La sensibilidad de lo políticamente correcto

El discurso de lo políticamente correcto se adueña cada vez más del sentido común y nos instala en un absurdo puritanismo. La representación pública del cuerpo se convierte en pecado, en algo a ocultar, como vimos en el cierre de los Spaces por las fotos artísticas de bebés y en la retirada de la campaña contra el sida en Francia. Ahora es el Metro de Londres quien rechaza este cartel de una próxima exposición en la ciudad por temor a herir sensibilidades.

¿Y la sensibilidad de quienes nos ofendemos con tanta protección? ¿Quién vela por ella?

Mal asunto cuando se confunde ética y estética…

0 pensamientos sobre “La sensibilidad de lo políticamente correcto”

  1. Sí, yo he pensado exactamente lo mismo cuando he leído la noticia.

    PERO

    Después le he dado unas cuantas vueltas a en qué lugar pondría yo la raya, entre la mogigatez y el… (llamémosle así) decoro (me asombro de mí mismo de utilizar esta palabra…).

    ¿s.XVI? Claro que sí, no hay problema. ¿A quién asusta Cranach?
    ¿s.XIX? Sí, claro, también. ¿Alguien va a ver herida su moral por contemplar los despelotes pintados por Manet, Leighton, Renoir, Degas…?
    ¿s.XX? Supongo que también. ¿Dalí, Klimt, Picasso?

    Ahora bien, Jeff Koons dejó el listón bastante alto con la serie de Made in Heaven. Y entiendo que Koons pasándoselo en grande con la Cicciolina pueda molestar a algunos (a mí, personalmente, me molesta más el afeitado de ojos de Un Perro Andaluz).

    Igual es que no hay ni tan siquiera que tirar esa raya, la que separa lo ofensivo de lo que no, porque es arte. ¿Pero todo es arte? ¿Qué es arte?

    …creo que necesito tomarme un descanso…

  2. Vaya, veo que hoy me ha tocado ser el malo…

    Yo también creo que el papel del Estado tiene que ceñirse básicamente al ámbito de lo público, sin injerencias en la vida privada.

    El problema es que las variables sociales no son discretas, sino continuas: defendemos el derecho a la libertad de expresión… hasta que alguien hace apología del terrorismo o niega el Holocausto, en lo que solemos estar de acuerdo que se ha traspasado un límite.

    Incluso los anuncios de determinadas ONG nos parecen censurables si muestran poblaciones moribundas de hambruna para apelar a “nuestro corazoncito”, y eso que el objetivo final no puede ser más loable.

    Este caso es exactamente igual. El problema radica en que el lugar donde tiramos la raya tiene mucha mayor varianza que en los casos anteriores.

    Yo no comparto la idea de censurar el Cranach (y según qué fotos me hacía el abono anual al metro, incluso en vacaciones), pero alabo la coherencia de quien ha tenido que verse en la tesitura de censurarlo o aprobarlo. Ante lo complejo de tener que decidir entre la casi infinita varianza de pareceres que antes apuntaba, optaron por fijar un indicador objetivo, mesurable, contrastable: los desnudos.

    Pues bien, la Venus de Cranach, picarona ella, va en porreta picada.

    Insisto en los ejemplos que ponía antes: Cranach, Manet, Picasso, Koons… seguro que todos conocemos arte mucho más pasado de vueltas que Koons. ¿Dónde tiraréis la raya? ¿En el sexo explícito? (ah, no, eso era Koons) ¿En el hardcore? ¿En el gore? ¿En la zoo…? En fin, no voy a dar más ideas.

    Y ¿cuando tiréis raya… cómo lo vais a justificar?
    Ah, malditos censores: siempre encontraréis alguien con capacidad de dar un paso más allá que os crucificará.

    Bueno, fin del sermón.

    🙂

  3. Tienes razón en la dificultad de dónde cruzar la raya, qué ordenar a un lado y qué dejar al otro. Sin embargo, con tanto quedar bien con el multiculturalismo, tanto discurso posmoderno débil y tanto talante disfrazado de cobardía, me da la sensación de que estamos viviendo cierta regresión en estas cuestiones y, tangencialmente también, en libertades públicas. Qué ofende y qué no ofende. Si queremos contentar a todos corremos el riesgo de no contentar a nadie. A mí me parece más ofensivo, soez y perjudicial toda la cultura “celebrity” que nos inunda que ver cuerpos desnudos en espacios públicos.

    En cualquier caso, retomo tu idea sobre la dificultad de trazar los límites y más concretamente con el argumento del arte. Vengo de ARCO y eso sí que es un espectáculo, o mejor, un circo. Con la Pasarela Cibeles en el pabellón contiguo. No podían haber escogido mejor. No sabías si estabas en una o en otra. La moda como arte y el arte como moda. Ambos, puro mercado. ¿Pero todo es arte? ¿Qué es arte?

    Creo que yo también necesito un descanso…

  4. Pero si no hay cosa qué tenga más relación que la estética con la ética… no existen la una sin la otra… de hecho la estética se estudia en las universiddes de filosofía, tiene cátedra propia, y bla bla bla…

    La estética (la ética) es cultural, pero hay algunas estéticas demasiada antiguas… el desnudo de mujeres cómo que puede cansar por lo antiguo (no tiene nada de vanguardista), osea que desde un punto de vista de regeneración social, no está mal que haya movimientos culturales que deseen cambiar los hábitos visuales-estéticos-aburridos por repetitivos.. Aunque no se crea, el cambio de estéticas ayuda al cambio de éticas… no somos máss que seres de hábitos y costumbres (hasta visuales) comunes.

    De todas las maneras lo común (espacios públicos compartidos) cuánto mas minimalista mejor, así cada uno se imagina lo que quiera, el mejor espacio para compartir en colectivo, la imaginación… seguro qué tu tienes buena imaginación, además tienes un blog para poner lo que quieras: hasta para criticar o desear tu forma exteior deseable… El vacio siempre es el mejor espacio para compartir en vía pública (o no)

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