Editar no es explicar

Dice el Defensor del Lector de El País en su columna de hoy que “los lectores son un bien escaso”. Tiene razón, pero no es el único bien que escasea. También lo es la función que él mismo representa dentro de un periódico.

La figura de ombudsman en un medio de comunicación no se debe limitar a ser un simple editor de las quejas que le remiten los lectores cuestionando la labor profesional del medio. Si lo que se busca es darles visibilidad y asumir que se han escuchado, con un foro abierto se podrían ir enumerando y no habría necesidad de seleccionar sólo las que caben en una columna.

De un Defensor del Lector se espera que investigue sobre las causas que hay detrás de los casos que se comentan, explique las circunstancias que los han motivado y contribuya a reforzar el debate sobre la profesión periodística, su alcance y sus límites. En otras palabras, que actúe de reportero para el lector investigando dentro del medio y aplique su criterio profesional en la evaluación de los datos recabados. Un paso más allá que cada vez es más difícil de ver.

Su columna de hoy es un reflejo de esta deficiencia. Nos quedamos, por ejemplo, con las ganas de saber por qué se han publicado dos reportajes demasiado parecidos y con más de un año de diferencia (El decano de los concejales el 20 de octubre de 2005 y A los 89 años Carmelo no se rinde el 8 de enero de 2007).
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