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Digital Scholar: crear y compartir conocimiento

Ya disponemos de más de mil millones de contenidos de uso libre en internet que han sido generados y compartidos por sus autores con una licencia Creative Commons. La cifra se ha triplicado desde diciembre de 2010, poco antes de que se publicara el libro The Power of Open que presentamos en EOI con Joi Ito, Director del MIT Media Lab.

creative commons 2015

Esto es especialmente interesante para cualquier persona que quiera construir una estrategia de publicación digital en la Red, independientemente de que lo llame marketing de contenidos, content curator o creación de marca personal. Significa que no tenemos que crear contenido de cero, sino que podemos apoyarnos en lo creado y compartido por otras personas, para aportar nosotros valor en la propia selección, combinación, complementación y/o reflexión que hagamos sobre ellos.

Generar valor académico

Pienso por ejemplo en el investigador/profesor universitario que quiere acercarse a prácticas de Digital Scholarship, lo cual supone un quehacer pero también un pensar y un promover la invetigación abierta. Entre los 1.100 millones de contenidos a nuestra disposición, nos encontramos con 1,4 millones de artículos en revistas de investigación, 391 millones de imágenes que bien pueden servir como objeto de estudio o de ilustración y 18,4 millones de vídeos.

No hay excusa para no convertirse en un Digital Scholar que no solo aproveche esta riqueza sino que contribuya a que siga creciendo con sus aportaciones. La misión de la ciencia no puede estar más en línea con el espíritu del movimiento Creative Commons, una sintonía entre la Ciencia 2.0 y el procomún que tanto nos ha recordado Antonio Lafuente en estos años, como en este artículo suyo de 2006 que ahora rescato. Ya por entonces hablábamos en este blog de la utilidad de escribir un blog académico. Vuelvo sobre mis palabras y veo que el fondo del planteamiento sigue siendo vigente, a pesar de que eran tiempos en los que ni Twitter, ni Facebook eran relevantes. Hoy pensar en Social Media nos lleva irremediablemente a un entorno más amplio y complejo, donde el blog sigue ocupando un espacio importante como lugar donde generar el contenido de forma estable, pero donde el capital social se ha mudado a las plazas satélites donde se van a vender y compartir las ideas (me refiero especialmente a Twitter). Sigue leyendo Digital Scholar: crear y compartir conocimiento

Píldoras para emprender

En mi baúl de posts pendientes, más bien llamados post-Nora pues esta ausencia digital se debe a sus primeros meses de vida, se encuentra rescatar el libro “Píldoras para emprender” que se presentó en la Feria del Libro de Madrid de este año y en el que EOI colabora con un capítulo. En él se recogen gran parte de las píldoras audiovisuales que hemos ido emitiendo en el programa Emprende de TVE y que de forma resumida se ven en estos vídeos:

25 años de dominios.es

¿Cuál fue la primera web que utilizó el dominio .es?

Aparte de la web registradora, que entonces era nic.es y en la actualidad redirige a dominios.es, pronto llegaron los pioneros y entre ellos, una gran mayoría de centros académicos e investigación, como el Instituto Astrofísico de Canarias que hoy sigue activo y por entonces lucía con la estética retro propia de la época.25 aniversario Dominios .es

Este año se celebra el 25 aniversario de los Dominios “.es” y Red.es ha preparado una serie de actividades para conmemorarlo. Desde EOI hemos querido contribuir a la celebración con un post “6 elementos imprescindibles para una web de éxito” en Unblogenred:

Qué fácil era hacer webs hace 25 años cuando nació el dominio .es. Un diseño atractivo, un índice útil y un árbol de páginas con la información que se quería mostrar era suficiente. Hoy todo es mucho más complejo.

Hemos pasado del imperio de la Home como único porche de entrada al concepto de Web con múltiples puertas, muchas de ellas ni siquiera en el propio dominio, sino en esa constelación de un mismo universo que es el Social media. Obligados cada vez más a escribir para humanos y para máquinas, sin perder de vista cómo incorporar las lógicas del SEO e intentando comprender los efectos virales de las redes sociales.

Por eso, hoy una buena web debe contar con una serie de elementos imprescindibles para desarrollar una estrategia integral de comunicación digital:

  1. Diseño atractivo, usable y muy ligero técnicamente: saber combinar el aspecto visual con una organización de contenidos lógica y una solución técnica ágil.

  2. Plan de marketing de contenidos: ofrecer valor continuo y periódico a través de contenido propio que suscite el interés de los usuarios.

  3. Utilidades para compartir en social media: facilitar que los contenidos puedan ser dinamizados desde la web en redes sociales de forma sencilla.

  4. Estrategia de identidad digital: además de alimentar la web, es fundamental tener presencia en las redes sociales con una política de comunicación coherente y diferenciada en esos medios.

  5. Versión móvil: desarrollar la web de modo que esté adaptada para su consulta en dispositivos móviles, ya sea con una solución nativa o responsive.

  6. Analítica de datos: hacer un seguimiento constante del comportamiento de los usuarios en su relación con la web e incorporar lo aprendido en el análisis para hacer mejorar continuas en la misma.

Crowdsourcing: cultura compartida

Anuario AC/E Cultura DigitalEste artículo forma parte del Anuario AC/E de Cultura Digital 2014 publicado por Acción Cultural Española y que está disponible para descarga en formatos ePub (inglés y español) y PDF (inglés y español).

En este texto hago un recorrido por las manifestaciones de crowdsourcing, entre ellas el crowdfunding, aplicadas al ámbito cultural: arte, museos, bibliotecas, etc. Se exploran las claves de éxito de un proyecto de crowdsourcing, así como sus principales dilemas y la emergencia del consumo colaborativo como una práctica cultural en sí misma.  

Cultura participativa en red

La capacidad de compartir toda experiencia cotidiana a través de los dispositivos móviles y las redes sociales ha desembarcado también en nuevas formas de consumo cultural, mezclando los códigos de profesionales y amateurs, y modificando para siempre el significado de un evento musical o de una visita a un museo.

Vivir la experiencia no es suficiente si no se puede decir en tiempo real que se está viviendo y decirlo no solo a los grupos más cercanos, sino también a otros públicos desconocidos y potencialmente masivos. Hoy es difícil imaginar un programa de televisión o una exposición que no tenga en su esquina una etiqueta o hashtag apelando al comentario en redes, esa llamada a la acción que nos conecta en un segundo con todo el flujo social que comparte experiencia con nosotros a la distancia de un clic. La fuerza de la capacidad de viralización que tiene Internet a través de los contenidos que circulan, la contaminación de ideas y las producciones de los usuarios sobre las mismas componen lo que Delia Rodríguez (2013) ha denominado recientemente “memecracia” y que define como nueva revolución social.

Este conjunto de nuevas herramientas para la colaboración en red ha dado lugar a un comportamiento entre los usuarios que el investigador norteamericano Henry Jenkins nombró ya hace unos años como “cultura participativa” bajo las siguientes características:

  1. Apenas impone barreras a la expresión artística y al compromiso cívico.
  2. Se percibe un fuerte apoyo para crear y compartir las creaciones personales con los demás.
  3. Se ofrece cierto tipo de tutoría informal por la cual aquello que es conocido por el más experto es transferido a los más novatos.
  4. Los miembros creen en que sus contribuciones son valoradas.
  5. Los miembros sienten algún tipo de conexión social entre ellos (donde al menos se toma en cuenta lo que otras personas piensan sobre lo que han creado).
  6. No todos los miembros deben aportar, pero al menos todos se sienten libres para contribuir cuando estén preparados, con la confianza de que su contribución será valorada apropiadamente.

Por su parte, Isaac Mao habla del término Sharism o Arte de Compartir para referirse a la cultura participativa desde otra óptica. Para Mao, se trata de un estado mental que nos empuja a compartir conocimiento a través de una propiedad innata de nuestro cerebro que está siempre dispuesta a establecer relaciones neuronales y a participar de procesos creativos:

“Cuanto más abiertas y fuertemente conectadas estén nuestras neuronas, mejor será el entorno colaborativo para todo el mundo. Cuanto más colectiva sea nuestra inteligencia, más inteligentes serán nuestras acciones. La gente siempre ha encontrado las mejores soluciones a través de las conversaciones. Ahora podemos conectarlas todas online” (Isaac Mao). 

¿Qué es el crowdsourcing?

Para responder a esta pregunta comenzaremos por una fuente que no ha sido contrastada, no tiene un autor reconocido y, sin embargo, se identifica como una de las referencias de consulta más útiles en la actualidad. No está avalada por una gran institución académica ni garantiza un sistema de revisión continuo realizado por expertos. Por el contrario, tiene millones de colaboradores, que no son reclutados en base a criterio alguno, pero que se sienten motivados a contribuir, mejorar y filtrar su contenido sin que medie ningún tipo de retribución. Estamos hablando de Wikipedia, un experimento que apenas echó a andar mientras las Torres Gemelas caían y que sirve, junto a este acontecimiento de la globalización, para inaugurar el siglo XXI. En su caso, el cambio de era de la Web catálogo a la Web de lectoescritura o Web social.

La Wikipedia es, sin duda, el mayor exponente de lo que denominamos como crowdsourcing. En su propias páginas encontramos la definición que ha sido consensuada en su comunidad:

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