Con cerca de 200 páginas, se aborda el mobile learning y se destacan casos de aplicación relevantes en el campo de la educación, entre los que se encuentra el de EOI acompañado de un buen número de referencia en el ámbito iberoamericano.
Con la ayuda de Mar Camacho, con quien he tenido el placer de colaborar en este monográfico, escribimos el siguiente prólogo de presentación:
PRÓLOGO (Mar Camacho y Tíscar Lara)
El interés creciente y el uso generalizado de los dispositivos móviles en todos los ámbitos de la sociedad plantea la necesidad de incorporarlos también en los procesos de enseñanza y aprendizaje. El rápido desarrollo de estas tecnologías de la información y la comunicación expande y magnifica a la vez el proceso de aprender y potencia con ello la creación de conocimiento compartido. Por tanto, vivir y aprender en la Sociedad Red significa integrar de manera natural las tecnologías móviles, tan presentes en la vida cotidiana, en los procesos educativos. Mobile Learning o aprendizaje basado en el uso de dispositivos móviles es considerado por el Horizon Report desde 2008 como una de las tecnologías emergentes que van a tener -y realmente ya tienen- un impacto importante en la educación junto al aprendizaje basado en juegos y el uso de los mundos virtuales para aprender.
Una de las enormes ventajas del Mobile Learning es que hace posible que el aprendizaje salga fuera de las aulas, que tenga lugar en cualquier parte y en cualquier momento. El estudiante crea, publica y comparte su propio conocimiento a la vez que se beneficia de conocimiento creado por otros, generando así y contribuyendo a mantener procesos cíclicos que no tienen fin y son actualizados constantemente, lo cual enriquece enormemente la experiencia de aprender.
La función de educadores y otros agentes involucrados en procesos educativos es pues explorar el potencial educativo del uso de los dispositivos móviles para que estos puedan ser incorporados en los mismos y favorecer un aprendizaje significativo que a su vez se transforme en conocimiento.
La irrupción de tecnologías emergentes como la geolocalización, los códigos QR, la realidad aumentada o las simulaciones, junto con la proliferación de numerosas aplicaciones educativas, ponen al Mobile Learning en el epicentro de los procesos educativos actuales. Con este libro nos proponemos el objetivo de acercar estas tecnologías y sus capacidades transformadoras en la educación a los diferentes actores involucrados en la enseñanza innovadora de calidad.
En este sentido, es importante tener en cuenta el Mobile Learning como una metodología seria de aprendizaje, por lo que es necesario construir un discurso sólido acerca de su potencial y usos metodológicos, así como destacar aquellas experiencias educativas de referencia que se basan en un uso de los dispositivos móviles.
El libro que presentamos concibe el Mobile Learning como una fuerza innovadora a la vez que accesible, de gran poder transformador y catalizador de cambio de prácticas docentes. A lo largo de estas páginas, se hace un recorrido por los fundamentos del Mobile Learning y se invita a diversos expertos internacionales a presentar las experiencias más relevantes de su aplicación en el campo iberoamericano.
Para nosotras constituye un enorme placer prologar esta publicación precursora en el campo que ofrece, sin duda, una mirada poliédrica a los distintos lados que conforman el término Mobile Learning, incluyendo diferentes puntos de vista, experiencias de éxito y matices que hacen de la compilación una monografía a tener en cuenta tanto por parte de instituciones como de profesorado y alumnado.
¿Qué es el mobile learning? ¿Cómo puede modificar nuestra forma de aprender? Podemos escribir líneas y líneas sobre este tema, pero no se me ocurre nada mejor que escuchar las experiencias de sus protagonistas: nuestros alumnos en EOI Madrid y Sevilla. Más de cien miradas en sus respectivos blogs sobre mobile learning en sus primeros días con el tablet Samsung Galaxy 8.9 Android que les damos en EOI como herramienta básica de aprendizaje en su programa formativo.
En el contexto socioeconómico en el que vivimos, preguntas como para qué formarse, qué aprender, cómo hacerlo y quién debe acreditar esa experiencia necesitan de respuestas ágiles, flexibles y abiertas, a la altura de una sociedad tan incierta como dinámica que está asistiendo al desmoronamiento de los pilares sobre los que ha sostenido su modelo de educación formal.
Las formas de enseñar, pero lo que es más importante, las formas de aprender y acreditar lo aprendido, requieren de nuevos valores y metodologías para formar a los profesionales en el compromiso de crear riqueza en modelos social y medioambientalmente sostenibles. Las Escuelas de Negocio tienen la responsabilidad y al mismo tiempo el privilegio de liderar este proceso de transformación de la educación superior y construir una sociedad más abierta.
Aprender también es un diálogo
En la primera década del 2000 hemos podido comprobar cómo se ponía fin al periodo de mayor crecimiento económico en la historia de la humanidad protagonizado por los países occidentales. Un mundo previsible, estable y regulado se soportaba en un sistema formativo que buscaba la homogeneidad, dominado por la oficialidad de las titulaciones y por un marco riguroso de competencias profesionales.
Las reglas han cambiado radicalmente en pocos años. En una sociedad y en una economía crecientemente global, incierta y digital, las personas, como ciudadanos o como profesionales, demandan nuevos sistemas de aprendizaje, flexibles, permanentes y eficientes. La única seguridad que puede ofrecer la formación es la competencia que proporciona el dominio de las habilidades que permiten adaptarnos a sucesivos e imprevisibles escenarios de una carrera profesional configurada por la constante sucesión de proyectos personales.
Dirigir la crisis sistémica que vivimos hacia una revolución por la libertad y democratización del aprendizaje es una oportunidad que no nos podemos permitir desaprovechar. En esta dirección las Escuelas de Negocio merecen una especial atención, ya que por su propia naturaleza son la punta de lanza de las transformaciones que se están produciendo en la sociedad. En ellas se experimenta y se prototipa con el dinamismo y velocidad propios de tener que atender a la formación de emprendedores y directivos. Ambos agentes sociales son gestores que se miden de manera inmediata y constante a las exigencias de una realidad que es veloz en su cambio e incierta en su dirección.
En 1999, a las puertas del cambio de siglo, comenzó a circular por Internet el Manifiesto Cluetrain, una serie de ideas que criticaban la arrogancia de las empresas y su desdén hacia los consumidores, al mismo tiempo que apuntaban a una nueva forma de hacer negocios desde el diálogo, el contacto personal y la horizontalidad como valores propios de la Red. En el Manifiesto, que pronto se convirtió también en libro, los autores partían de una máxima que no por evidente resulta menos importante: los mercados son conversaciones.
Doce años después, la web 2.0 con su proliferación de tecnologías y espacios para la interacción social desintermediada, ha provocado que lo que parecían declaraciones de intenciones en el Manifiesto Cluetrain se hayan convertido en evidencias incontestables.
Hoy el futuro de las empresas pasa necesariamente por su apertura y participación en las redes sociales. Las estrategias de social media no se plantean como meros escaparates, como ventanas de oportunidad donde captar más clientes, sino como mercados en su sentido más amplio: bazares de encuentro, diálogo y relación bidireccional con los consumidores, también llamados prosumers por su condición de participantes activos.
La velocidad con la que se ha producido el cambio en las motivaciones personales para el aprendizaje, en las metodologías utilizadas, en los contenidos propuestos y, sobre todo, en las autoridades que acreditan la experiencia acumulada, se acelera de manera creciente. Será en torno a estas cuatro ideas como podamos construir los elementos característicos de la trasformación que estamos viviendo en el mundo de la formación y de manera especial en ámbito de las Escuelas de Negocio, convertidas en auténticos laboratorios de valores, procedimientos y legitimidades.
I. Compartir valores
¿Qué aprendemos?
La crisis que explotó en 2008 y que ha colapsado la economía global apunta principalmente a la responsabilidad de las agencias financieras, a las administraciones públicas que no supieron reaccionar a tiempo para corregirla, pero también a las instituciones académicas que han formado a sus principales gestores. Este último vínculo actúa en una doble dirección. Por un lado, por su influencia como espacios de aprendizaje de determinadas técnicas y valores, pues de sus aulas salieron los principales actores de esta suerte de entramados financieros de riesgo; y por otro, por la directa relación personal de reconocidas autoridades académicas con la industria de los negocios.
Las señales de decadencia del sistema comenzaron hace diez años, concretamente con la caída de Enron en 2001 como recoge el decano de McGill Henry Mintzberg en su libro «Directivos, no MBAs» (2004). Sin embargo, no ha sido hasta la crisis global de 2008 y el liderazgo de Harvard para abordar el debate desde el plano institucional, cuando se han disparado todas las alarmas y se ha tomado conciencia del tejido de responsabilidades.
En paralelo a la reflexión de los decanos, otra de las críticas más significativas llegó desde el corazón de los MBAs y concretamente de un alumno de Harvard, Max Anderson, quien en 2009 hizo suya la necesidad de un compromiso por una gestión responsable y movilizó a toda la comunidad educativa para promover entre sus miembros la adhesión a un juramento hipocrático: el MBA Oath o Responsible Value Creation.
Este compromiso, que ha alcanzado hasta la fecha un número de 5000 firmantes que representan a 300 instituciones, no es nuevo en las escuelas de negocio. Antes, otras como Thunderbird ya se regían por juramentos de este estilo, pero la propuesta de Harvard llegó en un momento de profunda reflexión provocando un gran efecto viral entre los alumnos de otras instituciones.
Por su parte, las Escuelas también han reaccionado al debate y se están comprometiendo a cumplir con la formación en valores a través de la introducción de la ética en sus currículos y firmando los principios de iniciativas internacionales que apelan a la responsabilidad en la formación, como es el PRME Principles for Responsible Management Education impulsada por la ONU a través de su proyecto Global Compact.
La crítica no ha alcanzado sólo a cuestionar el papel de las escuelas de negocio y los valores en los que ha formado a los MBAs como causa directa de la reciente crisis, sino que va más allá, hasta el punto de condenar de forma radical todo el sistema que rodea a la formación superior y minimizar su relevancia en la sociedad actual.
La situación de descrédito académica e institucional por un lado y de desconfianza en la rentabilidad de los títulos por otro, ha llevado a algunos círculos empresariales a hablar de «la burbuja de la educación superior» como el próximo mercado por explotar. Uno de sus mayores detractores con cierta influencia en la opinión pública es Peter Thiel, ex fundador de Pay-Pal e inversor en Facebook. A finales de 2010, Thiel decidió financiar el proyecto 20 under 20 para ofrecer a 20 jóvenes estudiantes menores de 20 años la oportunidad de montar su propio negocio como alternativa a embarcarse en estudios universitarios.
Thiel, conocido por sus aciertos predictivos de las dos burbujas previas en este siglo –la puntocom y la inmobiliaria–, argumenta su crítica al sistema basándose en el progresivo endeudamiento de los estudiantes bajo la confianza ciega socialmente compartidade la promesa de la formación superior como inversión incuestionable y como única garantía de progreso.
En un entorno socioeconómico de crisis como el actual, se da la paradoja de que el mercado laboral no puede garantizar la empleabilidad de los mejores profesionales salidos de la formación superior, como tampoco la devolución de la deuda adquirida con cargo a sus puestos de trabajo. Esto era impensable hace tan solo una década, donde el porcentaje de retorno se liquidaba en los primeros años del desempeño profesional. Ahora esta situación es inviable debido al aumento de las tasas de las matrículas, al progresivo endeudamiento de los estudiantes (en diez años la deuda por cursar estudios superiores en EE.UU. se ha multiplicado por cinco y ronda ya el millón de billones) y a la imposibilidad de abandonar el préstamo una vez contratado.
En las últimas décadas hemos visto cómo un mundo crecientemente liberalizado, desregulado y privatizado, en el que el protagonismo del mercado crecía de manera exponencial, demandaba a las empresas de manera urgente nuevos valores y compromisos. Valores de responsabilidad corporativa, intentado proteger los intereses de los propietarios y del capital, no siempre coincidentes con los de los gestores. La desigualdad no es sostenible y eso obliga a que la ética se incorpore como un elemento esencial de la actividad empresarial.
La innovación moral se ha convertido en uno de los elementos más dinamizadores de la actividad económica, hasta el punto de que la empresa sin valores, cuando su conducta se hace pública, es duramente sancionada por el mercado. La empresa reclama su reconocimiento como principal agente en la creación de riqueza y empleo, responsable y sostenible. Prueba de ello es la integración cada vez más extendida entre sus prácticas de gestión de la Triple Cuenta de Resultados que contabiliza la rentabilidad no sólo financiera, sino también social y medioambiental.
NOTA: El artículo continúa en texto completo en PDF.
No son buenos tiempos para la lírica y tampoco para la educación. Pero entre tanto recorte e incertidumbre, en las maltrechas partituras caben notas de ilusión en los profesionales que quieren seguir aprendiendo para seguir enseñando. Son los maestros “inprendedores”, aquellos que definimos en el libro que lleva el mismo título y a quienes ahora César Poyatos retrata desde un lenguaje más visual.
Orgullosa y agradecida por esta remezcla espontánea de César, me sigo reafirmando en lo necesario que es abrir los contenidos y dejarlos fluir para que puedan suceder cosas como estas, que haya quien venga detrás y siga creando nuevas versiones con sus capas de creatividad. Antes fue el peregrino digital de Isidro y ahora estos héroes cotidianos de César. Un lujo y un honor.
Ahora es tiempo de elecciones y el equipo se vuelve a unir de nuevo bajo la dirección de Víctor Sampedro, Catedrático en la URJC, para analizar la campaña de las elecciones generales 2011. En esta ocasión se mantiene la metodología básica de 2008 (encuestas, grupos de discusión y análisis de contenido web) con el objetivo de facilitar comparaciones y ver su evolución, pero se hace imprescindible introducir nuevos medios y variables por el propio desarrollo de internet y la cibercultura.
Si en aquel momento eran los blogs el medio nativo natural que complementaba la oficialidad de las webs de partidos o movimientos sociales, hoy nadie se podría plantear una campaña electoral sin el peso de las redes sociales y medios como Twitter o Facebook. Así quedó también demostrado en el Cuaderno Evoca sobre Comunicación política (PDF), que se presentó en EOI en febrero de este año y cuyo vídeo se puede ver en la nueva Mediateca de la Escuela y descargar en flv:
La apertura de la sociedad, la empresa, la política, la ciencia, la prensa, etc. es ya un fenómeno imparable. Son los procesos emergentes que han ido cristalizando tras el empuje de la tecnología 2.0 y que ahora evolucionan tomando formas organizativas y culturales.
Su recorrido en el campo de la educación también es tangible y encontramos evidencias que lo demuestran desde hace varios años. Iniciado fundamentalmente en el campo de los contenidos docentes (el proyecto Open CourseWare liderado por el MIT con alcance internacional ha cumplido una década) y de los contenidos académicos (el movimiento Open Access es un estándar en los principales centros de investigación del mundo), pasó posteriormente al de las interaciones personales profesores-alumnos (el low-tech de la web social, los dispositivos móviles y las redes sociales suponen una expansión real del aula). Era cuestión de tiempo que los procesos de apertura llegaran también a uno de los pilares más importantes del sistema educativo: la evaluación y la acreditación.
Quién evalúa, con qué criterios y cómo reconocer lo aprendido también está siendo cuestionado. Parece más que razonable que si aprendemos con distintos contenidos, prácticas y participantes, los métodos de reconocimiento deben también ser distintos y adaptados a un entorno digital. Surgen, por tanto, proyectos que intentan explorar esas formas de trabajo y evaluación social. Entre ellos encontramos los conocidos como “badges” o también entendidos como “sellos” o “insignias” que sirven para acreditar fases o niveles de aprendizaje que son definidos de forma colaborativa.
La Revista Sphera en su especial La realidad fragmentada. Tendencias del discurso mediático del número 10 incluye el siguiente artículo que se publicó hace más de un año en papel y que ahora ya se puede encontrar en su web junto al resto de contribuciones.
Personismo de portada en la fragmentación del ecosistema mediático Tíscar Lara [PDF]
En el presente artículo se discute el concepto de portada y sus manifestaciones a través de las nuevas formas de filtrar y jerarquizar la información en los medios sociales de internet. En el texto se hace un recorrido por las formas actuales de personismo en los ámbitos periodísticos, desde las secciones dedicadas a la participación de los lectores y los nuevos géneros de telerrealidad hasta el valor de la cotidianidad en medios de microblogging como Twitter. En este espacio se observa la difícil situación del periodista en este nuevo ecosistema mediático, donde abandona su rol de mediador equidistante y pasa a ser un actor que oscila entre la invisibilidad del foso a la dramatización en escena.
1. Quién informa, sobre qué y cómo se accede a esa información: revisión del concepto de portada
El criterio periodístico ha justificado históricamente la jerarquización necesaria de las noticias en ese escaparate de la actualidad que es la portada de un medio de comunicación. Cuestiones de espacio y de tiempo han sostenido una realidad fragmentada y han generado un código paralinguístico que ha servido para “leer” el mundo en un ejercicio de abstracción que extrae sentido de los vacíos de información. Instrumentos como las secciones y los titulares en la prensa, las cortinillas en el telediario o las ráfagas en la radio, han servido para recomponer el discurso mediático y reducir la complejidad que supone el atrevimiento de simplificar la realidad para decirle a ese lector objetivado qué es lo más importante que debe saber para tener una visión global de la actualidad.
El desarrollo tecnológico que ha supuesto el acceso a Internet y a los dispositivos de producción multimedia (desde el ordenador personal hasta el móvil con cámaras y conexión 3G), ha facilitado la ampliación de fuentes, medios y flujos comunicativos. Ahora los lectores no necesitan acceder al discurso fragmentado de los medios de comunicación como únicas fuentes válidas para estar informados, sino que son sus pares, sus redes de confianza y otros agentes sociales quienes también les proporcionan datos de valor para tomar sus propias decisiones.
Los medios de comunicación en su versión digital se han sumado a abrir nuevos canales de participación a los usuarios para que aporten información, interpretación y opinión al flujo habitual del trabajo periodístico. Pero además de ser conceptualizados como nuevas fuentes de contenidos, los usuarios también comienzan a jugar un interesante rol como “editores”, ayudando a componer nuevos modelos de portada periodística. Para observar estas tendencias nos detendremos en la comparación entre un medio nativo y un medio tradicional. En Soitu.es, cerrado a finales de 2009 por falta de financiación, se experimentaron nuevos criterios de portada en su propia home, que convivían entre sí de forma complementaria para dar más opciones de lectura al lector. Así se distinguía el flujo autoalimentado de las noticias de agencias de prensa (sin reelaboración periodística de por medio), de la portada de “lo más visto” y de la portada de historias de producción propia. (Continúa……)
El último número de la Revista Telos, de cuyo Comité Científico tengo el honor de ser miembro, incluye un Dossier dedicado a la Cultura Digital con los siguientes artículos. Uno de ellos es el que he dedicado a la Educación Superior en relación con las estrategias de apertura de contenidos, tecnologías y personas desde lo digital. Más abajo incluyo el texto completo del mismo.
Cómo reinventar la educación superior desde lo abierto
Los procesos de globalización y digitalización están provocando cambios radicales en las formas de aprender y con ello también en las formas de certificar el conocimiento adquirido. En el marco de la Sociedad Red, caracterizada por un entorno de abundancia de información, de numerosas oportunidades para la interacción social y del aumento de dispositivos personales para la producción de conocimiento, se hace cada vez más difícil mantener los mismos sistemas formales de enseñanza estandarizada que fueron diseñados para un contexto sociohistórico más propio de la industrialización.
La web de lectoescritura o Web 2.0 ha demostrado que para aprender ciertas habilidades y adquirir determinados conocimientos no es imprescindible desarrollar un programa formal dentro de una institución educativa. Al contrario, Internet permite consultar una valiosa cantidad de contenidos, discutir con quienes tienen más experiencia en la temática y practicar en red con otras comunidades de interés.
En este sentido, movimientos como la educación expandida, el Edupunk o proyectos encarnados en organizaciones que nacen bajo nuevas legitimidades, como es la P2PUniversity, reconocen el valor de los aprendizajes no formales que emanan de procesos horizontales en ritmos de aprendizaje autogestionados en lo colectivo.
Todas estas dinámicas, no solo posibles sino reales, están cuestionando el rol de las instituciones de educación superior en su papel tradicional como intermediarias privilegiadas de la formación cualificada orientada al campo profesional. Esto se agrava aún más en una situación de crisis como la actual, en la que la distancia entre la formación especializada y las oportunidades de empleo se ha convertido en un verdadero abismo.
En cierta forma, este escenario nos podría llevar a concluir que las instituciones de educación superior son una víctima, por su propia irrelevancia, de las prácticas propias de ‘lo digital’. Sin embargo, lejos de colapsarse bajo su amenaza, Internet se les brinda como una oportunidad para reinventar su vínculo de pertenencia social a través de la facilitación de contextos para el libre desarrollo de experiencias de aprendizaje e investigación en red.
Para abordar esta transformación es imprescindible diseñar estrategias que incorporen la cultura digital alrededor de ‘lo abierto’ como eje principal, en tres direcciones: en la producción de conocimiento, en la interacción de las personas y en la facilitación de las tecnologías.
Los contenidos: abrir procesos de producción y difusión de conocimiento
La cultura digital bebe directamente de las comunidades del software libre y da un valor preeminente a la transparencia de los procesos por encima de los resultados. Trasladado al ámbito educativo, esta declaración de principios trata de convertir el aula en un laboratorio abierto a la experimentación y a la innovación, permitiendo la generación de nuevas ideas y proyectos apoyados en herramientas colaborativas de discusión en abierto como son los blogs y las wikis.
Las tecnologías son unas aliadas de los procesos de elaboración académica, pero requieren también de políticas activas de open data y open access para que los resultados de sus trabajos sean publicados con formatos y licencias que permitan su libre acceso y la reutilización por terceros. Con el objetivo de dar garantía jurídica a la liberación de ciertos derechos de autor, en los últimos años han surgido instrumentos flexibles como son las licencias Creative Commons, que se han convertido en el estándar más utilizado en el libre intercambio de conocimiento. Una referencia clásica de este tipo de proyectos es el OpenCourseWare iniciado por el MIT hace diez años y replicado internacionalmente en decenas de países a través de sus distintas universidades.
Las personas: interacciones sociales y trabajo colaborativo en red
El valor más importante de una institución de educación superior es la gestión de la experiencia de aprendizaje de las personas que intervienen en la relación formativa y que son fundamentalmente sus profesores y alumnos.
Incorporar la cultura digital desde las identidades digitales de los colectivos que se desarrollan profesionalmente en las instituciones supone trasladar actividad relevante a sus espacios virtuales más naturales, tomando la Red como el nuevo ágora global de encuentro, discusión y participación en abierto. Por tanto, la única forma de comprender la cultura digital y ser agente activo de la misma es incorporar estas dinámicas dentro de los procesos de trabajo de alumnos y profesores.
Capacitarles, acompañarles y visibilizarles en el desempeño de sus prácticas digitales debe de ser uno de los objetivos principales de toda escuela del siglo XXI. Esto necesita de un uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), pero sobre todo de un ejercicio colectivo de los valores que componen la cultura digital, como son compartir información en abierto, reconocer los méritos del otro respetando sus contribuciones, aportar nuevas ideas a la inteligencia colectiva, participar en proyectos colaborativos, construir identidades digitales profesionales y ejercer un derecho a la comunicación responsable.
Tecnologías digitales: libres y móviles
Cuando hablamos de tecnologías dentro de un proyecto de cultura digital en una institución educativa no solo nos referimos a las herramientas digitales entendidas como sistemas de información, software y hardware con los que dotarse, sino que también estamos definiendo como tecnologías aquellos recursos que condicionan de alguna forma el desarrollo de las acciones formativas entre los contenidos como objetos y las personas como sujetos.
Hablamos, por tanto, de la importancia de dotarse de tecnologías libres, como son los sistemas de código abierto que permiten la autonomía y la innovación tecnológica, pero también de ampliar la mirada sobre la transformación necesaria en los diseños de los cursos, en su temporalidad, en la rigidez programática o en la arquitectura de las aulas como espacios de creatividad.
EOI 2020: un proyecto de integración de cultura digital
En la Escuela de Organización Industrial (EOI) nos hemos marcado los principios de la cultura digital como fundamentos del Plan Estratégico EOI 2020, que define su metodología como escuela abierta, digital y colaborativa. Así, desde 2009 se han puesto en marcha varios proyectos transversales tanto en el ámbito de los contenidos (repositorios open access en software libre, publicaciones con licencias Creative Commons, incorporación de blogs de alumnos, diseño curricular por proyectos, clases abiertas por streaming, etc.), como en la participación de sus comunidades (fomento de identidades digitales de visibilidad profesional, tablones digitales para crowdsourcing y conversaciones abiertas en redes sociales con alumni) y en la canalización de su interacción a través de tecnologías libres y móviles que rompen el aula y expanden la experiencia de aprendizaje más allá de sus límites espacio-temporales (mobile learning con tablets Android).
Todo este despliegue de proyectos tiene como objetivo formar profesionales digitales que incorporen la cultura de la horizontalidad, la colaboración, la interacción, la innovación y la solidaridad en sus dinámicas de trabajo. Aprender haciendo, aprender del error, aprender durante toda la vida, aprender comunicando y aprender en comunidad son las únicas formas posibles para dar respuesta a los retos del siglo XXI. Solo con personas digitales que piensen y actúen con los valores de la cultura digital podemos construir una economía digital y, por tanto, una sociedad digital más abierta y sostenible.
Este post está especialmente dirigido a los lectores colombianos que quieran conocer más de cerca estos proyectos en su ciudad . Las citas son las siguientes:
La visita de Joi Ito a EOI también dejó huella en la televisión y fue protagonista de uno de los reportajes del programa Cámara Abierta de TVE que podemos ver a continuación: