también se adquieran habilidades de trabajo colaborativo e interdisciplinar. En este sentido, se trata de evitar aquellas actividades que se planteen como una mera repetición de pautas guiadas en un manual. Este tipo de tareas, centradas puramente en la ejercitación de unas destrezas, resultan repetitivas y desmotivadoras. Por el contrario, proponer a los profesores la posibilidad de configurar sus propios proyectos dentro de sus materias hace que integren las tecnologías como medios y no como fines, favorecen su transferencia al aula y motivan la cooperación entre áreas disciplinares.

Prácticas críticas y creativas

La formación en TIC no tiene por qué ser aburrida y desaprovechar el potencial multimedia y comunicativo que contienen este tipo de tecnologías. Al contrario, es perfectamente compatible diseñar actividades en las que los profesores puedan abordar el uso de las TIC al mismo tiempo que desarrollan prácticas creativas y críticas. Este tipo de dinámicas permiten integrar algunas claves de la cultura digital, como es la remezcla de documentos multimedia, la autoproducción de contenidos y la difusión viral de los mismos en las redes sociales.

Documentar los procesos

Una buena forma de aprender y de volver sobre lo aprendido es practicar el hábito de documentar los procesos de adquisición de conocimientos. Esto facilita la creación de tutoriales, portafolios y guías que ayudan a reflexionar sobre la propia manera de aprender, pero también a quienes pueden encontrar una fuente de información en ello cuando esto se comparte en la Red.

Compartir la práctica en la Red

Compartir en la Red los procesos y resultados de un proyecto de aprendizaje con tecnologías digitales es una buena práctica para corregir y depurar el propio trabajo destinado a ser publicado, así como para reforzar la autoestima personal a través de la construcción de una identidad digital profesional, pues el reconocimiento de los iguales ayuda a seguir mejorando en esta aventura de ser profesor-aprendiz.

Lógica Tetris

Tomar una actitud frente al aprendizaje TIC al estilo del juego Tetris, de tal manera que se pueda aliviar el estrés habitual que genera el no comprender cada uno de sus elementos, con la paciencia suficiente para seguir adelante y confiar en que en una siguiente etapa se relacionarán unos conceptos y otros rellenando lagunas previas. Cuando aprendemos el uso de una aplicación o el funcionamiento de un dispositivo, hay muchas cosas que no manejamos o entendemos en su totalidad, pero son dudas que conviene dejar reposar y esperar a su momento de solidificación, cuando nuevas ideas se incorporen y aporten coherencia interna. No hay que saberlo todo, ni dominarlo todo para avanzar. Porque es imposible, además, ya que nadie es capaz de definir ese “todo”. Sin embargo, sí podemos ir componiendo nuestro puzzle particular fijando las fichas del entorno personal de aprendizaje que se va construyendo de forma dinámica.

Lógica de móvil

A lo largo de una misma generación hemos pasado de la lavadora con los mismos botones que funciones a un mundo en el que un mismo botón sirve para multitud de funciones. Es lo que llamamos lógica de móvil, de aproximación a la tecnología a través de sus metáforas de navegación. Los dispositivos móviles, como tabletas o smartphones, nos demuestran cómo un diseño de interfaz y una búsqueda activa de funciones se dan la mano para integrar multitud de accesos y rutas posibles en un mínimo espacio. Interesa, por tanto, hacer el esfuerzo de enfrentarse a la tecnología desde la intuición, descubriendo la lógica de navegación, y no desde el manual de instrucciones.

Se hace camino al andar

Para la mayoría de los profesores Internet es una NUEVA tecnología pero para la mayor parte de sus alumnos es LA tecnología. Aunque parece que fue ayer, lleva más de quince años con nosotros, cumpliendo esa edad mágica que parece marcar el paso de la adolescencia a la madurez en la mayor parte de culturas.

Las TIC, la Red, los dispositivos móviles, las aplicaciones, las nuevas tecnologías, todo en su conjunto, es una realidad ineludible de nuestro tiempo. Ciertamente hay que reconocer el estrés que supone por primera vez en la Historia la responsabilidad de enseñar sobre algo que no se ha aprendido previamente en un contexto formal. Sin embargo, el profesor no debe angustiarse por “aprenderlas” como un fin en sí mismas, sino de “aprehenderlas” y de incorporarlas como un medio de especial potencial para “aprender” en cualquier momento y en cualquier lugar, con otras personas y en otros contextos sociales. Para ello es conveniente partir de una autoconcepción como aprendices, desprenderse de complejos de inmigrantes digitales y aproximarse a la tecnología desde una actitud proactiva, procurando en lo posible aprender como queremos que aprendan nuestros alumnos, motivando las prácticas colaborativas, críticas y creativas.

Es importante recordar que todos sabemos algo y nadie lo sabe todo. Si exploramos las formas de poner en común los distintos saberes, alumnos y profesores trazaremos juntos los caminos de nuestro particular y colectivo peregrinaje digital.

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4::4::2012

La soledad digital en tiempos de twitter

¿Qué pasaría si un día dejáramos de escribir en Twitter? ¿Cuánto tardarían nuestros seguidores en darse cuenta? Difícil de cuantificar en un espacio tan barroco, deudor del horror vacui, donde no hay silencios y donde todo es un flujo constante. Como experimento, el otro día tuve el impulso de preguntarme/lo en Twitter y unas cuantas personas respondieron al llamado. La mayor parte fueron de afecto y compañía, para que no me sintiera sola u olvidada, que no sé qué es peor. Pero hubo quien me ofrecía escoger entre la verdad o la mentira piadosa :)

Me recordó a aquel post cinco años antes sobre la soledad del blog sin comentarios. Hoy ya no sufro por su ausencia aquí. He asumido que el salón ya no está en el blog, sino que la conversación se derrama por otros recovecos digitales, en twitter, en facebook, en google+… (digo que no sufro, pero reconozco que los añoro y por eso he instalado el plugin de Twitter Mentions as Comments para intentar coserlos con hilo de pescar).

El otro día una de las divas de la pantalla, y no hablamos precisamente de Lady Gaga sino de Sherry Turkle, abocaba por la desconexión tecnológica como forma de reconexión social.  En el mismo periódico otro reportaje nos hablaba de “los insumisos de las redes sociales”, personas que de forma voluntaria deciden “no existir” en esos espacios para así controlar su identidad digital. Por su parte, David Silver lleva varios cursos practicando con sus alumnos el “Logg off before you log on”, experiencias colectivas en contacto con la naturaleza que se experimentan unplugged para ser después documentadas online.

¿De verdad nos sentimos más solos cuanto más conectados? ¿Nos conectamos para paliar la soledad? ¿No sabemos disfrutar de la soledad por estar conectados? ¿De qué soledad estamos hablando? ¿De la impuesta o la deseada? Ayer moría una de las personas que mejor ha dibujado la que es sinónimo de tristeza existencial en un libro tan tierno como es Un hombre solo.

Son viejas preguntas que van ocupando nuevos entornos tecnológicos. Si bien todos los excesos son problemáticos, sigo considerando que la capacidad de interacción social que Internet nos ofrece es una enorme oportunidad para desarrollarnos como personas. También que la sociabilidad analógica intensifica la digital y viceversa. Que cuanto más afecto generamos en lo virtual más necesidad tenemos de complementarlo en lo físico. Que conexión y desconexión no son términos opuestos, sino opciones a tomar según el momento. Que se puede tener más confianza con quien no has visto nunca que con tu vecino de planta. Que uno puede tener mil identidades digitales y el otro estar cómodo en el correo electrónico. Que se puede cruzar un saludo en un chat y seguir doce años después despertando a su lado.

Porque lo más interesante de todo esto es que al otro lado de la pantalla, o en la pantalla misma, están las personas. Y esas personas somos nosotros.

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Cómo comunicar en soporte digital

Texto de apoyo de la conferencia “Cómo comunicar en soporte digital” [vídeo] en la sesión web de Gencat en marzo de 2012.

Un título genérico se presta a ser abordado desde muy distintas perspectivas. Hace unos días tuve la enorme responsabilidad de embarcarme en la 27 #sessionweb de Gencat, un ciclo que se ha convertido en una referencia de los eventos sobre internet desde hace siete años. Su ubicación en el departamento de estudios de la Consejería de Justicia habla también de su carácter excepcional y del grupo de profesionales de la administración pública que han impulsado este tipo de jornadas, en un principio de formación interna y desde hace un tiempo abiertas al público.

Me encontré ante un aforo de unas 300 personas. Decir algo nuevo sobre comunicación digital es tan atrevido como imposible. Todos somos juez y parte de esta nueva dimensión social que es internet y de sus culturas comunicativas. Todos tenemos experiencia, sentimientos, preocupaciones, dudas y certezas alrededor de este tema. Este post no es un repertorio de redes sociales, ni un manual de SEM-SEO, ni un catálogo de tecnologías futuristas. Es un recorrido discursivo sobre el cambio de paradigma de la comunicación de masas a la comunicación de las personas en el soporte digital, en el mundo digital, en el mundo actual.

Este viaje se estructura en torno a tres ideas, tres conceptos que nos ayudarán a pensar estos cambios: el remix o remezcla, el DIY o amateur y la viralidad o difusión-red. O lo que es lo mismo, en términos de teoría clásica de la comunicación: observar qué está pasando con el mensaje-producto, qué ocurre con el emisor-receptor y qué sucede con los canales-códigos-medios.

A estas alturas, después de ver cómo los medios de comunicación tradicionales no solo han perdido el monopolio de la comunicación masiva, sino que han tenido que ceder espacio en sus propios discursos mediáticos a la interacción con otros contenidos de aportación ciudadana, cabe plantearse cómo se están construyendo las nuevas portadas informativas, cuáles son los nuevos criterios de relevancia y qué es lo más importante para la sociedad. Contraponer la portada de un diario digital con la sección de “lo más enviado” o “lo más visto” da una información tan interesante como inquietante, por cuanto nos está diciendo qué ha sido lo importante/relevante para los usuarios. No siempre nos gustará lo que veamos. ¿Hasta qué punto dejarse influir por esos datos en tiempo real o mantenerse al margen apostando por una portada editorial? Pero no todo sucede en el contexto de los medios, hay nuevos actores que también se están convirtiendo en medio y tienen un gran poder para redirigir nuestra mirada sobre lo que consideran más relevante. Uno de ellos, por poner un ejemplo, es google y sus famosos dibujos, esa portada “naive” que no deja de ser la primera noticia del día para muchos navegantes.

El llamado periodismo ciudadano ha demostrado cómo se han ensanchado las posibilidades de aportación de información por parte del público. La arrogancia de los medios, la pérdida de credibilidad por su aproximación a los poderes políticos o económicos y la pérdida de calidad profesional, unido a la evolución de Internet ha herido de gravedad al periodismo. La historia de la prensa de los últimos diez años está llena de casos en los que la Red ha desafiado a los medios demostrando su propia ineptitud. Aún se conserva la coletilla de “videoaficionados” en los telediarios para distinguir el material profesional del amateur, pero lo cierto es que este tipo de remezclas o fusiones de piezas informativas van en aumento por su propia accesibilidad. Ya parece superado el viejo dilema de “periodismo profesional” frente a “periodismo ciudadano”, pero durante un tiempo fue recurrente encontrar foros y mesas de debates sobre la polémica de si eran “son los blogs periodismo?”. De igual forma, ahora podríamos seguir con ese estúpido mantra y cuestionarnos aquello de “¿es twitter o facebook periodismo?”. Obviamente la pregunta es errónea en sus términos, por cuanto confunde medio con función comunicativa.

Lo que sucede es que desde un punto de vista conceptual de dibujo del modelo comunicativo de masas, hemos pasado del esquema clásico, unidireccional, vertical y simplificado (emisor-medio-mensaje-código-canal-receptor) a uno mucho más complejo, dinámico y circular, donde los roles mutan y se solapan constantemente (emisores-receptores / mensajes-medios-canales-códigos).

Pirámide alimenticia: de la diversidad al empacho 

Esos “daily-me” que soñara Negroponte en los inicios de Internet es una realidad tangible. Es la dieta informativa a medida, seleccionada directamente por el usuario, que se suscribe a lo que decide que son sus fuentes de interés y cuya intensidad ecualiza según le convenga. Es una liberación de las capacidades del “ya no lector, receptor, televidente, radioyente, etc.” sino más bien “producer, prosumer, emerec” que interviene directamente en el diseño de su ecosistema de proximidad. Pero también es, como apuntó una persona en el público, un riesgo de empobrecimiento en la dieta nutritiva. Si volvemos al símil culinario, comer a la carta si siempre tenemos la misma carta, puede producir una infra-alimentación si esto supone cortar las posibilidades de acceso a otras oportunidades, a otros menús, a otras ofertas gastronómicas.

Matar al mensajero
No cabe duda de que el mundo era más sencillo antes, cuando los flujos de comunicación pública estaban más controlados e identificados por finitos, cuando distinguíamos con más facilidad qué era comunicación pública de privada, información de publicidad, profesionales de aficionados, etc. Ahora todo se torna mucho más complejo. A más fuentes de información, más oportunidades, pero también más responsabilidad de convivir y manejar esos frentes multiplicados, de distinguir el ruido del valor, el dato de la opinión, el anuncio del titular. Una responsabilidad que compartimos con los círculos de confianza, donde mezclamos los institucionales (si ofrecen algo más que el modelo lineal clásico de medios, empresas y gobiernos) con los personales u no oficiales, que se hacen un hueco en el espectro por mérito propio.

Con lo 2.0 matamos al mensajero, pero una vez muerto nos damos cuenta de que necesitamos mensajeros, filtros, criterios,… y se inventan, desde abajo, en nuevas relaciones de confianza. El mensajero resucitado puede ser nuestro vecino, físico o virtual, nuestro contacto en FB, nuestra lista en TW.

No es tanto una desintermediación sino una renegociación sobre nuevos intermediarios

Una forma de evitarlo y que cada vez está cobrando más importancia, es la figura de comisariado de contenidos, una función de producción en sí misma, donde lo relevante no es el producto nuevo o original (qué se comunica de propio y exclusivo) sino de combinación, remezcla y recomendación de aquello que se considera relevante para su comunidad (lo original no está en el producto, sino en el metaproducto nuevo que se genera al descubrir y reinterpretar lo ya producido). Somos lo que citamos. Somos pantalla.

En realidad, nada nuevo. Criterio, filtro, prescripción, selección y organización de la información es lo que, entre otras cosas, ha sido tradicionalmente parte de la función del periodismo. No desaparecen por tanto esas funciones, esas necesidades, sino que se suman nuevos actores, medios, canales, técnicas, etc. que no son precisamente “profesionales” ni realizadas por “profesionales” pero marcadas por esas claves de las que venimos hablando: remix, diy, viral.

Quién comunica en soporte digital

Todos, porque podemos y porque queremos. Porque tenemos tecnología de bolsillo que captura, produce y elabora, y conectividad para publicarla inmediatamente. Si la web 2.0 es algo… es comunicación social en su máxima esencia. Comunicación de masas, para masas o por masas, de uno a muchos, de muchos a uno, más o menos profesional, más o menos personal, etc. según el objetivo, el canal, el medio, el mensaje…

La tecnología de comunicación amateur y la conectividad convierten a cualquier persona en un nodo en la red, en un punto de información ubicua, amateur, personal y directa, sin necesidad de que haya filtros o intermediarios. Es la pulsión del hazlo tú mismo, del amateur, del explorador. Si en el mundo analógico la comunicación pública era algo relegado a las empresas o las instituciones, mientras la comunicación personal se recluía en los entornos domésticos y privados, en el mundo digital la comunicación pública sale al escenario abierto y compite en la economía de la atención con múltiples voces, múltiples medios, a un clic de distancia, luchando por hacer oír su voz en un entorno coral, a veces cacofónico.

Comunico, luego existo

Sentimos una necesidad muy humana y trascendente de decir, de dejar una impronta de quiénes somos, de ser y estar en la red, de dejar huella de nuestro paso por la vida, que es vida digital. La metafoto en el baile de la toma de posesión de Obama simboliza este nuevo paradigma de lo que significa vivir al otro lado de la pantalla, que conviene no confundir con “ver la vida desde el otro lado de la pantalla” porque esta tecnología no es tanto una barrera separadora como una prótesis orgánica de nuestro ser digital. Tomar esta foto no tiene un significado informativo, el valor no está en atesorar el registro de esa imagen en el móvil, el valor está en poder mostrar y demostrar que se está allí viviendo ese momento único y efímero.

Frente al Síndrome de Diógenes Digital está el de levedad digital. Cuanto más registramos y archivamos, más conscientes somos de que tenemos que enfrentarnos al hecho de vivir en el flujo, de ser flujo, de renunciar a esos bytes, de ser RAM y no ROM en términos del recordado José Luis Brea . Fluido y flujo. Liquidez que diría Bauman. Necesitamos asirnos a algo y ese algo es esa identidad digital, dinámica, pero constante y en su coherencia, hasta sólida, que vamos construyendo en nuestra vida digital, en esa huella etérea y al mismo tiempo robusta que pasa cuando no pasa nada. Como la vida misma.

Esta foto de Obama me recuerda mucho al género de la postal de viajes, la postal que enviábamos desde el lugar de destino para fijar nuestra coordenada vital allí, para fijar tiempo y espacio, para decir estoy aquí y ahora, para mostrar y demostrar que eso es cierto con tecnologías documentales y acreditadoras, en este caso la postal. El valor informativo del mensaje escrito era mínimo, pues a quien se envía ya sabe que estamos allí y cuando llegue a destino probablemente ya hayamos vuelto. Pero lo importante es el mensaje simbólico e implícito en el hecho en sí. Pues bien, apps del tipo Foursquare recogen en cierta manera este tipo de pulsiones humanas, más sofisticadas y más relacionadas, pero de igual forma actuando como un matasellos digital, un decir “soy/estoy aquí y ahora”. Con la gran diferencia de que los ojos que miran y reciben ese mensaje son mucho más munerosos y el mundo de lo privado-doméstico se funde con el público-social.

Construimos nuestra identidad digital viviendo lo digital, día a día, red a red. Los perfiles en cada una de esas redes dan coherencia y músculo a la ubicuidad de nuestro yo, pero también actúan a modo de marco referencial, de marca o cabecera, de portal de reconocimiento, de medios de comunicación. El nick, su consistencia y repetición, da coherencia a la inmaterialidad digital, nutre de cuerpo, piel y músculo los bytes. Nos ayuda a ser públicos, a no estar diluidos y por ello difusos, a crear una identidad de dominio público. El anonimato no se persigue ni se desea, lo cual no se debe confundir con que sea obligado usar el nombre real. Hasta el nick más imaginario, hasta el hacker más oculto, va a querer crear una narrativa propia, una coherencia como autor a su alrededor. Hace dos años, charlando con Isaac Mao, recuerdo que le pregunté por qué utilizaba su nombre real en todas las redes cuando esto le podía causar algún tipo de problema en su país, China, teniendo en cuenta su marcado posicionamiento en muchas cuestiones de libertades públicas. A priori, nos podría parecer obvio que se sentiría mucho más libre desde un perfil anónimo. Mao me contestó que precisamente su identificación real era su principal apoyo social. Era el reconocimiento en los otros y de los otros lo que le sostenía con más fuerza. Ser real y ser público era lo mejor que podía ser. Y me pareció muy razonable.

Nos vestimos con la autoridad de los otros. Qué hacemos, a quiénes citamos, con quiénes nos relacionamos, con qué causas nos identificamos… todo habla de nosotros y envían señales a los demás sobre nuestra predisposición a interactuar en la comunidad. Los perfiles en las redes están diseñados para mostrar esta serie de indicadores o señales de la sociabilidad. Son las insignias, las medallas, los logos, los “open 24/7″ que ofrecen esa ilusión de “cuerpo presente”, ese escaparate del yo en el escenario público.

Los medios digitales, las nuevas plataformas de la sociabilidad, las redes sociales, saben de este impulso comunicativa y se diseñan para canalizarla y aprovecharla. Nacen vacías, como puro andamiaje tecnológico, como estructuras que esperan ser habitadas con nuestros contenidos. Nosotros somos los autores, los productores, los consumidores. Un ejemplo que suelo mencionar en este sentido es el giro que dio Twitter hace dos años al cambiar su lema principal, de la pregunta “Qué estás haciendo” al “Qué está pasando”, haciendo más evidente el potencial que había adquirido la herramienta no como medio de comunicación interpersonal, sino como medio de comunicación global. A estas alturas no es necesario subrayar el rol que ha adquirido en el último año en la geopolítica mundial.

YouTube también es un buen ejemplo de ello, en cómo fue diseñado desde sus inicios bajo el rótulo “Broadcast yourself” con esa doble lectura tan sugerente, de “proyéctate tú mismo”, “emitéte tú como mensaje” o “emítete a ti mismo”. Numerosos proyectos han nacido y crecido en esas plataformas, consiguiendo una atención mainstream sin partir de los circuitos de producción tradicionales. Estas plataformas siguen creciendo y evolucionando, modificando nuestras prácticas, guiándolas pero también respondiendo a ellas. Cosas ya presentes como el “otras personas que están viendo este vídeo ahora mismo” apuntan hacia una tendencia cada vez más generalizada de aproximarnos en las redes a partir de intereses comunes, de ofrecernos sugerencias de personas, de crear una ilusión de sincronía, de vivir la misma experiencia de vida en tiempo real.

 

Si puedes contar, tú cuentas. Contar, cuenta

Armados con bolígrafos y rotativas digitales donde narrar es posible, contar, contarse y conseguir que otros nos cuenten y cuenten con nosotros, cuenta más que nunca. Y no es un trabalenguas. Ser proactivo en la construcción de identidad digital, en la documentación de los procesos y en la toma de posturas públicas es crítico para no quedarse diluidos en la insignificancia, en el negocio de lo oculto, en la invisibilidad de la relevancia, en la lectura del mundo globalizado. Esto aplica tanto en lo personal como en lo colectivo. Comunicamos por placer, por necesidad, por ocio o negocio. Para cualquier organización o institución con una misión social, ya sea una administración pública o una asociación sin ánimo de lucro, tener la sensibilidad y la destreza para ser cuerpos comunicantes en el entorno digital deja de ser una posibilidad y entra en la categoría de necesidad.

Este alcance es posible gracias a la propiedad viral de las redes que nos impulsan más lejos y a mayor velocidad de lo que nunca los límites de espacio y tiempo modernos pudieron imaginarse. Trasladar la responsabilidad de las competencias comunicativas de manera distribuida a los sujetos de dicha relación supone también una nueva tensión en las reglas de los modelos tradicionales de comunicación. A menudo surgen las dudas sobre cómo conciliar el perfil profesional con el personal, sobre cómo responder o no responder desde una voz individual o una voz institucional.

En Internet y en las librerías encontraremos multitud de posts, tutoriales, listados, recetarios guías y libros del nuevo entorno de comunicación digital dispuestos a ayudarnos con esos primeros pasos. Escoger el tono, el canal, el mensaje, el momento, el estilo, etc. requiere de un profundo, por inmersivo, conocimiento de las pautas y fórmulas de convivencia de todas estas redes sociales. Todos los consejos serán útiles, pero no debemos olvidarnos de lo más importante que no nos podrá resolver la más sofisticada tecnología y sí la sensibilidad humana: aprender, escuchar, ajustar, experimentar, aprender, sentir, cuidar y tejer relaciones de confianza.

Con frecuencia suelo terminar las conferencias aludiendo a la Red como un fértil ecosistema, como un lugar que conviene cultivar y mimar como un huerto procomunal, una tierra que nos alimenta, que nos da sombra, agua y cobijo, una gran plaza en la que nos encontramos para mejorar como sociedad y un rico campo que debemos procurar no esquilmar, plantando y devolviendo el conocimiento generado para que se convierta en nueva simiente. Nuestra capacidad como cuerpos comunicantes nos obliga a respetar y promover este tipo de valores que hablan de generosidad, transparencia y sostenibilidad, que es hablar del soporte digital, de la Red en su conjunto.

 

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3::4::2012

Somos lo que miramos porque ver es leer

Por causalidad (ver más abajo) llegó a mis manos El lectoespectador, el último libro de Vicente Luis Mora, donde habla de nosotros, los lectores del espectáculo de la contemporaneidad digital.

Y trae buenas noticias. Para quienes anticipan la muerte de la novela, y más aún de la literatura en plena crisis de la representación y sospecha de lo digital, VLM reivindica con convicción la literatura como arte total, como la forma más sencilla, barata y directa que existe de hacer arte comunicable.

Para ello se apoya en una serie de conceptos clave que ya trató en obras previas y que en este libro desarrolla con más intensidad para definir las nuevas formas de escritura y lectura mediatizadas por la cultura audiovisual:  internextos, pangea, pantpágina, etc.

“Somos lo que miramos, y miramos pantallas [...] la página del libro se ha convertido en una pantalla”

La vida en tiempo real, la noción de flujo y de liquidez son inspiraciones constantes en su construcción teórica, pero es sin duda la reflexión sobre el espacio la que predomina sobre el resto de categorías: el de la página y el expandido; el virtual como ángulo de producción de imágenes y el del pixel como unidad de sentido.

En cierta manera, es un canto a la vista, al ver como forma de lectura, a la percepción total como manera de decodificar construcciones complejas. Según el autor, la lectura es cada vez más un proceso de absorción estética, donde contenido, forma y continente están tan imbricados que es difícil desligar uno de otro. No en vano, la dificultad de mantener las obras (pues el acto de producción escrita es un ejercicio estético de montaje y diseño en sí mismo) vivas en su formato y soporte original es uno de los problemas asociados a la fluidez de lo digital.

El lectoespectador aborda tantos temas interesantes de nuestra época, la pangeica como él denomina, que ahora que repaso las notas para escribir este texto me vuelvo a sorprender de que sea capaz de hilarlos con un discurso coherente y sostenido a lo largo de sus páginas. Es un libro sobre internet, los blogs, la identidad, el anonimato, la desaparición del tiempo virtual, la excitación de la pantalla, la intrahistoria de las redes como periódico de lo social, la parodia de las señoras en facebook, la crítica en la nube, la intervención editora, la autoedición, lo inmaterial y la obsolescencia programada, el abandono de la visibilidad y el negocio con lo invisible, la importancia de la experiencia de estar ahí.

De citas oportunas y exquisitas, en sus páginas se pasean en el momento y lugar adecuado personas como David Weinberger, Antonio Rodríguez de las Heras, José Luis Molinuevo, José Luis Brea, Fernando Sáez Vacas, Marc Augé, Joan Fontcuberta, Derrick Kerckhove, MacLuhan, Manovich, Alessandro Baricco, Guy Debord, Henry Jenkins, Walter Benjamin, Gore Vidal, José Antonio Millán, Laura Borrás, Inma Turbau, Francis Pisani, Doménico Chiape, Juan Manuel Prada, Borges, Foucault y Saramago, Arheim, Javier Bustamante y muchos otros. Para mí, y me adueño también como él de la primera persona del singular, El lectoespectador es un lugar común, de reconocimiento común, de generación común, de cultura audiovisual común, de lecturas y afectos comunes, un libro que habla de nosotros, de nuestra forma de leer y de escribir.

Y cuanto más avanza el libro, más me gusta, por cuanto se hace más libre y más directo. La estructura juega con distintas formas y en cada capítulo toma un estilo propio con una escritura más frenética, más personal, desde el yo, despojado del vestido de las citas, desde la pura creencia y experiencia, más desnudo y también más auténtico.

“Toda separación tajante implica un corte, y a mí no me interesan los tajos, sino los atajos”.

“El tiempo no puede construirse — sigo cercando mis ideas, no generalizo para otros-, o no puedo construirlo sin esa referencia de lo visual”.

“A mí me parece que vuelo a baja altura, fuera del radar, o la gestión de los espacios propios de la información (de recibirla o de crearla) sí es una profunda acción política”.

Entre otras cosas, este libro es un buen faro sobre propuestas literarias de esta realidad pangeica a la que nos invita. Gracias a VLM, sabremos que nos perdemos algo importante si no leemos House of Leaves (Mark Danielewski, 2000):  ”Dos de las claves de nuestro tiempo: el ver más y el no ver en absoluto; la capacidad tecnológica para observar con todo detalle -micro y macroscópcamente- lo que nos rodea, y la imposibilidad de ver aquello que nos es hurtado, bien por el simulacro, bien por otra tecnología” (85). Como también sentiremos que merece la pena leer jPod (Douglas Coupland, 2006) porque, como lectoespectadores, tendremos algo interesante esperando a ser decodificado, escaneado o contemplado. Como él nos avanza, estas novelas son “más digitales” que otras mucho más recientes que se puedan presentar como hipertextuales, interactivas o multimedia. Lo son en papel y lo son en su narrativa, en contenido y técnica, en fluencia e influencia. Lo son porque el lector debe tomar decisiones sobre cómo “leerla”.

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Escribir de un escritor al que se respeta es complicado. Más aún si está a un clic de DM. Qué decir y cómo de su obra es un reto, pero también un problema. Él sabe cómo hacerlo, hay técnica, inteligencia y experiencia que ayudan a ordenar las ideas y abrir líneas de pensamiento sobre “lo otro” de “los otros”. Pero él es crítico y yo no. Yo soy solo (o sólo, como él se aferra a escribir y yo solo débilmente a obedecer) una lectoespectadora.

Por dónde empezar. Tapándome los ojos. Cerrando las puertas de mi estudio, como escuché aquí a Vila-Matas, esto es, no queriendo mirar hacia lo que otros ya estaban reseñando. No queriendo dejarme influir demasiado, para no copiar, para no copiarme, para no sentir la frustración de no tener ya nada que decir. Cierto que Vila-Matas lo dice en otro sentido totalmente opuesto, pero para mí es imprescindible buscar esa mismidad a priori. Me pasa lo mismo con las películas, que no me gusta leer demasiadas críticas antes de decidir ir a verla y detesto las sinopsis que ofrecen junto a la entrada de los cines. Como también corro a parar el player cuando el capítulo de la serie que estoy viendo termina y arranca el avance del siguiente. No quiero saber, no quiero demasiados adelantos. Por eso intento aislarme en lo posible cuando llega el momento de escribir, porque más que una búsqueda de originalidad, es un temor al mimetismo…

Me siento extraña escribiendo estas líneas, intentando dar sentido a lo sentido mientras leía el libro. El diálogo parece haberse resuelto a lo largo de las páginas, en anotaciones a lápiz, en interrogantes, en respuestas, en conexiones fortuitas… No sé leer si no es escribiendo. Lápiz en mano dejo huellas en forma de anotaciones. Tengo el defecto de devorar las lecturas como un diálogo con el autor que se autoconsume en sí mismo. Por eso, comentar la conversación me da en cierta medida pereza. Se me hace un poco artificial situarme en este tono seguro y distante de la tercera persona hablando de “el autor” dijo o quiso decir, cuando además sé que será uno de sus lectores. Qué extraño es todo.

Es este un post en varios tiempos, que empezó en mi imaginación hace muchos meses, casi dos años. Un afecto común nos unió en su blogroll, nos mirábamos de reojo como si fuéramos los Brady hasta que un día un fake o ese falso doble digital se cruzó en nuestro camino. Comencé a seguir al equivocado y el real me advirtió del enredo. De ahí, a enviarme un artículo. Por correo postal, desde un Alburquerque al que puse imágenes este invierno con Breaking Bad. Finalmente lo leí en un tren camino de Santander en el verano de 2010. Lo anoté y le puse enlaces imaginarios antes de dejarlo dormir. El barbecho se prolongó, pasaron más meses y volví a releerlo en otro viaje. Después, más sueño.

Fue entonces cuando el autor fue mucho más rápido y se adelantó con un nuevo libro que recoge y amplía muchas de las ideas que en aquel primer artículo apuntaba. Confieso que me gustó el artículo en sí mismo, su contenido, pero mucho más el gesto y el soporte. Entre dos lectoespectadores habitantes de lo digital como somos, tomarse la molestia de fotocopiar un documento y enviarlo por correo postal cruzando el Atlántico no deja de parecerme una tierna excentricidad propia de otra época. Claro que, leer el artículo en un viaje en tren de más de cuatro horas también lo es.

Después llegó el libro y entonces se repitió el ritual de tiempo y espacio. El envío postal, el viaje perfecto y la lectura dilatada. No podría ser de otra manera. No habría otra lectura posible.

Supongo que el autor esperaba una reseña. Y en su defecto se ha encontrado con una experiencia lectoespectadora. No sé escribir si no es leyendo.

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11::3::2012

La receta como copia y el patchwork como remix

En la sesión de Laboratorios de Internet de Medialab-Prado de hace unos días, el equipo de traducciones p2p colaborativas que lidera Floren Cabello presentó su trabajo bajo el imaginario de la cocina (pinches, recetas, cocinados, ingredientes, etc.). Fue entonces cuando Adolfo Estalella llamó nuestra atención al iluminar este escenario de los fogones, más doméstico y por ello también abierto, frente al de los laboratorios que tanto nos seduce, pero de acceso exclusivo a profesionales y expertos (vídeo).

La metáfora del mundo de la cocina como espacio de relación y aprendizaje es, sin duda, sumamente estimulante. En concreto, la receta como patrón o código fuente, producido, difundido y expandido para su mayor uso, es también un buen ejemplo de forma popular de transmisión de conocimiento basado en la copia.

Recipe for six mince pies of 'an indifferent bigness'
Una receta de un pastel escrita por una secretaria en un papel oficial de la Corona. Un interesante forma de subvertir lo institucional desde lo popular e incluso naive). Fuente: Flickr, The National Archives UK, 1624.

La copia y el remix van necesariamente de la mano. Si la cocina tiene la receta, la moda tiene el patrón. Si la cocina admite variedades y dignifica la “ropa vieja”, el vestido legitima el patchwork haciendo de la necesidad virtud.  Ahora han proliferado cursos, revistas y comunidades alrededor del patchwork hasta convertirlo en una “moda” en sí mismo, pero en algún momento fue una necesidad de “confeccionar” retales dispersos, de componer con los márgenes y de darle cuerpo a los fragmentos. Fue incluso parte del movimiento “Reform style” de mitad del XIX, entre lo puritano y lo feminista, que abogaba por que las mujeres vistieran de una manera saludable, económica, femenina… como reacción a los corsés y los pantalones.

Jurk in reformstijl / Dress in reform style

Ladies’ fashion, dress in so-called reform style: a reaction against the unhealthy lacing up of the female body with a corset. 1911. Fuente: Flickr, Nationaal Archief, 1911

Como decíamos al reflexionar sobre las no tan nuevas formas de aprender, “gracias a la gran plaza pública que es Internet, aquello que durante mucho tiempo fue propio de lo marginal (la copia, la comunidad, el prototipo y el amateur) se hace visible con la dignidad que confiere lo auténtico”.

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