Borrar no es Rectificar

Una de las principales críticas que se suele achacar al periodismo de masas es la desproporción en el espacio que se destina a las correcciones en función de las informaciones erróneas previamente publicadas. La Fe de Erratas, de producirse, suele ocupar un lugar marginal dentro del medio de comunicación, que normalmente alega impedimentos de tiempo y espacio para equilibrar esta diferencia.
En los medios digitales, estas razones no son fáciles de justificar puesto que una de sus características básicas es la ruptura con los clásicos obstáculos espaciotemporales de los medios periodísticos. Sin embargo, esto no favorece que se haga mayor uso de la rectificación puesto que se suele optar por eliminar directamente las correcciones. Ramón Salaverría se muestra tajante ante este tema:

“…borrar no es sinónimo de rectificar. Borrar equivale a esconder pistas, ocultar rastros, escamotear información; en definitiva, mentir. Rectificar, por el contrario, supone reconocer que se ha errado y reparar el daño o perjuicio que se haya podido ocasionar”.

Algunos medios se destacan por la noble inclusión de las correcciones en sus páginas manteniendo los textos originales, como es el caso del New York Times. Otros, en cambio, reeditan sobre la marcha sin dejar rastro de la evolución. Sin embargo, en internet es difícil no dejar rastro. Algunos lectores de noticias como NetNewsWire recogen las distintas versiones de una misma noticia según ésta se va corrigiendo. Así lo explica en uno de los comentarios al post de Salaverría el autor de Donde dije digo, un blog que extrae algunos textos reeditados de medios como El País y El Mundo.

En este sentido también se manifiesta Jim Hall en su libro Online Journalism, quien destaca la importancia de la permanencia de las páginas webs en su URL original a modo de hemeroteca de referencia:

“While print journalism becomes a matter of record as it reaches the news stands, and broadcast media often tend to dissipate into the ether, news on the Internet inhabits a tenuous half-life somewere between the two. As long as a page remains on the main site it should retain the same URL; readers can return to it and links can be made to it from within the provider´s site of outside”. (Hall, J: 2001)

A pesar de que Hall no hace referencia explícita a los blogs en su libro (publicado en el año 2001, antes de la explosión del fenómeno) podemos entender la importancia para el periodismo de una de las aportaciones del formato weblog en el intercambio de información online: el permalink o enlace permanente.

En los weblogs personales cada autor o autora tiene su propio estilo en cuanto a la corrección, el borrado y la actualización. Hay quienes lo indican en el propio post con un apartado o quienes escriben otro post en referencia al anterior. El formato permite todo tipo de manipulaciones (editar una fecha de publicación, reescribir el artículo, borrar y editar comentarios, etc.) y es la persona en última instancia quien aplica los criterios éticos que cree más conveniente. De todo el abanico de posibilidades recuerdo una norma propia de D.Winer que comentó en el taller de blogs en Harvard: “hago todas las ediciones y correcciones que crea conveniente durante el mismo día de la publicación. A partir de las 24:00h. ya no toco nada en ese texto”.

Fuente: …y aquí no ha pasado nada de Salaverría, descubierto a través de Las licencias copyleft, ¿sirven para algo?.

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