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Subvertising o contrapublicidad, una forma de pedagogía crítica

Subvertising o contrapublicidad es la técnica que utiliza los propios códigos de la publicidad para generar mensajes críticos con los valores que difunde a través de los medios de comunicación. El último programa de Metrópolis, el espacio cultural de La 2 que lleva casi 30 años en antena, dedicó su espacio precisamente a este tema con intervenciones como la de Implicate.org, una agencia especializada en el subvertising.

En varias ocasiones hemos hablado sobre el potencial de la contrapublicidad para su aprovechamiento educativo, una línea de trabajo habitual en los proyectos de educación mediática, educomunicación, media literacy o los muchos nombres con los que se conoce a este campo de conocimiento y práctica. Colectivos como Adbusters, The Yes Men o Consumehastamorir nos han dejado buenos ejemplos para trabajar la pedagogía crítica de la comunicación o, como decía Fontcuberta en la Escuela de Educación Disruptiva, en inocular mentiras en las dosis adecuadas para generar defensas en modo de anticuerpos.

Actualización 30-5-2014: Incluyo este enlace a 40 campañas de concienciación social que he visto en este blog de ELE donde se recomienda una práctica de subvertising a los alumnos.

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Crowdsourcing: cultura compartida

Anuario AC/E Cultura DigitalEste artículo forma parte del Anuario AC/E de Cultura Digital 2014 publicado por Acción Cultural Española y que está disponible para descarga en formatos ePub (inglés y español) y PDF (inglés y español).

En este texto hago un recorrido por las manifestaciones de crowdsourcing, entre ellas el crowdfunding, aplicadas al ámbito cultural: arte, museos, bibliotecas, etc. Se exploran las claves de éxito de un proyecto de crowdsourcing, así como sus principales dilemas y la emergencia del consumo colaborativo como una práctica cultural en sí misma.  

Cultura participativa en red

La capacidad de compartir toda experiencia cotidiana a través de los dispositivos móviles y las redes sociales ha desembarcado también en nuevas formas de consumo cultural, mezclando los códigos de profesionales y amateurs, y modificando para siempre el significado de un evento musical o de una visita a un museo.

Vivir la experiencia no es suficiente si no se puede decir en tiempo real que se está viviendo y decirlo no solo a los grupos más cercanos, sino también a otros públicos desconocidos y potencialmente masivos. Hoy es difícil imaginar un programa de televisión o una exposición que no tenga en su esquina una etiqueta o hashtag apelando al comentario en redes, esa llamada a la acción que nos conecta en un segundo con todo el flujo social que comparte experiencia con nosotros a la distancia de un clic. La fuerza de la capacidad de viralización que tiene Internet a través de los contenidos que circulan, la contaminación de ideas y las producciones de los usuarios sobre las mismas componen lo que Delia Rodríguez (2013) ha denominado recientemente “memecracia” y que define como nueva revolución social.

Este conjunto de nuevas herramientas para la colaboración en red ha dado lugar a un comportamiento entre los usuarios que el investigador norteamericano Henry Jenkins nombró ya hace unos años como “cultura participativa” bajo las siguientes características:

  1. Apenas impone barreras a la expresión artística y al compromiso cívico.
  2. Se percibe un fuerte apoyo para crear y compartir las creaciones personales con los demás.
  3. Se ofrece cierto tipo de tutoría informal por la cual aquello que es conocido por el más experto es transferido a los más novatos.
  4. Los miembros creen en que sus contribuciones son valoradas.
  5. Los miembros sienten algún tipo de conexión social entre ellos (donde al menos se toma en cuenta lo que otras personas piensan sobre lo que han creado).
  6. No todos los miembros deben aportar, pero al menos todos se sienten libres para contribuir cuando estén preparados, con la confianza de que su contribución será valorada apropiadamente.

Por su parte, Isaac Mao habla del término Sharism o Arte de Compartir para referirse a la cultura participativa desde otra óptica. Para Mao, se trata de un estado mental que nos empuja a compartir conocimiento a través de una propiedad innata de nuestro cerebro que está siempre dispuesta a establecer relaciones neuronales y a participar de procesos creativos:

“Cuanto más abiertas y fuertemente conectadas estén nuestras neuronas, mejor será el entorno colaborativo para todo el mundo. Cuanto más colectiva sea nuestra inteligencia, más inteligentes serán nuestras acciones. La gente siempre ha encontrado las mejores soluciones a través de las conversaciones. Ahora podemos conectarlas todas online” (Isaac Mao). 

¿Qué es el crowdsourcing?

Para responder a esta pregunta comenzaremos por una fuente que no ha sido contrastada, no tiene un autor reconocido y, sin embargo, se identifica como una de las referencias de consulta más útiles en la actualidad. No está avalada por una gran institución académica ni garantiza un sistema de revisión continuo realizado por expertos. Por el contrario, tiene millones de colaboradores, que no son reclutados en base a criterio alguno, pero que se sienten motivados a contribuir, mejorar y filtrar su contenido sin que medie ningún tipo de retribución. Estamos hablando de Wikipedia, un experimento que apenas echó a andar mientras las Torres Gemelas caían y que sirve, junto a este acontecimiento de la globalización, para inaugurar el siglo XXI. En su caso, el cambio de era de la Web catálogo a la Web de lectoescritura o Web social.

La Wikipedia es, sin duda, el mayor exponente de lo que denominamos como crowdsourcing. En su propias páginas encontramos la definición que ha sido consensuada en su comunidad:

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Educación Disruptiva: pedagogía, verdad y poder

¿Se puede aprender a hacer la Revolución en la Educación? Se puede, al menos, hacer micro-revoluciones en esa dirección. Eso nos dice la profesora María Acaso en su libro rEDUvolution y, desde diciembre, también a través de la Escuela de la Educación Disruptiva que la Fundación Telefónica ha puesto en marcha para experimentar nuevas formas de aprendizaje.

reduvolutionSospechábamos que “lo que los profesores enseñamos no es lo que los alumnos aprenden” pero María va un paso más allá y pone en cuestión la relación entre Pedagogía y Verdad. Como lo hace también Joan Fontcuberta, el primer invitado a la EED, al desafiar constantemente en sus trabajos artísticos los límites entre Fotografía y Verdad.

Fontcuberta, un periodista que se inició en el marketing para pronto descubrir su pasión por la fotografía, es conocido por obras en las que nada es lo que parece y en las que, en sus palabras, “inocula vacunas en forma de mentiras debilitadas para fortalecer la capacidad crítica”. Fontcuberta es un maestro en el sentido amplio de la palabra, alguien que “muestra” los resortes con la suficiente delicadeza para provocar al público, para hacerle despertar y detectar el trampantojo al que se enfrenta. Desde un punto de vista educativo, Fontcuberta hace del arte de engañar una propuesta pedagógica: enseñarnos a desactivar la mentira, movilizarnos para ser capaces de discernir entre realidad y ficción. O, para como mínimo, cultivar la duda escéptica como método de conocimiento.

Fueron varios los proyectos que nos mostró, pero mencionaré uno que me gustó especialmente, Monumentalbum, una colección de murales con fotografías personales que familias de un barrio marginal en Francia rescataron, compusieron y mostraron en sus calles. [Al final de este post, incluyo las notas que tomé en forma de tuits por si hay fans de Fontcuberta interesados en sus reflexiones 🙂 ]

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Proyecto LOVA

El formato de la jornada contó además con una conversación con Pedro Sarmiento, quien mostró las claves del Proyecto LOVA (La Ópera como Vehículo de Aprendizaje ): una experiencia en la que los alumnos construyen una obra de ópera repartiéndose todos los oficios (carpinteros, actores o confección de vestuario) y terminan por representarla al final del curso. Sin duda, un proyecto que ha calado en un buen número de colegios y que sirve para entrenar habilidades tan interesantes como son la democracia en la clase, el respeto frente al poder, el trabajo en equipo, la disciplina, el placer, etc. Temas todos ellos que también recoge María en su capítulo “Pedagogía y Poder”.

#relatogramas

Las conversaciones con Joan y Pedro estuvieron a su vez combinadas con un taller de relatogramas bajo la dinamización de Carla Bosserman y la coordinación de Clara Megías.

Pronto estará el vídeo disponible online.  Mientras, recomiendo leer la crónica de María en su blog, donde da buena cuenta de la experiencia que se desarrolló en la Jornada de diciembre.

La siguiente sesión será el próximo sábado en la Fundación Telefónica y junto a  Pedro Jiménez de Zemos98 y Adolf Murillo la dedicaremos a abordar los dispositivos móviles como agentes de educación disruptiva.  Las plazas están agotadas pero se podrá seguir por streaming en su página.

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La receta como copia y el patchwork como remix

En la sesión de Laboratorios de Internet de Medialab-Prado de hace unos días, el equipo de traducciones p2p colaborativas que lidera Floren Cabello presentó su trabajo bajo el imaginario de la cocina (pinches, recetas, cocinados, ingredientes, etc.). Fue entonces cuando Adolfo Estalella llamó nuestra atención al iluminar este escenario de los fogones, más doméstico y por ello también abierto, frente al de los laboratorios que tanto nos seduce, pero de acceso exclusivo a profesionales y expertos (vídeo).

La metáfora del mundo de la cocina como espacio de relación y aprendizaje es, sin duda, sumamente estimulante. En concreto, la receta como patrón o código fuente, producido, difundido y expandido para su mayor uso, es también un buen ejemplo de forma popular de transmisión de conocimiento basado en la copia.

Recipe for six mince pies of 'an indifferent bigness'
Una receta de un pastel escrita por una secretaria en un papel oficial de la Corona. Un interesante forma de subvertir lo institucional desde lo popular e incluso naive). Fuente: Flickr, The National Archives UK, 1624.

La copia y el remix van necesariamente de la mano. Si la cocina tiene la receta, la moda tiene el patrón. Si la cocina admite variedades y dignifica la “ropa vieja”, el vestido legitima el patchwork haciendo de la necesidad virtud.  Ahora han proliferado cursos, revistas y comunidades alrededor del patchwork hasta convertirlo en una “moda” en sí mismo, pero en algún momento fue una necesidad de “confeccionar” retales dispersos, de componer con los márgenes y de darle cuerpo a los fragmentos. Fue incluso parte del movimiento “Reform style” de mitad del XIX, entre lo puritano y lo feminista, que abogaba por que las mujeres vistieran de una manera saludable, económica, femenina… como reacción a los corsés y los pantalones.

Jurk in reformstijl / Dress in reform style

Ladies’ fashion, dress in so-called reform style: a reaction against the unhealthy lacing up of the female body with a corset. 1911. Fuente: Flickr, Nationaal Archief, 1911

Como decíamos al reflexionar sobre las no tan nuevas formas de aprender, “gracias a la gran plaza pública que es Internet, aquello que durante mucho tiempo fue propio de lo marginal (la copia, la comunidad, el prototipo y el amateur) se hace visible con la dignidad que confiere lo auténtico”.

Cualquier cosa es cariño

Tomé esta foto en mi primer paseo por Bogotá y forma parte de una serie de imágenes que encontré en la zona universitaria, ésta concretamente en la Facultad de Bellas Artes.

De este cartel me ha gustado mucho su doble lectura. Desde una perspectiva española, podríamos interpretarla como “A cualquier cosa le llaman cariño”, pero yo prefiero decodificarla desde lo colombiano en mi corta experiencia por aquí: “En cualquier cosa pon siempre cariño”. Sin duda, es un buen consejo para llevar encima, pues demasiado a menudo olvidamos  lo importante que son los afectos en todo lo que hacemos y lo poco que cuesta ponerle un poco de cariño al día a día. Los resultados son siempre mejores y la experiencia también.

El paseo sigue y sus paredes hablan cargadas de simbolismo sin que haya pintura que alcance a silenciarlas, algo que me hizo recordar la fuerza de las palabras en aquellos suspiros tipográficos, a medio camino entre la protesta y la ilusión, que hemos vivido en las acampadas del movimiento 15M en España. Os dejo con algunos de estos rótulos callejeros:


Crónica ampliada aquí: La innovación social como motor de innovación en Colombia