¿Dónde estabas en 1998?

EiffelRecojo el guante de abrelatas para homenajear el nacimiento de Zemos98 y me pongo a hacer memoria de dónde estaba yo en 1998. Tenía 23 años y muchas primeras veces, tecnológicas, personales…

Enero

Quedan 371 días para el famoso efecto 2000 y 1998 nos coge pasando por el túnel en el que unos meses antes había muerto Lady Di. Íbamos en coche a recibir el año en los Elíseos pero se nos hizo tarde y nos pilló de camino. Esos días estábamos un grupo de erasmus del año anterior visitando a una compañera parisina. Entre ellos un ex -¿quién no ha tenido un rollo erasmus?- y el encuentro provoca que el viaje de vuelta ya no lo haga desde París sino desde Alemania.

Febrero

De vuelta a Madrid comienzo los cursos de Doctorado en la UCM y me encuentro la resolución de una beca para el siguiente curso en California.

Es hora de dejar de satear a la familia y consigo mi primer trabajo remunerado. Mi primer sueldo, 100.000 pesetas, y mi primera ruina: las llamadas a Alemania con mi primer móvil.

Fueron también los tiempos muertos de metro para disfrutar de media hora de correo electrónico en el único lugar de la universidad donde se podía consultar: aquellas pantallas negras de texto verde fosforito en el centro de Cálculo de la Complutense. Hoy da risa, pero había que pedir la cita por teléfono con un día de antelación. A escondidas, desde el trabajo, cae también la primera cuenta en yahoo, tiscar@yahoo.com, que perdí tiempo después.

Y es el mes también de la primera compra online. Un billete de avión. A Alemania, cómo no…

Marzo

Visita a Santander. Oferta del Pryca –ahora Carrefour- y primer ordenador personal en la casa familiar. Antes habíamos tenido un Epson con disco de 5/4 y pantalla en blanco y negro. Ahora tocaba un IBM Aptiva con CD y pantalla en color. Todo un lujo. Tan pronto como lo montamos logré convencer al aforo familiar de la “necesidad” de internet y contratamos nuestro primer proveedor: arrakis.

Toda la familia alrededor de aquella extraña televisión. Había que ganarse al personal, así que primera búsqueda en yahoo (sí, entonces google no era nadie): “Virgen de Tíscar” (patrona del pueblo de mis padres). Su primera sorpresa emocionada: páginas con fotos de su virgen y de su pueblo. Increíble, alguien había escrito sobre ello. ¿Quién sería? ¿Un paisano? ¿Un emigrante como ellos? ¿Cómo se podía contactar? Un email y respuesta a las dos horas. El milagro de internet iba haciendo su efecto. Y yo tenía a la familia en el bolsillo. No sabían que la “necesidad” de internet tenía nombre germano y “nuestra solución” pasaba por simular algo parecido a un chat vía telnet.

Abril

Me tocó trabajar toda la Semana Santa. Recuerdo que hubo temporal de lluvia y nieve. El país se colapsó. Como siempre. El poco tiempo libre era para los trabajos de doctorado y para alimentar una relación a distancia, que empezaba a pesar.

Mayo

Primera vez en el Festimad. Y última. Nos colamos, llovió sin parar, teníamos barro hasta las rodillas y terminamos con un gran catarro.

Un profesor de doctorado organizó un viaje a las instituciones europeas y me embarqué. París en primavera, los valles de Luxemburgo y los canales de Estrasburgo tan cerca de Alemania… No podía desaprovecharlo. Lo aprovechamos.

Junio

De vuelta, al alemán California le parecía demasiado lejos y a mí demasiado cerca -me iba en septiembre-, así que ambos recuperamos la economía y el sosiego.

Julio-Agosto

Estuve todo el verano trabajando, sin vacaciones, ahorrando para el siguiente viaje. Tenía turno de 8 a 4 y pasábamos las tardes tórridas entre la piscina de la Casa de Campo y el aire acondicionado de la primera sesión del cine. Recuerdo haber ido a ver El gran Lebowski en la Plaza Luna con Pilar, pero entre el cansancio y la versión original, nos dormimos media película. Cuando despertamos, en la pantalla había una escena con un dedo cortado y una uña pintada de verde. Nos asustamos. Miramos mis pies. Yo llevaba las uñas verdes.

Septiembre

Final de mes. Rumbo a LA. Primera vez en Estados Unidos. Aterrizaje en el Coop, una especie de residencia autogestionada, la más barata del lugar, muy bien situada y adonde van a parar todo tipo de estudiantes de mal vivir. Una de las mejores cosas que he hecho nunca, sin duda. Pasé todo el primer trimestre en una habitación triple, con una chica de Singapur y una sevillana. En enero del siguiente año ya subí de categoría y me mudé a una doble con Naoko.

Octubre

Me habían admitido en el departamento de Sociología para un proyecto de medios y bilingüismo… que no existía 🙁 A cambio, me ofrecieron una batería de cursos de estadística y análisis cuantitativo que me pusieron los pelos de punta. El 4 de octubre de aquel año, cuando nacía Zemos98, me pilló en plena shopping week. Había que ser rápida y escoger pronto las asignaturas. Así que abandoné la sociología (la única que me interesaba era la de Kollock pero ya había comenzado y no me dejó seguirla) y fui a probar suerte en la Escuela de Cine y Tv. No admitían extranjeros becarios pero pude colarme en un curso marginado a las 7 de la tarde que apenas tenía alumnos: “Digital revolution” en el incipiente New Media Lab que estaban montando. Ya no salí de allí. Y allí se quedaron algunos de mis experimentos.

Noviembre

Inauguramos el mes disfrazándonos decualquiercosa para la fiesta en el Halloween Parade de West Hollywood (todo un espectáculo). Pipi Calzaslargas siempre ha sido una apuesta segura en territorios precarios y, una vez más, me sacaba del apuro. Me siento más disfrazada con éste, pero no valía.

En una ciudad sin transporte público y tanto por recorrer, tenía que ser el momento para el primer coche: un viejo Audi 4000 automático -cómodo para conducir con sólo una mano– y barato, unos 2000 dólares. Lo compré a medias con un compañero y no debió de ser mal negocio, porque al cabo del curso lo acabamos vendiendo por el mismo dinero. Me trae muy buenos recuerdos. Con este coche fui a San Francisco, a Las Vegas y repetí, al Cañón del Colorado, a San Diego…

Diciembre

…y a Santa Mónica, cada vez que nos apetecía escaparnos en pijama a tirarnos en la playa. Cerrando un estupendo año sin prisa, que aún quedaban muchos meses más por disfrutar antes de volver.

Y le paso el meme a unos vecinos que espero disfruten tanto como yo construyendo este relato de nostalgias: Edgar, Adolfo, Rosa, Luis y Mia.

0 pensamientos sobre “¿Dónde estabas en 1998?”

  1. algunas fotos son…míticas. sé de alguno de mi equipo que cuando se entere de que has estado en EEUU le va a dar un ataque de envidia sana…espero que siga la cadena de la nostalgia porque está siendo guay conocer las raíces de cada cual… ¡besos y gracias!

  2. Sí, yo también estoy deseando que siga la serie y conocer a la gente diez años atrás. También es una oportunidad para desempolvar el escáner, aunque dé pereza 🙂

  3. Cómo te lo has currado, Tíscar! me ha encantado leerlo y las fotos son geniales, vaya experiencias! me he reido mucho, y ni punto de comparación, te prefiero a ti de Pipi con esos dos maromos que a la niña con el Sr. Wilson y Pequeño Tío.

    Besos

  4. tiscar… ahora entiendo por qué te ha gustado especialmente este meme… en 1998, como diríamos por aquí en nuestro “lenguaje común particular”:
    ¡¡la liaste parda!!

    gracias por este post, en serio, a mi me ha emocionado!

    seguimos regresando al futuro, ya mismo empieza esto…

  5. Fue un año genial y 1999 también, pero lo tendré que dejar para el próximo aniversario de Zemos98. Fue un buen cierre de siglo, sin duda. Regresemos al futuro!

  6. Brutal. Creo que voy a activar mi blog del 2001 sólo para contestar al MEME al nivel que lo has hecho tú… gracias de veras.

  7. Diamond: y las que no pongo 😉
    Lo que pasa es que tú me conoces de profe y en el aula hay que mantener la compostura
    Ay, la reputación….

  8. Pingback: NotasD
  9. No, no os agobiéis, hacedlo a vuestra manera, sólo faltaba… Adolfo me ha dicho lo mismo 🙂 Yo es que tenía un domingo inspirado y era un año fácil de recordar.

  10. Impresionante recorrido. ¿Cómo puedes acordarte de todo? Me has hecho hacer memoria y recuerdo que por aquel entonces estaba en mi primer año de Filología Hispánica, aún no sabía que cambiaría de carrera y lo que ello desencadenaría.

  11. La piscina de la Casa de Campo era una de las pocas piscinas, más o menos céntricas, que tenía césped para tumbarse. Algo que para 2 chicas de campo resultaba imprescindible en aquel entonces, supongo que ahora también, eso de tumbarse en julio sobre unas losetas de cemento a 38 ºC no nos seducía lo más mínimo… Por eso íbamos esa piscina. Tíscar llevaba un bikini amarillo de un material parecido al terciopelo… precioso!! Lo recuerdo perfectamente.
    Por aquel entonces nuestras obligaciones eran escasas, a parte de la de trabajar. Así que, a menudo, nos quedábamos un poquito más en el trabajo y ahí fue donde Tíscar me descubrió el mundo Internet y donde yo también me creé mi primera cuenta en yahoo, con su ayuda (por cierto, la sigo conservando). Casi nadie tenía correo por aquel entonces y todos los mensajes eran personales (nada de reenvíos chungos). Descubrir Internet fue algo maravilloso que entonces no alcancé a comprender del todo. Como más tarde pasó cuando Tíscar me enseñó su primer blog, pero esto fue mucho después ¿o no tanto?
    ¡Quién pudiera despertarse otra vez en medio de una sala de cine, oscura y fresquita, para sorpenderse con aquellas uñas verdes que Tíscar llevaba en sus pies! Si cierro los ojos, casi casi lo puedo sentir.
    Gracias por tus nítidos recuerdos.
    No podemos permitirnos olvidar todo aquello.

  12. Yo recuerdo el tuyo, tan hippy, de colores jamaicanos y ganchillo. Y lo que te costaba secarlo. El mío lo sigo conservando, amarillo, reluciente. Ya sabes que soy una recicladora nata y me cuesta desprenderme de los objetos con valor sentimental. Hay quien dice que más que recicladora soy una diógenes en potencia y puede que algo de ello haya, de viejecita me veo arrastrando carros de supermercado lleno de bolsas de plástico 🙂
    “Por aquel entonces”, me encanta esa expresión y la de “obligaciones escasas”. Jo, qué tiempos. Recuerdo aquella pizza multitudinaria tras la piscina y los vestidos marrones replicantes. Qué estrecheces, ¿cuántos cayeron? ¿tres? ¿Esther, tú y yo? Y la cena con las camisetas pintadas. Y, y… y tanto.
    No, no podemos permitírnoslo 😉

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