No hay portada sin celebrity

El pasado fin de semana los directores de El País y The Guardian hablaban sobre la necesaria resistencia a la trivialidad en los diarios de referencia y de internet como plataforma de salvación. Bonitas palabras para mercados complejos. Cuando en el papel la jerarquización se dibujaba horas antes de su consumo popular, la construcción de la portada se regía por aquello del newsmaking y otra suerte de valores abstractos. Cuando se sabe al minuto qué noticias son las más leídas, como ocurre en los digitales, la tentación es demasiado concreta como para dejarla escapar.

Los medios suelen mostrar preocupación en público por que las noticias de Britney Spears sean las más leídas, pero no deja de ser un discurso hipócrita cuando no se asume la responsabilidad de convertir en noticia lo que probablemente no lo sea, por mucho tirón que ésta tenga en el ancho de banda. ¿Cómo se explica entonces la tendencia a colocar una sección de Gente en zonas calientes de la web?

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Un ejemplo de hoy: foto de Ben Affleck en la zona superior de portada. El notición: que dice haberse sentido perjudicado por su romance con Jennifer López. Muy bien, si tan interesante es, busquemos cómo se amplia la información: pinchamos y nos encontramos un desarrollo inversamente proporcional a su supuesta importancia y relevancia para ocupar esa posición. Esto es, cero.

Y así un día tras otro. La cuota “celebrity” se ha instalado en las portadas digitales entonando un canto de sirenas que atrapa a ese lector imaginario que es Google y su Zeitgeist.

0 pensamientos sobre “No hay portada sin celebrity”

  1. Lo peor es que se retroalimenta, como la típica lista de “Las 5 noticias más vistas”: son las más vistas, están en esa lista… y haces clic, colaborando a engrosar su másvisteo.

  2. Realmente la lista de noticias más vistas suele dar miedo. Pero así en todos los medios. En Yahoo!, que es lo que conozco, hay una diferencia abismal entre las visitas que genera una noticia seria, pocas, y una noticia graciosa o superficial, muchísimas.

    Y lo peor es que propuestas como Digg o Meneamé, que nacieron con la vocación de hacer frente a este problema, cada día seleccionan noticias más estúpidas y superficiales.

  3. La diferencia es que Menéame no las genera. En cambio, El País, El Mundo y medios que pretenden ser de información general con cierto rigor sí que las convierten en noticias. Y de ahí pasan a Menéame.

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