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IDENTIDADES DIGITALES

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6::5::2012

Comunicar la innovación en redes #com_innovacion

Mañana investigadores, empresas, científicos, emprendedores, administración y periodistas se dan cita en las Jornadas Comunicar la Innovación con el objetivo de explorar el potencial de la ciencia como motor de innovación y competitividad.

En el programa me han encomendado el cierre abordando el nuevo papel de las redes sociales para comunicar la innovación. Como el tiempo será muy reducido, y como prefiero abrir que cerrar, inicio ya el debate con estos breves apuntes sobre el tema:

Comunicar la innovación. El nuevo papel de las redes sociales.

o cómo COMPrender que COMPetitividad tiene que ver más con COMPartir que con COMPetencia/COMpetir

 

 1. Innovación abierta. Apertura de procesos para involucrar a todos los agentes en su diseño y evolución.

 2. Comunicación directa. Difusión de conocimiento en diálogo con la sociedad.

 3. Marketing personalizado. Canales para llegar a públicos específicos de interés: socios, inversores, prensa, sociedad en general.

 4. Testeo constante. Una forma de probar ideas, modificarlas y aprender de su interacción con otras.

 5. Colaboración potencial. Un medio para atraer talento y captar colaboradores potenciales.

 6. Comunidad de valor. Un entorno donde crear y mantener grupos de interés alrededor del proyecto, producto o servicio innovador.

 7. Globalización distribuida. Un mercado universal más allá de fronteras de espacio y tiempo.

 8. Open science. Participar de una cultura de producir ciencia e innovación de una forma abierta abierta y transparente.

El propio evento es un ejemplo de comunicación digital, con diversos canales de participación en redes (twitterfacebookyoutube) tanto para su seguimiento previo, en directo y  posterior dinamización más allá de la jornada presencial (#com_innovacion).

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3::5::2012

Formar a los que forman: alfabetizar a los que alfabetizan

El CEP de Córdoba ha publicado un monográfico dedicado a la formación de profesorado, entre cuyos artículos se encuentra el siguiente texto que escribí para su Revista. El título se inspira en la conferencia en que conocí a José Luis Molinuevo en un congreso hace unos años: “Alfabetizar a los que alfabetizan”.

Formar a los que forman. Cómo alfabetizar a los que alfabetizan en un mundo digital

Inmigrantes digitales bajo el complejo de Prensky

Mucho ha llovido desde que Mark Prensky acuñara la dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales. En aquel momento, los profesores encontraron un lugar en el territorio digital y se situaron al otro lado de la frontera, en la cola de los viajeros que querían pasar a la tierra prometida y ser capaces de dominar el lenguaje de los nativos, aborígenes de una nueva raza milagrosa que parecían dominar aquellas tierras ricas en ceros y unos, en cables y en pantallas, dotados de nuevas habilidades y prótesis.

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Fue entonces cuando los profesores se autoconcibieron como ciudadanos virtuales de segunda, como inmigrantes analógicos que querían llegar algún día a tener un pasaporte digital que les permitiera disimular su acento, sus ropas y sus gestos venidos de otras tierras. Unos empezaron a mirar a los nativos con admiración, otros con resignación y otros con complejo de inferioridad. Para muchos de ellos, los nativos eran seres mágicos que con solo entrar en contacto con la tecnología adquirían unas propiedades sobrenaturales que les llevaban a producir fascinantes imágenes, textos y comunicaciones de una manera casi mística. Ellos por el contrario se esforzaban por superar las barreras idiomáticas, por aprenderse los manuales de todos aquellos sistemas desconocidos, por estudiar de noche para intentar disimular de día frente a sus nativos coetáneos, por pelear frente a antivirus que saltaban con mensajes amenazantes, ratones que se rebelaban al movimiento de sus muñecas y archivos que desaparecían misteriosamente de sus carpetas.

Este binomio nativos-inmigrantes para definir las tensiones entre los hablantes socializados de una lengua y los aprendices de la misma ha sido muy útil durante un tiempo para abordar el problema suscitado de la alfabetización digital, especialmente para el cuerpo de profesores que vieron en esta oposición de naturaleza territorial y cronológica (nacer es un acto involuntario y natural, mientras que ser inmigrante es un acto voluntario y artificial) una explicación a su incompetencia frente a sus alumnos. Sin embargo, si bien esta forma de nombrar el mundo ha sido muy práctica, y prueba de ello es su amplia extensión, también es muy delicada por cuanto como metáfora arroja luz y sombra, mitificación y complejo, sobre nativos e inmigrantes respectivamente. Este estigma ha hecho mella en algunos profesores hasta el punto de autoconcebirse como “analfabetos digitales”, una imagen personal que daña la autoestima y la motivación y que, además, resulta completamente falsa al comprender tan solo la habilidad tecnológica e ignorar las dimensiones comunicativas y sociales de las competencias digitales que sí pueden aportar los profesores.

Por tanto, ni los alumnos son nativos competentes digitales por gracia de su fecha de nacimiento ni los profesores son inmigrantes analfabetos por el mismo motivo. Es cierto que hay ciertas habilidades que le son más fáciles a los más jóvenes, como puede ser la aproximación intuitiva a la tecnología, pero también es cierto que hay otras cuestiones que no son innatas y requieren de un cierto esfuerzo para su aprendizaje, como es la capacidad de tener un criterio propio para evaluar la credibilidad de la información, la sensibilidad por proteger la privacidad y la preocupación por utilizar convenientemente los contenidos digitales. Estos tres aprendizajes requieren de una madurez cognitiva que conviene ejercitar en el aula expresamente a través de la experiencia profesional de los profesores.

Peregrinos digitales, emprendedores del aprendizaje

Si continuamos con el juego de Internet como territorio y el atrevimiento de las metáforas, en lugar de pensar en los profesores como inmigrantes y los alumnos como nativos, podríamos más bien visualizarles como peregrinos digitales, en un estado siempre dinámico, motivado y en marcha. Peregrinos porque emprenden el camino por propia voluntad, desde su propio punto de inicio, en cualquier momento y en cualquier lugar de su vida, una o varias veces, sin prisa pero sin pausa, con una motivación clara sobre el porqué del camino aunque no conozcan perfectamente la ruta, pero con la convicción de que lo importante es el aprendizaje sobre uno mismo y sobre el entorno, como una vía de crecimiento personal, en la que nadie puede hacer el viaje por nosotros porque cada uno debe hacer el suyo, pero tambien con la confianza de no estar solo, de encontrar a otros peregrinos por el camino con quienes compartir la experiencia e intercambiar conocimientos.

Este camino no se transita única y exclusivamente en los cursos de formación de profesorado que proveen las instituciones educativas. Se despliegan en otros albergues virtuales, que son las redes sociales y las comunidades de práctica profesionales. Internet está repleto de oportunidades para aprender de manera informal contenidos y prácticas de alto valor. Para adentrarse en este viaje digital es fundamental ser proactivos en su emprendimiento, ser generosos en compartir conocimiento y traer de la mano a otros profesores para integrarles en la comunidad de aprendices.

Estos profesores ya existen, son peregrinos digitales en constante camino, que no solo avanzan para hacer muescas en el sendero, sino que vuelven sobre sus pasos, documentan sus mapas y recogen a los nuevos peregrinos que inician su aventura.

Son también llamados INprendedores, profesores que no dejan de aprender y emprender, que destinan su tiempo de ocio a disfrutar probando nuevas técnicas y herramientas digitales para después compartirlo con sus alumnos, sus colegas y la Red en general.

Entonces, ¿cómo formar a los que forman?

Lo que no parece discutible a estas alturas, por su presencia social pero también por su traslación normativa, es la importancia y necesidad de incorporar este conocimiento, uso y aplicación de manera transversal en todos los currículos educativos. Sin embargo, también parece obvio que durante este tiempo la aproximación de los profesores al trabajo con las TIC ha sido desigual, con mayor o menos intensidad según los casos.

En términos generales, podríamos decir que el enfoque predominante en todos los planes de formación de profesorado ha sido el de enseñar las TIC como un fin en sí mismas desde un enfoque fundamentalmente tecnológico, determinista y conductista, y no tanto como un medio de comunicación, colaboración y participación social. Esto se ha puesto de manifiesto en el propio título de los cursos, que solían nombrarse como tal o cual aplicación, y en la rígida didáctica de los mismos: un manual, un recorrido por el menú, una misma práctica y un mismo resultado. Todo de una manera muy atomizada y desestructurada. Pero también y en gran medida, desconectadas del currículo, sin capacidad de aplicabilidad directa y en algunos casos, incluso inaccesibles por ser programas bajo licencia propietaria que no tienen cabida en el presupuesto de un colegio medio (como es el caso de “Photoshop” por ejemplo).

Afortunadamente en los últimos años el desarrollo de las aplicaciones de código abierto provenientes del software libre y las aplicaciones en la nube propias de la web 2.0, sencillas y gratuitas (blogs, wikis, google apps, etc.), han permitido bajar el nivel de complejidad de las “herramientas” que protagonizaban esta clase de cursos y adaptarlas a la realidad del aula. A esto se añade el hecho de que cada vez tenga más peso la propia dotación tecnológica que entra en el aula a través de los bolsillos de los alumnos. Así como hace unos años la dificultad era principalmente de acceso a los dispositivos (“tener un ordenador personal”), hoy la dificultad está en su uso eficaz y aplicado.  Si bien esto genera cierta tensión en el profesorado que se ve incapaz de controlar este influjo, conviene que, más que censores, se conviertan en árbitros con especial capacidad para gestionar estos nuevos ecosistemas de producción multimedia en beneficio de la colaboración y el aprendizaje curricular.

Algunas claves para la formación del profesorado

Mapas digitales

Organizar un mapa de aplicaciones en función de su uso y función comunicativa. En demasiadas ocasiones se organizan cursos de manera fragmentada sin que sea fácil para el profesor identificar cuál es la relación de esos contenidos con otros que haya podido asimilar anteriormente, así como conceptualizar cómo puede continuar su itinenario formativo en un futuro próximo. Esto le facilitará ubicar aquellas nuevas técnicas o herramientas que vaya experimentando dentro de una visión global sobre el universo de Internet y de la tecnología digital.

Aplicaciones accesibles y aplicadas

Utilizar aplicaciones y tecnologías que sean accesibles para el profesorado, esto es, que estén disponibles dentro de su ámbito de trabajo, bien porque sean de código abierto (en casos de instalación convendrá que haya soporte TIC en su centro) o porque sean aplicaciones gratuitas de la web 2.0 que no precisen de servidores propios. Por otro lado, también es importante que las herramientas sean de fácil y rápida aplicabilidad en su tarea como docente en el aula, de modo que se puedan trasladar al aula al día siguiente del curso.

Trabajo por proyectos colaborativos

Diseñar las actividades formativas de tal forma que los profesores puedan aprender el uso de la tecnología de una forma transversal a lo largo del desarrollo de proyectos concretos y en lo posible, en grupo, de modo que también se adquieran habilidades de trabajo colaborativo e interdisciplinar. En este sentido, se trata de evitar aquellas actividades que se planteen como una mera repetición de pautas guiadas en un manual. Este tipo de tareas, centradas puramente en la ejercitación de unas destrezas, resultan repetitivas y desmotivadoras. Por el contrario, proponer a los profesores la posibilidad de configurar sus propios proyectos dentro de sus materias hace que integren las tecnologías como medios y no como fines, favorecen su transferencia al aula y motivan la cooperación entre áreas disciplinares.

Prácticas críticas y creativas

La formación en TIC no tiene por qué ser aburrida y desaprovechar el potencial multimedia y comunicativo que contienen este tipo de tecnologías. Al contrario, es perfectamente compatible diseñar actividades en las que los profesores puedan abordar el uso de las TIC al mismo tiempo que desarrollan prácticas creativas y críticas. Este tipo de dinámicas permiten integrar algunas claves de la cultura digital, como es la remezcla de documentos multimedia, la autoproducción de contenidos y la difusión viral de los mismos en las redes sociales.

Documentar los procesos

Una buena forma de aprender y de volver sobre lo aprendido es practicar el hábito de documentar los procesos de adquisición de conocimientos. Esto facilita la creación de tutoriales, portafolios y guías que ayudan a reflexionar sobre la propia manera de aprender, pero también a quienes pueden encontrar una fuente de información en ello cuando esto se comparte en la Red.

Compartir la práctica en la Red

Compartir en la Red los procesos y resultados de un proyecto de aprendizaje con tecnologías digitales es una buena práctica para corregir y depurar el propio trabajo destinado a ser publicado, así como para reforzar la autoestima personal a través de la construcción de una identidad digital profesional, pues el reconocimiento de los iguales ayuda a seguir mejorando en esta aventura de ser profesor-aprendiz.

Lógica Tetris

Tomar una actitud frente al aprendizaje TIC al estilo del juego Tetris, de tal manera que se pueda aliviar el estrés habitual que genera el no comprender cada uno de sus elementos, con la paciencia suficiente para seguir adelante y confiar en que en una siguiente etapa se relacionarán unos conceptos y otros rellenando lagunas previas. Cuando aprendemos el uso de una aplicación o el funcionamiento de un dispositivo, hay muchas cosas que no manejamos o entendemos en su totalidad, pero son dudas que conviene dejar reposar y esperar a su momento de solidificación, cuando nuevas ideas se incorporen y aporten coherencia interna. No hay que saberlo todo, ni dominarlo todo para avanzar. Porque es imposible, además, ya que nadie es capaz de definir ese “todo”. Sin embargo, sí podemos ir componiendo nuestro puzzle particular fijando las fichas del entorno personal de aprendizaje que se va construyendo de forma dinámica.

Lógica de móvil

A lo largo de una misma generación hemos pasado de la lavadora con los mismos botones que funciones a un mundo en el que un mismo botón sirve para multitud de funciones. Es lo que llamamos lógica de móvil, de aproximación a la tecnología a través de sus metáforas de navegación. Los dispositivos móviles, como tabletas o smartphones, nos demuestran cómo un diseño de interfaz y una búsqueda activa de funciones se dan la mano para integrar multitud de accesos y rutas posibles en un mínimo espacio. Interesa, por tanto, hacer el esfuerzo de enfrentarse a la tecnología desde la intuición, descubriendo la lógica de navegación, y no desde el manual de instrucciones.

Se hace camino al andar

Para la mayoría de los profesores Internet es una NUEVA tecnología pero para la mayor parte de sus alumnos es LA tecnología. Aunque parece que fue ayer, lleva más de quince años con nosotros, cumpliendo esa edad mágica que parece marcar el paso de la adolescencia a la madurez en la mayor parte de culturas.

Las TIC, la Red, los dispositivos móviles, las aplicaciones, las nuevas tecnologías, todo en su conjunto, es una realidad ineludible de nuestro tiempo. Ciertamente hay que reconocer el estrés que supone por primera vez en la Historia la responsabilidad de enseñar sobre algo que no se ha aprendido previamente en un contexto formal. Sin embargo, el profesor no debe angustiarse por “aprenderlas” como un fin en sí mismas, sino de “aprehenderlas” y de incorporarlas como un medio de especial potencial para “aprender” en cualquier momento y en cualquier lugar, con otras personas y en otros contextos sociales. Para ello es conveniente partir de una autoconcepción como aprendices, desprenderse de complejos de inmigrantes digitales y aproximarse a la tecnología desde una actitud proactiva, procurando en lo posible aprender como queremos que aprendan nuestros alumnos, motivando las prácticas colaborativas, críticas y creativas.

Es importante recordar que todos sabemos algo y nadie lo sabe todo. Si exploramos las formas de poner en común los distintos saberes, alumnos y profesores trazaremos juntos los caminos de nuestro particular y colectivo peregrinaje digital.

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4::4::2012

La soledad digital en tiempos de twitter

¿Qué pasaría si un día dejáramos de escribir en Twitter? ¿Cuánto tardarían nuestros seguidores en darse cuenta? Difícil de cuantificar en un espacio tan barroco, deudor del horror vacui, donde no hay silencios y donde todo es un flujo constante. Como experimento, el otro día tuve el impulso de preguntarme/lo en Twitter y unas cuantas personas respondieron al llamado. La mayor parte fueron de afecto y compañía, para que no me sintiera sola u olvidada, que no sé qué es peor. Pero hubo quien me ofrecía escoger entre la verdad o la mentira piadosa :)

Me recordó a aquel post cinco años antes sobre la soledad del blog sin comentarios. Hoy ya no sufro por su ausencia aquí. He asumido que el salón ya no está en el blog, sino que la conversación se derrama por otros recovecos digitales, en twitter, en facebook, en google+… (digo que no sufro, pero reconozco que los añoro y por eso he instalado el plugin de Twitter Mentions as Comments para intentar coserlos con hilo de pescar).

El otro día una de las divas de la pantalla, y no hablamos precisamente de Lady Gaga sino de Sherry Turkle, abocaba por la desconexión tecnológica como forma de reconexión social.  En el mismo periódico otro reportaje nos hablaba de “los insumisos de las redes sociales”, personas que de forma voluntaria deciden “no existir” en esos espacios para así controlar su identidad digital. Por su parte, David Silver lleva varios cursos practicando con sus alumnos el “Logg off before you log on”, experiencias colectivas en contacto con la naturaleza que se experimentan unplugged para ser después documentadas online.

¿De verdad nos sentimos más solos cuanto más conectados? ¿Nos conectamos para paliar la soledad? ¿No sabemos disfrutar de la soledad por estar conectados? ¿De qué soledad estamos hablando? ¿De la impuesta o la deseada? Ayer moría una de las personas que mejor ha dibujado la que es sinónimo de tristeza existencial en un libro tan tierno como es Un hombre solo.

Son viejas preguntas que van ocupando nuevos entornos tecnológicos. Si bien todos los excesos son problemáticos, sigo considerando que la capacidad de interacción social que Internet nos ofrece es una enorme oportunidad para desarrollarnos como personas. También que la sociabilidad analógica intensifica la digital y viceversa. Que cuanto más afecto generamos en lo virtual más necesidad tenemos de complementarlo en lo físico. Que conexión y desconexión no son términos opuestos, sino opciones a tomar según el momento. Que se puede tener más confianza con quien no has visto nunca que con tu vecino de planta. Que uno puede tener mil identidades digitales y el otro estar cómodo en el correo electrónico. Que se puede cruzar un saludo en un chat y seguir doce años después despertando a su lado.

Porque lo más interesante de todo esto es que al otro lado de la pantalla, o en la pantalla misma, están las personas. Y esas personas somos nosotros.

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Cómo comunicar en soporte digital

Texto de apoyo de la conferencia “Cómo comunicar en soporte digital” [vídeo] en la sesión web de Gencat en marzo de 2012.

Un título genérico se presta a ser abordado desde muy distintas perspectivas. Hace unos días tuve la enorme responsabilidad de embarcarme en la 27 #sessionweb de Gencat, un ciclo que se ha convertido en una referencia de los eventos sobre internet desde hace siete años. Su ubicación en el departamento de estudios de la Consejería de Justicia habla también de su carácter excepcional y del grupo de profesionales de la administración pública que han impulsado este tipo de jornadas, en un principio de formación interna y desde hace un tiempo abiertas al público.

Me encontré ante un aforo de unas 300 personas. Decir algo nuevo sobre comunicación digital es tan atrevido como imposible. Todos somos juez y parte de esta nueva dimensión social que es internet y de sus culturas comunicativas. Todos tenemos experiencia, sentimientos, preocupaciones, dudas y certezas alrededor de este tema. Este post no es un repertorio de redes sociales, ni un manual de SEM-SEO, ni un catálogo de tecnologías futuristas. Es un recorrido discursivo sobre el cambio de paradigma de la comunicación de masas a la comunicación de las personas en el soporte digital, en el mundo digital, en el mundo actual.

Este viaje se estructura en torno a tres ideas, tres conceptos que nos ayudarán a pensar estos cambios: el remix o remezcla, el DIY o amateur y la viralidad o difusión-red. O lo que es lo mismo, en términos de teoría clásica de la comunicación: observar qué está pasando con el mensaje-producto, qué ocurre con el emisor-receptor y qué sucede con los canales-códigos-medios.

A estas alturas, después de ver cómo los medios de comunicación tradicionales no solo han perdido el monopolio de la comunicación masiva, sino que han tenido que ceder espacio en sus propios discursos mediáticos a la interacción con otros contenidos de aportación ciudadana, cabe plantearse cómo se están construyendo las nuevas portadas informativas, cuáles son los nuevos criterios de relevancia y qué es lo más importante para la sociedad. Contraponer la portada de un diario digital con la sección de “lo más enviado” o “lo más visto” da una información tan interesante como inquietante, por cuanto nos está diciendo qué ha sido lo importante/relevante para los usuarios. No siempre nos gustará lo que veamos. ¿Hasta qué punto dejarse influir por esos datos en tiempo real o mantenerse al margen apostando por una portada editorial? Pero no todo sucede en el contexto de los medios, hay nuevos actores que también se están convirtiendo en medio y tienen un gran poder para redirigir nuestra mirada sobre lo que consideran más relevante. Uno de ellos, por poner un ejemplo, es google y sus famosos dibujos, esa portada “naive” que no deja de ser la primera noticia del día para muchos navegantes.

El llamado periodismo ciudadano ha demostrado cómo se han ensanchado las posibilidades de aportación de información por parte del público. La arrogancia de los medios, la pérdida de credibilidad por su aproximación a los poderes políticos o económicos y la pérdida de calidad profesional, unido a la evolución de Internet ha herido de gravedad al periodismo. La historia de la prensa de los últimos diez años está llena de casos en los que la Red ha desafiado a los medios demostrando su propia ineptitud. Aún se conserva la coletilla de “videoaficionados” en los telediarios para distinguir el material profesional del amateur, pero lo cierto es que este tipo de remezclas o fusiones de piezas informativas van en aumento por su propia accesibilidad. Ya parece superado el viejo dilema de “periodismo profesional” frente a “periodismo ciudadano”, pero durante un tiempo fue recurrente encontrar foros y mesas de debates sobre la polémica de si eran “son los blogs periodismo?”. De igual forma, ahora podríamos seguir con ese estúpido mantra y cuestionarnos aquello de “¿es twitter o facebook periodismo?”. Obviamente la pregunta es errónea en sus términos, por cuanto confunde medio con función comunicativa.

Lo que sucede es que desde un punto de vista conceptual de dibujo del modelo comunicativo de masas, hemos pasado del esquema clásico, unidireccional, vertical y simplificado (emisor-medio-mensaje-código-canal-receptor) a uno mucho más complejo, dinámico y circular, donde los roles mutan y se solapan constantemente (emisores-receptores / mensajes-medios-canales-códigos).

Pirámide alimenticia: de la diversidad al empacho 

Esos “daily-me” que soñara Negroponte en los inicios de Internet es una realidad tangible. Es la dieta informativa a medida, seleccionada directamente por el usuario, que se suscribe a lo que decide que son sus fuentes de interés y cuya intensidad ecualiza según le convenga. Es una liberación de las capacidades del “ya no lector, receptor, televidente, radioyente, etc.” sino más bien “producer, prosumer, emerec” que interviene directamente en el diseño de su ecosistema de proximidad. Pero también es, como apuntó una persona en el público, un riesgo de empobrecimiento en la dieta nutritiva. Si volvemos al símil culinario, comer a la carta si siempre tenemos la misma carta, puede producir una infra-alimentación si esto supone cortar las posibilidades de acceso a otras oportunidades, a otros menús, a otras ofertas gastronómicas.

Matar al mensajero
No cabe duda de que el mundo era más sencillo antes, cuando los flujos de comunicación pública estaban más controlados e identificados por finitos, cuando distinguíamos con más facilidad qué era comunicación pública de privada, información de publicidad, profesionales de aficionados, etc. Ahora todo se torna mucho más complejo. A más fuentes de información, más oportunidades, pero también más responsabilidad de convivir y manejar esos frentes multiplicados, de distinguir el ruido del valor, el dato de la opinión, el anuncio del titular. Una responsabilidad que compartimos con los círculos de confianza, donde mezclamos los institucionales (si ofrecen algo más que el modelo lineal clásico de medios, empresas y gobiernos) con los personales u no oficiales, que se hacen un hueco en el espectro por mérito propio.

Con lo 2.0 matamos al mensajero, pero una vez muerto nos damos cuenta de que necesitamos mensajeros, filtros, criterios,… y se inventan, desde abajo, en nuevas relaciones de confianza. El mensajero resucitado puede ser nuestro vecino, físico o virtual, nuestro contacto en FB, nuestra lista en TW.

No es tanto una desintermediación sino una renegociación sobre nuevos intermediarios

Una forma de evitarlo y que cada vez está cobrando más importancia, es la figura de comisariado de contenidos, una función de producción en sí misma, donde lo relevante no es el producto nuevo o original (qué se comunica de propio y exclusivo) sino de combinación, remezcla y recomendación de aquello que se considera relevante para su comunidad (lo original no está en el producto, sino en el metaproducto nuevo que se genera al descubrir y reinterpretar lo ya producido). Somos lo que citamos. Somos pantalla.

En realidad, nada nuevo. Criterio, filtro, prescripción, selección y organización de la información es lo que, entre otras cosas, ha sido tradicionalmente parte de la función del periodismo. No desaparecen por tanto esas funciones, esas necesidades, sino que se suman nuevos actores, medios, canales, técnicas, etc. que no son precisamente “profesionales” ni realizadas por “profesionales” pero marcadas por esas claves de las que venimos hablando: remix, diy, viral.

Quién comunica en soporte digital

Todos, porque podemos y porque queremos. Porque tenemos tecnología de bolsillo que captura, produce y elabora, y conectividad para publicarla inmediatamente. Si la web 2.0 es algo… es comunicación social en su máxima esencia. Comunicación de masas, para masas o por masas, de uno a muchos, de muchos a uno, más o menos profesional, más o menos personal, etc. según el objetivo, el canal, el medio, el mensaje…

La tecnología de comunicación amateur y la conectividad convierten a cualquier persona en un nodo en la red, en un punto de información ubicua, amateur, personal y directa, sin necesidad de que haya filtros o intermediarios. Es la pulsión del hazlo tú mismo, del amateur, del explorador. Si en el mundo analógico la comunicación pública era algo relegado a las empresas o las instituciones, mientras la comunicación personal se recluía en los entornos domésticos y privados, en el mundo digital la comunicación pública sale al escenario abierto y compite en la economía de la atención con múltiples voces, múltiples medios, a un clic de distancia, luchando por hacer oír su voz en un entorno coral, a veces cacofónico.

Comunico, luego existo

Sentimos una necesidad muy humana y trascendente de decir, de dejar una impronta de quiénes somos, de ser y estar en la red, de dejar huella de nuestro paso por la vida, que es vida digital. La metafoto en el baile de la toma de posesión de Obama simboliza este nuevo paradigma de lo que significa vivir al otro lado de la pantalla, que conviene no confundir con “ver la vida desde el otro lado de la pantalla” porque esta tecnología no es tanto una barrera separadora como una prótesis orgánica de nuestro ser digital. Tomar esta foto no tiene un significado informativo, el valor no está en atesorar el registro de esa imagen en el móvil, el valor está en poder mostrar y demostrar que se está allí viviendo ese momento único y efímero.

Frente al Síndrome de Diógenes Digital está el de levedad digital. Cuanto más registramos y archivamos, más conscientes somos de que tenemos que enfrentarnos al hecho de vivir en el flujo, de ser flujo, de renunciar a esos bytes, de ser RAM y no ROM en términos del recordado José Luis Brea . Fluido y flujo. Liquidez que diría Bauman. Necesitamos asirnos a algo y ese algo es esa identidad digital, dinámica, pero constante y en su coherencia, hasta sólida, que vamos construyendo en nuestra vida digital, en esa huella etérea y al mismo tiempo robusta que pasa cuando no pasa nada. Como la vida misma.

Esta foto de Obama me recuerda mucho al género de la postal de viajes, la postal que enviábamos desde el lugar de destino para fijar nuestra coordenada vital allí, para fijar tiempo y espacio, para decir estoy aquí y ahora, para mostrar y demostrar que eso es cierto con tecnologías documentales y acreditadoras, en este caso la postal. El valor informativo del mensaje escrito era mínimo, pues a quien se envía ya sabe que estamos allí y cuando llegue a destino probablemente ya hayamos vuelto. Pero lo importante es el mensaje simbólico e implícito en el hecho en sí. Pues bien, apps del tipo Foursquare recogen en cierta manera este tipo de pulsiones humanas, más sofisticadas y más relacionadas, pero de igual forma actuando como un matasellos digital, un decir “soy/estoy aquí y ahora”. Con la gran diferencia de que los ojos que miran y reciben ese mensaje son mucho más munerosos y el mundo de lo privado-doméstico se funde con el público-social.

Construimos nuestra identidad digital viviendo lo digital, día a día, red a red. Los perfiles en cada una de esas redes dan coherencia y músculo a la ubicuidad de nuestro yo, pero también actúan a modo de marco referencial, de marca o cabecera, de portal de reconocimiento, de medios de comunicación. El nick, su consistencia y repetición, da coherencia a la inmaterialidad digital, nutre de cuerpo, piel y músculo los bytes. Nos ayuda a ser públicos, a no estar diluidos y por ello difusos, a crear una identidad de dominio público. El anonimato no se persigue ni se desea, lo cual no se debe confundir con que sea obligado usar el nombre real. Hasta el nick más imaginario, hasta el hacker más oculto, va a querer crear una narrativa propia, una coherencia como autor a su alrededor. Hace dos años, charlando con Isaac Mao, recuerdo que le pregunté por qué utilizaba su nombre real en todas las redes cuando esto le podía causar algún tipo de problema en su país, China, teniendo en cuenta su marcado posicionamiento en muchas cuestiones de libertades públicas. A priori, nos podría parecer obvio que se sentiría mucho más libre desde un perfil anónimo. Mao me contestó que precisamente su identificación real era su principal apoyo social. Era el reconocimiento en los otros y de los otros lo que le sostenía con más fuerza. Ser real y ser público era lo mejor que podía ser. Y me pareció muy razonable.

Nos vestimos con la autoridad de los otros. Qué hacemos, a quiénes citamos, con quiénes nos relacionamos, con qué causas nos identificamos… todo habla de nosotros y envían señales a los demás sobre nuestra predisposición a interactuar en la comunidad. Los perfiles en las redes están diseñados para mostrar esta serie de indicadores o señales de la sociabilidad. Son las insignias, las medallas, los logos, los “open 24/7″ que ofrecen esa ilusión de “cuerpo presente”, ese escaparate del yo en el escenario público.

Los medios digitales, las nuevas plataformas de la sociabilidad, las redes sociales, saben de este impulso comunicativa y se diseñan para canalizarla y aprovecharla. Nacen vacías, como puro andamiaje tecnológico, como estructuras que esperan ser habitadas con nuestros contenidos. Nosotros somos los autores, los productores, los consumidores. Un ejemplo que suelo mencionar en este sentido es el giro que dio Twitter hace dos años al cambiar su lema principal, de la pregunta “Qué estás haciendo” al “Qué está pasando”, haciendo más evidente el potencial que había adquirido la herramienta no como medio de comunicación interpersonal, sino como medio de comunicación global. A estas alturas no es necesario subrayar el rol que ha adquirido en el último año en la geopolítica mundial.

YouTube también es un buen ejemplo de ello, en cómo fue diseñado desde sus inicios bajo el rótulo “Broadcast yourself” con esa doble lectura tan sugerente, de “proyéctate tú mismo”, “emitéte tú como mensaje” o “emítete a ti mismo”. Numerosos proyectos han nacido y crecido en esas plataformas, consiguiendo una atención mainstream sin partir de los circuitos de producción tradicionales. Estas plataformas siguen creciendo y evolucionando, modificando nuestras prácticas, guiándolas pero también respondiendo a ellas. Cosas ya presentes como el “otras personas que están viendo este vídeo ahora mismo” apuntan hacia una tendencia cada vez más generalizada de aproximarnos en las redes a partir de intereses comunes, de ofrecernos sugerencias de personas, de crear una ilusión de sincronía, de vivir la misma experiencia de vida en tiempo real.

 

Si puedes contar, tú cuentas. Contar, cuenta

Armados con bolígrafos y rotativas digitales donde narrar es posible, contar, contarse y conseguir que otros nos cuenten y cuenten con nosotros, cuenta más que nunca. Y no es un trabalenguas. Ser proactivo en la construcción de identidad digital, en la documentación de los procesos y en la toma de posturas públicas es crítico para no quedarse diluidos en la insignificancia, en el negocio de lo oculto, en la invisibilidad de la relevancia, en la lectura del mundo globalizado. Esto aplica tanto en lo personal como en lo colectivo. Comunicamos por placer, por necesidad, por ocio o negocio. Para cualquier organización o institución con una misión social, ya sea una administración pública o una asociación sin ánimo de lucro, tener la sensibilidad y la destreza para ser cuerpos comunicantes en el entorno digital deja de ser una posibilidad y entra en la categoría de necesidad.

Este alcance es posible gracias a la propiedad viral de las redes que nos impulsan más lejos y a mayor velocidad de lo que nunca los límites de espacio y tiempo modernos pudieron imaginarse. Trasladar la responsabilidad de las competencias comunicativas de manera distribuida a los sujetos de dicha relación supone también una nueva tensión en las reglas de los modelos tradicionales de comunicación. A menudo surgen las dudas sobre cómo conciliar el perfil profesional con el personal, sobre cómo responder o no responder desde una voz individual o una voz institucional.

En Internet y en las librerías encontraremos multitud de posts, tutoriales, listados, recetarios guías y libros del nuevo entorno de comunicación digital dispuestos a ayudarnos con esos primeros pasos. Escoger el tono, el canal, el mensaje, el momento, el estilo, etc. requiere de un profundo, por inmersivo, conocimiento de las pautas y fórmulas de convivencia de todas estas redes sociales. Todos los consejos serán útiles, pero no debemos olvidarnos de lo más importante que no nos podrá resolver la más sofisticada tecnología y sí la sensibilidad humana: aprender, escuchar, ajustar, experimentar, aprender, sentir, cuidar y tejer relaciones de confianza.

Con frecuencia suelo terminar las conferencias aludiendo a la Red como un fértil ecosistema, como un lugar que conviene cultivar y mimar como un huerto procomunal, una tierra que nos alimenta, que nos da sombra, agua y cobijo, una gran plaza en la que nos encontramos para mejorar como sociedad y un rico campo que debemos procurar no esquilmar, plantando y devolviendo el conocimiento generado para que se convierta en nueva simiente. Nuestra capacidad como cuerpos comunicantes nos obliga a respetar y promover este tipo de valores que hablan de generosidad, transparencia y sostenibilidad, que es hablar del soporte digital, de la Red en su conjunto.

 

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3::4::2012

Somos lo que miramos porque ver es leer

Por causalidad (ver más abajo) llegó a mis manos El lectoespectador, el último libro de Vicente Luis Mora, donde habla de nosotros, los lectores del espectáculo de la contemporaneidad digital.

Y trae buenas noticias. Para quienes anticipan la muerte de la novela, y más aún de la literatura en plena crisis de la representación y sospecha de lo digital, VLM reivindica con convicción la literatura como arte total, como la forma más sencilla, barata y directa que existe de hacer arte comunicable.

Para ello se apoya en una serie de conceptos clave que ya trató en obras previas y que en este libro desarrolla con más intensidad para definir las nuevas formas de escritura y lectura mediatizadas por la cultura audiovisual:  internextos, pangea, pantpágina, etc.

“Somos lo que miramos, y miramos pantallas [...] la página del libro se ha convertido en una pantalla”

La vida en tiempo real, la noción de flujo y de liquidez son inspiraciones constantes en su construcción teórica, pero es sin duda la reflexión sobre el espacio la que predomina sobre el resto de categorías: el de la página y el expandido; el virtual como ángulo de producción de imágenes y el del pixel como unidad de sentido.

En cierta manera, es un canto a la vista, al ver como forma de lectura, a la percepción total como manera de decodificar construcciones complejas. Según el autor, la lectura es cada vez más un proceso de absorción estética, donde contenido, forma y continente están tan imbricados que es difícil desligar uno de otro. No en vano, la dificultad de mantener las obras (pues el acto de producción escrita es un ejercicio estético de montaje y diseño en sí mismo) vivas en su formato y soporte original es uno de los problemas asociados a la fluidez de lo digital.

El lectoespectador aborda tantos temas interesantes de nuestra época, la pangeica como él denomina, que ahora que repaso las notas para escribir este texto me vuelvo a sorprender de que sea capaz de hilarlos con un discurso coherente y sostenido a lo largo de sus páginas. Es un libro sobre internet, los blogs, la identidad, el anonimato, la desaparición del tiempo virtual, la excitación de la pantalla, la intrahistoria de las redes como periódico de lo social, la parodia de las señoras en facebook, la crítica en la nube, la intervención editora, la autoedición, lo inmaterial y la obsolescencia programada, el abandono de la visibilidad y el negocio con lo invisible, la importancia de la experiencia de estar ahí.

De citas oportunas y exquisitas, en sus páginas se pasean en el momento y lugar adecuado personas como David Weinberger, Antonio Rodríguez de las Heras, José Luis Molinuevo, José Luis Brea, Fernando Sáez Vacas, Marc Augé, Joan Fontcuberta, Derrick Kerckhove, MacLuhan, Manovich, Alessandro Baricco, Guy Debord, Henry Jenkins, Walter Benjamin, Gore Vidal, José Antonio Millán, Laura Borrás, Inma Turbau, Francis Pisani, Doménico Chiape, Juan Manuel Prada, Borges, Foucault y Saramago, Arheim, Javier Bustamante y muchos otros. Para mí, y me adueño también como él de la primera persona del singular, El lectoespectador es un lugar común, de reconocimiento común, de generación común, de cultura audiovisual común, de lecturas y afectos comunes, un libro que habla de nosotros, de nuestra forma de leer y de escribir.

Y cuanto más avanza el libro, más me gusta, por cuanto se hace más libre y más directo. La estructura juega con distintas formas y en cada capítulo toma un estilo propio con una escritura más frenética, más personal, desde el yo, despojado del vestido de las citas, desde la pura creencia y experiencia, más desnudo y también más auténtico.

“Toda separación tajante implica un corte, y a mí no me interesan los tajos, sino los atajos”.

“El tiempo no puede construirse — sigo cercando mis ideas, no generalizo para otros-, o no puedo construirlo sin esa referencia de lo visual”.

“A mí me parece que vuelo a baja altura, fuera del radar, o la gestión de los espacios propios de la información (de recibirla o de crearla) sí es una profunda acción política”.

Entre otras cosas, este libro es un buen faro sobre propuestas literarias de esta realidad pangeica a la que nos invita. Gracias a VLM, sabremos que nos perdemos algo importante si no leemos House of Leaves (Mark Danielewski, 2000):  ”Dos de las claves de nuestro tiempo: el ver más y el no ver en absoluto; la capacidad tecnológica para observar con todo detalle -micro y macroscópcamente- lo que nos rodea, y la imposibilidad de ver aquello que nos es hurtado, bien por el simulacro, bien por otra tecnología” (85). Como también sentiremos que merece la pena leer jPod (Douglas Coupland, 2006) porque, como lectoespectadores, tendremos algo interesante esperando a ser decodificado, escaneado o contemplado. Como él nos avanza, estas novelas son “más digitales” que otras mucho más recientes que se puedan presentar como hipertextuales, interactivas o multimedia. Lo son en papel y lo son en su narrativa, en contenido y técnica, en fluencia e influencia. Lo son porque el lector debe tomar decisiones sobre cómo “leerla”.

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Escribir de un escritor al que se respeta es complicado. Más aún si está a un clic de DM. Qué decir y cómo de su obra es un reto, pero también un problema. Él sabe cómo hacerlo, hay técnica, inteligencia y experiencia que ayudan a ordenar las ideas y abrir líneas de pensamiento sobre “lo otro” de “los otros”. Pero él es crítico y yo no. Yo soy solo (o sólo, como él se aferra a escribir y yo solo débilmente a obedecer) una lectoespectadora.

Por dónde empezar. Tapándome los ojos. Cerrando las puertas de mi estudio, como escuché aquí a Vila-Matas, esto es, no queriendo mirar hacia lo que otros ya estaban reseñando. No queriendo dejarme influir demasiado, para no copiar, para no copiarme, para no sentir la frustración de no tener ya nada que decir. Cierto que Vila-Matas lo dice en otro sentido totalmente opuesto, pero para mí es imprescindible buscar esa mismidad a priori. Me pasa lo mismo con las películas, que no me gusta leer demasiadas críticas antes de decidir ir a verla y detesto las sinopsis que ofrecen junto a la entrada de los cines. Como también corro a parar el player cuando el capítulo de la serie que estoy viendo termina y arranca el avance del siguiente. No quiero saber, no quiero demasiados adelantos. Por eso intento aislarme en lo posible cuando llega el momento de escribir, porque más que una búsqueda de originalidad, es un temor al mimetismo…

Me siento extraña escribiendo estas líneas, intentando dar sentido a lo sentido mientras leía el libro. El diálogo parece haberse resuelto a lo largo de las páginas, en anotaciones a lápiz, en interrogantes, en respuestas, en conexiones fortuitas… No sé leer si no es escribiendo. Lápiz en mano dejo huellas en forma de anotaciones. Tengo el defecto de devorar las lecturas como un diálogo con el autor que se autoconsume en sí mismo. Por eso, comentar la conversación me da en cierta medida pereza. Se me hace un poco artificial situarme en este tono seguro y distante de la tercera persona hablando de “el autor” dijo o quiso decir, cuando además sé que será uno de sus lectores. Qué extraño es todo.

Es este un post en varios tiempos, que empezó en mi imaginación hace muchos meses, casi dos años. Un afecto común nos unió en su blogroll, nos mirábamos de reojo como si fuéramos los Brady hasta que un día un fake o ese falso doble digital se cruzó en nuestro camino. Comencé a seguir al equivocado y el real me advirtió del enredo. De ahí, a enviarme un artículo. Por correo postal, desde un Alburquerque al que puse imágenes este invierno con Breaking Bad. Finalmente lo leí en un tren camino de Santander en el verano de 2010. Lo anoté y le puse enlaces imaginarios antes de dejarlo dormir. El barbecho se prolongó, pasaron más meses y volví a releerlo en otro viaje. Después, más sueño.

Fue entonces cuando el autor fue mucho más rápido y se adelantó con un nuevo libro que recoge y amplía muchas de las ideas que en aquel primer artículo apuntaba. Confieso que me gustó el artículo en sí mismo, su contenido, pero mucho más el gesto y el soporte. Entre dos lectoespectadores habitantes de lo digital como somos, tomarse la molestia de fotocopiar un documento y enviarlo por correo postal cruzando el Atlántico no deja de parecerme una tierna excentricidad propia de otra época. Claro que, leer el artículo en un viaje en tren de más de cuatro horas también lo es.

Después llegó el libro y entonces se repitió el ritual de tiempo y espacio. El envío postal, el viaje perfecto y la lectura dilatada. No podría ser de otra manera. No habría otra lectura posible.

Supongo que el autor esperaba una reseña. Y en su defecto se ha encontrado con una experiencia lectoespectadora. No sé escribir si no es leyendo.

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#ParadigmaTIC@s participación ciudadana y sociedad digital

Este artículo forma parte del libro colectivo ParadigmaTIC@s que ha promovido la Coordinadora de ONGD España y que se puede descargar en PDF y ePub.

Contenidos de libro

  • ¿Cuál es el nuevo paradigma de la comunicación en el que nos movemos las ONG de Desarrollo? #Xosé Ramil
  • ¿Qué caracteriza a la participación ciudadana en la sociedad digital? #Tiscar Lara
  • ¿Qué cambios ha experimentado la solidaridad en la cultura digital? #Arancha Cejudo
  • ¿Cómo lograr la implicación de la sociedad en las ONG en la nueva cultura digital, o viceversa? #Pablo Navajo (Desde este enlace en PDF puedes descargar una recopilación de ejemplos y experiencias relacionados con este capítulo)
  • ¿Qué caracteriza a los nuevos espacios en los que se deberán mover las ONG para seguir incidiendo en sus mensajes? #Juanlu Sánchez
  • ¿Cómo generar conversaciones y promover la participación desde las ONGD?#Jaume Albaigès
  • ¿Cómo nos puede ayudar la comunicación 2.0 a re-visualizar el Sur? #Lucila Rodríguez-Alarcón
  • ¿Qué podemos aprender las ONG de movimientos como la primavera árabe o el 15-M? #Leila Nachawati
  • ¿Qué herramientas necesitamos las ONG para incorporar un nuevo modelo de comunicación basado en la participación? #Tanya Notley
  • ¿Cuáles son o deberían ser los nuevos indicadores de la comunicación 2.0 en las ONGD? #Daniel González
  • ¿Qué estrategia podemos adoptar las ONGD en los entornos digitales? El caso de ONGAWA #Valentín Villarroel
  • Introducción: Aprendiendo a ser anfibios #Víctor Marí

 

¿Qué caracteriza a la participación ciudadana en la sociedad digital?

Tíscar Lara

Cuando pensamos en sociedad digital y participación ciudadana, probablemente la primera palabra que nos viene a la mente sea “web 2.0”. Aunque en su composición alude a la tecnología y la informática, se trata fundamentalmente de un nuevo paradigma de comunicación global: un medio, un canal, un lenguaje, unas herramientas y toda una serie de prácticas culturales que posibilitan la participación social.

El paso de la web 1.0 (comunicación para las masas anónimas) a la web 2.0 (comunicación de los colectivos identitarios) ha dejado por el camino una profunda crisis del papel de los intermediarios de la información. Llevamos años escuchando sobre la revolución de los lectores, los alumnos, los votantes, los pacientes, los clientes… Si cualquier persona puede acceder directamente a las fuentes de información y aplicar su propio filtro y criterio, es lógico que se cuestione cuál es el rol de profesiones como el periodismo, la docencia, la política, la medicina, la empresa, etc. No en vano, en paralelo hemos hablado de periodismo 2.0, educación 2.0, política 2.0, medicina 2.0, empresa 2.0… y en todas parecíamos querer decir…un periodismo, una educación, una política, una medicina y una empresa… más participativas.

Las formas comunicativas que se han generado a partir de estos medios digitales se ven atravesadas por una serie de prácticas culturales que están modificando la manera de producir información, por un lado, y de comunicarla en un ámbito global, por otro. Estas dinámicas tienen que ver con la autoría, cada vez más colectiva y amateur (procesos del hazlo tú mismo o DIY), con la indagación como método (interés por intervenir en los engranajes o Hacking), con la mezcla de datos diversos como fórmula de composición editorial (también llamado Remix) y con la difusión viral como método de propagación a partir de canales sociales de prescripción personal (Viral networking).

Con la fusión de nuevos lienzos ciudadanos (web social) y nuevas plumas de bolsillo (tecnología móvil), la sociedad digital cuenta con unos medios antes inimaginables para tener voz, ser visible, influir y decidir a una velocidad inusitada. La cultura digital se construye con la incorporación de la lógica de red y valores como son la transparencia, la horizontabilidad, la confianza, la sostenibilidad, la colaboración y la identidad. Esto se traduce en prácticas de comunicación digital donde la persona, a través de sus múltiples identidades digitales, va dejando huellas que sirven para trazar la nueva sociabilidad desintermediada. Son las fronteras diluidas entre lo amateur y lo profesional, entre lo individual y lo colectivo, entre lo original y lo remezclado, entre lo personal y lo corporativo, entre lo privado y lo público, entre el ser y estar… las que van tejiendo nuevas formas de leer y escribir el mundo.

La Red es la plaza: nuevas formas de ser y estar juntos

En un proceso de largo recorrido, iniciado con los blogs, perfeccionado con las redes sociales y catalizado con la llamada tecnología de bolsillo o móvil, los ciudadanos han encontrado en la Red el espacio público para la creación de comunidades, el reconocimiento mutuo y la auto-organización que veían limitados fuera de Internet.

No es casualidad que el comienzo de siglo se sitúe en 2001 como también el nacimiento de los blogs y la Wikipedia, referentes indiscutibles de la web social. Como tampoco es casualidad que cerremos esta década en un año caracterizado por los movimientos ciudadanos que han tomado las plazas públicas de las ciudades para hacerse visibles, saltando de la Red y volviendo a ella intermitentemente para ensanchar sus posibilidades de movilización y reinventar nuevas formas de ser y estar juntos.

Los nuevos medios digitales son fundamentalmente medios que recuperan una forma antigua, ciudadana y participativa de discusión de lo público: la oralidad. A pesar de que su manifestación más bien parezca de lecto-escritura, y ciertamente los mensajes circulen en forma de letras o imágenes, la percepción que toda esta explosión comunicativa ha generado es de oralidad, de conversación, de decir y de escuchar, de compartir tiempo y espacio, tiempos y espacios digitales. Esto es así por la propia naturaleza de la tecnología, que nos permite estar siempre conectados, presentes en la plaza pública, abiertos a la interacción, con capacidad para decir y también para escuchar, para reaccionar desde cualquier lugar y en todo instante al mínimo movimiento que estalle en ese gran ágora que es la Red.

Ninguna de estas ocupaciones de tiempo y espacio públicos habría tenido el alcance suscitado de no ser por un medio digital, extremadamente simple y sofisticado a la vez, heredero del potencial social de los blogs como medios personales y públicos, que se ha unido a la capacidad de interacción inmediata y ubicua de la tecnología móvil. Ese medio es Twitter, la gran hemeroteca social construida a base de cotidianidad. Twitter es la manifestación de esta nueva oralidad con ecos globales, que hace de las voces particulares e hiperconectadas la nueva historia de lo social. Los movimientos de los últimos años, espontáneos y ciudadanos, auto-organizados de forma reticular sin líderes aparentes pero con modulación constante e identificación mutua como colectivo, hablan sobre el poder ciudadano cuando usa estratégicamente la comunicación digital.

El éxito de Twitter demuestra que “lo personal es político” ya que, en cierta forma, con nuestros fragmentos y huellas digitales, estamos dejando los relatos con los que se construirá nuestra historia social en un futuro. No olvidemos que el propio mensaje de este medio nació apelando al usuario a mostrar su entorno más íntimo con un “Qué estás haciendo” y, a causa del los usos sociales que estaba generando en diversos movimientos internacionales, cambió a mediados de 2009 para recoger el entorno más social en un “Qué está pasando”. Este cambio de lema, del mostrar al contar, del yo al nosotros, supone un cambio estratégico de los propietarios de Twitter, sorprendidos y conscientes del valor que había logrado como medio de comunicación global, al trascender de lo privado y convertir la banalidad de lo personal en una narrativa de lo social.

Prueba de la oralidad de Twitter es el propio diseño de la tecnología, pensada como flujo del instante, en una celebración constante del presente. Tanto es así, que no resulta fácil congelar ese momento, en esa necesidad humana de guardar y archivar, por lo que surgen multitud de aplicaciones accesorias que pretenden dar respuesta a este interés. Ahora bien, ¿qué hay más relevante que las personas manifestando sus intereses, sus motivaciones, sus deseos, sus lecturas, sus miradas, etc. en tiempo real? Nada hay más profundo que lo superficial, especialmente cuando se produce en forma de masas ingentes de información. Los grandes mercados de la sensibilidad humana no han sido ajenos a este fenómeno. Por ello, Google, un jugador a tener siempre en cuenta, llegó a ofrecer millones de dólares a Twitter por indexar su contenido, algo inimaginable cuando toda web lucha por ser “descubierta” por el gran buscador. Finalmente este acuerdo no llegó a prosperar y Google ha iniciado un nuevo intento, después del fracaso de Buzz y otras aplicaciones, por crear su propia plaza pública y gestionar la conversación global: Google +.

¿De quiénes son los datos? ¿Quién controla la voz ciudadana?

Hay quienes ven en estos usos ciudadanos de Twitter una liberación y al mismo tiempo un peligro, el de la centralización de poder y falta de autonomía, por otro lado una constante en toda la retórica 2.0. Así como los blogs nacieron como tecnología federada, de conversación interoperable y con la posibilidad de autogestión de cada usuario en su propio servidor, las redes actuales tienden a la centralización en espacios controlados por empresas corporativas (p. ej. Facebook) que nos invitan a jugar en sus plazas, a habitarlas y crecer en ellas, con la amenaza de controlar nuestros datos personales y con el riesgo de tirar del tapete en cualquier momento. Este miedo no es infundado y, de cara al fortalecimiento de una ciudadanía digital crítica y activa, conviene tener presente la importancia de la autogestión en el diseño y control de la tecnología de comunicación. En el momento en el que nos encontramos disponemos de tecnologías de código abierto que suplen estas necesidades, como es Identi.ca para un microblogging alternativo a Twitter y otras muchas para la creación de redes propias. Sin embargo, cabe también plantearse si no sumaríamos al problema de una plaza pública con un patrocinador el crear multitud de plazas propias, con el riesgo de aislamiento y fragmentación que eso supone. El reto es aprender a manejar la incertidumbre, convivir en los distintos espacios y comprender de forma crítica la naturaleza de las tecnologías para hacer un uso activo de las mismas.

Nuevas formas de protesta y acción, nueva cultura participativa

Pero no todo es estar físicamente en las plazas. Además de la denuncia en tiempo real de miles de testigos presenciales, como ha sucedido en las recientes manifestaciones árabes, en Twitter hemos aprendido de la capacidad del “voto” de sofá en protestas puntuales que alcanzan un nivel de visibilidad crítico en la Red (p.ej. la retirada de publicidad en un programa de televisión, la retransmisión de un evento deportivo no contemplado, la paralización de un proyecto de ley, etc.). Son fórmulas que aprovechan la velocidad explosiva de la comunicación digital y que tienen consecuencias directas antes inimaginables por los cauces tradicionales de la opinión pública.

Desde los primeros usos de los blogs, la voz ciudadana en el espacio público se ha caracterizado por la reivindicación de medios para contar su propia historia y al mismo tiempo por tener las herramientas para controlar y demandar transparencia en la apertura de la información. Legiones de ciudadanos han visto en el espacio digital un lugar desde donde documentar, ensanchar y trazar el recorrido del poder político y económico, con el objetivo de leer y comprender la complejidad del mundo desde nuevas variables. En este sentido, los movimientos de Open Data y las técnicas de visualización están sirviendo a colectivos interesados por destacar  y representar las inconsistencias de los silos de información, cuya dificultad hoy no es tanto de escasez sino de sobreabundancia, al encontrarse ocultos bajo la luz y perdidos en la saturación.

Hay también un cierto resurgir de la creatividad como instrumento de crítica en forma de parodia. Son fórmulas que utilizan los códigos narrativos de la publicidad viral y los transgreden como elemento de resistencia y denuncia contracultural. Nos referimos a fenómenos como los memes, que desde la sátira consiguen movilizar y cuestionar ciertas prácticas corporativas o políticas con acciones tanto en la Red como fuera de ella.

Hasta aquí todo son mensajes posibilitadores, de empoderamiento del ciudadano frente a los medios tradicionales de comunicación. Pero toda libertad tiene su precio en forma de responsabilidad. Pasar de un modelo lineal de comunicación de masas, altamente centralizado y reservado a los poderes fácticos (política, empresa, etc.) donde la voz ciudadana era siempre mediada, asimétrica y normalmente anónima, a un modelo mucho más circular, directo y auto-organizativo como es la Red, supone una mayor responsabilidad individual y colectiva al producir, procesar y difundir información en un entorno de comunicación pública.

Responsabilidad no solo en lo que se dice y en cómo se dice, teniendo en cuenta que actuamos en la potente pero también resbaladiza arena del espacio público, sino también en lo que escuchamos y en cómo lo interpretamos. A mayor cantidad y diversidad de información, mayor necesidad de filtrar y valorar la credibilidad del contenido y de la fuente. Esta tarea recae cada vez más en el ciudadano, pero afortunadamente no está solo en este empeño. Para ello cuenta con sus propias estrategias de selección y filtrado social a partir de los anillos de confianza que va construyendo constantemente en sus círculos de influencia a través de las redes sociales.

Todas las intervenciones, en su muy distinta forma de participación, colaboran en la creación de este criterio social. Desde quien graba y cuelga un vídeo, hasta quien lo difunde entre sus contactos o quien solo lo ve sin dejar comentarios. Todos somos necesarios y todos somos útiles en el ecosistema de la comunicación digital. Ampliar el espacio público y favorecer una cultura de la participación (transparente, abierta, solidaria, etc.) requiere también de un alto grado de formación en los valores que requiere una ciudadanía digital.

No hablamos solo de una opinión pública ensanchada y con capacidad de movilización a mayor escala (conectividad) y en tiempos más cortos de reacción (tiempos de red), sino de un mayor interés por participar en un sentido amplio de la palabra: influir en el discurso social, ser parte activa y co-responsable de la incertidumbre, tener voluntad para aplicar la inteligencia colectiva a pensar y poner en marcha soluciones globales. Ser digital implica involucrarse en los problemas, participar de las esferas de decisión, compartir descubrimientos y organizar soluciones para diseñar un mundo más sostenible, justo y solidario.

 

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11::3::2012

La receta como copia y el patchwork como remix

En la sesión de Laboratorios de Internet de Medialab-Prado de hace unos días, el equipo de traducciones p2p colaborativas que lidera Floren Cabello presentó su trabajo bajo el imaginario de la cocina (pinches, recetas, cocinados, ingredientes, etc.). Fue entonces cuando Adolfo Estalella llamó nuestra atención al iluminar este escenario de los fogones, más doméstico y por ello también abierto, frente al de los laboratorios que tanto nos seduce, pero de acceso exclusivo a profesionales y expertos (vídeo).

La metáfora del mundo de la cocina como espacio de relación y aprendizaje es, sin duda, sumamente estimulante. En concreto, la receta como patrón o código fuente, producido, difundido y expandido para su mayor uso, es también un buen ejemplo de forma popular de transmisión de conocimiento basado en la copia.

Recipe for six mince pies of 'an indifferent bigness'
Una receta de un pastel escrita por una secretaria en un papel oficial de la Corona. Un interesante forma de subvertir lo institucional desde lo popular e incluso naive). Fuente: Flickr, The National Archives UK, 1624.

La copia y el remix van necesariamente de la mano. Si la cocina tiene la receta, la moda tiene el patrón. Si la cocina admite variedades y dignifica la “ropa vieja”, el vestido legitima el patchwork haciendo de la necesidad virtud.  Ahora han proliferado cursos, revistas y comunidades alrededor del patchwork hasta convertirlo en una “moda” en sí mismo, pero en algún momento fue una necesidad de “confeccionar” retales dispersos, de componer con los márgenes y de darle cuerpo a los fragmentos. Fue incluso parte del movimiento “Reform style” de mitad del XIX, entre lo puritano y lo feminista, que abogaba por que las mujeres vistieran de una manera saludable, económica, femenina… como reacción a los corsés y los pantalones.

Jurk in reformstijl / Dress in reform style

Ladies’ fashion, dress in so-called reform style: a reaction against the unhealthy lacing up of the female body with a corset. 1911. Fuente: Flickr, Nationaal Archief, 1911

Como decíamos al reflexionar sobre las no tan nuevas formas de aprender, “gracias a la gran plaza pública que es Internet, aquello que durante mucho tiempo fue propio de lo marginal (la copia, la comunidad, el prototipo y el amateur) se hace visible con la dignidad que confiere lo auténtico”.

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Twitter y sus funciones comunicativas

COMPETENCIA DIGITAL, NUEVOS MEDIOS, NUEVOS LENGUAJES, NUEVOS HABLANTES. Twitter y sus funciones comunicativas

Tíscar Lara

Escribí este artículo en la primavera del año pasado para la Revista Lenguajes y Textos  (núm. 34, diciembre 2011) que publica la Sociedad Española de Didáctica de la Lengua y la Literatura SEDLL. Está orientado fundamentalmente a servir de introducción y guía al profesorado interesado en explorar Twitter como medio de comunicación y expresión lingüística.

Introducción

Dentro de los currículos europeos, la competencia digital y la competencia lingüística están consideradas como dos de las ocho competencias básicas que todo ciudadano debe tener para crecer y desarrollarse en la Sociedad de la Información.

En cierta medida, estas competencias están siendo ejercitadas de manera informal fuera de los ámbitos de la Escuela, puesto que buscar información, conversar en sus grupos de interés y producir sus propios mensajes multimedia son las prácticas habituales de los más jóvenes. Por tanto, nuestros alumnos escriben y leen más que nunca, pero lo hacen en otros soportes que no son el libro físico y mediante otros lenguajes que son más propios de la digitalidad.

Los adolescentes se comunican a partir de sus producciones y recreaciones multimedia que son publicadas y compartidas en las redes sociales de pertenencia (Facebook, Tuenti, Twitter, blogs, etc.). Estudios periódicos del Pew Internet & American Life Project o en España informes como el de Generaciones Interactivas[1] (2009) confirman esta tendencia:

El 70% de los menores afirma utilizar las redes sociales y casi el 40% de los menores internautas poseen página web propia o han generado alguna vez contenidos en la Red. Este perfil creativo aumenta con la edad, y a partir de los 16 años el 50% de los jóvenes construyen o administran sus propios blogs o páginas web. Los contenidos más visitados –música, deportes y juegos- son también la temática más frecuente de sus propias páginas web y blogs.

La tecnología que más crecimiento está teniendo entre este segmento de población es la móvil, hasta el punto de que en 2010 en España una media del 70% de niños entre 10 y 15 años disponían de este dispositivo[2]. El teléfono móvil representa la herramienta de uso más importante porque reúne el carácter emotivo de apropiación personal con su naturaleza de conectividad ubicua y un gran potencial de consumo y producción multimedia. Y todo en la palma de la mano, expandiendo el aula fuera de los tiempos y espacios escolares de aprendizaje formal.

De entre todas las redes sociales y plataformas de publicación en Internet, en este artículo destacaremos el potencial que tiene una de ellas, Twitter, por su proximidad con la cultura móvil y por sus oportunidades para desarrollar prácticas creativas en el uso de la Lengua y la Literatura.

¿Qué es Twitter y cómo funciona? ¿Qué lo hace tan interesante a diferencia de otros medios?

Twitter se suele definir como un servicio de microblogging, lo que indica su similitud a los blogs en cuanto a que es un sistema de publicación personal pero de carácter más reducido, ya que los “posts” aquí llamados “twits” están limitados a una extensión de 140 caracteres. Este tamaño está muy relacionado con el espacio propio de los mensajes SMS en los teléfonos móviles, lo cual le da una impronta personal de mensajería instantánea.

Twitter es un servicio gratuito donde cualquier persona puede leer los mensajes de otros usuarios siempre que estos tengan un perfil público, lo cual sucede en la inmensa mayoría de registros. Por tanto, no es necesario que se haga una cuenta propia para poder leer los “twits” de otros, basta con ir a su perfil en Twitter y acceder al histórico de mensajes[3]. Sin embargo, si quiere además tener un perfil propio, organizar mejor las lecturas y poder escribir mensajes personales, es necesario abrirse una cuenta propia.

Podríamos decir que Twitter es un nuevo medio de comunicación, por cuanto ha generado un propio código comunicativo y unas pautas de interacción también específicas. Parte de ciertas similitudes con otros medios digitales como son los blogs (microposts, suscripción RSS, enlaces permanentes, etc.), las redes sociales tipo Facebook o Tuenti (perfil personal, concepto de “compartir” mensajes de otros, etc.) y el correo electrónico (mensajería privada). Estas semejanzas facilitan la conceptualización de Twitter debido al ejercicio previo de esas prácticas que ya han sido aprendidas e incorporadas por el usuario medio de Internet.

Sin embargo, Twitter también aporta nuevos avances con respecto a otros medios de comunicación nativos de Internet. Por un lado, abandona la reciprocidad obligatoria de otras redes sociales como Facebook o Tuenti. En Twitter no es necesario ser amigo de nadie para interactuar con él. Al ser fundamentalmente un espacio público, los mensajes de los usuarios se pueden consultar libremente. La diferencia estriba en que para facilitar una lectura más ágil y organizada a aquellas personas que resulten relevantes, conviene “seguirlas” en el sentido de suscribirse a sus mensajes de modo que Twitter se convierte en un panel de lecturas personalizado por cada usuario en función de sus intereses.

De igual forma, aquellas personas que estén interesadas en lo que podamos ir publicando en nuestro Twitter, también tienen la opción de “seguirnos”, esto es, de suscribirse a nuestro flujo informativo. En cualquier caso, la relación no tiene por qué ser simétrica. Al contrario, sucede con mucha frecuencia que no nos siguen aquellos que a quienes nosotros seguimos y viceversa. Cuando coincide que “seguimos” a una persona que también “nos sigue” a nosotros, entonces podemos enviarnos mensajes privados.

Una buena forma de adentrarse en Twitter es abrirse una cuenta y empezar a seguir a aquellas personas que podamos identificar en relación a nuestros intereses. El primer valor que se aprecia de Twitter normalmente es el informativo (estar actualizado al instante en los temas de interés) para pasar después de cierto tiempo a convertirnos en “emisor” y adquirir el hábito de publicar mensajes, compartir enlaces y entrar en formas conversacionales.

Una de las características más interesantes de Twitter desde un punto de vista discursivo y comunicativo, es su sentido de la inmediatez y de la fluidez. Es un medio que se percibe como un flujo constante de información, de pensamientos efímeros, de ideas al aire y de lazos de cotidianidad. Ambos aspectos son muy interesantes por cuanto tienen que ver con los pactos de lectura que se van creando entre sus usuarios. Por un lado, sorprende reconocer que Twitter no es un medio sincrónico. A pesar de la sensación de presencia constante de la persona, técnicamente nada indica que esté online al modo en que lo hacen los servicios de mensajería instantánea o chat (tipo Messenger, Google Talk o Skype), asemejándose por ello mucho más al correo electrónico donde el usuario tiene mayor autonomía sobre sus tiempos para responder cuando así lo decide. Por otro, el carácter de flujo efímero que parece destilar el gran discurrir de los mensajes en Twitter está compensado con el carácter permanente de cada uno de sus mensajes que son publicados y permanecen en la Red como enlaces fijos individuales.

Los mensajes de Twitter, al contrario de lo que vulgarmente se aprecia desde el desconocimiento de la mirada desinformada, son grandes contenedores de información relevante. La mayor parte de los “twits” son ejercicios papirofléxicos en el sentido de la teoría del plegado de Antonio Rodríguez de las Heras[4], pues combinan en 140 caracteres una breve descripción con un enlace a otra página de Internet que amplía el mensaje y apunta a nuevas lecturas.

Esta ampliación de sentido se ve a su vez reforzada por el carácter de sorpresa que acompaña a cada uno de esos enlaces, pues en su forma de escritura esconden el contenido que anuncian invitando sutilmente a ser consultados. Esto se debe a un nuevo fenómeno de composición digital, muy relacionado con Twitter, que es el de los enlaces recortados, que no son más que traducciones de enlaces de Internet en otras fórmulas más cortas que permiten su inserción en mensajes cortos y producen nomenclaturas indescifrables.

Anatomía de un twit (tuit o tweet)

Para aprender a utilizar Twitter de una forma creativa y disfrutar con la complejidad de este nuevo medio, es necesario partir del conocimiento de los componentes básicos que conforman su propio abecedario y su correspondiente gramática:

Hay tres elementos de escritura fundamentales a la hora de decodificar y codificar un mensaje en Twitter (también llamado twit, tuit o tweet)

Autor // @ 

Se identifica con el símbolo de arroba unido al nombre de usuario de la persona en Twitter. Así, en un mensaje donde se quiera referenciar o apelar a alguien que tenga identidad en Twitter, se le añadirá la @ a su nombre de usuario. Esto hace que se genere automáticamente un enlace al perfil de esa persona para que nuestros lectores puedan acudir a ella y conocerla mejor, al mismo tiempo que genera una alerta en el panel de “Menciones” de ese usuario en su cuenta de Twitter. De esta forma, no es necesario avisar por otras vías a esa persona de que la hemos mencionado, pues lo podrá consultar fácilmente desde su perfil.

Tema = #

Cuando queremos destacar una palabra dentro del mensaje y convertirla en una categoría global en Twitter, escribimos la almohadilla # delante de ese término. De esta forma, se genera automáticamente un enlace y esa palabra pasa a ser un nexo temático en Twitter que unirá nuestro mensaje con todo el flujo de mensajes que cualquier otro usuario de Twitter haya escrito utilizando la misma palabra junto a la almohadilla #.

Cita = RT

La forma de dar mayor valor a un mensaje que se considera relevante en Twitter es citarlo y republicarlo. Así, se amplifica su efecto alcanzando un mayor número de lecturas pues de una forma viral se va propagando entre los seguidores de todos aquellos usuarios que lo redifundan. Esta práctica se llama “retuitear” y se ha formalizado en Twitter por parte de los usuarios escribiendo RT delante del mensaje a redifundir y manteniendo su integridad y fuente. La práctica se ha extendido tanto que el propio servicio incluyó hace unos meses un botón específico para hacerlo en su rediseño gráfico.

La escritura y la lectura como acto de responsabilidad pública

El carácter espontáneo de la publicación en Twitter y el ambiente que crea de cierta ilusión de intimidad hace que parezca que estamos en un entorno muy privado cuando en realidad es un espacio público. Esto implica que tengamos que aprender a gestionar nuestra responsabilidad como emisores y autores, tanto a la hora de escribir nuestros propios mensajes, qué decimos y cómo, como también a la hora de redifundir mensajes de otros sin haber contrastado previamente su fiabilidad. Al retuitear un mensaje de otra persona en realidad estamos asumiendo sus palabras y las arropamos desde nuestra propia autoridad. En este sentido, suele suceder que en los casos de mensajes que contienen enlaces, por la propia ansiedad innata de querer compartir rápidamente ese twit, el usuario incurra en la irresponsabilidad de dar amplitud a un mensaje no verificado y del que no sabe a qué contenido apunta.

Funciones comunicativas de Twitter en el uso del lenguaje

Función de reconocimiento: El efecto de retuitear mensajes de otros tiene una función primordial de reconocer su autoridad y darle atribución sobre lo compartido. Al incorporar su @usuario estamos dando la oportunidad a nuestros lectores de visitar a esa persona, conocerla más de cerca y contrastar nuestra propia acción de mención. (Continúa……)

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6::3::2012

Tuitéame, hay confianza

 

http://www.chemamadoz.com/gallery6.htm

 

Este artículo forma parte de las Actas de las Jornadas Leer y escribir en español en la red de la Fundación Comillas celebrado en diciembre de 2011 y amplía un post que escribí hace un tiempo para su mesa redonda.

RESUMEN: La cultura digital se construye con la incorporación de la lógica de red y valores como son la transparencia, la horizontalidad, la confianza, la sostenibilidad, la colaboración y la identidad. Esto se traduce en prácticas de comunicación digital donde la persona, a través de sus múltiples identidades digitales, va dejando huellas que sirven para trazar la nueva sociabilidad desintermediada. Son las fronteras diluidas entre lo amateur y lo profesional, entre lo individual y lo colectivo, entre lo original y lo remezclado, entre lo personal y lo corporativo, entre lo privado y lo público, entre el ser y estar… las que van tejiendo nuevas formas de leer y escribir el mundo.

¿Qué cambia al leer y escribir en línea? es el título de la mesa redonda de las Jornadas de la Fundación Comillas (diciembre 2011) al que intentaremos dar respuesta a lo largo de estas páginas. Para comenzar, conviene que nos detengamos en comprender qué estamos intentando decir por “en línea”: ¿lo que sucede cuando estamos conectados? ¿lo que se comunica a través de Internet? En este artículo partiremos, sin embargo, de la idea de que “en línea” significa algo más que “online”, algo más que conectados, algo más que ubicuos.

Si seguimos adelante con la pregunta, ¿qué cambia al leer y escribir en línea?, en un primer momento nos sería fácil concluir que cambian infinidad de cosas. Cambian todos los elementos propios del acto comunicativo, de lo que implica leer y escribir, puesto que cambia el público, el contexto, el género, la autoría, el soporte y la tecnología de escritura y lectura. Pero por otro lado, tampoco sería descabellado afirmar lo contrario: nada cambia, pues se mantiene la necesidad humana de comunicar y comunicarse, de informar e informarse, de sentirse comprendido, acompañado, reconocido, etc.

Así enunciado parecería que todo cambia y nada cambia, lo cual nos impide avanzar en el análisis. Sin embargo, preferimos fijarnos en dos categorías universales: tiempo y espacio. En el ámbito de la lectura y de la escritura analógica, la secuenciación, el turno y el tempo condicionan las formas de leer y de escribir mucho más de lo que lo puede hacer la escucha y el habla. De igual forma lo hace el espacio, tanto el de lectura como el de escritura, puesto que no tienen por qué coincidir y, de hecho, raramente coinciden. Estas dos proyecciones, y en cierto modo distancias, favorecen formas propias de reflexión, de introspección, de modulación y de conceptualización.

Leer y escribir en línea, siempre conectados, significa sincronía, encuentro e interacción en tiempo real, pero también en espacio real: el espacio digital. Hablar de “en línea” es cada vez más hablar de “oralidad”, aunque los bytes tomen formas de letras, sonidos o imágenes, fijas o en movimiento. Porque aunque sean decodificadas y por tanto leídas en lugar de escuchadas, no deja de ser una interacción más oral que escrita.

En este punto, cabe reconocer que hay medios digitales no sincrónicos en un sentido estricto (blogs, webs, etc.) pero la evolución de la red avanza hacia los medios más ubicuos: las redes sociales, esto es, comunicación al instante en cualquier momento y en cualquier lugar. Así, en su propia evolución observamos una mayor tendencia a la oralidad, una oralidad que escribe la nueva narrativa social a partir de las huellas digitales que vamos impregnando en nuestra interacción online. Una oralidad que se da en diversas manifestaciones:

En línea / En directo: Hay una sensación constante de “estar en el aire” en todo el sentido de la expresión. Por un lado, de estar en el aire en su apreciación más radiofónica o “en directo”, pero por otro, también de estar en un estado etéreo, imprevisible, difícil de consolidar, efímero incluso. Así, este mismo texto que ahora yo escribo y otras personas están leyendo en otro “ahora”, en otro tiempo, será muy distinto en su forma y fondo si decido escribirlo en un procesador de textos, en el borrador del blog o en ideas intermitentes en Twitter. Son simples ejemplos de contexto de escritura que nos llevan a visualizar desde lo más íntimo y privado, a lo más expuesto y público, pero siempre como enunciados de conversaciones latentes en términos bajtinianos. Escribir en público, decir a un público, algo tan parecido al hablar, es una forma de pensar en voz alta: una forma arriesgada, nerviosa, febril, intensa….

Dibujar constantemente las fronteras: Así como ocurre con el tiempo de la oralidad, leer y escribir en línea, o lo que es prácticamente lo mismo escuchar y hablar en línea, supone modular la comunicación en función de los espacios, de la alcoba, al patio o la plaza: entrando y saliendo constantemente de ellos, redibujando sus fronteras, mezclando lo personal y lo profesional, lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo, etc.

Metadatos, metainformación: el mensaje que se activa en la lectura “en línea”, ubicua e hiperconectada, está enriquecido por una gran cantidad de información envolvente que condiciona el contexto. Esto es así en toda forma comunicativa, pero en el caso de la lectura “en línea” esta información muta constantemente y no tiene por qué ser la original, ni en signos paralingüísticos ni en criterios editoriales. Así, por poner un ejemplo, leer en Flipboard o en Google Currents genera una mezcla auto-organizada de contenido fuera de contexto que se mezcla en un nuevo escenario incontrolado de disposiciones gráficas o de múltiples voces de autores.

Narrativa constante y fragmentada: El acto de escritura y lectura “en línea” es un proceso constante de construcción de identidad como sujeto. Se trata de un proceso intermitente, donde se interactúa con distintos interlocutores, en distintos entornos y con distintas tecnologías. En esa traza de huella comunicativa, los actos de leer o escribir son autoafirmaciones de presencia. Por eso, en el actual escenario de las redes sociales no importa tanto el mensaje que se intercambia, que acaba siendo más bien un fluido simbólico, como el propio acto de invitación a la conversación, a la sociabilidad y a la manifestación de la propia existencia. En cierto sentido podríamos decir que son tecnologías del yo en recuerdo a Foucault, puesto que leer es en sí mismo “decir” que hemos leído y nos preocupamos por que queden huellas de ese recorrido íntimo, que ya no privado.

Leer es decir que hemos leído, lo cual se convierte automáticamente en un acto de escritura hablada. Es mostrar las notas al margen, las codas y los remarcados del paratexto que hacemos mientras leemos. Es ese diálogo con nosotros mismos, donde queremos fijar una traza de lo que nos pareció más interesante, lo que conviene recordar en un futuro, lo que merece una relectura. Con la diferencia de que ahora remarcamos, anotamos y subrayamos en vivo y en directo, en público y en abierto, para nosotros y para los demás, para nuestros pares, para nuestros grupos de interés, para nuestros seguidores y para nuestros alumnos. Y lo hacemos con estrategia, con etiquetas, con hashtags, con migas de pan en el camino que nos ayuden a darle esqueleto y músculo al cuerpo digital.

Estas prácticas se están instalando en nuestra forma de atender, escuchar, leer y pensar de modo que nos sentimos incapacitados en ocasiones en las que nos llama la atención un contenido, una idea y no encontramos el botón para compartirlo inmediatamente. Está dentro de los usos sociales que vamos adquiriendo y ejercitando en nuestra propia evolución digital. No en vano existe algo muy humano y trascendente en esa necesidad de decir en público y en abierto “estoy aquí, estoy experimentando esto y quiero compartirlo contigo”. Es una invitación al diálogo en su más pura esencia.

Velocidad emocional del sentir con los dedos: en este recorrido que estamos haciendo sobre las peculiaridades que afectan y condicionan la lectura y escritura “en línea”, terminaremos por llamar la atención sobre la  intermediación que generan las tecnologías de lectura y escritura más recientes, y más concretamente los dispositivos móviles. Además de la ubicuidad que permiten por su portabilidad y su penetración tanto en el ámbito personal como el profesional, es interesante observar cómo la oralidad de la lecto-escritura en línea se manifiesta en la caricia con el deslizamiento de las yemas de los dedos. Resulta sugerente ver cómo un movimiento tan superficial e íntimo a la vez conecta nuestro cuerpo con las prótesis en que se han convertido, o mejor dicho, hemos convertido, los dispositivos móviles. Esta unión tan epidérmica contribuye con ello a la innata velocidad que proporcionan estos dispositivos y las redes que conectan: una ligera caricia es lo que nos separa del pensar, del sentir, del comunicar inmediatamente al leer y escribir en línea.

Nuevas formas de leer y escribir el mundo: Twitter como prototipo social

De todas las herramientas de la web 2.0, Twitter resulta de especial interés por su carácter híbrido de lecto-escritura (a medio camino entre un blog, una red social y un lector RSS) y por cómo contribuye a crear una narrativa social a partir de las narrativas personales. Actualmente nadie cuestiona su rol globalizador en los movimientos sociales más recientes en todo el planeta. El éxito de Twitter confirma que “lo personal es político” ya que, en cierta forma, con nuestros fragmentos y huellas digitales, estamos fijando los relatos con los que se construirá nuestra historia social en un futuro. La propia definición de este sistema y su evolución en el tiempo dan una idea de su apropiación por parte de los usuarios, por cómo se han generado usos insospechados y espontáneos del mismo. Prueba de ello es el propio mensaje de la herramienta que nació apelando al usuario a contar su cotidianidad con un “Qué estás haciendo” y tornó a mediados de 2009 en un “Qué está pasando”. Este cambio de lema demuestra el propio cambio estratégico de los propietarios de Twitter, conscientes del valor que había logrado como medio de comunicación global, al trascender de lo privado y convertir la banalidad de lo personal en una narrativa de lo social.

Twitter como espacio y tiempo, como medio y canal, es un buen exponente de lo que en este texto hemos abordado como elementos que reconfiguran y afectan a la oralidad de la escritura y lectura “en línea”: donde leer es escribir, es decir que hemos leído, puesto que consumimos información a partir de su marcado y redifusión RT; donde lo privado y lo público se funden en esa ilusión de intimidad, de decir a todos y a unos pocos; donde la conversación del timeline es pública, instantánea y efímera como el rumor de cualquier plaza; y donde la superficialidad es la bisagra y el pegamento de la sociabilidad y de la socialización.

CONCLUSIÓN

Todo esto conlleva necesariamente una serie de determinantes y consecuencias que configuran la competencia necesaria para “leer y escribir” en línea, y como hemos intentando avanzar en este artículo, también de la competencia para “escuchar y hablar” en esta nueva “oralidad” hiperconectada. Esto implica incorporar ciertos elementos importantes del proceso comunicativo como es la inmediatez de la respuesta, la replicabilidad del objeto digital, la transparencia del proceso, la viralidad en la difusión, la producción amateur, la remezcla de los cotenidos, el beta constante como obra abierta, etc.

Conocer estos mecanismos, reconocerlos en la práctica y ser conscientes de sus diversas manifestaciones, nos permitirá hacer un uso estratégico del binomio libertad-responsabilidad que conlleva toda lectura y escritura en línea, y que como venimos diciendo, es mucho más que lectura y escritura tradicional en soportes digitales. Es lectura y escritura digital en soportes protésicos.

Como investigadores y docentes, la pregunta que debemos hacernos es si estamos realmente preparados y preparando para esta lectura y escritura en línea, para esta oralidad que deja huella digital.

 

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1::3::2012

Aprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanos

Les in schoenen poetsen en handen wassen / Lesson in washing hands and polishing shoes

Aprendizaje informal en la red: laboratorios ciudadanos

Imaginemos que alguien quiere aprender a cocinar, a coser, a comprender a Kant, a dibujar un plano en tres dimensiones, a distinguir unas plantas de otras, a identificar las estrellas, a provocar una reacción química, a producir un documental, a conocer el porqué de las distintas formas de las nubes, a indagar en la etimología de una palabra, a elaborar un argumento de defensa penal, etc. ¿Qué hará? ¿Un curso en sus muy distintas modalidades formales o no formales? ¿Intentar aprender por su cuenta buscando el libro oportuno en una tienda o biblioteca? ¿O buscar en su entorno más próximo a otras personas que puedan enseñarle?

Ciertamente todos los saberes no son iguales, unos se prestan más a la consulta de información y otros requieren de cierta práctica para adquirir el conocimiento necesario. En cualquier caso, las opciones suelen estar limitadas a formatos rígidos y estructurados (educación formal), a contenidos consolidados (libros fundamentalmente) y a contactos personales (círculos próximos).

En el otro extremo se encuentra Internet, donde tanto la información como las personas y sus deseos de interacción circulan libremente. Donde en principio no hay plazos prefijados para comenzar un itinerario formativo, ni numerus clausus que impidan acceder al conocimiento, ni fronteras espacio-temporales que niegue el contacto a talentos diversos. Internet es el paraíso del autodidacta, del amateur que no ve límites a sus intereses de aprendizaje y del practicante que logra encontrar una comunidad especializada. Internet es la fusión de espacio y tiempo donde qué aprender, con quién, de quién, cuándo, cómo y dónde no está organizado en fórmulas rígidas y semiestructuradas, sino abierto a la negociación de sus participantes.

Por eso, cuando hoy alguien quiere aprender sobre algo, al menos a este lado del mundo, probablemente su primera opción sea acudir a Internet, navegar y bucear, curiosear e indagar, conectar y compartir. Pero Internet es mucho más que una manera de potenciar los cauces educativos que conocemos, es el  territorio donde se están construyendo nuevos saberes y donde se está experimentando una nueva cultura: la digital. Una cultura que emana de valores como la horizontalidad, la transparencia, la colaboración y la sostenibilidad. Internet tiene la magia del aprendizaje informal entre pares y la riqueza de la mejor biblioteca universal. Internet no nos educa pero sí nos hace aprender.

Existe, sin embargo, una profunda y terrible brecha manifiesta entre los procedimientos, canales y cauces de la educación tradicional, aquella que nos rodea en el mundo físico más próximo, y el universo que hemos aprendido a aprehender en Internet. Cómo trazar puentes y cómo incorporar las lecciones aprendidas en ambos entornos es el reto. Necesitamos por tanto satélites de la cultura digital en los barrios, espacios ciudadanos donde se pueda aprender con la lógica de red, donde se pueda practicar con esas nuevas formas de pensar y hacer juntos, donde colaborar y compartir sean las reglas básicas de toda construcción de conocimiento.

Estos espacios son las filiales naturales de la Red, que traen la cultura digital a la calle, traducen los bytes en átomos y extienden sus valores a la práctica cotidiana. Estos espacios ciudadanos no están tanto diseñados para educar como sí para producir, pensamiento y acción, ideas y prototipos. El aprendizaje no tiene por qué ser el objetivo pero sí es el resultado que se extrae de todo el proceso.

Aquí la acepción de la palabra “enseñar” tiene más que ver con mostrar que con educar: no habla tanto de la intención transmisiva como sí de la exploradora, de suscitar y motivar, de provocar el interés por el descubrimiento, de movilizar la deconstrucción, de indagar en las costuras para inventar nuevos patrones, de exhibir en público los vericuetos de esos caminos, de exponer en abierto los resultados de esos procesos y de pavimentar ese recorrido con evidencias documentadas.

Esos espacios ciudadanos no tienen forma de academia, ni de universidad, ni de ateneo. Están, por el contrario, más cerca del laboratorio en cuanto al ritual de lo experimental y al taller como escenario de lo artesanal. Esa mezcla virtuosa transciende los laboratorios de alta ciencia y los hace ciudadanos, a pie de calle accesibles, asumibles, asibles, posibles…

Esos espacios ciudadanos logran trazar viaductos entre el plano de las ideas y la mesa de corte y confección, hacer teoría desde la práctica y al revés: pensando con las manos y haciendo con la mentes. Siempre en gerundio y siempre en comunidad.

Apuntes para un laboratorio ciudadano digital

Son muchas las prácticas que se producen y se demandan en estos espacios ciudadanos o laboratorios digitales. Todas son necesarias y todas imprescindibles para garantizar ese puente digital. Avanzamos algunas de ellas:

La cultura del don: dar sin expectativa de recibir directamente por ello, porque solo dando se puede recibir. Dar significa aprender a donar. Dar significa agradecer y reconocer.

La cultura del tutorial: documentar los avances propios para allanar el camino a los interesados que quieran sumarse al proceso.

La cultura del prototipado: celebrar el error como método de aprendizaje, lo imperfecto, compartido y discutido como solución de mejora, lo replicable como garantía de sostenibilidad.

La cultura de la mediación: ofrecer conectores, traductores que expliquen e inviten a la participación, con la habilidad de incorporar la cultura ciudadana de la praxis y conectarla con la intelectual.

La cultura de la hospitalidad: invitar y acoger al neófito, atraer al afectado, integrar al discordante y celebrar la controversia creando un contexto que haga sentir a todo el mundo en casa, en familia, integrado y parte sustancial de la comunidad.

La cultura exploradora: aprender en la frontera de saberes aún no definidos detectando tendencias en nuevos campos de exploración, en temas emergentes que aún no estén cubiertos por otros espacios formativos.

La cultura de lo colectivo: no se puede aprender si no es en sociedad. El aprendizaje es social por naturaleza y la composición del grupo bajo las claves p2p es básico para favorecer su desarrollo.

La cultura del acompañamiento: diluir la figura de profesor y favorecer el intercambio mutuo con el apoyo de facilitadores o tutores.

La cultura del proyecto: pasar de la motivación a la implicación, incorporando la duda y la pregunta como método de mejora continua. Del querer hacer al hacer. Del proyecto personal al proyecto colectivo.

La cultura de la exposición: la transparencia de los procesos y la comunicación en público como método de evaluación social. Porque para aprender hay que enseñar y no hay más premio que el reconocimiento entre iguales.

La cultura de la diversidad: la riqueza emana de la mezcla, del talento dispar, de la controversia y del enriquecimiento mutuo.

Es, sin ninguna duda, en estos laboratorios ciudadanos en donde se está experimentando con las metodologías del aprender haciendo y del aprender a lo largo de la vida que necesitamos para una cultura digital en red, abierta, transparente y colaborativa. La buena noticia es que estos espacios ciudadanos existen, emergen en las ciudades y construyen puentes para la cultura digital a pie de calle. A veces bajo el impulso de las instituciones públicas, a veces bajo legitimidades públicas de nuevas instituciones.

Este texto es un borrador para las sesiones de los Laboratorios de Internet que comenzamos esta tarde en Medialab-Prado Madrid.

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